(IAR-Noticias)
05-Abr-05
Por Guennadi Yevstafiev - Agencia RIA "Novosti"
Del 2 al 27 de mayo, Nueva York albergará la VI Conferencia de Examen del
Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). Es un evento muy
importante porque se celebra sólo una vez en cinco años. Quizá por ello es
curioso saber que a un mes de la conferencia aún no existen ni la agenda del
foro ni el programa de su labor. Es más, ni siquiera ha sido redactado el
informe de la ONU sobre el cumplimiento de las resoluciones aprobadas la vez
anterior. Todo esto parece extraño porque la no proliferación nuclear es un
terreno donde los problemas sobran.
En 1995, el TNP fue prorrogado ilimitadamente y por ahora no se puede
modificarlo. Desde luego, EE UU quisiera enmendar algunas de las cláusulas del
documento para adaptarlo a los nuevos rumbos de su política exterior.
Después que el guión de las armas nucleares en Irak sufriera un estrepitoso
fracaso, se ha procedido a montar el guión del derrocamiento del tirano iraquí.
En cuanto a Irán, que pretende ir a la cabeza de la región, es un adversario muy
real que, entre otros aspectos, sigue desarrollando con perseverancia su
programa atómico nacional.
Además, Irán queda en la zona del mar Caspio y en Asia Central, que es donde EE
UU no logra establecerse para defender sus intereses estratégicos de importancia
vital. Pues tal parece que ha llegado la hora. El carácter secreto de las
acciones iraníes y la embrollada la política de Teherán en el terreno nuclear,
han permitido a Washington "abrir" hace unos años un frente de lucha contra Irán
en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y convertir los
desarrollos atómicos iraníes en un factor irritante en el ámbito de las
relaciones internacionales.
Al igual que en el caso de Irak, la CIA asegura que Irán, siendo participante en
el TNP, infringe el Artículo 2 del tratado y está desarrollando un programa
secreto para crear arma atómica. Parece que en Langley ni siquiera se dan cuenta
del descrédito en que han caído por las mentiras que les encarga elaborar la
Administración USA.
En desarrollo del concepto de los llamados países gamberros, se afirma que ya
que no es posible modificar el Tratado de No Proliferación Nuclear, la comunidad
mundial debe llegar a entender que tales países como Irán -incluso siendo
participantes en el TNP- no pueden gozar plenamente de su "derecho inalienable"
refrendado en el Artículo 4 del TNP: "efectuar investigaciones, producir energía
nuclear y aprovecharla con fines pacíficos". O sea, se intenta argumentar
política y económicamente la necesidad de instituir un grupo de Estados de clase
intermedia que deberán cumplir con los compromisos que emanan del TNP pero que
al mismo tiempo no tendrá ningunos derechos.
Menos mal que la situación ha empezado a cambiar. Ahora ya se puede apreciar con
satisfacción las acciones sopesadas que emprenden Gran Bretaña, Francia y
Alemania para encontrar un formula de compromiso racional. Una fórmula que haría
disipar las inquietudes sobre los desarrollos atómicos de Irán y que, al mismo
tiempo, le permitiría a este país aprovechar los frutos del progreso
científico-técnico en el campo de las investigaciones atómicas. Teherán, por su
parte, deberá confirmar que no tiene planes de crear el arma nuclear y que
suspenderá por un tiempo sus programas de enriquecimiento de uranio (54.000
centrífugas). En el futuro, Teherán tendría el derecho a desarrollar pequeños
programas piloto de enriquecimiento de uranio (entre 500 y 600 centrífugas), y
para controlarlo se necesitaría reforzar el régimen de las inspecciones
internacionales.
Ese esquema ha sido elaborado en cooperación con el OIEA y podría llegar a ser
una de las fórmulas de compromiso. Por cierto, ese esquema menoscaba en cierto
modo los derechos de Irán, pero por otro lado, relaja la tensión acumulada ante
la conferencia de Nueva York.
Cabe señalar que las cosas no habían ido tan mal hasta que la señora Condoleezza
Rice, secretaria norteamericana de Estado, decidiera hacer una gira por Europa.
Los aliados atlánticos hace tiempo querían hacer las paces con el presidente
George W. Bush y elaboraron una fórmula de compromiso a la suya. Como siempre,
aseguraron que la postura europea era testimonio de la unidad de los aliados y
de la concesión hecha por Washington.
Pues, los aliados europeos han cambiado una sola palabra: en vez del vocablo "SUSPENSION"
que figuraba en el programa iraní y que significa "suspensión por un tiempo",
han aprobado la propuesta estadounidense e incluyeron el vocablo "CESSATION",
que significa "cese completo". Pues de un plumazo, Condoleezza Rice hizo volver
a las andadas los esfuerzos que habían estado aplicando tantos meses los socios
europeos. ¿Quién ha salido triunfante en este caso?
El 24 de marzo, en París se había reunido la "troika" europea (Gran Bretaña,
Francia y Alemania) con los iraníes, y el resultado fue el regreso al callejón
sin salida. Lo bueno ha sido que las partes por lo menos han acordado continuar
las negociaciones. La señora Rice, entretanto, dirigió sus pasos a Pakistán,
donde regañó ligeramente a su aliado estratégico por no haber informado a fondo
sobre los resultados de la actividad divulgadora internacional de Abdul Qadir
Khan, padre de la bomba atómica paquistaní.
Da la impresión que si no fuera por la revolución islámica de Jomeini y en Irán
siguiera gobernando el Sha, que es quien había empezado a desarrollar el sector
de energía nuclear y fue aliado estratégico de Washington, Teherán ya hubiera
tenido su propia bomba atómica al igual que Pakistán. Y también, hubiera sido
objeto de suaves mordiscos por parte de su bienhechor de ultramar.