Los medios masivos en Estados
Unidos y Europa le están confiriendo prominencia al "nuevo estilo" de política
exterior del gobierno de George W. Bush: la secretaria de Estado, Condoleezza
Rice, visita las capitales europeas, se reúne con sus dirigentes y declara que
estamos ante una nueva era de cooperación. El secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, al reunirse con los ministros de Defensa europeos, resalta la
necesidad de mayor cooperación trasatlántica en materia de defensa. En su viaje
a Europa, el presidente Bush afirma que la alianza Estados Unidos-Europa es
indivisible, que las divisiones es "cosa del pasado" y que es crucial una nueva
era en asuntos de seguridad.
Ha cambiado ciertamente el
lenguaje y el tono del gobierno de Bush: ya no aparecen los insultos gratuitos a
la "vieja Europa", ya no hay amenazas públicas ni la declaración de acciones
militares unilaterales. Unicamente neoconservadores sionistas como Kagan,
Kristol y Frum, desde fuera del gobierno, continúan vociferando contra las
negociaciones europeas con Irán y declaran el "fin del asunto trasatlántico" (Financial
Times, 31 de enero de 2005). El New York Times y los principales
columnistas, así como los comentaristas de noticiarios televisivos hablan de "un
nuevo giro" hacia la diplomacia, de una política de reconciliación, del
resurgimiento de una diplomacia que sustituya el militarismo, de
multilateralismo en vez de unilateralidad.
Aunque es verdad que el tono ha
cambiado, la sustancia -las políticas militaristas de guerra del gobierno de
Bush- continúa siendo la misma o tal vez se ha endurecido. Esto es evidente,
primero, y sobre todo, en las nuevas designaciones a los puestos clave del
gobierno y en quienes siguen siendo los funcionarios de alto rango.
Condoleezza Rice, activa promotora
de la guerra en Medio Oriente y de las operaciones con fuerzas especiales, fue
promovida a secretaria de Estado, tiene a su cargo la política exterior
estadunidense y es titular del Departamento de Estado. Rumsfeld, Wolfowitz y
Feith siguen siendo los número uno, dos y tres en el Pentágono. Ellos son los
arquitectos de las guerras de Afganistán e Irak y promueven y planifican las
nuevas guerras contra Irán y Siria. Es más, según un periodista estadunidense,
Seymour Hersh, quien mantiene amplios vínculos con los funcionarios de alto
rango en Washington, "coordinado por Douglas Feith, el personal civil del
Departamento de Defensa ha estado trabajando con asesores y planificadores
israelíes para desarrollar y refinar potenciales (sic) armas nucleares y
químicas, así como objetivos en Irán susceptibles de ser atacados con misiles" (New
Yorker, 24-31 de enero de 2005). Elliot Abrams, quien al igual que Feith y
Wolfowitz es simpatizante incondicional de Israel, fue promovido a asesor de la
delegación de Seguridad Nacional y sigue siendo asesor principal para asuntos
del Medio Oriente.
Los nuevos designados a puestos
claves en el aparato de inteligencia con poder, gran alcance y expansión
incluyen a John Negroponte, ahora jefe de la Agencia Nacional de Inteligencia.
Negroponte fue el organizador de los escuadrones de la muerte en Honduras
y de los ejércitos mercenarios del terror, la contra, en Nicaragua. El
supervisó en extenso la matanza de miles de iraquíes en Fallujah y la
administración de la tortura y las cámaras de asesinato durante su periodo como
embajador en el Irak ocupado. Tiene nexos cercanos con Abrams desde los años 80
cuando este último defendía las matanzas de cientos de miles de guatemaltecos
durante el gobierno de Efraín Ríos Mont y de más de 70 mil salvadoreños en el
periodo del sicópata Roberto D'Aubuisson.
La nueva cabeza de la CIA, Porter
Goss, se hizo de reputación en Miami como oficial de campo de esa central de
inteligencia, apoyando y promoviendo las operaciones clandestinas terroristas de
los exiliados cubanos contra la Cuba revolucionaria.
El nuevo jefe de Seguridad Patria
es Michael Chertoff, rabioso sionista (no menos que Abrams o Feith), quien fuera
responsable de los arrestos arbitrarios de cientos si no es que miles de
inmigrantes árabes o musulmanes sudasiáticos inocentes, simplemente por su país
de origen o su religión. Se les retuvo "sospechosos de terrorismo" por meses. Se
les negaron todos sus derechos constitucionales y el recurso de habeas corpus.
Chertoff es el autor de la famosa Ley Patriótica, que "legaliza" las prácticas
totalitarias que Chertoff aplicó a los inmigrantes y que ahora se pueden
extender a todos los estadunidenses.
Marc Grossman mantiene su posición
como subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos. Estuvo y está al
frente de la violenta oposición estadunidense al presidente Hugo Chávez de
Venezuela. Alberto Gonzales, quien ha hecho escarnio de las leyes
internacionales, que aprobó el terrorismo y la tortura a los prisioneros
iraquíes, que niega la validez y la relevancia de los Acuerdos de Ginebra, fue
promovido a procurador general, lo que le confiere poder para arrestar y juzgar
a quien parezca una "amenaza" a la "seguridad nacional".
Estas designaciones y promociones
han evocado muy poca oposición verbal del Partido Demócrata. La mayoría de los
comentarios críticos se centra en su "competencia profesional" y no en su
conducta asesina y criminal. Los progresistas y los críticos argumentan que
estos nuevos funcionarios no tienen "el nivel ético" para administrar la
política exterior, y que Bush está cometiendo errores egregios. Estas críticas
no confrontan la base política de las designaciones hechas por Bush. Tales
designaciones y promociones son la decisión perfecta y precisa para una política
que pretende continuar la guerra en Irak, emprender después guerras en Medio
Oriente que impliquen a Irán y Siria, ejercer mayor control interno y represión
ante el descontento creciente por el costo de múltiples guerras y brindar
incuestionable apoyo a la expansión y consolidación del control judío de la
franja de Cisjordania ocupada y al poder de Ariel Sharon en Medio Oriente.
Contrasta directamente con los
frívolos informes de la "apertura" de Bush hacia Europa, que los nuevos
designados estén consolidando su dominio sobre los aparatos del ejército y la
policía secreta, tengan mayor poder y cuenten con presupuestos monstruosos para
emprender nuevas guerras. Todos los indicios demuestran que la "ofensiva del
encanto" del gobierno de Bush es una fachada provocadora y deliberada para
dividir y conquistar a los líderes europeos de modo que respalden antiguas y
nuevas guerras. Con respecto a Irak, Estados Unidos no está moviéndose hacia
Europa: incrementa los fondos para su guerra y sus tropas de combate y exige que
Europa proporcione dinero y oficiales para entrenar al ejército colonial iraquí
que apuntale la ocupación estadunidense.
Estados Unidos habla de política
multilateral con sus socios europeos, pero rechaza unirse a las negociaciones
diplomáticas de sus "socios" con Irán, mientras sus sionistas en el Departamento
de Defensa planean con Israel un bombardeo masivo, unilateral o bilateral contra
dicha nación. Europa mejoró sus relaciones con Cuba y Venezuela mientras Goss,
Grossman y Rice incrementan las amenazas militares, arman a Colombia como
agresor sustituto y planean más operativos de desestabilización y
complots de asesinato. Europa propone aumentar su comercio e inversiones con
China, incluidas las exportaciones militares, mientras Goss describe a China
como amenaza militar a la supremacía estadunidense en Asia y defiende la
política de cerco militar. Rice y Rumsfeld aseguran un nuevo pacto militar de
seguridad con Japón, dirigido claramente no sólo contra Corea del Norte sino
contra China, como reconocen los chinos.
Resulta evidente que hay poca
sustancia para hablar de un cambio entre el antiguo y el nuevo régimen de Bush.
El "acercamiento" de Europa con el gobierno de Bush, ocurrirá cuando se
repliegue de sus políticas diplomáticas y se adapte al militarismo estadunidense.
Hasta el momento, más allá del lenguaje diplomático y retórico, los líderes de
Europa han buscado manejar sus diferencias reales con el gobierno de Bush, pero
no renuncian a ellas. Es probable que Europa acepte brindar algún financiamiento
(no mucho) y algunos cuantos asesores que entrenen a los oficiales militares y
de policía, pero su número es simbólico: hasta ahora, es menos de 10 por ciento
de lo que acordaron hace un año. En un momento en que los clientes europeos de
Estados Unidos -Ucrania, Polonia, Hungría y Bulgaria- reducen sus ya escasos
contingentes en Irak, es muy poco probable que las potencias de Europa
occidental comprometan recursos, especialmente cuando tienen tanto que ganar si
Estados Unidos se desgasta hasta la bancarrota y la inefectividad en una guerra
colonial que no podrá ganar.
Del mismo modo, la agresión
estadunidense a Venezuela, China y Rusia implica mayores esfuerzos ubicados en
la defensa militar, diversificaciones de comercio y decisiones monetarias que
debilitan el dólar estadunidense y desestabilizan la arquitectura financiera de
las guerras imperiales.
¿Por qué Estados Unidos "busca a
Europa" si su intención es proseguir con las mismas políticas militares
unilaterales? ¿Por qué todos esos viajes diplomáticos a Europa y la adopción de
un estilo conciliatorio si el propósito es continuar jugando la carta de la
guerra en Medio Oriente y respaldar incondicionalmente el esfuerzo de Ariel
Sharon por reasentar a los colonos de Gaza en la franja de Cisjordania palestina?
Hay varias hipótesis.
La "ofensiva diplomática" es una
campaña de relaciones públicas para influir en los estadunidenses y asegurarse
el respaldo de aliados europeos vulnerables como la Gran Bretaña de Tony Blair y
la Italia de Silvio Berlusconi. Subsecuentemente, Washington puede proseguir su
agenda militar, alegando que "le dio una oportunidad a la diplomacia" pero que
los europeos no pudieron captar que el "poder duro" (la agresión militar) es un
acompañamiento necesario del "poder blando" (la diplomacia). Este es el caso de
Medio Oriente, donde los poderosos planificadores de políticas e ideólogos
sionistas, que han estado ausentes en los viajes a Europa (lo cual no es
sorpresa) ya "predijeron" que los europeos no actuarán (militarmente) contra
Irán y Siria cuando "fracasen" las negociaciones (en términos de los intereses
militares estadunidenses e israelíes).
La segunda hipótesis es que la
prolongada guerra en Irak y los crecientes costos y déficits que implica han
forzado a Estados Unidos a buscar respaldo y asistencia, mediante gestos
diplomáticos, para levantar el ejército colonial iraquí y el aparato del Estado.
Esta apertura hacia Europa intenta atraerla como "socio" en la construcción de
un Estado neocolonial donde los iraquíes paguen la guerra y proporcionen
soldados, mientras Estados Unidos mantiene el control definitivo.
La tercera hipótesis es que los
europeos "viran a la derecha". En esta línea, Washington puede pensar que con
las elecciones coloniales en Irak, con el reasentamiento que emprende Sharon de
Gaza a Cisjordania (la llamada "retirada") y con una "apertura" falsa hacia la
reconciliación con Europa, puede ser posible convencer a Europa de que se una
con Bush en su ilimitada cruzada en pos de la "democracia y la libertad".
Es en extremo dudoso que Washington
asegure algún arreglo duradero con Europa en cualquier cuestión que sea básica.
La razón es simple. Los civiles militaristas que manejan la política exterior
estadunidense, los nuevos designados y promovidos, están profundamente
enamorados de la ruta militar al poder mundial. Sus biografías e inmediatos
pronunciamientos y acciones son prueba convincente de que son incapaces de
negociaciones abiertas, de compromiso alguno o de arreglos diplomáticos. Los
dirigentes de Europa tendrán que escoger entre proseguir su sendero divergente
de poder global vía el comercio, la diplomacia y la coerción selectiva, o
capitular ante un régimen dominado por civiles militaristas, extremistas,
llevados por el deseo irracional de confrontar militarmente a China, intervenir
en Venezuela, destruir a los adversarios de Israel en Medio Oriente y provocar a
Rusia.
Es más que claro que los
organizadores de escuadrones de la muerte, los planificadores de
operaciones terroristas y los militaristas globales están mal equipados para una
diplomacia calmada. Son más aptos para diatribas histéricas en torno a la
democracia mientras se involucran en guerras imperiales que masacran a los
demócratas de carne y hueso.