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(IAR-Noticias)
18-Abr-05
Por Javier García
- Marxismo.org

En EE.UU. para poder votar tienes que inscribirte primero en el registro
electoral. Al no existir ningún control federal se ha dado el caso de personas
inscritas en varios estados que han votado varias veces. Pero esto no es nada
comparado con la irregularidad de personajes famosos de comics que aparecen
inscritos en el censo electoral, al igual que personas reales que llevan muertas
varias décadas o vivos cuyos nombres salen repetidos hasta 40 veces.
Mientras que, según el periodista
Greg Palas, aproximadamente un millón de votantes, la mayoría de las minorías
pobres, fueron borrados de las listas de registro antes del inicio de las
votaciones.
A esto se añade la ley que prohíbe a cinco millones de ciudadanos y ciudadanas
con antecedentes penales ejercer su derecho al voto. Son algunas de las
paradojas del sistema electoral de un país, EE.UU., que se atreve a dar
lecciones de democracia al mundo usando incluso su poderoso arsenal militar.
Irregularidades
Hay casos bien documentados de
decenas si no cientos de miles de papeletas desaparecidas, ejemplos de registros
y listas de votantes fraudulentas, además de errores graves cometidos por las
máquinas ATM para votar y que han utilizado unos 45 millones de personas.
En Florida, el estado gobernado por el hermano de Bush, responsables de las
mesas electorales denunciaron que había urnas que ya estaban llenas cuando
comenzaron las votaciones.
Votantes de barrios negros se
encontraron que los colegios electorales estaban cerrados o recibieron cartas
días antes diciéndoles que debido a una reestructuración de las votaciones los
republicanos deberían votar el martes -el día de las elecciones- y los
demócratas el miércoles.
En Filadelfia, se denunciaron numerosas irregularidades, especialmente en los
barrios negros que incluían máquinas rotas e intentos de intimidación a los
votantes.
Democracia fraudulenta
El
llamado ‘paraíso de la democracia’ utiliza un complicado sistema electoral
regulado por una ley de 1787 donde los 50 estados envían delegados, según la
población, a un Colegio Electoral que es quién designa al Presidente, pudiéndose
dar el caso como ocurrió hace cuatro años que el perdedor -el demócrata Al Gore-
tuviera más votos populares que el ganador, Bush.
Esto ocurre por dos causas. La primera es que los delegados que los estados
mandan al Colegio Electoral no se ajustan al principio de una persona, un voto.
Por ejemplo, Dakota del Norte envía tres delegados (a razón de uno por cada
217.000 residentes), mientras que Nueva York envía 31 (a razón de uno por cada
645.000 residentes).
La segunda razón es que al utilizarse el sistema mayoritario el ganador de un
estado aunque haya alcanzado la victoria por un solo voto se asigna todos los
delegados de ese estado.
Los ricos deciden
En el ‘país de la oportunidades’ sólo
tienen posibilidades reales de presentarse a unas elecciones los que tienen
dinero. O mejor dicho, los que logran el apoyo de las grandes empresas y bancos
que son los que financian las costosas campañas electorales en EE.UU. En estas
elecciones, por ejemplo, sólo en anuncios de radio y televisión se han gastado
el doble que en 2000.
Entre las empresas que han apoyado a Bush se encuentran las consultoras
financieras Morgan Stanley y Merril Linch (esta última acusada por la Comisión
de Valores norteamericana de emitir análisis engañosos), la emisora de tarjetas
de crédito MBNA, los bancos de inversiones Goldman Sachs y UBS Americas o la
auditora Ernst & Young.
Pero Kerry no se queda atrás. Le han financiado el holding Time Warner (que
posee los estudios Warner Bross y Hanna-Barbera; las revistas Time, Fortune,
Life y otras 30 más; las discográficas Atlantic y Warner; la cadena de noticias
CNN; Road Runner, el segundo operador de cable de EE.UU. y hasta clubs
deportivos), la firma de abogados Piper Rudnick (que contrató el Gobierno del PP
para que Aznar lograra la Medalla del Congreso norteamericano) o el banco
Citigroup.
Las grandes empresas son las que deciden de antemano quién va a ser el
presidente de EE.UU. limitándose los electores a ratificar lo que los magnates
de las finanzas has decidido por ellos.
Kerry no era alternativa
Como todo el mundo sabe el que paga
al flautista elige la melodía. Kerry no podía representar ninguna alternativa
real a Bush porque responde al mismo núcleo de poder al que pertenece Bush: los
círculos históricos del poder económico norteamericano (las llamadas doscientas
familias) y los nuevos tiburones de las multinacionales coaligados con la
industria de guerra.
Así, Kerry, coherente con su apoyo a la invasión de Irak y su voto a favor del
presupuesto más militarista de la historia de EE.UU., prometió el envío de más
soldados y dinero para asegurar la ‘pacificación’ de Irak. En el terreno
económico, Kerry tampoco aportó recetas claras para poder superar el déficit de
415.000 millones de dólares en que Bush metió al país tras cuatro años de
Gobierno, ni propuso ningún plan serio para dar trabajo a los más de 30 millones
de personas que han visto destruidos sus puestos de trabajo en este primer
mandato de Bush junior.
Millones de norteamericanos, el 40% del electorado, no fue a votar porque
correctamente no veían ninguna diferencia sustancial entre un candidato y otro.
Y los que votaron por Kerry, en un amplio porcentaje, fueron movidos por una
oposición a Bush más que por un apoyo a Kerry. Precisamente la similitud de
mensajes y promesas de ambos candidatos en el contexto de la guerra de Irak y la
‘cruzada contra el terrorismo’ ha beneficiado a Bush dado que siempre se tiende
a preferir al original que a una mala copia.
Independencia de
clase
La única alternativa que tienen los
trabajadores norteamericanos para defender sus intereses, sus empleos y
condiciones de vida, para acabar con la guerra y defender las libertades
amenazadas es adoptar una política de independencia de clase. Optar por una
alternativa capitalista como es el partido demócrata sólo les llevara por el
mismo camino de sufrimiento y guerra que hasta ahora. Lo que necesitan es
auto-organizarse para construir su propio partido obrero y dejar de confiar en
una de las dos opciones que presenta la clase dominante norteamericana.
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