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IRAK  

Monday, 28 de March de 2005

 

La guerra perdedora de Iraq y las lealtades sionistas de Estados Unidos

 
 

(IAR-Noticias)  28-Mar-05

Por James Petras - Rebelión

El único beneficiario importante de la guerra estadounidense contra Irak es el Estado de Israel: La guerra destruyó a un importante partidario de la Intifada Palestina e Israel consiguió tener las manos libres en su terror y en la colonización territorial de tierra Palestina.

VII. La Guerra y la Hipótesis Sionista-Israelí.

La hipótesis que más se ajusta a los datos es la hipótesis Israelí, específicamente que los principales arquitectos y teóricos de la supremacía mundial estadounidense y los principales promotores de guerras secuenciales, particularmente en Oriente Medio, eran influyentes sionistas en las escalas más altas del Pentágono, en el Consejo de Seguridad Nacional y en los bien conectados centros de investigación, "consejeros" del gobierno, al tiempo que actuaban por cuenta de los intereses expansionistas del Estado de Israel.

El autor clave de la doctrina estratégica de EEUU como potencia indiscutible mundial, fue Wolfowitz, ya en la primera Administración Bush (1991). Se unió a otros influyentes sionistas como Richard Perle, Douglas Feith y una hueste de extremistas pro israelíes para preparar un documento estratégico para el estado de Israel (1996) en el que los Palestinos serían sacados físicamente de toda Palestina e Israel se convertiría en la potencia regional de todo el Oriente Medio. Tanto Feith como Wolfowitz, ya al principio de sus carreras públicas, fueron acusados y castigados por entrega documentos del gobierno estadounidense al gobierno israelí. Durante por lo menos veinte años han estado colaborando activamente en la política israelí y, dentro y fuera de gobierno, han trabajado estrechamente con funcionarios israelíes en los Estados Unidos y en Israel.

Los influyentes Sionistas, incluso antes de alcanzar altos puestos en el Pentágono y el Departamento de Estado, eran acérrimos defensores de los ataques militares estadounidenses contra los adversarios de Israel en Oriente Medio, que incluían a Líbano, Siria, Irán, Arabia Saudita y, por supuesto, Irak. Su abogacía militarista era independiente de cómo tales guerras afectarían a los intereses petrolíferos estadounidenses, a la estabilidad regional, a las relaciones con Europa, con los países Musulmanes o con el resto del mundo. Los sionistas del Pentágono fueron los primeros en vincular a Irak con los sucesos del 11-S en un intento de manipular la ira del público estadounidense contra el secular estado Iraquí. Fueron los responsables de fabricar la historia de que Irak estaba importando uranio de Níger con el propósito de desarrollar armas nucleares. Wolfowitz admitió que fue él el que promovió el falso pretexto de que Irak poseía armas de destrucción masiva para crear un "consenso" para ir a la guerra y todos los escritores sionistas importantes y "expertos" empujaron en la misma dirección.

El principal lobby pro israelí en EEUU, el AIPEC, trabajó intensa y estrechamente con el Estado de Israel, con los principales sionistas del Pentágono y con sus grupos asesores, presionando en pro de la invasión estadounidense de Irak. Las mayores organizaciones judías y los propagandistas influyentes de los medios de comunicación, promovieron la guerra, demonizaron a Irak y fabricaron las historias de amenazas inminentes.

El único beneficiario importante de la guerra estadounidense contra Irak es el Estado de Israel: La guerra destruyó a un importante partidario de la Intifada Palestina e Israel consiguió tener las manos libres en su terror y en la colonización territorial de tierra Palestina.

Los EEUU, aislados de casi todas las principales potencias europeas y de los países islámicos, a causa de su agenda en pro de Israel, asumió el estatus de paria del régimen colonial clerical israelí. Todas las predicciones y asunciones de los sionistas pro guerra y anti-árabes se probó que eran falsas. Los árabes iraquíes no se sometieron a la ocupación norteamericana; formaron una potente resistencia que compromete a EEUU en una guerra de desgaste cada vez más prolongada. La intervención estadounidense no logró el monopolio de petróleo; ha arriesgado su propio suministro de petróleo en Oriente Medio al intensificar la inestabilidad en Arabia Saudita. La guerra ha agriado acuerdos petrolíferos estadounidenses en el Cáucaso y ha provocado aumentos especulativos del precio del crudo, incrementando el déficit comercial estadounidense. Es igualmente significativo que, mientras EEUU está inmerso en la guerra de Irak, China, India y Japón consiguen estratégicos contratos de petróleo y gas en Asia e Iberoamérica.

Los sionistas se equivocaron previendo que EEUU procedería a una serie de guerras exitosas contra los otros enemigos de Israel en Oriente Medio - Irán, Siria, Líbano y Arabia Saudita. La invasión de Irak ha atado a la inmensa mayoría de las tropas terrestres activas estadounidenses en una guerra perdedora con numerosas bajas, limitando, así al menos, temporalmente su capacidad para empezar nuevas guerras por cuenta del imperio o de Israel. Esto no ha impedido que los sionistas del Pentágono y sus aliados de AIPEC presionen a favor de un nuevo ataque militar contra Irán y Siria.

Aparte de Inglaterra, Israel ha sido el mayor partidario y aliado en la conquista estadounidense de Irak por una buena razón: Son los principales beneficiarios.

Los sionistas del Pentágono y sus celosos aliados ideológicos han debilitado la economía estadounidense ensanchando el déficit comercial (por precios del crudo más altos) y aumentado el déficit del presupuesto (debido a los gastos de guerra). Israel no ha sufrido en absoluto; al contrario, las ventas militares a EEUU aumentaron así como los ingresos procedentes del Pentágono por asesoramiento y entrenamiento militar, misiones en Irak y en otras partes.

La guerra estadounidense contra Irak tiene varias particularidades así como características comunes con otras guerras. En primer lugar demuestra cómo una minoría muy organizada, ideológicamente coherente, financieramente poderosa, con co-pensadores muy bien situados en la cima de las instituciones creadoras de la estrategia política del estado imperial pueden torcer las políticas de modo que satisfagan las necesidades de una potencia extranjera por encima y en contra de intereses económicos establecidos. En segundo lugar, las decisiones sobre guerras imperialistas, aunque normalmente sirven a intereses a largo plazo de los sectores dominantes de la clase capitalista, son "hechas" por políticos que tienen sus propias agendas, lealtades ideológicas y políticas que pueden o no pueden beneficiar (o perjudicar) a la clase gobernante.

La guerra contra Irak es un caso claro en el que las lealtades de los principales arquitectos de la guerra eran distintas de las de la clase gobernante, que apenas fue tenida en cuenta, y mucho menos se la consultó. La ideología que rige a los arquitectos de la guerra era “Israel primero, último y siempre”. Para encubrir los planes de guerra centrados en Israel, los sionistas fabricaron una serie de "amenazas" contra los intereses estadounidenses, que fueron hechas parangonando aquéllas a las que se enfrenta Israel: Amenazas por armas de destrucción masiva, terrorismo y fundamentalismo Musulmán. La literatura del odio anti-Arabe y anti-Musulmán circuló en medios de comunicación, en influyentes periódicos y tertulias como si un ejército de ideólogos sionistas entrara en un frenesí ideológico, infectando el cuerpo político estadounidense - y haciendo sobresalir una ola secundaria de espuma vituperiosa de cristianos fundamentalistas, aliados neoconservadores y congresistas liberales.

El ataque generalizado de los sionistas contra los pueblos y estados Arabes se dirigió hacia la meta estratégica de extender la dominación israelí más allá de Palestina ("Gran Israel") no a través de la colonización directa sino por medio de una serie de regímenes clientelares obligados a EEUU; unos EEUU cuyas principales instituciones de política exterior estarían sujetas a la influencia sionista.

La formulación ideológica adoptada para promover la dominación de EEUU-Israel en el mundo Arabe era "Un Mercado Común para Oriente Medio" basado en una campaña de "democratizar la región." Ambas formulaciones sirvieron como base ideológica para la guerra permanente en Oriente Medio, la instalación de regímenes títeres con voluntades duales dispuestos a servir tanto a los intereses energéticos estadounidenses como a la penetración comercial de Israel.

La retórica manipulación ideológica sionista de "mercado libre" y "democrático" resonó ampliamente entre los liberales y los imperialistas conservadores, al tiempo que el estado imperial estadounidense e Israel estaban negando a Iraquíes y Palestinos sus derechos democráticos elementales y los mercados domésticos. Las tácticas de los sionistas influyentes y sus extensas redes en los EEUU se dirigieron a fundir los intereses expansionistas israelíes con las metas imperialistas norteamericanas para legitimar sus objetivos de políticas de estado israelíes; una posición de la que se hizo eco el electo presidente Bush.

En el mundo real sin embargo, conforme EEUU continuó sufriendo numerosas bajas en Irak y la deuda de la guerra creció por miles de millones de dólares al día, y sus “compañeros de coalición" iban abandonado la guerra, los influyentes sionistas de dentro y de fuera del gobierno intensificaron su presión sobre EEUU para escalar el compromiso de sus tropas en Irak e involucrarse en nuevas guerras en Oriente Medio. La prueba decisiva de las lealtades sionistas a los intereses israelíes se encuentra en el hecho de que siguieron la política de guerra aún cuando ésta debilitaba la posición global estratégica de EEUU, aumentaba el descontento en el ejército y los círculos civiles de élite e incrementaba la probabilidad de una crisis económica resultante de los déficits de la guerra y la debilidad del dólar. Los sionistas en el poder están tan adscritos a la matriz israelí, que son totalmente impenetrables a los efectos que sus políticas tienen sobre el imperio estadounidense, sobre la economía doméstica o sobre la sociedad civil.

En efecto el ataque imperial estadounidense contra Irak puede entenderse como una guerra subrogada a favor de una potencia regional, diseñada y ejecutada por estrategas políticos influyentes cuya obediencia primaria es defender los intereses de la potencia regional. Los sionistas fanáticos han incorporado a EEUU el mismo estilo patológico de políticas paranoicas de masas prevaleciente en Israel: la política de amenazas terroristas permanentes, de miedo penetrante, de un mundo hostil, de aliados no fiables... Los sionistas fanáticos han dirigido la acusación ideológica envenenando las relaciones con Francia y otros países Europeos que no responden favorablemente a la represión sangrienta de los pueblos ocupados. Ningún grupo de la política ha hecho más por debilitar el mantenimiento del imperio estadounidense que estos sionistas fanáticos en el gobierno y las numerosas y bien financiadas redes en pro de Israel por todo EEUU. El Congreso, la rama ejecutiva, el gobierno estatal, los gobiernos locales y los medios de comunicación nacionales y locales se han rendido a la influencia de la agenda en pro de Israel del "lobby" judío hasta el punto de que ninguno o pocos se atreven a criticar a Israel o a sus representantes estadounidenses.

La ostentosa fuerza del poder de la configuración en pro de Israel ha provocado una inevitable oposición, principalmente de los funcionarios no electos. El FBI (Oficina Federal de Investigación) está preparando una acusación contra varios altos funcionarios de AIPEC, la institución más poderosa representante de los intereses de Israel en EEUU, por espiar a EEUU para Israel. Casi todas las organizaciones judías importantes se están preparando para defender a AIPEC y su práctica de retorcer la agenda política estadounidense hacia la de "Israel Primero". A principios del 2005, estaba claro que la estructura del poder sionista había paralizado la investigación. Numerosos oficiales del ejército retirados y funcionarios de la CIA han denunciado que el poder sionista está diseñando y promoviendo los intereses de Israel por encima de los intereses imperiales estadounidenses. Entre tanto los sionistas junto a los neoconservadores han purgado o "neutralizado" con éxito a analistas independientes de la CIA, el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado que cuestionaron la doctrina de guerras secuenciales contra los adversarios de Israel en Oriente Medio. La segunda administración Bush está completamente controlada por los extremistas neo-conservadores-sionistas.

La sabiduría convencional que percibe a las potencias imperiales mundiales dictando la política a las potencias regionales menores fracasa claramente en lo que atañe a las guerras estadounidenses en Oriente Medio. La razón por la cual esta noción del sentido común es inadecuada es porque no trata con una serie de únicos (por lo menos en la historia moderna) fenómenos que afecten a la estructura de la formulación política del imperio estadounidense - el papel activo de una minoría privilegiada e influyente profundamente empotrada en la estructura de decisión-elaboración y cuya lealtad primaria se debe a otro estado.

Es como si el Estado de Israel tuviera ‘colonizadas’ las esferas principales del poder político del estado imperial. Estos ‘colonos’ sin embargo no son exactamente trasplantados o emigrantes de su "madre patria". Más bien han crecido y han sido educados en el centro imperial, han seguido carreras lucrativas en EEUU y han sido, en la mayoría de los casos, firmes partidarios de la expansión imperial y del militarismo estadounidense.

Han ascendido e influido en las esferas más altas del poder político. No han sufrido discriminación, ni han sufrido exclusión económica, social o política alguna. No han sido marginados: están integrados en los centros de poder. Incluso ellos mismos se han apartado del resto de los ciudadanos estadounidenses y se consideran portadores de una misión especial - la de ser primero judíos que incondicionalmente apoyan al Estado de Israel y a todas sus proyecciones internacionales de poder. ¿Cómo podemos explicar este abrazo irracional de un estado militarista por un grupo de individuos que sólo indirectamente comparten su vida y destino?
 

 

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