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(IAR-Noticias) 17-Mar-05
Por
William Fisher -
IPS
Las agencias de inteligencia de
Estados Unidos tienen dificultades para reclutar espías y analistas que dominen
el idioma árabe. Las razones: cierta ”islamofobia” institucional y la
desconfianza de árabes y musulmanes hacia el gobierno de George W. Bush.
Las solicitudes de empleo llegan a
las oficinas de las agencias en cantidades sin precedentes, pero no sucede lo
mismo con las de personas con conocimientos clave para la lucha contra la red
terrorista islámica Al Qaeda. Por ejemplo, árabes y musulmanes estadounidenses.
Por lo tanto, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de
Investigaciones (FBI, policía federal), el Departamento de Estado (cancillería)
y el de Seguridad Interna se ven en grandes dificultades para cumplir con su
tarea antiterrorista.
La comisión que investigó el ataque que el 11 de septiembre de 2001 dejó 3.000
muertos en Nueva York y en Washington criticó a las agencias de inteligencia de
Estados Unidos por no contar con lingüistas que manejaran el árabe y otros
idiomas con fluidez y por su incapacidad para infiltrar agentes confiables en Al
Qaeda.
Mientras, funcionarios informaron que unos 40 ciudadanos estadounidenses que
pidieron empleo en las agencias de inteligencia fueron rechazados por sospechar
que tenían vínculos con organizaciones terroristas.
”Creemos que las redes terroristas intentaron infiltrarnos”, dijo Barry Royden,
instructor de contrainteligencia que trabaja en la CIA desde hace 39 años, en
una conferencia sobre su especialidad dictada en la Universidad A&M, del
meridional estado de Texas.
Pero en opinión de organizaciones representativas de los estadounidenses de
origen árabe o musulmán, la mayoría de cuyos representantes hablaron con IPS
solicitando reserva de su identidad, otra gran razón para la reticencia es el
tratamiento que esas comunidades recibieron tras los atentados de 2001.
El periodo que siguió al ataque estuvo marcado por el arresto de cientos --tal
vez miles-- de árabes y musulmanes en todo el país. Muchos de ellos
permanecieron detenidos durante meses y tratados como criminales, e incluso sin
acceso a la asistencia de un abogado o a sus familiares.
Algunos aseguran haber sufrido abusos. La mayoría fueron, finalmente, liberados
sin acusación. Otros terminaron deportados, con frecuencia a sus países de
origen, donde corren riesgo de persecución política.
La mayoría eran inmigrantes, pero también pasaron por estas experiencias
ciudadanos estadounidenses.
”El gobierno quiere las dos cosas. Quieren que solicitemos trabajo en
antiterrorismo y, al mismo tiempo, quiere mantenernos vigilados o arrestarnos”,
dijo a IPS el directivo de una de las principales organizaciones de la comunidad
árabe.
”Es difícil reclutar personas para que se unan a organizaciones por las que se
sienten asediados”, dijo al diario Christian Science Monitor Ibrahim Hooper,
portavoz del Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses.
”Las detenciones, la política exterior hacia el mundo musulmán, sea lo que
sea... Todo eso hace que los musulmanes nos sintamos perseguidos en estos días”,
agregó.
A pesar de esos sentimientos, las agencias antiterroristas están logrando
emplear a algunos jóvenes estadounidenses árabes e islámicos. Pero aún les falta
mucho para obtener los resultados esperados.
Antes de dejar la CIA, el ex jefe de la agencia George Tenet dijo a la comisión
que analizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 que insumirá al menos
cinco años lograr que el servicio clandestino del organismo vuelva a funcionar a
pleno.
Algunos expertos afirman que hablar de entre 10 y 15 años sería más realista.
Lo mismo ocurre en el FBI. Aunque hubo avances, la cantidad de agentes dedicados
a combatir el terrorismo ”aún no es suficiente para procesar todo el trabajo”,
informó la Oficina de Contabilidad del Congreso legislativo.
El plan estratégico propuesto al presidente Bush por el actual director de la
CIA, Porter J. Goss, implica elevar 50 por ciento la cifra de funcionarios
clandestinos y analistas.
El camino no está exento de obstáculos. En primer lugar, la competencia entre
las propias agencias y entre éstas y el sector privado por el reclutamiento de
nuevos talentos.
Esa puja se exacerbó con el anuncio del Departamento (ministerio) de Defensa
sobre el inicio de operaciones clandestinas, otrora coto exclusivo de la CIA.
Por otra parte, hasta hace muy poco tiempo, el contraterrorismo no era una
función prioritaria para agencias de inteligencia dedicadas principalmente al
trabajo dentro de Estados Unidos, como el FBI.
La burocracia también desalienta a los aspirantes a espía.
Cada solicitante de empleo debe, por ejemplo, someterse a una investigación que
demuestre que no constituye una amenaza para la seguridad nacional, una pesquisa
que insume mucho tiempo --hasta un año-- y que representa el principal cuello de
botella para el reclutamiento.
Algunos son rechazados por antecedentes como usuarios de drogas. Pero hay
razones más bizarras: personas nacidas en Estados Unidos deben buscar otros
destinos porque tienen familia en Medio Oriente o estuvieron mucho tiempo en esa
región.
El sistema debe cambiar, según Robert Baer, quien trabajó en la CIA entre 1976 y
1997.
”Si usted es un estadounidense nacido en Islamabad y tiene un primo segundo que
trabaja en el servicio de inteligencia pakistaní, las posibilidades de ingresar
en el servicio de inteligencia son cercanas a cero”, dijo Baer.
”Estadounidenses de tercera generación sin familiares extranjeros conocidos pero
que vivieron mucho fuera del país tienen más posibilidades, pero aún son pocas,
especialmente si, por ejemplo, estudiaron algunos años en un sitio como El
Cairo”, agregó.
Melissa Boyle Mahle, quien habla fluidamente árabe, dijo que la ceremonia de
graduación en la que ingresó a la CIA como agente le dio una imagen del
paradójico sistema de ingreso.
”Era un mar de rostros blancos, exactamente como yo”, escribió Mahle, rubia y de
ojos celestes, en un libro sobre el trabajo de la agencia respecto de los
atentados de 2001. ”La seguridad no es un incentivo para arriesgarse”, ironizó.
El Departamento de Estado (cancillería) cuenta con una pequeña unidad
antiterrorista. También recibe más solicitudes de empleo de las que puede
manejar. Pero de 32.239 personas que aspiraron a ingresar el año pasado, sólo lo
lograron 470.
Y ninguna agencia logra reclutar con facilidad traductores con dominio del árabe
nacidos en Estados Unidos. En primer lugar, porque ese idioma no es materia
frecuente de estudios en las universidades. Como consecuencia, el FBI contrata
traductores nacidos en Medio Oriente, que deben ser sometidos a un análisis de
seguridad exhaustivo.
Por lo tanto, según la Oficina de Contabilidad del Congreso, aguardan en los
archivos miles de horas de grabaciones y miles de páginas de documentos sin
traducción ni análisis.
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