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(IAR-Noticias) 21-Mar-05
Por Gustavo
Sierra
- Clarín
El 20 de marzo de 2003 comenzaba la guerra de Irak. El
ejército de EE.UU. ocupó el país con la promesa de devolver la libertad y el
bienestar a los iraquíes. Nada de eso ocurrió. Historias de vida de un pueblo
que sufre 80 atentados al día.
El doctor Faisal
Haba se vio obligado a cerrar definitivamente su consultorio. Alguien le
advirtió que lo buscaban para secuestrarlo. Es un hombre valioso para los
grupos terroristas de Abu Mussab al-Zarqawi. Es considerado uno de los mejores
cirujanos de Oriente Medio y podría salvar la vida de muchos insurgentes
heridos. Haji Ahmad Auda dice que ya no va a ser chofer de ningún
occidental. Un vecino lo amenazó. "Si seguís llevando periodistas extranjeros
te vamos a matar a vos y a ellos", le dijo. Sandus Askashammi tiene 28
años y dice que quiere morirse. Acaba de perder a su segundo marido en dos
años. Al primero lo mataron las bombas estadounidenses durante la guerra. Al
segundo, la semana pasada al entrar a una mezquita justo cuando explotaba un
coche bomba. Se habían casado en enero.
Esta es la realidad de las vidas de tres iraquíes a dos años de la guerra que
empezó el 20 de marzo de 2003 y que oficialmente terminó el 1º de mayo de
2003, pero que en realidad nunca terminó. Una realidad compartida por
los 26 millones de iraquíes que sobreviven en esta guerra después de la
guerra.
"Convivimos con la muerte todo el tiempo. Es asqueroso. Comés y sentís el
olor a muerto", me dijo Haji Auda hace poco en Bagdad. Ese es el
sentimiento de todos con los que conversé entonces y con los que sigo en
contacto por mail o teléfono.
No hay cifras oficiales de muertos en estos dos años. La prestigiosa revista
científica británica The Lancet hizo una proyección y alcanzó la cifra
de 98.000 civiles muertos. El sitio de Internet Body Count mantiene un
conteo diario que ayer estaba en 19.422 víctimas, pero cuenta sólo cuerpos
identificados oficialmente por alguna organización. El ejército de ocupación
estadounidense asegura que perdió a poco más de 1.500 hombres y que tuvo
unos 10.000 heridos —el diario del ejército Stars and Stripes
informó que en los hospitales de Alemania adonde son evacuados los heridos,
atendieron a 20.000 soldados—. Pero acá no se cuentan las bajas de las fuerzas
especiales (agentes de la CIA, por ejemplo) porque el gobierno no tiene la
obligación de darlas a conocer públicamente.
Con las elecciones del 30 de enero se creía que disminuiría la violencia, pero
no ocurrió. Hay un promedio de entre 60 y 80 atentados por día. Esta
última semana, cuando estaban por jurar los nuevos miembros de la Asamblea
Nacional, legisladores, periodistas y guardias nepaleses tuvieron que correr a
refugiarse. Una ola de explosiones de morteros se produjo sobre el edificio
del antiguo Centro de Convenciones de Bagdad donde se realizaba la ceremonia,
que está ubicado en el medio de la Zona Verde que es sede del gobierno iraquí
y del comando militar estadounidense, supuestamente el lugar más seguro de la
ciudad.
"Si uno sobrevive, el principal problema es la falta de electricidad",
me dijo con una sonrisa sarcástica Baquba, un periodista iraquí que trabaja
como free-lance para medios europeos. Los iraquíes tienen un promedio de
entre cinco y ocho horas diarias de electricidad. Los barrios que se
pueden dar ese lujo están plagados de enormes generadores que contaminan con
el gasoil y el aceite que derraman y el humo que lanzan. Hasta la caída de
Saddam Hussein se generaban más de 9.000 megavatios al día, ahora las empresas
estadounidenses que se quedaron con la concesión no llegan a los 3.800
megavatios. El año pasado lograban unos 4.400 megavatios, pero los
constantes sabotajes han empeorado considerablemente la situación en apenas
seis meses.
Los 18.400 millones de dólares que EE.UU. invirtió en la reconstrucción —no
estamos hablando de los 100.000 millones de dólares que le costó hasta ahora
esta guerra— parecen haberse esfumado. Salvo en la Zona Verde de Bagdad, en el
resto del país no se ve una sola construcción pública. El 60% de la
población todavía depende del reparto de comida. El ingreso promedio anual de
los iraquíes pasó de 3.000 dólares durante la dictadura sadamista a menos
de 800 el último año, de acuerdo al Banco Mundial.
El petróleo, supuestamente el motivo por el cual había atacado EE.UU., sigue
dormido en las profundidades del desierto. En estos dos años apenas si
lograron extraer unos 2 millones de barriles al día. En 1979 ya Irak
extraía más de 3 millones de barriles diarios. Y los constantes ataques a los
oleoductos reducen la producción en forma constante. Los analistas aseguran
que no se alcanzarán los 3,5 millones de barriles al día hasta el 2009.
Dos años después de la caída de Saddam, los iraquíes no tienen nada para
festejar. La euforia de las elecciones en las que votaron 8 millones de
personas a pesar de una ola impresionante de ataques, duró muy poco. La
Asamblea Nacional elegida ese día aún no pudo ponerse de acuerdo para nombrar
un nuevo primer ministro y un presidente.
El doctor Faisal, que había visto la elección con esperanza, lo resume así:
"Esta gente cree que todavía está viviendo en la Torre de Babel. No entienden
que eso terminó hace 3.000 años. Acá lo único que quedó de la antigüedad es
Alí Babá y sus ladrones". Haji, que votó feliz por primera vez en su vida,
ahora quiere irse "como sea". Sandus Askashammi, simplemente quiere morirse.
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