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(IAR-Noticias) 26-Mar-05
Por Francisco de Andrés - ABC
A
dos años del comienzo de la guerra de Irak, y casi cuatro de los atentados del
Once de Septiembre en Estados Unidos, resulta aún aventurado endosar la teoría
de la lucha de civilizaciones de Hungtinton. No así la tesis de la ignorancia de
las civilizaciones. Los ataques terroristas contra Nueva York y Washington
revelaron groseras lagunas de desconocimiento y falta de rigor sobre la cultura
islámica por parte de la CIA y del FBI. Idénticos despropósitos se repitieron
antes y después de la invasión de Irak, a cuenta de las armas de destrucción
masiva y de las consecuencias de la guerra.
Los platos rotos los están pagando los servicios de Inteligencia norteamericanos
y británicos, sometidos hoy a una operación de cirugía mayor. Descoordinación
entre los distintos departamentos de espionaje, ignorancia del árabe y de las
coordenadas culturales de Oriente, incapacidad para penetrar en el entorno de
Bin Laden y en las redes de Sadam Husein -pese a la multitud de enemigos que se
labró-, son algunas de las fallas que los nuevos zares de la Inteligencia
nombrados por Bush y Blair intentan solventar para enterrar del todo los viejos
usos de la Guerra Fría.
El problema no se soluciona empleando más agentes del FBI en controlar a los
ciudadanos árabes interesados en tomar lecciones de pilotaje de aviones pero
perezosos a la hora de aprender a aterrizar. El desafío tampoco es tecnológico.
Los nuevos agentes tendrán que aprender a meterse en el corazón de las masas
musulmanas que acuden a la Meca, y en el complicado cerebro del islamista
radical dispuesto a inmolarse. El desafío cultural que plantea el Islam, y que
dos años de guerra en Irak sólo ha acentuado, es el de la perplejidad ante un
esquema de valores determinado por la ignorancia occidental del suyo propio.
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