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(IAR-Noticias)
09-May-05

Por Scott Klinger -
ZNet en español
Las portadas de dos revistas aparecidas la semana pasada en los quioscos
mostraban un agudo contraste. El magazín Forbes publicaba su relación anual de
billonarios * número 29, mientras que el reportaje estrella del magazín Time se
preguntaba "Cómo poner fin a la Pobreza".
Ha sido un buen año para el club de los billonarios globales. Sus filas
crecieron hasta alcanzar el número de 691, un 17 por ciento más que el año
anterior. Colectivamente la riqueza de los billonarios mundiales alcanzó los 2,2
billones de dólares, más del 57 por ciento más que durante los dos últimos años.
También la pobreza está creciendo. Time informa que casi la mitad de los 6 mil
millones de habitantes del mundo son pobres. Más de mil millones subsisten con
menos de un dólar diario. En los Estados Unidos, según la Oficina Federal del
Censo, el número de estadounidenses empobrecidos subió un 3,7 por ciento en
2003. El número de niños que viven en la pobreza ascendió un 6,6 por ciento.
Forbes intenta explicar el éxito de los billonarios destacando que la mayoría de
los que figuran en la lista se han hecho a sí mismos. La Web de Forbes presenta
un cuestionario interactivo que pregunta: "¿Reúnes los requisitos para
convertirte en un billonario?" y a continuación explora aspectos tales como el
estado civil y los hobbies. La idea principal es que muchos billonarios lo han
logrado por sí mismos.
Pero sugerir que la pertenencia al creciente club de billonarios requiere tan
sólo una combinación de trabajo duro y determinados rasgos de carácter pasa por
alto algunos cambios dramáticos en las reglas de la economía global, que
explican la brecha cavernícola que se ha abierto entre los más ricos y los más
pobres.
Las tasas impositivas sobre los ciudadanos de mayores ingresos y sobre las
corporaciones han disminuido en todo el mundo. Hace cincuenta años, en los
Estados Unidos la tasa marginal de los impuestos sobre la renta era del 91 por
ciento; actualmente es del 34 por ciento. No hace mucho tiempo, en 1979, los
impuestos sobre los rendimientos del capital obtenidos en la venta de acciones,
bienes inmuebles y negocios eran del 35 por ciento; actualmente son del 15 por
ciento. Los impuestos recaudados de las corporaciones, expresados como
porcentaje de la economía estadounidense han disminuido desde el 4.1 por ciento
del PIB de 1965 a tan sólo un 1.5 por ciento en 2002. Mientras los impuestos
societarios han disminuido en todo el mundo, se han vaporizado en los Estados
Unidos, dejando tan sólo a Islandia de entre los países industrializados con
menor carga fiscal sobre las empresas.
Algunos de los más acaudalados billonarios obtuvieron sus fortunas a partir de
activos públicos, adquiriendo bienes que habían sido de titularidad pública.
Este fue el caso del mexicano Carlos Slim Helu, quien ocupa el puesto número 4
entre los más ricos del mundo y que usó una fortuna heredada para comprar una
sustancial parte de la compañía nacional telefónica mexicana, al ser
privatizada. Los billonarios estadounidenses como Bill Gates, Paul Allen y Steve
Ballmer de Microsoft, y Larry Ellison de Oracle no estarían incluidos entre la
lista estrella de billonarios de Forbes si el gobierno estadounidense no hubiera
invertido miles de millones de dólares públicos en desarrollar los ordenadores e
Internet.
Las fortunas de algunos billonarios se basan en los salarios de pobreza de sus
empleados. Tal es el caso de la familia Walton (número 9 a 13 en la lista de
Forbes). Wal-Mart es el mayor empleador privado del mundo. Muchos de sus
trabajadores estadounidenses reciben salarios tan míseros que dependen de los
bonos de alimentos y otras formas de ayudas públicas para salir adelante. Tales
formas de ayuda estatal representan un subsidio gubernamental indirecto a
corporaciones cuyo modelo empresarial no incluye pagar a sus empleados salarios
suficientes para sobrevivir. A escala mundial se ganan miles de millones
externalizando funciones de producción, manufactura y servicios contratados con
trabajadores sometidos a condiciones de explotación en países como, por ejemplo,
China.
El papel de la política gubernamental al establecer quién es acaudalado y quién
no, no cesa de aumentar. Durante el reciente debate en torno a la ley de
quiebras, los legisladores federales se negaron a cerrar el agujero legal
ofrecido por la figura del fideicomiso de protección de bienes (Asset Protection
Trust), cada vez más utilizado por los millonarios y billonarios para escamotear
mansiones y otros activos a los acreedores de sus quiebras. Estos mismos
legisladores debilitaron las protecciones que amparan los hogares familiares de
la gente corriente frente a los acreedores en caso de quiebra.
Forbes se equivoca: ninguno de los billonarios lo consiguió por sí mismo. El
abismo entre rico y pobre no es una división entre quienes tienen inteligencia y
medran y quienes no. Más bien resulta de una sociedad cuyas reglas permiten a
algunos amasar fortunas imposibles de disfrutar ni aun teniendo un millar de
vidas, mientras que niega a otros el dinero suficiente para ir tirando durante
una sola.
Scott Klinger es co-director del proyecto "Responsible Wealth" (Riqueza
Responsable) de United for a Fair Economy (Unidos por una Economía Justa) y co-autor
de "Executive Excess 2004: Campaign Contributions, Outsourcing, Unexpensed Stock
Options and Rising CEO Pay (Informe 2004 sobre Excesos de los Directivos:
contribuciones a campañas políticas, externalización, stock options regaladas e
incrementos en las retribuciones a los directivos).
* N. de la T.: en Estados Unidos el billón equivale al término recientemente
admitido de "millardo", es decir, mil millones. Hemos dejado el término de "billonarios"
para permitir una mayor fluidez en el texto traducido.
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