Treinta
años le llevó a la Policía de Wichita (Estado de Kansas)
atrapar al vecino a quien atribuye al menos diez muertes.
Estranguladas con los cordones de una persiana, todas las
víctimas (ocho mujeres y dos hombres) aparecieron atadas de
pies y manos.
Hace treinta años cometió su primer
asesinato: los cuatro miembros de la familia Otero (Joseph, de 38 años, ex
oficial de la Fuerza Aérea; su mujer, Julie, de 34, empleada; y dos de sus
hijos, Josephine, de 11, y Joseph, de 9) fueron estrangulados lentamente con
cordones de una persiana veneciana en pleno día.
Todos aparecieron atados de pies y
manos. Fue la única vez en que Dennis L. Rader, el supuesto asesino en serie de
Park City, un suburbio de Wichita, en el Estado norteamericano de Kansas, mató a
dos varones. El resto de los diez asesinatos que se le atribuyen fueron mujeres
de entre 21 y 62 años.
Nueve meses después del primer
crimen, en una carta a la Policía en la que se incluían detalles que sólo el
asesino podía conocer, se bautizaba: «Las palabras clave para mí serán...
Atarlos, Torturarlos, Matarlos (BTK, las siglas en inglés que se convirtieron en
su sello).
Cuando en enero pasado The Wichita
Eagle publicó un artículo recordando las tres décadas transcurridas desde la
matanza de los Otero sugiriendo que tal vez BTK se había mudado o estaba muerto,
una nueva tanda de misivas le proporcionó a la Policía un material precioso que
llevó la semana pasada a la detención de Rader, nacido en Park City hará el
miércoles 60 años, ciudadano ejemplar y funcionario famoso por su celo a la hora
de hacer cumplir al pie de la letra todos los reglamentos municipales.
Casado desde hace 34 años con una
compañera de colegio y vecina de Park City, con la que tuvo dos hijos, Rader
acaba de ser despedido la semana pasada de su cargo de Oficial de Reclamaciones
del Ayuntamiento por no haberse presentado al trabajo. A la espera de juicio Se
encuentra en la prisión de Wichita a la espera de juicio.
De uniforme y a bordo de su vehículo
oficial, Rader no pasaba una. Su implacable rigor le llevaba a multar a vecinos
que no recortaban la hierba, sobrecargaban sus contenedores de basura o dejaban
que sus perros salieran de los lindes de su propiedad, relataba ayer el New York
Times.
En una ocasión logró que la dueña de
un can llamado «Sombra» fuera condenada a pagar 25 dólares de multa tras mostrar
al tribunal un vídeo y un cuaderno con un intrincado sistema de medidas.
Jefe de «boy scouts» a los que
enseñaba a hacer nudos enrevesados, acudía con su esposa todos los domingos al
templo luterano en el que ocupaba un puesto rector. Richard LaMunyon, jefe de la
Policía de Wichita cuando empezó la persecución de BTK, admitió ayer al Times
que siempre pensaron que el asesino era un vecino, «e incluso un miembro activo
de la comunidad.
Pero nunca imaginé que sería
alguien tan conocido y con una vida tan pública: líder religioso y de los "boy
scouts"». Cuarto hijo de una familia de clase trabajadora que nació en Park City
cuando Wichita contaba con 170.000 almas, sólo pasó cuatro años fuera del lugar
cuando prestó servicio en la Fuerza Aérea.
A su regreso, se empleó en la empresa
de montaje Coleman (como dos de las asesinadas) y trabajó en una compañía de
seguridad que se vio beneficiada por la ola de terror y finalmente como probo
funcionario.
Entre 1973 y 1979 se hizo con una
maestría en la Universidad Estatal de Wichita. Su título: justicia criminal.
Vecinos y familiares de Park City se preguntan, perplejos, por el verdadero
significado de las palabras «ser normal».