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(IAR-Noticias)
02-May-05
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Los
mártires de Chicago |
Por
James Petras - AL Filo - Rebelión
La Clase obrera encara muchas circunstancias
objetivas y subjetivas adversas: los regímenes neoliberales han debilitado los
derechos sociales y los derechos sindicales, han establecido “zonas de libre
comercio” y han cooptado a las burocracias de los sindicatos charros. Los
grandes negocios se han desplazado y han amagado con cerrar sus empresas, al
tiempo que los trabajadores y sindicalistas activos demandan incrementos a los
salarios; el efecto es que la movilidad del capital está debilitando la
militancia obrera. El crecimiento del trabajo precario, el empleo informal y
“la nulidad de las fuentes de trabajo” están fragmentando la fuerza de trabajo
a través de “trabajadores de confianza”, “por honorarios” y trabajadores
subcontratados, lo que dificulta la organización y las acciones colectivas. El
consumismo, la propagación de la ideología individualista por los medios
masivos de comunicación, y la migración masiva hacia otros países, han
permitido el declive de la solidaridad de clase y han debilitado la conciencia
de clase. La política imperial de Estados Unidos, su penetración cultural y
militar también ha permitido la privatización de las empresas públicas,
aumento del desempleo e incrementos en los costos para los consumidores, la
fabricación de películas virtuales y los llamados reality shows que
envenenan las conciencias, y la militarización de las sociedades, así como la
represión. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), El Área
de Libre Comercio de las Americas (ALCA), el Plan Colombia, El Plan Andino, y
la llamada “guerra contra el terrorismo” son esfuerzos imperiales para
recolonizar las economías de los países latinoamericanos, convertir a los
ejércitos locales en mercenarios del imperialismo y mantener la explotación de
las masas trabajadoras.
Pese a estas condiciones
objetivas y subjetivas, la clase obrera latinoamericana ha logrado victorias
importantes y ve en su horizonte avances significativos. En Bolivia (2003) y
en Ecuador (2000), la alianza obrero-campesina expulsó a los presidentes
neoliberales aliados del imperialismo. Desempleados y obreros se aliaron con
la pequeña burguesía y generaron una insurrección que expulsó al presidente
pro-imperialista de Argentina, Fernando de la Rúa, en el 2001. Trabajadores y
sectores de la pequeña burguesía defendieron y revirtieron la privatización
del agua y la electricidad en Cochabamba y El Alto (Bolivia) y Arequipa
(Perú); los puertos y la electricidad en Montevideo y la industria eléctrica
en México. Trabajadores y campesinos han sido la vanguardia en la lucha contra
el ALCA –forzando prolongadas negociaciones-. Los obreros y los pobres urbanos
fueron la fuerza motriz que derrotó a los militares y a la cúpula de la
burguesía golpista contra el presidente Chávez, restituyéndole su investidura
de vuelta en el poder. Nuevas Confederaciones de obreros emergen proponiendo
programas independientes y de clase en Brasil y Venezuela en oposición a los
sindicatos oficiales. En Brasil, Argentina, Ecuador y Perú los sindicatos han
incrementado sus luchas contra los presidentes de centro-izquierda, quienes
embarnizan al neoliberalismo; el presidente Néstor Kirchner de Argentina
enfrenta grandes huelgas en los sectores público y privado, sindicatos
sectoriales demandan incremento a los salarios y compensación salarial del 20
por ciento, luego de su declive en el 2001. El presidente Ignacio Lula Da
Silva atacó los derechos de la seguridad social y las pensiones, el derecho a
Huelga, y apoyó el recorte presupuestal, lo que ha generado la oposición
resuelta de los sindicatos del sector público y de los obreros en las empresas
privadas.
El desarrollo más importante en
torno a las condiciones laborales es la uniformidad de sus políticas
seguidas por los regímenes latinoamericanos. Esta no es una coincidencia en
todos los lineamientos a seguir del Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial aplicados independientemente del grado del empleo, condiciones
de trabajo o de vida de los obreros. En términos concretos, si el Estado
capitalista es, como apuntó Carlos Marx, “el comité ejecutivo de la clase
dominante”, entonces el FMI es el comité ejecutivo (imperial) de la clase
dominante internacional.
El internacionalismo de la clase
obrera no es un ideal, sino una práctica necesaria para el movimiento
obrero con el fin de contener la concentración y la acción del capital. La
práctica de los sindicatos, orientada a la simple negociación de derechos
contractuales, enfrentados a gran escala y en términos de largo plazo, no han
sido suficientes como hemos deseado durante las décadas de los 80, 90 y en
este nuevo milenio. Los regímenes neoliberales privatizaron un sector tras
otro: telecomunicaciones, bancos, transportes, energéticos, etc. La clase
trabajadora resistió en cada sector, pero sin el apoyo activo de otros
sindicatos, fue derrotada. Aún en aquellos lugares donde los sindicatos son
poderosos y su organización es fuerte, el estado neoliberal y el FMI han
ganado momentáneamente algunas batallas.
Las lecciones de los últimos
treinta años son evidentes. Para que los sindicatos sobrevivan y aseguren
victorias deben de formar coaliciones con la gran masa de trabajadores pobres
organizados en los barrios y en sus organizaciones comunitarias, los cuales
representan el 80 por ciento de la clase obrera en la ciudades y no están
organizados en los sindicatos.
Justo al momento de que los
movimientos del capital cruzan las fronteras, los sindicatos dirigentes en la
lucha de los obreros deben de pensar y actuar globalmente, con espíritu
internacionalista. La prioridad debe ser la construcción de una Confederación
Latinoamericana de Sindicatos basada en la independencia política y de clase.
Esto significa, en primera instancia, la exclusión de toda sujeción con
sindicatos pro imperialistas tal como la estadunidense AFL-CIO y la Unión de
Europa aliados con “sus” capitalistas. Las viejas confederaciones de
colaboración entre clase han sido un total fracaso en todas partes: Sus
miembros se han separado, los actuales se han desilusionado, y los líderes
bien pagados son autocráticos contra sus representados, pero serviles con sus
amos. En muchos de los casos, las más significativas acciones de los
trabajadores en los sindicatos han sido al margen de los líderes, a través de
la acción directa y las huelgas generales, las ocupaciones masivas de las
fábricas y los piquetes o tomas de carreteras, avenidas y redes de
comunicaciones y transportes…
El primero de mayo de 2005 no es
sólo un día para recordar el pasado y a los mártires de Chicago, sino para
mostrar la fuerza, expresar la potencialidad de la organización y solidaridad
de la clase obrera. La gran manifestación del primero de mayo se realiza en
aquellas naciones donde la lucha de los trabajadores ha sido dirigida por un
liderazgo con alta conciencia de clase. El hecho de que el día de la clase
obrera no se demuestre en Estados Unidos es un indicativo de la ruina total en
la que está el “negocio de los sindicatos”.
El reto es orientar la
manifestación internacional de solidaridad obrera este primero de mayo en una
práctica continua, de un evento simbólico en un proyecto revolucionario.
*Artículo proporcionado por
el autor. Traducción de Ricardo Martínez Martínez.
** Sociólogo de la Universidad de Binghamton, Nueva York.
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