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(IAR-Noticias)
17-May-05
Por
Diego Delgado Jara* -
ALTERCOM
Varios textos de historia dan cuenta que en la II Guerra Mundial fallecieron
alrededor de 37 millones de personas, de las cuales en el frente oriental de
Europa, en la línea ruso-alemana, se habrían perdido 24 millones de vidas; de
éstas, 20 millones habrían correspondido a ciudadanos de los países que
conformaron la desaparecida Unión Soviética. Las soldados norteamericanos que
ofrendaron su vida en todo este conflicto llegarían a 457.000, sobre todo en el
frente japonés.
La historia también recoge los datos de 6 millones de personas conducidas a la
muerte en brutales campos de concentración y exterminio manejados por Adolfo
Hitler y el nazismo. Nombres como Auschwitz-Birkenau, Manthausen, Dachau,
Treblinka, Maidanek, Sobibor, Belzec, Buchanwald, Bergen-Belsen, Chelmno,
Ravensbruck, Sachenhausen, Flossenburg, Sutthof, Theresienstadt, entre otros,
han quedado grabados, en forma indeleble, como sinónimo de perversión inhumana
incalificable, en la conciencia de los seres dotados de un mínimo de
convicciones humanistas elementales.
Es mundialmente conocida la relación de lo que los nazis hicieron en los
referidos campos de concentración. Desde entonces la palabra «Holocausto»
adquirió ribetes de dolor, angustia e indignación general. A partir de la
difusión de esos inhumanos acontecimientos -para muchos incomprensibles- existen
esos nombres y sitios que se hicieron famosos por constituir expresión del
horror más brutal y de la capacidad criminal ilimitada de los seres degenerados
en la prácticas del tormento cobarde e degradante.
No puede tampoco dejar de anotarse, en forma expresa, que existe un ánimo
visible para que estas páginas de horror sean extraviadas en el olvido de los
pueblos, sobre todo en la desmemoria de las nuevas generaciones, merced al apoyo
cómplice de determinadas grandes cadenas informativas de alcance planetario y a
un sistema educativo mutilante, entre cuyos condueños y guías aparecen las
empresas y accionistas del más grande complejo industrial-militar del planeta.
De existir otra vida, como enseñan todas las religiones, y de haber dispuesto de
frenesí por la eliminación física de seres humanos, y desprecio por la
existencia de los pueblos, por parte de Adolfo Hitler, hoy revolcaría de envidia
ante la capacidad depredadora de los mayores entes genocidas que han conocido
los pueblos a lo largo de los últimos milenios, como han resultado en la
práctica comprobable el Fondo Monetario Internacional, FMI, y el Banco Mundial,
BM, conforme lo vamos a demostrar.
I -Las cifras del horror
¿En qué nos fundamentamos para proceder a formular semejante afirmación?
El 25 de septiembre del 2000, en la primera página de los diarios del mundo
rebotó, como una simple noticia más, el siguiente dato traido por la agencia
informativa AFP: «Unos 19.000 niños mueren diariamente por las políticas
monetarias» (El Universo, de Guayaquil, lunes 25 de septiembre del 2000, lra.
página.). El dato se originaba en Praga, capital de la República Checa, donde se
llevaba a efecto la asamblea anual conjunta del Fondo Monetario Internacional y
el Banco Mundial, y donde estaban presentes los delegados de los países más
ricos del planeta.
La misma información daba cuenta que en el marco del Encuentro «unos 600
miembros del movimiento Jubileo 2000 participaron ayer en una marcha fúnebre en
recuerdo de los 19.000 niños que mueren a diario en el Tercer Mundo»
Estos niños víctimas de las políticas fondomonetarista y del Banco Mundial
constituyen una parte importante de los cerca de once millones de menores de
cinco años que perecen cada año por estos y otros motivos previsibles en gran
parte, según cálculo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
De estos 11 millones de vidas infantiles que desaparecen al año, en esas
condiciones, según la Organización Mundial de la Salud, OMS, el 15% perecen por
enfermedades que se pueden prevenir con simples vacunas, el 18% a causa de
infecciones controlables de las vías respiratorias, 17% por enfermedades
diarreicas, 20% por trastornos perinatales, 7% por paludismo y 23% por otras
causas previsibles. (El Universo, martes 2 de enero del 2001, pág. 8, 2da.
sección.). Y conste que no hacemos la cuenta con los datos de las personas
mayores de cinco años, situación que multiplicaría los alcances de este
genocidio incalificable.
Si por estas políticas monetaristas, de hambreamiento social indiscriminado a
consecuencia de políticas esquilmadoras, que impide la atención de salud y
nutrición básica a países enteros, se determina, según Jubileo 2000, que perecen
19.000 niños al día en el mundo, ello entraña que (sin tomar en cuenta a los
mayores) son 6’935.000 los infantes que fallecen cada año -por la misma causa-;
esta cantidad inmensa de seres humanos, y formada sólo por criaturas de la más
tierna edad, es mucho grande que la de todos los fallecidos en los campos de
concentración en la II Guerra Mundial a manos del hitlerismo!
¡El FMI y el BM, a la luz de los datos y las cifras, es mucho más rápido y
eficaz que la tarea macabra del Holocausto nazi, que se llevó adelante en varios
años! ¡Sólo que ahora ya no usan el gas sino a gobiernos sicarios, encargados de
colaborar en la matanza masiva de sus propios pueblos!
¡Las políticas depredadoras y genocidas del FMI y el BM sumarían en una sóla
década 69,35 millones de niños pequeñitos muertos, sin contar a las personas
adolescentes y mayores, esto es casi el doble de todos los muertos en la II
Guerra Mundial!
Y cada día, sólo en relación a los infantes, perecen más de seis veces todos los
fallecidos en el atentado consentido del World Trade Center, el 11 de septiembre
del 2001, en Nueva York! Debemos destacar eso sí que el FMI y el Banco Mundial
han actuado en forma impune en nuestros pueblos, con la complicidad de los
gobiernos de turno, con regímenes de variado signo, no sólo en una década, sino
en varias.
Y al tenor de las cifras facilitadas por Jubileo 2000, entidad que reune a las
Iglesias del más distinto signo, tenemos que cada década se pierden casi el
doble de vidas que todas las que produjo la II Guerra Mundial, y sólo contando a
los seres humanos de la más tierna edad! ¡Con estas políticas genocidas perecen
cada cuatro días tantos niños como el número de personas que fallecieron el día
6 de agosto de 1945 a consecuencia del impacto directo de la bomba atómica de
Hiroshima, en Japón! ¡La única diferencia es que estas otras bombas atómicas son
silenciosas porque nadie reclama por ellas!
Más todavía: si a todos los fallecidos en los campos de concentración sumaríamos
las víctimas de otras matanzas conmovedoras, impulsadas por las fuerzas más
regresivas del orbe, como la de Lídice, en Checoeslovaquia; Guernica, en España;
Orandur, en Francia; Bataki, en Bulgaria; My Lai y Songmy, en Vietnam; Sabra y
Chatila, en el Líbano, entre otros, no se llegaría ni lejanísimamente al número
de víctimas que provocan los acreedores internacionales por intermedio de las
políticas homicidas del FMI y el BM, aplicadas por sus instrumentos
complacientes y mercenarios, los gobiernos apátridas y sicarios encaramados
mediante procedimientos fraudulentos en la dirección de nuestros países.
II -Nuevo Holocausto; nuevos métodos
Los métodos han variado, en tanto la capacidad depredadora se ha multiplicado.
Partamos desde el punto en que casi todos los datos de los asesinatos masivos
consumados en los conocidos campos de concentración o cementerios inimaginables
(donde a los seres humanos se los encerraba peor que al ganado y eliminaba con
duchas de gas letal y luego se los cremaba los restos para evitar dejar
vestigios humanos, y, a la vez -aunque resulte paradójico y brutal-, utilizar
las cenizas como abono para los campos), en base a revisar varias enciclopedias
y datos de la II Guerra Mundial, hablan de seis millones de muertos en varios
años de aplicar esta llamada «solución final» en contra de comunistas, judíos,
socialistas, cristianos, gitanos, ciudadanos de otras nacionalidades,
discapacitados, entre otras víctimas de este genocidio tan inconcebible que
todavía estremece al mundo, a pesar de todos los esfuerzos para acallar este
verdadero crimen sin nombre.
Sin embargo, a pesar de lo criminal de este holocausto dantesco, inimaginable
hasta en mentes pervertidas, ése no es el peor holocausto que conoce la
humanidad. Existe uno peor, pero silenciado: el holocausto que aplica -con sus
políticas de exterminio social y verdadero aniquilamiento biológico- el FMI y el
BM. Cada año superan, y con víctimas de solamente niños menores de cinco años,
en número y en dolor, en base a datos incontrovertibles, lo que hicieron los
nazis en los campos de extermino de la última guerra mundial con ciudadanos de
toda edad.
Remarcamos pues que quizá ahora solo exista una diferencia cualitativa, pues
mientras los nazis utilizaron métodos fulminantes directos de exterminio, los
instrumentos de Wall Street y los acreedores internacionales, tanto el FMI como
el Banco Mundial -y otros organismos multilaterales de carácter regional-,
recurren a procedimientos muchísimo más extensos, disimulados y masivos en forma
incomparable, pero igualmente eficaces, crueles, irreversibles y perversos, y
que además los aplican en forma paralela a saquear toda la riqueza y recursos
posibles de las naciones que han caido en sus garras, entregadas a la
depredación con el apoyo cómplice y traidor de los gobiernos de turno de los
países sometidos a un pillaje extenuante y a un holocausto igualmente conmovedor
y espantoso, aunque silenciado por los dueños de la opinión mundial al ser éstos
los mismos acreedores internacionales, esto es los representantes de los
colosales grupos financieros y transnacionales que dominan y atracan al mundo.
¿Quiénes son los responsables de estas políticas de exterminio social de los
pueblos de América Latina?
¡Los socios de los colosales grupos financieros y transnacionales (el verdadero
poder del planeta, a quienes deben todos los países), responsables de haber
convertido en un nuevo pero más gigantesco campo de concentración a todos las
naciones en vías de desarrollo, para saquearlas, piratearlas y exprimirlas a
niveles inauditos e inconcebibles (en los hechos para debilitar y extinguir
biológicamente a los pueblos), son los círculos dominantes, oligarquías, roscas,
argollas, las trincas cerradas, dueñas del poder político y económico, de cada
uno de nuestros países.
Si revisamos los efectos de las políticas del FMI y del BM (instrumentos de
extinción poblacional y racial) en todos los confines del mundo, pero sobre todo
en el llamado Tercer Mundo, avistaremos el incremento ilimitado de la pobreza y
sus secuelas de mortalidad infantil, insalubridad, desnutrición, analfabetismo,
migración masiva, reducción marcada de las espectativas de vida, entre otros
males sociales. Sin la menor duda podríamos sumar muchas decenas -y acaso
centenas- de millones de difuntos, muchísimos más de los seis millones que se
calcula murieron, conforme anotamos, en todos los campos de concentración
utilizados en los años de la II Guerra Mundial.
Empero ahora se presenta un hecho complementario grave: la complicidad política,
legal, moral y humana de los propios gobiernos de los países capitalistas en
vías de desarrollo, verdaderos cómplices directos y corresponsables del
genocidio a sus propios pueblos, traidores consumados contra la sobrevivencia
misma de nuestras naciones, su vitalidad, y el destino y espectativas de vida de
las próximas generaciones! ¡Ellos saben los efectos de sus políticas y las
aplican como una gran tarea «histórica»! ¡Y se jactan de su «capacidad de tomar
decisiones», frase que no esconde otra cosa que su espíritu genuflexo y de
subordinación homicida, amaestrado en obedecer las órdenes que a ellos, seres
sumisos y postrados de hinojos, les dictan los representantes de los dueños de
los principales círculos financieros y multinacionales del mundo. Resulta
aplicable con estos regímenes entreguistas lo que recoge el dicho popular: «Tan
culpable es el que mata la vaca como el que amarra la pata a la estaca.»
Son las clases dominantes nativas el instrumento más directo o visible de este
genocidio planificado. Son los gobiernos y partidos a su servicio, que se
relevan en forma concertada en el ejercicio del mando, los que deprecian las
monedas para confiscar una parte de las remuneraciones para disponer de mayores
recursos para crecientes pagos de una deuda externa que jamás autorizaron ni
usufructuaron los pueblos.
Para este mismo objetivo incrementan el costo de los derivados del petróleo, de
los servicios básicos (agua potable -si acaso existe-, energía eléctrica,
telefonía, costos administrativos); crean y alzan los impuestos en forma
irrefrenable; cobran la salud y la educación, antes gratuitas, para que el
dinero que antes se destinaba para estas actividades ahora vaya a manos de los
acreedores injustificados; desaparece el dinero para mantenimiento vial y obras
públicas en tanto se entregan concesiones a grandes compañías para que estas
cobren peaje y pontazgo.
Asaltan el dinero de los fondos previsionales de la seguridad social para que
esos montos se transfieran a los círculos financieros; regatean el dinero a los
municipios y organismos seccionales para destinar al pago de esa misma
inescrutable deuda, a la vez que autorizan que estas entidades incrementen tasas
e impuestos que sobrecargan de mayores agobios a sus ciudadanos; cobran por
adelantado las tasas de administración de «justicia» para financiar entidades a
las que niegan recursos suficientes; envían a su casa a incontables miles de
servidores públicos para quedarse con sus remuneraciones acumuladas y también
atender con cantidades crecientes a los acreedores y tenedores de bonos de la
deuda.
Y encima de todo ello, aceptando idénticas imposiciones del FMI y el BM,
privatizan las empresas fiscales más rentables y jugosas para que éstas vayan a
manos de las multinacionales y acreedores internacionales -en asocio con sus
cómplices nativos que usufructúan migajas-, de tal modo que el agua, la
telefonía, electricidad, petróleo, puertos, aeropuertos, sean eliminados como
patrimonio público y se conviertan en botín de grandes consorcios allegados a
las mismas transnacionales, que no trepidan en dar dinero, cohechar y corromper
regímenes farsantes de todo signo, para robarse la propiedad social de las
naciones!
De este modo los pueblos y países son esquilmados de manera tan brutal, que las
naciones contemplan como van miles y decenas de miles de millones cada mes y año
a las arcas de los acreedores, representados por el FMI y el BM, en tantos las
naciones carecen de trabajo y recursos para alimentarse, para su salud,
educación, y sobrevivencia misma. ¡Por ello se habla que lo único que han
cambiado son los métodos del exterminio!
¡Mientras los nazis se robaban las joyas y los dientes de oro de quienes iban a
hornos crematorios y cámaras de gas, estos hampones internacionales depredan al
mundo entero! ¡En capacidad de robo y refinamiento del latrocinio los piratas de
todos los siglos no llegan ni a compararse como si fuesen niños de pecho al lado
de estos ladrones de la «más avanzada tecnología de todos los tiempos»! ¡Los
gánsteres de Chicago no llegan ni a la suela de los zapatos de estos rateros
cibernéticos!
Como se puede deducir de la simple observación de la realidad y las cifras, los
métodos son los únicos elementos que han cambiado: la forma es en apariencia
menos cruel, pero sus efectos son los mismos; incluso el tiempo para matar a
enormes masas humanas, por parte del Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial, es más breve; Hitler, Eichman, Goebbels, Himmler, deben lamentar no
haber dispuesto de organismos tan expeditos para matar tantos millones de seres
humanos, y en forma sólo de apariencia disimulada, como el FMI y el BM, y encima
recibir homenajes de regímenes anfitriones corruptos, socios del pillaje
ilimitado. ¡Y sin que nadie les enjuicie!
¿No merecerían por ello ir a un nuevo proceso de Nuremberg, o a la Corte Penal
Internacional, todos sus culpables y cómplices?
¿No es acaso el gobierno de los EE. UU. el mayor responsable político, moral y
penal de estas prácticas?
¿No es éste régimen el que dispone incluso de quienes deben ser, a título
personal, las autoridades o verdugos de turno de este trapiche de la muerte para
la humanidad entera? ¿No acaba de resolver George W. Bush que su subsecretario
de Defensa, Paúl Wolfowitz, impulsor de la política militarista de Israel,
director para Asia del Departamento de Estado en el régimen de Ronald Reagan,
brazo derecho de Dick Cheney cuando éste fué Secretario de Defensa de Bush padre
-durante la primera guerra del Golfo péérsico-, subsecretario de Defensa desde el
gobierno de Bill Clinton, propulsor y codirector de las guerras «preventivas»
contra Afganistán e Iraq, sea el nuevo Director del Banco Mundial, instrumento
de la política imperial de los EE. UU. y sus aliados militares?
Que existen diferencias nadie lo duda. Los hechos lo comprueban. En las cámaras
de gas, con «procedimientos artesanales», para matar millones de personas -en
meses o años-, se demoraban mucho más que con los métodos de Wall Street y los
más importantes grupos financieros del planeta -los acreedores de la humanidad-,
lo que no modifica que lo hagan en forma igualmente preconcebida, cruel y
perversa; con obvias diferencias: ahora ya no usan el gas y los hornos
crematorios en locales cerrados de exterminio, sino que dichas tareas de
debilitamiento humano y exterminio biológico son aplicadas en forma abierta,
descarada, masiva e indiferenciada -a sabiendas de sus nefastos efectos- por el
FMI y el BM, así como con el apoyo auxiliar de otros organismos multilaterales
de carácter regional, que apuntan a similares objetivos (BID, AID, CAF),
contando además con la adhesión entusiasta de los gobiernos oligárquicos
cómplices de los mentalizadores de este genocidio y enemigos jurados de sus
propios pueblos, esto es de las trincas, argollas, círculos y roscas que han
asolado peor que las plagas bíblicas por siglos y generaciones a los pueblos de
América Latina y el Tercer Mundo.
III -¿Existe genocidio?
Alguien puede, empero, suponer que exageramos al hablar de genocidio del FMI, el
BM, aliados a los gobiernos sumisos y arrodillados a sus mandatos, pero no es
así; de este error los vamos a sacar con los conceptos idiomáticos exactos y con
los conceptos jurídicos de celebrados tratadistas del Derecho sobre la mesa.
Para ello utilizaremos lo que dicen diccionarios muy calificados, para que se
disipe cualquier duda al respecto.
Empecemos recordando en forma textual, de modo obvio, los conceptos
correspondientes a Genocidio, término que de acuerdo al Diccionario de la Lengua
de la Real Academia Española, RAE, XIX Edición, Madrid, 1970, pág. 662,
significa «Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de
raza, de religión o de política.» Concepto frente al cual cabe hacer la
siguiente reflexión: ¿No se apunta acaso, con las políticas del FMI y el BM
-ejecutadas con la complicidad lacayunaa de los gobiernos entreguistas de turno-
al «exterminio o eliminación sistemática de un grupo social»", como el caso de
las naciones latinoamericanas, africanas o asiáticas, por razones obvias de
carácter político y económico, y si acaso no subyacen razones de tipo
socio-étnico, aspecto demostrable por una serie de hechos nada casuales?
El verbo transitivo «Eliminar», que proviene del latín «eliminare» (hechar fuera
del umbral, fuera de casa), significa, según el Diccionario de la Real Academia
española, edición referida, pág. 508, «Quitar, separar una cosa; prescindir de
ella./ 2. Alejar, excluir a una o a muchas personas de una agrupación o de un
asunto.»
«Exterminio», por su parte, significa «Acción y efecto de exterminar». Y
«Exterminar» tiene el significado de «Echar fuera de los términos, desterrar./
2. Acabar del todo con una cosa como si se desterrara, extirpara o descastara./
Desolar, devastar por fuerza de las armas» (Ibídem, pág. 600.).
«Genocidio», según el Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales,
de Manuel Ossorio y Florit, Editorial Heliasta S.R.L., Buenos Aires, 1982, pág.
334, tiene la siguiente conceptualización: «Derivado del griego (genos), raza o
clan, y del latín (caedere), matar, el vocablo fue aplicado por primera vez por
el penalista polaco Semkim, que lo usó para dar una denominación precisa al
crimen sin nombre que tantas víctimas causó durante el auge del nacismo en
Europa. El delito o crimen a que nos referimos ha sido caracterizado por el
Derecho Penal Internacional, como delito internacional común, no político, de la
máxima gravedad. Es un delito tendencioso y premeditado, que se cumple con el
propósito de destruir, total o parcialmente, un grupo humano determinado. Es,
además, un delito contínuo que puede exteriorizarse en forma individual o
masiva.»
«El 12 de diciembre de 1948, la III Asamblea General de las Naciones Unidas,
aprobó por unanimidad, la Convención sobre Genocidio, que entró en vigencia el
12 de enero de 1951, por un término de diez años, prorrogables tácitamente por
períodos de cinco años para los Estados que no la hubiesen denunciado con seis
meses de anticipación.»
«Genocidio», para el tratadista argentino Guillermo Cabanellas de Torres,
significa «Crimen de Derecho Internacional, consistente en el exterminio de
grupos humanos por razones raciales, políticas o religiosas, o en la implacable
persecusión de aquellos por estas causas». (Diccionario Jurídico Elemental, de
Guillermo Cabanellas de Torres, Editorial Heliasta S.R.L., Buenos Aires, 1993.).
Esto es precisamente, el «exterminio de grupos humanos», lo que impulsan las
grandes transnacionales financieras, ubicadas sobre todo en Wall Street y en
ciertos países (¿Qué grupo humano, racial y racista, maneja las finanzas del
mundo?), dueñas y gestoras de las políticas del FMI y el BM, impuestas con la
conducta complaciente y vendepatria de los gobiernos oligárquicos de turno,
encaminadas a debilitar y destruir a los pueblos.
Pero para esta política preconcebida de debilitamiento y exterminio de grupos
humanos y étnico-sociales inconmensurables, ¿qué métodos y medios utilizan?
¡Métodos distintos por supuesto a los empleados en las cámaras de gas y hornos
crematorios -usados en la II Guerra Mundial- pero similarmente mortales! ¡Ahora
se recurren a procedimientos mucho más refinados y disimulados: los
«recetarios», «recomendaciones» o «políticas de ajuste» impuestas por el Fondo
Monetario Internacional, FMI, Banco Mundial, BM, y otros organismos
multilaterales, apéndices de los anteriores, manos distintas para objetivos
criminales similares!
Pero en el campo estrictamente legal, jurídico y sociológico, no sólo debemos
referirnos a lo que en forma conceptual y doctrinaria significa el genocidio,
sino también debemos remitirnos a lo que establece el propio Derecho
Internacional, como es el caso de la «Convención sobre la Prevención y Castigo
del Crimen de Genocidio», aprobada por la Asamblea General de las Naciones
Unidas el 9 de diciembre de 1948, y que luego de la ratificación estipulada por
más de 50 países entró en vigencia el 12 de enero de 1961. Este instrumento va
acompañado con la Resolución 96 (1), del 11 de diciembre de 1948, de la propia
Asamblea General de la ONU, en el que se califica como delito y crimen
internacional contrario al espíritu de las Naciones Unidas y de sus países
miembros.
El Art. 2 de esta «Convención sobre la Prevención y Castigo del Crimen de
Genocidio» de las Naciones Unidas, de la que Ecuador es país signatario, dice en
forma textual:
«En la presente Convención el genocidio significa cualquiera de los siguientes
actos cometidos con la intención de destruir, en todo o en parte, un grupo
nacional, étnico, racial o religioso, como:
a) Asesinando a miembros del grupo;
b) Causando serios daños físicos o mentales a miembros del grupo;
c) Infligiendo deliberadamente sobre el grupo condiciones de vida tendientes a
causar la destrucción física, parcial o total del mismo;
d) Imponiendo medidas dirigidas a prevenir los nacimientos en el grupo;
e) Trasladando por la fuerza los niños de un grupo hacia otro.»"
El Art. 3 de esta misma Convención señala que los actos que serán penados en
cualquier rincón del planeta son los siguientes:
«a) El genocidio;
b) La conspiración para cometer genocidio;
c) La incitación directa y/o pública para la comisión del genocidio;
d) Atentado para cometer el genocidio;
e) Complicidad en el genocidio.»
Normatividad internacional también vigente en el Ecuador conforme lo establece
el Art. 163 de la actual Constitución Política de la República, que señala: «Las
normas contenidas en los tratados y convenios internacionales, una vez
promulgados en el Registro Oficial, formarán parte del ordenamiento jurídico de
la República y prevalecerán sobre leyes y otras normas de menor jerarquía.» Es
decir que este Convenio está en concordancia con la Carta Magna y tiene valor
jurídico superior -al tenor de lo establecido en el art. 272 de este mismo
cuerpo legal- a las leyes orgánicas y ordinarias, decretos-leyes, decretos,
estatutos, ordenanzas, reglamentos, resoluciones y otros actos de los poderes
públicos de nuestro país.
Debe pues -para que se disipe cualquier duda- quedar absolutamente aclarado que
el genocidio entraña también las políticas y decisiones encaminadas a debilitar
y dañar física o mentalmente a la población de una nación, de un grupo étnico,
racial o religioso, que debiliten biológicamente, produzcan angustia colectiva,
destruyan sus perspectivas de vida o adelanten y propicien la muerte o
enfermedad de los miembros de dichos grupos; como muy bien se define en dicho
artículo 2 de la Convención sobre la Prevención y Castigo del Crimen de
Genocidio, sobre todo en los literales b), c) y d), que indican, en su orden:
«Causando serios daños físicos o mentales a miembros del grupo»; «Infligiendo
deliberadamente sobre el grupo condiciones de vida tendientes a causar la
destrucción física, parcial o total del mismo», o -lo que también se viene
cometiendo de manera inexorable y en forma silenciosa pero muy bien planificada-
«Imponiendo medidas dirigidas a prevenir los nacimientos en grupo».
En base a los aludidos conceptos idiomáticos, de la doctrina jurídica de
maestros de reconocido prestigio, o del propio Derecho Positivo Internacional,
cuyas normas pertinentes de la ONU se han transcrito, ¿alquien puede dudar del
genocidio que cometen con las políticas del FMI y el BM?
¿Pero quiénes son los instrumentos de este genocidio en América Latina o el
Tercer Mundo? ¡Los gobiernos de turno, sean de derecha, nueva derecha (o «centro
izquierda»), o populistas, esto es todos los regímenes agachados ante el
imperio! A cambio de esta sumisión apátrida, los gobiernos entreguistas y
arrodillados ienen «estabilidad», «créditos» y «comisiones». Los resultados
obvios de estas políticas son evidentes: debilitan biológicamente -por el
hambre, la necesidad y la desnutrición- a la mayoría absoluta de seres humanos
de un país; saquean económicamente a límites intolerables a sus ciudadanos y a
las arcas fiscales; y, oprimen políticamente a sus propios pueblos, con la única
finalidad de mantenerlos sometidos e inermes hasta sacarles la última gota de
sudor y sangre, con lo que los regímenes vendidos sirven a los dueños del mundo,
sus verdaderos patronos y deidades!
¡No podemos cerrar los ojos y la conciencia ante las evidencias! ¡Con los
«recetarios» del FMI y el BM los pueblos languiden de necesidad, sobreviven en
la más atroz desnutrición y soportan las peores cargas tributarias directas e
indirectas, en tanto las transnacionales y los acreedores internacionales se
apoderan en forma sistemática y planificada de toda, absolutamente toda, la
riqueza del Tercer Mundo, esto es de América Latina, Africa y Asia, y sobre todo
de sus capas sociales más pobres, oprimidas y desamparadas!
¿Alguien entonces puede dudar que el conjunto de criminales y forzosas políticas
impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), de
«ajustes" y reajustes», no son sino un menú de crueldades previstas y
perversidades diseñadas con antelación por estas verdaderas bandas sofisticadas
de asesinos amorales, que muy bien conocen las consecuencias de sus decisiones y
los efectos de sus venenosas «recetas», que sirven para el «exterminio o
eliminación sistemática de un grupo social»? ¿No es acaso el recetario
fondomonetarista «un delito tendencioso y premeditado, que se cumple con el
propósito de destruir, total o parcialmente, un grupo humano determinado», y que
es, además, «un delito contínuo que puede exteriorizarse en forma individual o
masiva»? ¡La respuesta es evidente, y la padecemos de memoria los pueblos del
Tercer y hasta Cuarto Mundo!
IV -¿Existe un Estado Sicario cómplice?
El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define de manera
brevísima y precisa al sicario, al que describe como Asesino asalariado (XIX
edición, tomo 2, pág. 1876, Madrid, 1992.). Pero, en la perspectiva de nuestro
análisis, es preciso preguntarse: ¿puede haber o existir un Estado sicario, esto
es una institución que, a través de sus representantes de turno, reciba dinero o
comisiones para agobiar y eliminar a muchos seres humanos, incluso de su propio
país? ¿Es esto posible? En la eventualidad de serlo, ¿de qué modo?
Recordemos que por lo general los círculos oligárquicos, por intemedio de sus
partidos políticos defensores del Statu Quo u Orden Establecido, que manejan el
Estado -por turnos convenidos-, mediante el uso amoral de fondos reservados o
recursos manejados clandestinamente -con idénticos objetivos-, pagan sicarios
para eliminar dirigentes populares o críticos de su gestión. Esta situación, de
alianza de los angustiadores del pueblo con el «sicariaje depurador de
adversarios» es muy conocida a nivel mundial, y mejor que en ninguna parte en
América Latina.
Pero cabe insistir en la reflexión ya referida: ¿El Estado, como el
representante de la sociedad, puede convertirse en sicario, esto es en «asesino
asalariado»? Y la respuesta es sí, en la medida que quienes dirigen, conducen y
encarnan dicho tipo de Estado reciben recursos o emolumentos (directos o
indirectos, en dinero o en especie, en remuneraciones o privilegios, coimas o
cohechos, asilos e impunidades), para convertidos en instrumentos asalariados de
los acreedores internacionales (fuerzas ajenas a nuestros países) propiciar el
debilitamiento biológico, la muerte masiva y la eliminación de incontables seres
humanos de los mismos países a los que ellos dirigen.
Son las castas dominantes de América Latina, en los países capitalistas cuyos
gobiernos están sometidos a las políticas del Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial, las acaparadoras de la riqueza y las conductoras del Estado por
herencia; son ellas las corresponsables y cómplices jurídicas, políticas y
morales, en tanto son las ejecutoras de esas medidas criminales diseñadas por el
alto mando de este macabro plan de genocidio silencioso a nivel mundial, que
entraña la muerte masiva para colectividades nacionales enteras, conforme lo
historia lo evidencia y la realidad lo constata cada día.
Cabe señalar, por lo demás -de entrada-, que si existen recursos para que se
produzca un crimen, debe ubicarse al tenebroso mentalizador o autor intelectual
de este inconcebible e imperdonable delito.
¿Quién podría en sus cabales pagar o entregar recursos para que quienes dirijan
un Estado cometan semejante tropelía monstruosa, incompatible con una sociedad
civilizada y humana? La respuesta es pública y es conocido el asesino bicéfalo
(los grandes círculos financieros del mundo y las más poderosas
multinacionales); perfectamente ubicable en todo el Tercer Mundo y, sobre todo,
en América Latina a través de sus brazos visibles: el Fondo Monetario
Internacional, FMI, y el Banco Mundial, BM, criatura siamesa con dos nombres,
dos apariencias y dos locales distintos, pero con un sólo interés y objetivo
verdadero: saquear, esquilmar, despojar, exprimir, succionar, empobrecer,
debilitar económica, orgánica y biológicamente a los pueblos, hasta
extinguirlos!
Esta criatura siamesa es la encargada de despojar y exprimir a nuestros pueblos
mediante las políticas que instrumentaliza a través de los gobiernos
entreguistas de turno, sometidos a sus designios, encabezados por políticos y
economistas formados en la metrópoli capitalista y por lo común encaramados en
el poder mediante escandalosos fraudes electorales sustentados en la
manipulación de los sistemas computarizados de elecciones.
Estos entes, el FMI y el BM, son los principales organismos encargados, mediante
el saqueo y la depredación más descarada, de diseñar políticas de exterminio
lento e inexorable de nuestros países -incluso en el campo biológico- y de
nuestras poblaciones. El FMI y el BM son los instrumentos encargados por parte
de los acreedores internacionales, bajo la cobertura de «estudios técnicos
especializados», de diseñar las políticas de succión ilimitada de todos los
recursos posibles, hasta límites insoportables e inauditos, para efecto de
abonar los montos crecientes de obligaciones de la deuda externa en función de
los intereses de los acreedores internacionales.
El FMI y el BM son los encargados de autorizar o entregar nuevos recursos
-dinero y comisiones-, según se sometann o no a sus dictados depredadores, para
que quienes manejan el Estado, por turno, aplicando sus políticas o
«recomendaciones necesarias», literalmente maten de hambre y agobien de
necesidad, en tenebrosa planificación, a los ciudadanos de su propio país.
Estas políticas planificadas de debilitamiento y exterminio social (de «ajuste
y/o reajuste»), en función de los intereses bastardos de los acreedores y las
multinacionales, tienen un objetivo político preciso: las naciones pobres del
Tercer Mundo y, en forma particular, los pueblos asentados en zonas de recursos
naturales extraordinarios, sean de América Latina, Africa o Asia, cuya riqueza
buscar apoderarse.
Estas conductas de despojar, saquear y empobrecer a colectividades nacionales
enteras, a las que los autoproclamados dueños del mundo creen grupos humanos
desechables, debe ser desenmascarada, evidenciada y combatida sin cuartel ni
tregua alguna. Lo que está de por medio es la vida misma de nuestras naciones y
la garantía de sobrevivencia de ésta y, sobre todo, las futuras generaciones de
la humanidad entera.
Sólo un ignorante redomado, un demente o un retrasado mental grave, no podría
comprender que estas «recomendaciones» del FMI y el BM, cuyo origen es el pago
ilimitado de una deuda de dudoso origen, llevan en forma cruel, perversa e
inexorable, al debilitamiento sostenido y a la destrucción -incluso biológica-
de naciones enteras, en la más flagrante política de violación a los Derechos
Humanos -en la historia remota o reciente de la humanidad-, conforme se ha
demostrado.
V -La apropiación del planeta
Se está llevando a efecto el plan más acabado de saqueo total que hubiese
conocido la humanidad en su ya larga existencia. Se está exprimiendo a niveles
inconcebibles a pueblos ya hambrientos y empobrecidos al máximo por concepto de
una deuda que jamás la pidieron ni la usufructuaron. Pero esto tampoco es todo.
Resulta probablemente el preludio de otro previsible mayor y último super
genocidio que se consumaría con el brotamiento intensivo de las enfermedades
originadas en retrovirus de laboratorio para extinguir físicamente a las masas
hambrientas todavía sobrevivientes.
Resulta perceptible que todo lo detallado no es sino parte de un tenebroso plan
de dominio y apoderamiento total del mundo, diseñado por las grandes
corporaciones y círculos financieros del planeta.
Se aprecia que estamos viviendo en una PRIMERA ETAPA donde se tiene previsto
expoliar a niveles inconcebibles a gran parte de la humanidad mediante el saqueo
sistemático de familias y naciones, como jamás ha acontecido en la historia
precedente.
Luego, con las economías de los países en vías de desarrollo devastadas -y la
riqueza y ahorros exprimidos al máximo-, con sus recursos naturales transferidos
o tomados por la nueva Roma y sus multinacionales -en parte como probable cambio
de esa deuda externa impaga-, tendrían previsto ingresar en una SEGUNDA FASE, la
de la reducción intensiva de los pobladores del mundo, la eliminación de las
masas "desechables", la eliminación física de colectividades enteras. Recién
entonces se haría realidad lo que fué aspiración del nazismo, sólo que ahora son
otras manos y de otros grupos las que aparecen empeñadas en desaparecer masas
humanas mucho más numerosas.
Quizá por eso el genocidio ahora es mayor y de procedimientos más sofisticados y
refinados. Para ello, según se ha difundido en reiteradas veces por voces
vinculadas a la ciencia, se habrían creado en laboratorios enfermedades
tremendas, algunas ya conocidas, como es el caso del Sida, Mal de Ebola,
Hantavirus, Viruela del Mono, Hepatitis C, y, según la Academia Rusa de
Geopolítica, el Sears o gripe asiática, que pende como espada de Damocles sobre
la colectividad nacional más numerosa del orbe. Este es el verdadero Apocalipsis
que se atisba.
Este plan meticuloso de dominio mundial -que incluye la extinción o
despoblamiento de buena parte de los habitantes del planeta-, insistimos, con el
previsible uso de armas biológicas (para lo cual incluso han creado la cobertura
encubridora y anticipada «justificación» de las eventuales acciones de
inescrutables «terroristas»), sería el que pretenden aplicar los opulentos del
planeta contra las colectividades nacionales víctimas de su avaricia insaciable
y repulsiva codicia. Por supuesto que, para la consolidación de este plan
cataclísmico de subyugación mundial, tampoco pueden descartarse las guerras
abiertas contra los países arbitrariamente ya ubicados o a incorporarse en el
artificioso Eje del Mal, y cuyo común denominador para enlistarlos es haber
expresado su voluntad de resistencia al pretendido dueño subterráneo del poder
planetario, su decisión de soñar y pelear para seguir siendo pueblos libres y
soberanos.
Qién reclamaría a futuro? ¿Cuántos jóvenes menores de 40 años conocen lo que
significó el Holocausto? ¿Quién se acordaría en el año 2.100 lo que se consumó
hasta el año 2030 o 2040? ¿Cuántos recuerdan lo que aconteció en la II Guerra
Mundial, con sus decenas y decenas de millones de muertos, que concluyó hace 60
años? ¿Quiénes controlan y supervigilan el sistema educativo, financian a cierta
intelectualidad mercenaria al servicio de la justificación de sus acciones
criminales, y son, además, los propietarios del sistema satelital así como las
cadenas informativas del mundo entero? ¿No son las mismas multinacionales y
círculos que controlan de manera monopólica los negocios de las armas, la deuda
externa, las drogas y la banca a nivel mundial? Bien señala el propio Evangelio:
«Quien tenga ojos para ver, que vea»
Cuánta razón dispone el texto petitorio del mausoleo del ejército antifascista
en el Monte Vitkov, en Praga, en la entonces República de Checoeslovaquia,
colocada sobre la tumba de los soldados de identidad desconocida de la II Guerra
Mundial:
Manténte alerta, amigo, en la tierra que me cubre!
El derecho de exigirlo muriendo lo gané.
Caí en el combate cuando nació mi hijo,
para que él viviese y pudieses vivir tú.
Altercom
Diego Delgado Jara
Ecuatoriano, doctor en jurisprudencia y Profesor de Derecho Económico de la
Universidad de Cuenca. Ex legislador, autor de varios libros sobre deuda
externa, Plan Colombia, asalto bancario en Ecuador.
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