Para empezar,
dos impresiones optimistas sobre lo que puede ocurrir en el Líbano. Ambas
formuladas tras la macromanifestación antisiria del lunes. La primera en el
editorial de LIBÉRATION firmado por Gérard Dupuy: "Puede que mediante
esos movimientos de masas pacíficos, en el Líbano se invente un futuro que no
será ni de guerra ni de ocupación". La segunda, en un editorial del
FINANCIAL TIMES: "Mientras tanto, Washington se ha acercado razonablemente al
consenso internacional sobre Hizbulá: el de que forma parte del tejido del
Líbano y posiblemente de un futuro y legítimamente elegido gobierno. Ahora es
Hizbulá quien necesita aclarar sus intenciones".
A continuación, una demoledora opinión sobre las actitudes de fondo de los rusos
hacia el poder, a cargo de una compatriota y, además, biznieta de alguien que se
llamaba Nikita Jru- shchov y que fue líder máximo de la Unión Soviética.
Esto ha escrito en LE MONDE Nina L. Krutcheva, profesora de Derecho
Internacional en la New School University de Nueva York: "La presidencia de
Vladimir Putin es la prueba de que el estalinismo nunca desparecerá en Rusia.
Surgida del pasado, la dictadura rusa continúa hacia el futuro casi sin pausa,
simplemente cambiando de nombre: Iván el Terrible, Pedro el Grande, 'Koba el
Terrible' (Stalin). Catorce años después de la caída de la Unión Soviética, el
pueblo ruso ha descubierto que vive mejor bajo los dictadores. De ahí la pasión
con que ha terminado por gustarnos la mano firme de 'Vova' Putin. Apoyamos el
encarcelamiento de miembros de la oligarquía 'deshonesta', la manera en que está
apretando las tuercas a la prensa 'irresponsable' y cómo está promoviendo una
dictadura del orden a expensas de una legalidad transparente. ... Muchos rusos
creen que esa represión es necesaria. ... Aunque algunos de los éxitos de Putin
son discutibles, el 72% de la opinión pública confía en él. Siendo un pueblo
relativamente nuevo frente a la democracia, los rusos creen todavía en los zares
y no en los campesinos. Detestamos a los dirigentes que se nos parecen y actúan
como nosotros: Kruschev, con sus puñetazos enérgicos y su camisa ucraniana;
Gorbachov, con su lunar de nacimiento en la calva; Yeltsin, con sus borracheras
de 'mujik' (campesino)".
Y
para terminar, dos apuntes al hilo de la cumbre de la OPEP, que por primera vez
en 34 años, es decir, desde antes de la revolución de los ayatolás, se celebra
en Irán. Ambos en torno a la idea generalizada de que los precios del petróleo
no van a bajar, de verdad, en bastante tiempo. El primero, en otro editorial del
FINANCIAL TIMES: "Según la Agencia Internacional de la Energía, una de las
razones de los altos precios del petróleo es que las naciones industrializadas
tienden a trasladar su producción intensiva en mano de obra hacia países como
China, y por tanto a intercambiar mayores costes de energía debido al transporte
por menores costes laborales". El segundo, en el INTERNATIONAL HERALD
TRIBUNE: "Tras estar hundidos durante décadas, los precios de uranio están
conociendo un 'boom', mientras crece la demanda de plantas nucleares en Asia y
las amplias reservas de combustible extraído de las armas nucleares soviéticas
empiezan a circular. ... Sesenta plantas nucleares entrarán en funcionamiento de
aquí al 2020. La mayor parte de esos reactores está en Asia".