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(IAR-Noticias)
23-May-05
Por
Mario Osava -
IPS
La
”onça”, como se llama al jaguar en Brasil, entró a la tienda de campaña, arañó
con la pata el rostro del cocinero y se llevó su mochila. ¿Por qué justo el
cocinero entre 40 trabajadores? Es que el animal eligió al que olía a alimentos,
por no bañarse.
Esta es una de las historias que, según el topógrafo Leonardo Ramos, ocurrieron
hace casi 20 años, cuando equipos de la estatal compañía brasileña de petróleo,
Petrobras, buscaban yacimientos de hidrocarburos y construían instalaciones para
extraerlos en medio de la selva cerca del río Urucú, en el corazón de la
Amazonia.
Barco y helicóptero eran los únicos medios de transporte a esa región, donde hoy
se produce el ”mejor petróleo” nacional, por ser liviano, y también gases. No
había helipuerto y se bajaba del helicóptero por sogas y carretes, ”a veces
perdiendo las botas en el fango de la tierra arcillosa”, contó Cesar Tavares
Pereira, que trabaja en Río de Janeiro pero ya estuvo 112 veces en Urucú.
Ramos y Pereira son dos de los funcionarios de Petrobras que ya frecuentaban los
riesgos de la selva amazónica cuando descubrir yacimientos de valor comercial
allí aún era un sueño, perseguido desde comienzos del siglo XX.
El éxito llegó en 1986, y dos años después la Provincia Petrolífera de Urucú
pasó a producir 3.500 barriles diarios de petróleo, transportados en balsas para
ser refinados en Manaos, capital del noroccidental estado de Amazonas, a 650
kilómetros de distancia.
La extracción creció con nuevos pozos y actualmente la zona produce 60.000
barriles (de 159 litros) diarios de petróleo y 10.000 metros cúbicos de gas
natural que, procesados, generan 1.500 toneladas diarias de gas de cocina para
abastecer a casi toda Amazonia brasileña, además de parte de Bolivia, Colombia,
Perú y Venezuela.
Desde 1998, un poliducto de 285 kilómetros lleva el petróleo y el gas de cocina
desde Urucú al puerto de Coari sobre el río Solimoes, nombre del Amazonas en su
tramo medio, desde la frontera con el Perú hasta el encuentro con el Río Negro,
en Manaos.
Desde Coari los hidrocarburos siguen transportados por barco, pero se prevé
construir a fines del próximo año un gasoducto que permita aprovechar todo el
gas natural extraído de Urucú y llevarlo a Manaos, para abastecer principalmente
centrales termoeléctricas.
Hasta ahora la mayor parte del gas natural es reinyectado en los pozos, por
falta de contratos de compra.
El uso de ese gas abaratará la electricidad en Manaos, una ciudad de 1,7
millones de habitantes, además de reducir la contaminación y los riesgos de
apagones, un problema local que tuvo mucha gravedad en 1998. Se calcula que en
diez años el sector público ahorrará cerca de 3.000 millones de dólares y que
nuevas industrias se instalarán en el polo industrial de Manaos.
La producción y el transporte de hidrocarburos en un área ambientalmente
sensible como la Amazonia se beneficiaron del escarmiento de Petrobras con los
grandes accidentes del año 2000, cuando hubo derrames de petróleo en la bahía de
Guanabara, que baña Río de Janeiro, y en el meridional estado de Paraná.
Los cuidados se intensificaron desde entonces. La empresa creó más de 900
centros de defensa ambiental cuyos equipos prestan servicios a toda la sociedad
(entre ellos combatir incendios), y no sólo en accidentes de su responsabilidad,
informó Sven Wolff, gerente general de la Unidad de la Cuenca del Solimoes de
Petrobras.
En Urucú toda la basura es empacada para reciclaje o incinerada, el agua servida
es tratada y vuelve limpia a la naturaleza, y los claros abiertos en el bosque
para obras son reforestados con las mismas especies taladas, destacó Ken Wheeler
Araujo, gerente de Marketing, Coordinación y Control de Producción.
”Progreso en armonía con la naturaleza” es la consigna local. Ruy Menezes,
técnico agroforestal, cuida un centro de cultivo con 1.048 plantas de 77
especies de orquídeas que serán devueltas al bosque, y es responsable de la
siembra de 200 especies de árboles con 215.000 plántulas.
Un permanente combate contra los mosquitos redujo a ”casi cero” la incidencia de
malaria (paludismo) y la Escuela Esperanza alfabetiza y ofrece enseñanza a los
empleados de empresas que prestan servicios tercerizados, quienes son la mayoría
de los 1.170 trabajadores de Urucú.
El desarrollo llevó a la construcción de un aeropuerto para el transporte de
funcionarios a Manaos y ciudades medianas cercanas. El régimen para los
empleados de la Petrobras es de 14 días de trabajo en Urucú seguidos de 21 días
libres, idéntico al de los que trabajan en las plataformas marítimas. Los
tercerizados alternan 14 días de trabajo y 14 de ocio.
El químico Iray James, por ejemplo, es responsable del control de calidad del
gas y pasa los días libres con su familia en Natal, capital del nororiental
estado de Río Grande del Norte, a unas cinco horas de vuelo de Urucú.
”Me encanta Urucú”, dijo a IPS, añadiendo que le ofrecieron empleo en un
laboratorio en Natal que le interesa desde el punto de vista tecnológico, pero
que tratará de volver al corazón de la Amazonia, donde trabaja desde hace nueve
años,
No es un ejemplo aislado: la mayoría de los funcionarios de Petrobrás en Urucú
viven fuera de Amazonas, e incluso hay uno residente en el sudoriental estado
estadounidense de Florida.
Rossineide Gomes Brito, nutricionista de un servicio tercerizado, trabaja en
Urucú desde hace cinco años y proviene de Sao Paulo, la gran metrópoli
industrial del país y lo más opuesto a la selva amazónica.
Siento ”orgullo” de participar en ese emprendimiento y ”orgullo de ser brasileño
y petrolero”, aseguró a IPS Cesar Pereira, gerente de atención a los clientes de
Petrobras en Río de Janeiro, que cumplió su 112 viaje a Urucú esta semana,
acompañando a diez periodistas extranjeros. Su nacionalismo es un sentimiento
generalizado entre los funcionarios de la empresa.
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