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(IAR-Noticias) 08-Mar-05
Por Robert Fisk
- The Independent / La Jornada
Líbano
enfrenta una pesadilla hoy. Mientras el ejército comienza su
retirada del país este lunes cediendo a la presión del
presidente Bush, cuya rabia hacia los sirios fue provocada por
la insurgencia contra las tropas estadunidenses en Irak,
señales cada vez más fuertes de que la retirada de Siria está
reabriendo las divisiones sectarias de la guerra civil
libanesa de 1975-1990 empiezan a aparecer. Se espera que las
primeras unidades sirias crucen la frontera sirio-libanesa en
Masnaa antes del mediodía y que su reposicionamiento militar
quede completo para el miércoles.
Para el resto del mundo, ésta podría parecer una victoria
ansiada: sólo dos semanas después del asesinato del anterior
primer ministro Rafia Hariri, un importante oponente a la
presencia de los sirios en Líbano, el ejército de Damasco se
retira del país que ha dominado por 29 largos años. Al fin,
elecciones libres podrían llevarse a cabo en Líbano, una
prueba más de que, gracias al presidente Bush, la democracia
empieza a expandirse por todo el mundo árabe.
Irak tuvo elecciones, Arabia Saudita también llevó a cabo
elecciones locales, el presidente Mubarak promete reñidas
elecciones para la presidencia en Egipto. Así que, ¿por qué no
habría de estar feliz Líbano?
¡Vaya!, este es un rincón oscuro del antiguo imperio otomano,
cuya derrota durante la Primera Guerra Mundial permitió a los
franceses convertir una parte de Siria en el actual Líbano,
país que descansa precariamente en el entendimiento entre sus
habitantes cristianos, sunitas, shiítas y drusos. Todas las
facciones se reunieron para honrar a Hariri.
Pero en la noche muchos, que no todos, de los participantes
reunidos en la Plaza de los Mártires que han exigido la
retirada de los sirios eran cristianos maronitas. Y ayer
(domingo), Sabed Hassan Nasrallah, vocero de la Hezbollah
chiíta, un aliado sirio leal pero un tanto renuente que sacó a
los israelíes de Líbano en 2000, convocó para el martes a una
demostración masiva en la Plaza de los Mártires, en apoyo de
la "unidad e independencia" de Líbano, pero también para
agradecer a Siria su "protección" de años anteriores.
Nasrallah invitó a los cristianos y a los demás grupos
religiosos a unirse a la manifestación. Pero la mayor parte de
los que se presentarán podrían ser chiítas, los cuales, al
igual que sus correligionarios en Irak, conforman la más
grande comunidad religiosa del país.
Y, claro, miles de libaneses ahora temen que cuando los sirios
se vayan ellos tengan que pagar el precio: que en ausencia de
sus "amigos", los soldados sirios, los conflictos civiles
regresen -de manera misteriosa- a irrumpir en Líbano. Una
"guerra de carteles" ha surgido entre políticos rivales en la
ciudad norteña de Trípoli. La noche del sábado una docena de
miembros del partido libanés Baath se presentó en la Plaza
Sassine en el área cristiana de Beirut y se escucharon dos
tiros al aire. El ejército libanés rápidamente reprimió esta
manifestación de apariencia pro-siria (aunque no hubo ningún
arresto). ¿Habrá pasado esto porque su líder -de filiación
pro-siria- es el ministro de Trabajo libanés?
El Banco Central acaba de anunciar que la libra libanesa se
mantiene firme; sin embargo, se han invertido casi 2 mil
millones de dólares para respaldar su tipo de cambio a 1500
por dólar, y Líbano tiene una deuda pública de 32 mil millones
de dólares, la cual sólo la reputación internacional de Hariri
podría haber salvado.
En ese contexto, él sábado en la noche el presidente sirio
Bashir Assad dirigió un discurso al Parlamento de Damasco
donde se refirió a aquellos libaneses leales a Siria y a
aquellos que se encuentran parados "sobre arenas movedizas".
¿Incluiría entre estos últimos a Salid Jumblatt, el líder
druso y antiguo aliado sirio que súbitamente partió para
Kuwait y Arabia Saudita el sábado, y quien personalmente me
dijo que él era el siguiente en la lista después de Hariri?
Un grupo de Naciones Unidas investiga la muerte de Hariri;
Nasrallah le ha ofrecido su completo apoyo y el gobierno
libanés insiste en que ha buscado a los responsables por todos
y cada uno de los escondrijos posibles. El problema es que
otros tres cuerpos han aparecido en la escena del atentado en
las últimas dos semanas desde el ataque. Gatos hambrientos y
el hedor de la muerte denunciaron la presencia de dos de
ellos, lo cual no habla muy bien del trabajo policial de las
autoridades, tan ansiosas por resolver el crimen.
El presidente Bashar Assad afirmó que 63 por ciento del
ejército sirio en Líbano se había retirado desde el año 2000 y
que "la prensa internacional" no ha tomado en cuenta este
hecho. Tenía razón. Ayer, en su conferencia de prensa en
Beirut, Nasrallah, dijo que la petición de EU sobre el retiro
de los sirios y el desarme de la Hezbollah es una "fotocopia"
de los planes de Israel para Líbano. El, también, tenía razón.
Pero aquí está el problema real. Los sirios y Hezbollah dicen
que el retiro de las fuerzas sirias de Líbano se está llevando
a cabo en los términos del acuerdo Inter-árabe Taef de 1989
que dio fin a la guerra civil. El plan establecía el retiro de
Siria de Beirut -que ya ha sido realizado por el ejército
sirio pero no por sus servicios de inteligencia- hasta las
colinas de Mdeirej en las montañas al este de Beirut, después
hasta el valle de Bekka y, luego de las conversaciones con los
gobiernos de Siria y Líbano, hasta la misma Siria.
La resolución 1559 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
solicitaba casi exactamente lo mismo, pero también el desarme
del brazo armado de la Hezbollah en el sur de Líbano, el cual
ha seguido atacando las granjas de los israelíes en el área de
Shebaa, que perteneció a Líbano bajo la dominación francesa
pero que Israel ha ocupado desde 1967.
Así que el martes, Hezbollah apoyará el acuerdo de Taef porque
éste convoca a la unidad nacional y propicia una retirada
ordenada de los sirios sin hacer mención del desarme de las
guerrillas. Hezbollah estará en contra de su propio desarme.
Estará en contra de la resolución 1559 de Naciones Unidas. Y
estará a sólo 600 metros de las manifestaciones en honor de
Hariri. Mañana, los manifestantes, quienes al menos merecen
saber quién asesinó al hombre que deseaba reconstruir Líbano y
nunca tuvo un ejército, en otras palabras, nunca se manchó las
manos de sangre, protagonizarán otra manifestación. Marcharán
desde el cráter de la bomba que mató a Hariri hasta su tumba,
situada frente a la fea mezquita que él construyó en el centro
de Beirut.
De nuevo Líbano corre el riesgo de convertirse en campo de
batalla entre ejércitos no libaneses. Durante 30 años Estados
Unidos ha tolerado, incluso apoyado, la presencia militar de
Siria en Líbano. En 1976 los israelíes y los estadunidenses
deseaban la presencia de las tropas sirias en Líbano porque
"controlarían" a los 300 mil refugiados palestinos en ese
país. Pero ahora la verdadera preocupación de Bush es el apoyo
que Siria podría proporcionar a la insurgencia iraquí.
La ironía es extraordinaria: 140 mil soldados estadunidenses
ocupan Irak -dejemos fuera de esta ecuación a las fuerzas de
ocupación israelíes en tierras palestinas- mientras su
presidente demanda el retiro de 14 mil tropas sirias de
Líbano. ¡Esto sí que es democracia!
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