|
(IAR-Noticias)
01-Abr-05
Por
J. Cierco - ABC
Acusan
al Gobierno de querer destruir 50.000 casas, expropiar tierras para cedérselas a
inmigrantes, y no reconocer las aldeas beduinas, que carecen de luz y agua
«Israel es la única democracia de
Oriente Próximo». Este lema, que tanto les gusta airear a los responsables
políticos y diplomáticos hebreos, fue ayer puesto en cuestión por miles de
manifestantes árabes-israelíes en el aniversario del Día de la Tierra, con el
que se recuerda la muerte de 6 de los suyos el 30 de marzo de 1976 em la
protesta por la confiscación de tierras árabes por el Gobierno de Rabin.
Por primera vez desde entonces, los responsables de los actos conmemorativos no
convocaron a la población árabe de Israel (1,2 millones de personas sobre un
total de 6 millones y medio) a una huelga general. En esta ocasión, la protesta
pretendía hacerse desde «la dignidad, el rechazo de la violencia y el respeto a
las reglas democráticas, las mismas que el Gobierno nos niega», según el
portavoz del Comité Superior de Árabes Israelíes, Abed Anabtawi.
«Nuestro propósito es denunciar la discriminación de los árabes de Israel
respecto de los judíos, y este año hemos elegido cuatro argumentos irrefutables:
la destrucción sistemática de nuestras casas, edificadas en muchos casos sin
permiso porque los Ayuntamientos judíos no nos conceden dichos permisos (unas
50.000 viviendas del Neguev están entre los objetivos de las excavadoras); el no
reconocimiento de decenas de aldeas beduinas en el Neguev y la Galilea, que
reagrupan a unas 80.000 personas sin agua, ni electricidad ni los servicios
mínimos que debería facilitar el Estado, y donde la calidad de vida es menor que
la de los campos de refugiados palestinos; la expropiación de tierras árabes
para que se instalen inmigrantes judíos (sólo en el desierto del Neguev unas
24.000 hectáreas); y la obligatoriedad de cumplir un servicio nacional en lugar
del servicio militar».
Varios diputados árabes-israelíes de la Kneset participaron en la marcha de
protesta de Abu Tul, una de esas aldeas del Neguev que «no existen», y todos
coincidieron a la hora de denunciar las condiciones de vida de los beduinos
(muchos de ellos sirven en el Ejército) y en acusar al Gobierno de Israel de ser
hostil a los descendientes de los 160.000 palestinos que permanecieron en sus
tierras tras la creación del Estado hebreo en 1948, de nacionalidad israelí pero
palestinos de corazón.
Con el favor de los
tribunales
«No decimos nada que no hayan dicho ya los tribunales de Israel», señaló el
diputado Mohamed Barakeh, quien recordó que en julio del año 2000 el Supremo
reconoció que los ciudadanos árabes-israelíes, que reciben menos fondos públicos
del Estado, sufrían una discriminación social, política y económica respecto de
los judíos.
«Para el Gobierno de Sharón sólo somos una amenaza, un problema demográfico, no
una parte de ese pueblo que ha diseñado la única democracia en Oriente Próximo»,
sentenció Barakeh.
|