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(IAR-Noticias)
14-Mar-05
Por Jorge Lofredo
- Resumen Latinoamericano
En el ámbito de las agrupaciones armadas clandestinas, la coordinación no
constituye un hecho novedoso -ni para el ERPI como tampoco para otras siglas-;
aunque la ocasión supone vislumbrar el llamado desde otra dimensión. Los últimos
comunicados de Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR) se referencian hacia
el mismo lugar, y en la conferencia de prensa ofrecida por el Comando Justiciero
28 de Junio (CJ-28), el capitán Silvano subrayó la vocación de confluencia junto
a la Nueva Brigada Campesina de Ajusticiamiento y hasta con el mismo Ejército
Popular Revolucionario (EPR), no así con el ERPI.
La experiencia de la Coordinadora Guerrillera Nacional José María Morelos
(Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, Ejército Villista Revolucionario
del Pueblo y CJ-28), es uno de los antecedentes inmediatos de construcción
conjunta. Sin embargo, la realidad que enfrentan las organizaciones supone un
'salto cualitativo', en cuanto a la conformación de un polo insurgente, ante el
riesgo cierto de extinción, y que condiciona particularmente al ERPI luego de la
caída del comandante Antonio y la coronel Aurora, Jacobo Silva Nogales y Gloria
Arena Agís, sus dos máximos referentes.
Producto de la dispersión, los grupos clandestinos del EPR son a menudo frágiles
y aún cuando se reconocen por su alta ideologización y cohesión interna están
sujetos a la dispersión de sus integrantes. Los esfuerzos por la conjunción de
actividades también reconoce esta necesidad de superar la intrascendencia, como
una forma de respuesta a la fragmentación, que los vuelve invisibles a los ojos
sociales y objeto de la más violenta persecución, represión y aniquilamiento.
La coordinación plantea también otra distinción: el reagrupamiento de
expresiones integradas primariamente por cuadros políticos y militares que
conformaron el proyecto inicial del EPR. Al respecto, el eperrismo es la
instancia de unificación de catorce organizaciones clandestinas que luego
asumirán la lucha armada con la primera aparición pública en el vado de Aguas
Blancas. El proceso de ruptura posterior -del ERPI se conoce su existencia a
partir de la masacre de El Charco, en junio de 1998-, provocó la formación de
otros grupos distintos a los que originalmente confluyeron en el EPR. (La
Coordinadora José María Morelos no es ajena a la dinámica de las escisiones y
posterior reunificación alrededor de nuevas entidades.) Y aunque el ERPI remarcó
la distancia entre ambos movimientos, ninguna decisión desde el ámbito de la
clandestinidad puede prescindir del EZ ni del eperrismo.
En efecto, el EPR parteaguas de la guerrilla en Guerrero y para los demás grupos
radicales, pero no alcanza más allá de las fronteras del estado, aún cuando
realizó incursiones militares que no se limitaron geográficamente al sureste
mexicano, región donde se reconoce la presencia mas activa de las guerrillas
mexicanas: ello circunscribe la dinámica del conflicto armado a una realidad
meramente local.
Pero el largo proceso del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que
concluyó con la traición del Senado en materia de derechos y cultura indígena y
su posterior ratificación por parte de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, obliga a los insurgentes a volver la mirada sobre los zapatistas, pues
de esta experiencia se desprende la cancelación de los espacios institucionales
a la vez que revitaliza la estrategia clandestina y armada. De ello no puede
desprenderse que el EZ vuelva a las armas, pues su estrategia apuntala la
constitución de municipios y comunidades autónomas por la vía de los hechos,
pero condiciona las políticas internas de los grupos armados.
Por último y como agravante, las condiciones objetivas que sustentan la lucha
armada, el 'caldo de cultivo' de la guerrilla, aún continúan vigentes. Las
condiciones económicas y sociales que impera en el estado reconoce un agravante
fundamental: la persistencia de situaciones políticas y la persistencia del
autoritarismo, cacicazgos, la militarización y la violación a los derechos
humanos que encuentra en las comunidades indígenas los sectores más vulnerables.
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