(IAR-Noticias)
18-Abr-05
Las empresas petroleras
Shell y Chevron han arrasado el delta del río Níger. El
escritor Ken Saro-Wiwa, del pueblo ogoni de Nigeria, lo
denunció en un libro publicado en 1992: -Lo que la Shell y la
Chevron han hecho al pueblo ogoni, a sus tierras y a sus ríos,
a sus arroyos, a su atmósfera, llega al nivel de un genocidio.
El alma del pueblo ogoni está muriendo y yo soy su testigo.

Por
Eduardo Galeano
- Pacificar
Tres años después, a
principios de 1995, el gerente general de la Shell en Nigeria, Naemeka
Achebe, explicó así el apoyo de su empresa a la dictadura militar que
exprime a ese país: -Para una empresa comercial que se propone
realizar inversiones, es necesario un ambiente de estabilidad Las
dictaduras ofrecen eso. Unos meses más tarde, a fines del 95, la
dictadura de Nigeria ahorcó a Ken Saro-Wiwa. El escritor fue ejecutado
junto con otros ocho ogonis, también culpables de luchar contra las
empresas que han aniquilado sus aldeas y han reducido sus tierras a un
vasto yermo. Y muchos otros habían sido asesinados antes por el mismo
motivo.
El prestigio de Saro-Wiwa dio a este crimen cierta resonancia
internacional. El presidente de Estados Unidos declaró entonces que su
país suspendería el suministro de armas a Nigeria, y el mundo lo
aplaudió. La declaración no se leyó como una confesión involuntaria,
aunque lo era: el presidente de Estados Unidos reconocía que su país
había estado vendiendo armas al régimen carnicero del general Sani
Abacha, que venía ejecutando gente a un ritmo de cien personas por
año, en fusilamientos o ahorcamientos convertidos en espectáculos
públicos.
Un embargo internacional impidió después que ningún país firmara
nuevos contratos de venta de armas a Nigeria, pero la dictadura de
Achaba continuó multiplicando su arsenal gracias a los contratos
anteriores y a las addendas que por milagro se les agregaron, como
elixires de la juventud, para que esos viejos contratos tuvieran vida
eterna.
Los Estados Unidos venden cerca de la mitad de las armas del mundo y
compran cerca de la mitad del petróleo que consumen. De las armas y
del petróleo dependen, en gran medida, su economía y su estilo de
vida. Nigeria, la dictadura africana que más dinero destina a los
gastos militares, es un país petrolero. La empresa anglo-holandesa
Shell se lleva la mitad; pero la estadounidense Chevron arranca a
Nigeria más de la cuarta parte de todo el petróleo y el gas que
explota en los veintidós países donde opera.
El precio del veneno
Nnimmo Bassey, compatriota de Ken Saro-Wiwa, visitó tierras
latinoamericanas al año siguiente del asesinato de su amigo y
compañero de lucha. En su diario de viaje, cuenta instructivas
historias sobre los gigantes petroleros y sus impunes devastaciones.
En Curaçao, frente a las costas de Venezuela, la empresa Shell erigió
en 1918 una gran refinería, que desde entonces viene echando humos
venenosos sobre la pequeña isla. En 1983, las autoridades locales
mandaron parar. Sin incluir los perjuicios a la salud de los
habitantes, que son de valor inestimable, los expertos estimaron en
400 millones de dólares la indemnización mínima que la empresa debía
pagar para que la refinería continuara operando.
La Shell no pagó nada, y en cambio compró impunidad a un precio de
fábula infantil: vendió su refinería al gobierno de Curaçao, por un
dólar, mediante un acuerdo que liberó a la empresa de cualquier
responsabilidad por los daños que había infligido al medio ambiente en
toda su jodida historia.
Fuente: Boletín Informativo N 54. 13 de marzo de 2005
Congreso Bolivariano de los Pueblos-Secretaría de Organización