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(IAR-Noticias) 08-Mar-05
Por
William Fisher
- IPS
Ahmed
Omar Abu Ali, ciudadano estadounidense acusado de conspirar
con Al-Qaeda para asesinar al presidente de su país, George W.
Bush, permanecerá en la cárcel hasta ser juzgado, de acuerdo
con nuevas normas antiterroristas que lo consideran culpable
hasta que se pruebe lo contrario.
El fallo de un juez federal de la ciudad de
Alexandria, del oriental estado de Virginia, se basó en la reforma de las leyes
sobre Inteligencia aprobada el año pasado por el Congreso, que invierte la carga
de la prueba en lo relacionado con el terrorismo, y exige a los acusados, para
otorgarles libertad condicional, demostrar que no son peligrosos y que no debe
temerse que escapen.
La audiencia sobre la detención de Abu Ali se realizó el miércoles y fue la
primera ocasión en que se aplicaron las nuevas normas.
El acusado fue arrestado y estuvo detenido casi dos años en Arabia Saudita, de
junio de 2003 hasta la semana pasada, sin que se presentaran cargos contra él ni
se le permitiera acceso a abogados.
Según un alegato de la fiscalía dado a conocer la semana pasada, además de
conspirar contra Bush planeaba instalar en Estados Unidos una célula de Al Qaeda
(La Base), organización la que el gobierno estadounidense considera responsable
de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y
Washington.
Luego de esos atentados, el Departamento de Justicia propuso condiciones más
severas para la libertad condicional de los acusados de terrorismo, aprobadas
junto con otras reformas de cuestiones relacionadas con la Inteligencia, a
propuesta de la Comisión del Congreso que investigó aquellos ataques.
La semana pasada, la Fiscalía afirmó por escrito que Abu Ali constituía un
”grave peligro” y que se le debía negar la libertad bajo fianza.
Mahdi Bray, director ejecutivo de la Fundación Libertad de la Sociedad Musulmana
Estadounidense y portavoz de la familia de Abu Ali, dijo al diario The New York
Times que ésta quedó decepcionada cuando el juez decidió mantener al acusado
bajo custodia.
Pero ”su fe en Dios es fuerte, y sienten que su hijo será vindicado en última
instancia”, aseguró.
Barry Cole, agente del Buró Federal de Inteligencia (FBI, por sus siglas en
inglés), compareció como testigo y dijo bajo juramento que Abu Ali admitió
haberse unido a Al-Qaeda mientras estudiaba en Arabia Saudita.
Según ese agente, el acusado confesó haber discutido planes para los atentados
que se realizaron en septiembre de 2001, y también para asesinar a legisladores
de Estados Unidos y atacar con explosivos barcos de la marina de guerra de ese
país.
Esas confesiones fueron ratificadas por un líder de célula de Al-Qaeda que se
entregó a las autoridades del país, dijo Cole.
Los abogados defensores sostuvieron que esas presuntas confesiones fueron
arrancadas a Abu Ali mediante torturas en una cárcel de Arabia Saudita, y por lo
tanto no son confiables, pero los fiscales niegan que el acusado haya sido
torturado.
La semana pasada, mientras la defensa demandaba la repatriación de Abu Ali y
acusaba al Poder Ejecutivo de abusar, en este caso, de las normas vigentes sobre
evidencia secreta por razones de Estado, el preso fue trasladado en secreto a
Estados Unidos y acusado de conspiración para asesinar a Bush.
Según sus abogados, Washington estuvo detrás del arresto en ese país y la
detención en él, con la intención de que Abu Ali fuera interrogado bajo tortura.
Abu Ali, cuyo hogar está en la ciudad de Falls Church, Virginia, reafirmó que
fue torturado en Arabia Saudita y ofreció mostrar sus cicatrices al juez.
La parte acusadora sostuvo que Abu Ali y otro conspirador no identificado
discutieron en 2002 y 2003 planes para que el primero asesinara a Bush.
Según la acusación, ambos consideraron dos posibilidades para cometer el crimen:
que Abu Ali ”se acercara al presidente en la calle lo suficiente para
dispararle” o que ”detonara un coche-bomba”.
Los fiscales federales afirmaron que el acusado se unió a una célula de Al-Qaeda
en Arabia Saudita en 2001, y que el presunto complot contra Bush se desarrolló
mientras estudiaba en ese país.
Abu Ali es acusado de conspirar para brindar apoyo material a Al-Qaeda, de
brindar apoyo material a Al-Qaeda, de conspirar para brindar apoyo material a
terroristas, de brindar apoyo material a terroristas, y de prestar servicios a
Al-Qaeda. Si se le halla culpable de esos cargos, puede ser condenado a un
máximo de 80 años de prisión.
Antes del último giro en el caso, los abogados de Abu Ali demandaban que el
Poder Ejecutivo revelara qué sabe sobre el acusado y su detención, y se
preparaban para rechazar una presunta moción de Washington sobre el carácter
secreto de la evidencia en este caso.
”Participé en muchos juicios en que se invocó el carácter secreto de evidencias,
pero nunca cuando estaba en juego la libertad de un ciudadano estadounidense”,
dijo a IPS el abogado David Cole, del Centro Leal Georgetown, uno de los
defensores de Abu Ali.
”El gobierno alega que puede rechazar un pedido de libertad condicional de un
ciudadano estadounidense sin que sus abogados puedan conocer siquiera la
evidencia o argumentos que se usan contra él. Peleamos contra sombras”, comentó.
Las autoridades sauditas han sostenido que no tenían nada contra Abu Ali, y que
su detención se realizó a pedido de Washington.
Agentes del FBI visitaron a Abu Ali cuando estaba preso en Arabia Saudita, pero
funcionarios estadounidenses aseguran que no tienen relación alguna con el
arresto y encarcelamiento de Abu Ali, aunque también declinaron presentar
pruebas de esa afirmación.
La familia de Ali afirma que el joven fue víctima de una ”presentación” (”rendition”,
en inglés), procedimiento irregular por el que sospechosos son conducidos a
otros países para que se los interrogue sin las restricciones de las leyes
estadounidenses, incluso mediante tortura. La Agencia Central de Inteligencia
(CIA, por sus siglas en inglés) y otros organismos del Estado han sido acusados
de emplear ese procedimiento.
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