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(IAR-Noticias)
16-May-05
Por Jorge Altamira, Prensa
Obrera
No
se puede ni se debe pasar por alto la reciente colocación de títulos públicos
por parte del gobierno para cancelar vencimientos de la misma deuda pública. El
reemplazo de una deuda por otra ha costado una enormidad: el compromiso de pagar
una tasa de interés del 6,5% anual y el ajuste del título por la inflación.
Los especialistas han estimado que
todo esto representará un interés efectivo del 16%, sin tomar en cuenta la
posibilidad de una devaluación del dólar frente al peso, por ejemplo a 2,60
pesos, lo cual elevaría la renta final en dólares al 20%.
La mayor parte de esta nueva deuda fue comprada por las AFJP y los bancos; según
cómo se haga el cálculo, del 45% al 50% de los activos de los bancos está
compuesto de títulos que el Estado está obligado a refinanciar a tasas enormes
porque no tiene el dinero para cancelar la deuda.
Esto significa que el sistema
bancario no estaría en condiciones de devolver el dinero a los ahorristas –como
en 2001, aunque para hacerlo podría recurrir a préstamos del Banco Central, una
posibilidad que no existía en aquella fecha. De todos modos, una emisión para
rescatar títulos invendibles desataría una hiperinflación, como a principios de
2002.
El recambio de deuda ha sido un enorme negociado, sin embargo. Nadie lo ha
dicho. Ocurre que la cotización corriente de la deuda argentina es mayor que la
pedida por los nuevos bonos, por parte del gobierno.
Esto significa que la cotización de
los nuevos títulos debe subir, fatalmente, en el corto plazo. Incluso después de
este negociado los kirchneristas siguen diciendo que combaten la ‘especulación
financiera’.
Lavagna alegó que operó con la
intención de hacer ‘atractivo’ el mercado nacional de títulos de deuda y mejorar
de este modo su posición negociadora con el FMI. Hasta agosto hay que
refinanciar unos tres mil millones de dólares.
Como se puede ver, la salida a la bancarrota de 2001 se encuentra entre
paréntesis. Mientras haya un flujo comercial creciente y precios de exportación
elevados, la cadena de la felicidad de la deuda externa irá pasando de manos.
Apenas se interrumpa habrá una crisis financiera fenomenal. Las relaciones
sociales capitalistas que se deshilacharon en 2001 se han recompuesto sobre una
base ficticia. El valor de la deuda nacional depende de las ‘expectativas’.
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