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ARGENTINA  

Sunday, 15 de May de 2005

 

La columna dominguera de la Nación:
Morales Solá y el Melatol para Clarín

 
 

(IAR-Noticias)  16-May-05

Por Jorge Asís, desde Argentina

Es inútil, pero hasta que Joaquín Morales Solá, alias Fermín Malvárez Tejar, no sugiera que alguien intenta afanar, oficialmente es casi imposible que se acepte la posible existencia de la corrupción. Y menos, en un gobierno tan ejemplar como el de Vulgarcito.

Lo que es disponer de patente de creíble. Chapa de legitimidad.
Sinceramente, la situación sorprende. Y no por la cuestión del afano, al contrario.
Sólo los distraídos perfectamente asistidos pueden ignorar que hoy se la llevan, con fervor progresista.

Téngase en cuenta que desde aquí enunciamos (nunca denunciamos) la habitualidad de la marroquinería política.
Resulta interesante, también, porque con sus puñales de recatada retórica, y su prosa de poeta noctámbulo del siglo dieciocho que apela a las hojas muertas del otoño, Morales Solá, permite armar, ante todo, un perfecto panorama de la comunicación actual.

Trátase de una de las etapas más banales de la historia de la comunicación social en la Argentina.
Basta entonces con tres centímetros del pudoroso poeta tucumano, en la columna dominguera de La Nación, para que otra vez, aquel centenario dinosaurio indoblegable, se coloque a la vanguardia del misericordioso periodismo tradicional.
Cuatro centímetros que sirven, además, para constatar que el periodismo hegemónicamente empresarial de Clarín continúa, ostensiblemente, en falsa escuadra. Como el alma, Clarín está en orsay. A contrapierna.
En apariencias, el consumo cotidiano de Valiums no detiene su gravitante intensidad. En los altos estamentos de la redacción del matutino, cunde el apoliyo profesional, y posiblemente sea debido a la lectura del Suplemento Ñ.
Entonces, mientras caen las hojas del otoño de Morales Solá, estallan los ronquidos de la información que no pueden procesar.

Pero, un misterio ¿por qué se consume también tanto lexotanil en Clarín?
¿Acaso se debe a la perversidad inagotable del señor Magnetto?
¿Acaso los efectos de la pugna interna Roa-Kirchbaum son más sutilmente estremecedores que los de Duhalde y Kirchner?
La cuestión que todos corren en Clarín para leer, a los efectos de enterarse, La Nación.

Por lo menos, para no dormirse tanto durante la jornada, en Clarín deberían reemplazar el Valium por el Melatol.
Aparte, el Melatol contiene vitamina E. Y puede colaborar, si no con la intensificación de la jovialidad, para atemperar el envejecimiento del espíritu, que tanto atenta contra la carencia de iniciativas.

Puede también intentarse alguna otra solución. Por ejemplo, la repatriación a Clarín de Joaquín Morales Solá.
Aunque, a esta altura, es altamente improbable. Por su origen social, encuadrado en los perfiles de la alta burguesía tucumana, Morales Solá se siente más a gusto en La Nación, porque es un medio que tiene el discreto encanto de la decadencia.

La Nación es una especie de Jardín de los Finzi Contini de la comunicación.
Y que evoca, incluso, con cierta melancolía, aquel tiempo lejano en que existía, aún, la dichosa oligarquía a la que se podía culpar.

Por lo tanto, al dandysmo informativo de Morales Solá, le sienta mejor la carcaza del dinosaurio que mantiene su dignidad, al achanchamiento embrutecedor de un medio proclive a los fastidios de la clase media. Y que se convirtió, para peor, en un emporio que prefirió abandonar la prioridad del ejercicio del periodismo para dedicarse, mejor, a luchar por la compra de canales, quiosquitos y teléfonos.

Otra solución plausible, para que el dinosaurio de La Nación deje de aprovechar el adormilamiento generalizado de Clarín, es imponer el rigor de las charreteras.
Al estilo Kirchner, y hacer valer la contundencia de la caja.

Es decir, habría que recurrir al pragmatismo accionario, derivado del préstamo que oportunamente, y por cuestiones familiares, efectuó la señora Ernestina Herrera, alias Madre Coraje, a la señora Matilde Noble de Saguier, a los efectos de evitar el quebranto anunciado del dinosaurio que hoy se permite, para colmo, profesionalmente, humillarlos.

De presionar en semejante aspecto de caja, podrían entonces obligar, desde Clarín, a La Nación, a acceder a sus materiales antes del cierre, para directamente copiarles las primicias. Y de esta manera, efectivamente vulgar, evitar los efectos de las virtuales somnolencias que provoca el consumo de tanto Valium autorecetado. Y que coloca al diario de la redacción más cara al permanente estado de retaguardia periodística.


 

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