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Sunday, 15 de May de 2005

 

La guerra que Posada Carriles no pudo ganarle a Fidel Castro

 
 

(IAR-Noticias)  16-May-05

Por Gerardo Reyes - El Nuevo Herald

Vestidos con uniformes militares, tres compañeros en pie de guerra contra el recién entronizado régimen de Fidel Castro, hacían fila frente a un avión estacionado en el aeropuerto de Opa-Locka, al noroeste de Miami.

Era la primavera de 1961. El técnico químico Luis Posada Carriles, el ex agente de la inteligencia cubana (G-2) Ricardo Morales Navarrete y el pediatra Orlando Bosch, esperaban ansiosamente abordar el avión que los llevaría a Guatemala para unirse allí a las brigadas de desembarco de Playa Girón.

Ninguno llegó a ese destino.

A pocos metros de la escalera de la aeronave, Morales fue retirado por dos militares norteamericanos en un incidente que desató una ola de chismes en el exilio respecto a si era un infiltrado del gobierno de Cuba.

Posada y Bosch lograron embarcarse, pero cuando el avión aterrizó en los campamentos de Guatemala, el grueso de combatientes de la Brigada 2506 ya tenían el agua a la cintura en las costas cubanas.

Ese viaje frustrado parece haber marcado la suerte de los tres compañeros. Desde entonces su vida de combatientes quedó condenada a hacer cola juntos en la historia para nunca llegar a cumplir su misión.

Pusieron explosivos, atacaron embarcaciones cubanas, lanzaron petardos contra sedes diplomáticas comunistas y centros culturales; eliminaron y llevaron a la cárcel a decenas de guerrilleros comunistas en América Latina y Africa. Pero la escala definitiva que era la caída de Castro y su gobierno, fue cancelada por toda clase de reveses, desde fallas garrafales, como la invasión a Cuba, hasta la falta de unos milímetros en la mira de un revólver para matar al gobernante cubano en la Cumbre Iberoamericana de Cartagena de 1994.

Hoy los une Miami. Los restos de Morales están en una tumba de un cementerio de la ciudad; Bosch disfruta de una vejez apacible pintando paisajes bucólicos y Posada merodea intranquilo pidiéndole asilo político a un gobierno que ha declarado una guerra sin cuartel a todo tipo de terrorismo.

Quizás el presidente George W. Bush alguna vez oyó hablar de Posada. Su padre, el ex presidente George Herbert Walker, fue director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) entre 1976 y 1977 y en esa posición fue informado de las actividades de los combatientes anticastristas que no ahorraban explosivos ni armas para atacar cualquier instalación cubana o simpatizantes de Castro.

Basándose en entrevistas, documentos desclasificados, papeles judiciales, las memorias de Posada y una confesión insólita de Morales en un hotel de Brickell Avenue, El Nuevo Herald trató de construir la bitácora de la voladura del avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976, una historia que puso otra vez en la misma fila inconclusa a estos tres personajes.

En medio de las discrepancias de los testimonios y la confusa distribución de las culpas, hay sólo un común denominador muy claro de estos años de guerra: el gobierno de Estados Unidos sabía casi todo lo que estos cubanos planeaban, conocía sus viajes, sus intenciones y sus acciones terroristas, y lo sabía de primera mano gracias a que la mayoría de ellos eran empleados de la CIA.

Tanto Posada como Morales y Orlando García Vásquez, eslabón olvidado de la voladura del avión, en algún momento de sus vidas de combatientes anticastristas trabajaron para la CIA y reportaron sus acciones. García también fue comisionado de la policía política (DISIP) de Venezuela a mediados de los años 70. Esto podría explicar su tranquilidad y en ciertos casos una actitud de impunidad autorizada que rayaba en la provocación.

''¿No se arrepiente usted de la voladura del avión de Cubana?'', preguntó el periodista Chao Hermidas a Morales en una entrevista para la televisión venezolana grabada en un hotel de Miami en 1982.

''No'', respondió Morales, quien vivía con plena libertad en Miami.

''¿A pesar de los 73 muertos?'', insistió el reportero.

``Como si hubiera habido 273, no me arrepiento de ninguno de ellos, si tuviera que volver a hacerlo lo haría, es el compromiso histórico frente a lo que nosotros hemos sufrido, nuestra lucha de 20 años en todas partes del mundo''.

Minutos antes Morales había admitido que en esa época trabajaba para la CIA y había reclutado como agente de ese organismo a García, por su cercanía personal con el presidente Carlos Andrés Pérez.

Morales, alias El Mono, y quien entonces era un informante de la policía del Condado de Dade en casos de narcotráfico, repitió bajo juramento la misma confesión en abril de ese año en vísperas de un juicio de trasiego de cocaína.

''El Monkey lo contó con orgullo'', comentó esta semana a El Nuevo Herald Douglas Williams, abogado defensor de uno de los encausados, que interrogó a Morales. ``Llegaba a rendir declaración high [bajo los efectos de la cocaína] y cuando se le acababa el efecto, se ponía muy alterado y los policías tenían que darle Valium''.

Morales murió en diciembre de ese mismo año durante una balacera en un bar de Key Biscayne. Tenía 42 años.

La tragedia del avión de Cubana, en la que murieron todos sus 73 ocupantes, 57 de ellos cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos, ha salido a relucir de nuevo a raíz de la solicitud de asilo de Posada y los reclamos altisonantes de Castro para que sea enviado a la isla a fin de ser juzgado.

A mediados de los años 70, Miami era un polvorín de pasiones políticas mezcladas con dinamita pura. Frustrados con el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, los exiliados radicales asumieron por su cuenta y riesgo la lucha armada contra el régimen de Cuba y el comunismo internacional.

Al sur, en Chile, contaban con un gran aliado en esa causa: el general Augusto Pinochet y su Proyecto Cóndor, concebido para matar o desaparecer comunistas en la región.

Las noticias de las incursiones de los cubanos explotaban por todos los rincones.

En enero de 1976, las autoridades informaron que en los últimos 18 meses habían explotado más de 100 bombas en el área de Miami. En abril, Emilio Milián, un comentarista radial que criticaba el terrorismo, perdió su dos piernas al explotar una bomba en su carro.

Lo que Morales llamó alguna vez ''el gran sueño del exilio combatiente'' se cumplió a principios de 1976 cuando cinco grupos armados se unieron bajo la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).

Fuentes del FBI informaron a este organismo, de acuerdo con un reporte del 16 de agosto de 1978, que la cumbre ocurrió en junio de ese año en República Dominicana y que allí participaron, entre otros líderes, Bosch, quien era prófugo de la justicia de Estados Unidos por haber disparado una bazuca contra un barco polaco desde el viaducto McArthur, en 1968.

Paradójicamente, Bosch había sido condenado por ese atentado basado en un testimonio de Morales en una corte de Miami.

De la reunión en Bonao, República Dominicana, salió la idea de explotar el avión de Cubana de Aviación, agregó Morales en su confesión.

Los planes de esa cumbre eran conocidos por García y el presidente Pérez, de Venezuela, de acuerdo con Morales. El Nuevo Herald envió una carta a García, quien vive en Miami, con un cuestionario sobre este tema, pero aún no ha sido respondido. El ex presidente Pérez ha negado reiteradamente la acusación.

``Yo acuso a Orlando García Vásquez de ser cómplice de nosotros, yo acuso a la política de permiso que nosotros logramos obtener del presidente Carlos Andrés Pérez para llevar a cabo nuestro operativo en el Caribe a cambio de ejecutar operativos en contra de Guyana que le fueron propuestos a la directiva del CORU a través de García Vásquez''.

Morales sotuvo que CORU se había comprometido a desestabilizar el gobierno de Guyana, pero no indicó qué motivos tenía Venezuela para hacerlo.

El 6 de octubre a la 1:45 p.m. el piloto del vuelo CU 455 de Cubana de Aviación que acababa de despegar del aeropuerto de Barbados, reportó una explosión en el avión.

Los pescadores de las costas de Barbados vieron cómo la aeronave se iba a pique dejando una estela de humo negro. El avión, un DC-8 alquilado a Canadian Airlines por el gobierno cubano, se hundió 500 metros en el fondo del mar.

Al momento de la tragedia, Posada estaba en Venezuela. Se consideraba un próspero empresario del sector privado de la inteligencia. Era socio de la empresa Investigaciones Comerciales e Industriales Compañía Anónima (CICA), que compartía con el abogado Joaquín Chafardet quien hoy es su defensor en Venezuela.

Posada había llegado a Venezuela en septiembre de 1969, pocos meses después de ser desvinculado de la CIA, según relata en su libro Los Caminos del Guerrero.

El combatiente antiscastrista había ingresado a la CIA, de acuerdo con reportes de esa entidad, en abril de 1965. Fue invitado a trabajar en la Dirección General de Policía (DIGEPOL) por Erasto Fernández, un hombre de confianza del entrante gobierno de Rafael Caldera. Fernández contrató a Posada para tecnificar los servicios de inteligencia en la lucha contra la insurgencia armada que crecía en el país con el apoyo de Cuba.

En su calidad de comisario jefe de la división general de seguridad con la responsabilidad directa sobre las divisiones de armas y explosivos de la DIGIPOL, Posada participó en varias operaciones de arresto de guerrilleros de Bandera Roja y Punto 0.

''Al término de mi gestión, las fuerzas armadas de la izquierda quedaron totalmente desmanteladas'', escribió Posada.

Entre los guerrileros ''pacificados'', Posada cita a Alí Rodríguez Araque, líder del Frente Armado de Liberación Nacional y hoy ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela.

Bosch también estaba en Caracas el día de la explosión del avión de Cubana. Había viajado el 8 de septiembre a Venezuela tras un accidentado paso por República Dominicana y Nicaragua. De acuerdo con un reporte del FBI basado en una fuente de confianza, Bosch recibió en Chile un pasaporte falso con la ayuda del ex presidente de Costa Rica, José Pepe Figueres Ferrar.

Con ese pasaporte viajó a Costa Rica, pero allí fue arrestado. Las autoridades lo liberaron con la condición de que abandonara el país, para lo cual se le expidió un pasaporte falso bajo el nombre de Luis Paniagua.

Bajo esa identidad aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía, Venezuela, en donde lo esperaban su dos compañeros de fila: el festivo Mono Morales, quien había logrado un cargo en la contrainteligencia de la DISIP, y Posada, quien le ofreció toda su colaboración.

Esa noche, recordó Morales, Bosch durmió en su apartamento del edificio Anauco Hilton.

El hombre a quien él había acusado en Miami de terrorismo, pasó la noche en una habitación contigua.

''Para mí fue como hablar con un fantasma del pasado'', recordó Morales.

Faltaba solamente el último encuentro de los tres. Ocurrió una semana después de la explosión del avión de Cubana. Tras el atentado, Morales fue comisionado por García para arrestar a Bosch y a Posada. Sin embargo, Morales se ufanaría años después de haber participado en la acción, exonerando a ambos.

El reportero de El Nuevo Herald Wilfredo Cancio contribuyó con este reportaje.

 

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