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(IAR-Noticias) 21-Mar-05
Por Geert Van Moorter
- El Corresponsal de Medio Oriente y Africa
Según el autor, un médico belga con actuación en Irak, el ataque
norteamericano a la periodista italiana Giuliana Sgrena no es
más que el último de una serie de incidentes que busca
amedrentar a la prensa para que calle las atrocidades que
cometen a diario las tropas ocupantes.
La periodista italiana fue blanco de los soldados
norteamericanos el 4 de marzo, día de su liberación en Bagdad.
En una reacción Sgrena dijo que poco antes sus secuestradores le
habían advertido: "Todavía pueden intervenir los
norteamericanos. No quieren que vuelvas". Según su compañero, el
ataque fue deliberado porque Sgrena sabía demasiado.
Esto me recuerda el disparo contra el Hotel Palestina, el 8 de
abril, que mató a dos periodistas. Yo estaba entonces en Irak
con Médecine pour le Tiers Monde. En el momento de los hechos
estaba dos pisos más abajo y ayudé en el rescate. A modo de
excusa el ejército norteamericano dijo que había habido disparos
contra sus hombres desde el hotel. Pero nadie oyó allí tiros.
Más tarde un soldado estadounidense me explicó lleno de orgullo
que desde su blindado podía ver claramente una cabeza a 200
metros. Así pues, el soldado que disparó desde su tanque contra
el hotel Palestina pudo distinguir claramente a los periodistas
y a su cámara. Pero el informe secreto del ejército dice que sus
tropas no cometieron falta alguna.
Ese mismo día la oficina de Al Jazira fue víctima de un ataque
aéreo. Un periodista muerto. Paul Pascual, de Reuters, me
confirmó que el ejército norteamericano sabía dónde estaba
instalada Al Jazira: a pedido de la propia cadena televisiva él
había transmitido al Pentágono las coordenadas de la oficina
para que no le dispararan.
En marzo de 2004 unos periodistas de otra cadena árabe, Al
Arabiya, fueron abatidos con una bala en la cabeza cuando se
daban la vuelta en un control norteamericano ante el que se
habían identificado.
En agosto de 2004 el gobierno iraquí instalado por Estados
Unidos cerró las oficinas de Al Jazira durante un mes después de
que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, los acusara de
antinorteamericanos.
Eason Jordan, director de la información en la CNN, declaró en
enero de 2005 durante el Foro económico de Davos que muchos
periodistas en Irak habían sido objetivo de los norteamericanos.
Poco después dimitió como consecuencia de las presiones. Dijo
que había comprendido mal.
La Federación Internacional de Periodistas (FIJ, en sus siglas
en francés) acusa a Estados Unidos de querer controlar e
intimidar a los medios en Irak. Según la FIJ, no ha habido
ninguna explicación ni investigación seria sobre las muertes de
13 periodistas matados por las tropas norteamericanas en Irak.
¿Son todos ellos errores? ¿Qué tiene que ocultar Estados Unidos?
Estados Unidos se ven confrontado en Irak a una resistencia
creciente. Una resistencia a la que trata de quebrar por medio
de la guerra sucia. "Elimina a los terroristas" en ciudades y
pueblos enteros. He podido ver los resultados de esto en los
hospitales: muchos civiles heridos y muertos por las bombas
(esto es, bombas de fragmentación), abatidos en los controles,
durante los registros a domicilio, en la calle. He podido
constatar que el ejército norteamericano es él mismo un factor
de inseguridad. Sus soldados disparan contra todo aquello que
les parece sospechoso. Incluso contra las ambulancias, a pesar
de la prohibición de la Convención de Ginebra. Un soldado al que
le pregunté al respecto me respondió: "Esta ambulancia podía
haber estado llena de explosivos". Saben que pueden actuar
impúnemente. Además, el propio Bush dio ejemplo de ello cuando
lanzó su ataque preventivo contra Irak.
En agosto de 2003 pregunté a un policía militar qué harían si
vieran a sospechosos que huyendo. Me respondió: "Se les
liquida". Cuando un soldado norteamericano mataba a un iraquí ni
siquiera tenía que hacer un informe verbal. Y si había que hacer
un informe, "se adapta la historia diciendo que el tipo se había
escapado a los tiros".
Y en noviembre de 2004, durante el asalto a Fallujah, vimos en
televisión a una soldado norteamericana rematando a un herido en
una mezquita. La soldado no veía nada malo en ello. Este tipo de
actitud no es rara en el Irak ocupado. Pero las imágenes han
dado la vuelta al mundo y, por lo tanto, esta soldado ha tenido
que dar cuenta. A finales de febrero el ejército norteamericano
la libró de toda diligencia judicial.
Las acciones de las tropas norteamericanas y británicas matan a
muchos más civiles que los atentados suicidas. Seamos claros,
nadie puede aprobar los ataques contra civiles inocentes, ni los
del ejército norteamericano ni los de algunos grupos que no
tiene nada que ver con una resistencia legítima. Según la
prestigiosa revista médica The Lancet (29/10/04), al menos otros
100.000 iraquíes han muerto a consecuencia de la guerra. La
mitad de ellos de muerte violenta, el 84% de ellos a
consecuencia de los ejércitos norteamericano y británico (4% de
la resistencia). Estados Unidos quiere ocultar su guerra sucia.
Durante el asedio de Fallujah el hospital de la ciudad fue
ocupado de tal manera que lo que relataban los médicos o las
imágenes de las víctimas no pudo llegar al mundo. Así pues lo
que aparece hoy en primera página son los atentados suicidas.
En Irak hoy reina el caos total. Con unos colegas iraquíes hemos
hecho una encuesta sobre la sanidad en el país. Dos años después
de la caída de Bagdad la situación es dramática. Nadie está
seguro. Se han degradado el poder adquisitivo, la situación
alimenticia y las condiciones de vida. Más de la mitad de la
población está desocupada y, por lo tanto, sin ingresos. Se ha
más que duplicado el precio de la comida y de los transportes.
Hay graves problemas de electricidad, de agua potable, de aguas
residuales, de basura. Como consecuencia de ello ha aumentado
considerablemente la mortandad infantil. Y la infraestructura
sanitaria sigue sin mejorar.
Parece que de lo único que se preocupan los ocupantes es de sus
propios intereses y de su seguridad. Cualquier apoyo a la
ocupación incluida la formación de soldados, de policías y de
jueces iraquíes, en la que va a participar Bélgica (y el Estado
español. N. de la T.) refuerza la influencia norteamericana en
Irak. Así, una gran parte de la riqueza del país, el petróleo,
puede acabar en manos de las multinacionales occidentales. Esto
no beneficiará a la población iraquí. Y el caos puede continuar.
La mayoría de los iraquíes quiere que salgan las tropas de
ocupación. Cuanto antes lo hagan, más oportunidades habrá de que
se produzca un verdadero progreso para la población iraquí.
La fuente: Geert Van Moorter es un médico belga, autor del libro "Le fossé
mortel : santé et développement" y de un documental sobre Irak.
Se lo puede contactar en geert.van.moorter@skynet.be. La
traducción del francés pertenece a Beatriz Morales Bastos. Para
participar en la campaña de solidaridad con las víctimas en
Irak:
http://www.intal.be/fr/article.php?articleId=250&menuId=1
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