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(IAR-Noticias)
23-May-05
Por
Manuel Mariña Müller (*) - Aporrea.org
Las acciones desarrolladas en el marco de la inteligencia (política) militar
y económica puestas en práctica por el Imperio, siempre han estado
acompañadas por acciones de inteligencia mediática. Estas acciones
mediáticas toman relevancia cuando se trata de mover la opinión publica a favor
de decisiones que pudieran comprometer la estabilidad política o económica de
quien las toma.
El mundo “civilizado” continúa aceptando las acciones de guerra, de crimen, de
explotación y de genocidio en la medida en la cual el grupo o la cultura
dominante que las realiza demuestre una “razón” que las justifique.
Fue así como la búsqueda de una razón para declararle la guerra a España en
1898, llevó a la inteligencia militar de Estados Unidos a hundir uno de sus
navíos (El Maine) anclado en un puerto cubano y ahogar a los 2.300 marineros que
se encontraban a bordo, para justificar su declaración de guerra.
En 1941 la inteligencia militar norteamericana permitió el ataque sorpresa de la
aviación japonesa sobre Pearl Harbor y la muerte de mas de 1.500 marines,
para justificar su incursión en la Segunda Guerra Mundial.
Más recientemente, en 2001 y de acuerdo a la investigación realizada por el
Prof. David Ray Griffin sobre el derribo de la torres gemelas del World Trade
Center de Nueva York, la inteligencia militar estadounidense permitió la
ejecución del acto terrorista del 9 de Septiembre para justificar, luego de
una campaña mediática, su invasión a Afganistán y a Iraq.
Hoy el mundo se ve atemorizado por las conductas agresivas de quienes dirigen
Imperio, del fundamentalismo religioso convertido en doctrina política y
de cómo la mentira y la calumnia es utilizada para justificar el poder
hegemónico de una nación que, como Los Estados Unidos ahora se presenta como el
paladín de la libertad y la justicia en el marco de la mayor simulación de
respeto a los valores fundamentales que jamás se halla visto en la historia
contemporánea.
“A partir de Maquiavelo, los políticos comprendieron que la verdadera
fuente de poder estaba en la simulación de situaciones y que la política no
constituía una actividad real sino un modelo de simulación cuyo objetivo es
simplemente alcanzar efectos”
Jean Baudrillard
Jean Baudrillard acuñó los conceptos de “simulación” y de “hiper-realidad”.
En su libro “The Gulf War Did Not Take Place” señala que la sociedad de consumo
capitalista en la cual vivimos, representa una nueva cultura que se ha movido
desde la sociedad moderna basada en la producción industrial a una sociedad postmoderna conducida por la
información,
los medios de comunicación y la tecnología digital. En esta nueva
sociedad, concluye Baudrillard, “los límites entre lo real y lo simulado, entre
el original y el modelo han quedado disueltos…ahora podemos producir imágenes
digitales que aparentan ser más intensas, más perfectas y “más reales” que el
perdido y olvidado objeto original que representa…Hemos entrado en un estado de
hiper-realidad”.
No hay que indagar mucho para darse cuenta del estado de hiper-realidad en la
cual se desempeña la sociedad estadounidense. Durante los últimos 50 años,(casi
después del advenimiento de la televisión y del desarrollo de las
comunicaciones) el modelo de una sociedad de convivencia ideal, basado en los
eternos valores de justicia, libertad, fraternidad e igualdad, ha sido
sustituido por otro que, pretendiendo ser el más perfecto y avanzado, no es más
que la representación hiper-real de un modelo social y económico en
decadencia.
La cualidad del modelo postmodernista de una sociedad mediática como la
estadounidense, saturada por la hiper-realidad televisiva y por el bombardeo
consumista, ha permitido que la conducción del país esté cercada por quienes, en
alianza con los medios, hoy manejan el poder de decisión detrás de bastidores.
Ya no importa por quien vote el pueblo, ya no importa a quien elijan, porque
cuando lo hagan, siempre lo harán por el que mejor interprete su rol dentro del
mundo hiper-real y simulado donde ahora todos viven.
Nadie quiere la guerra, pero en un país en donde la información es sustituida
por el entretenimiento que significa el manejo de las imágenes de un mundo que
los medios no describen sino que lo crean, es lo que permite que el pueblo, aún
cuando no quiera la guerra, sin embargo, vota de nuevo, para reponer en el poder
al gran señor de la guerra.
El fantasma de la guerra no asusta cuando los que la van a librar la consideran
justa. “El mundo esta en suspenso y a la espera de la batalla final del bien
contra el mal”… pareciera una expresión discursiva de Bush, o el guión
mediático-religioso alojado en los corazones de una hiper-real sociedad
estadounidense que ahora cree, firmemente, que Bush fue puesto de nuevo en la
presidencia para salvar al mundo de las tinieblas del mal. Pero… ¡ sorpresa ¡ la
frase no recrea una de las tantas consideraciones fundamentalista del
Presidente, ella es solo parte de una reseña publicitaria aparecida en el diario
“El Nacional” y referida a la promoción de la tercera versión de la Guerra de
las Galaxias.
George Lucas el creador de la saga estelar, ha debido estar muy atento frente a
su televisor cuando el mundo vió al presidente Bush, vestido con los atuendos
del combatiente inmortal, aterrizar en un portaviones donde, con cantos de
victoria, era ovacionado al pronunciar la célebre y mediática frase:”misión
accomplished” (misión cumplida) para referirse a una guerra que, como la de Iraq,
en la realidad de los hechos, ni la ganaron ni la están ganando.
El poder mediático del Imperio ahora esta consolidado y en manos de los
guerreros “neocon” (neoconservadores) . Como lo señala Ben Bagdilikian . Para
1983, 50 corporaciones dominaban el sistema mediático de Estados Unidos, 20 años
después solo 6 conglomerados controlan la totalidad del sistema: Time Warner,
Disney, Bertelsmann, Fox, Viacom y General Electric.
Uno de los más importantes conglomerados mediáticos para la difusión de los
deseos de los “neocon” y para la creación de la hiper-realidad mundial en
relación a la guerra con Irak, es la empresa conocida como la “Fox News Channel”.
Esta empresa, cuyo propietario es el neoconservador Rupert Murdoch, en opinión
de Stefan Harper y Jonathan Clark, constituye un imperio mediático con una vasta
red de televisión, y producción de libros y revistas a escala mundial. Y al
respecto señalan: “With Murdoch’s financial assistance, the modern
neoconservative voice came to be heard in magazines, newspapers and TV news
networks…As a neoconservative ally, projecting and conveying its perspectives
through the lens of US media (Murdoch) added a critical dimension to the
neoconservative effort” (Con la asistencia financiera de Murdoch la voz de los
modernos neoconservadores puede ser oída en revistas, periódicos y en las redes
de TV…Como un aliado del neoconservatismo proyecta y transmite sus perspectivas
a través de los lentes mediáticos de Los Estados Unidos (Murdoch) agregándole
una dimensión crítica al esfuerzo neoconservativo)
Pero Fox no es el único conglomerado mediático que promueve la hiper-realidad de
los “neocons”, además de Fox también existe la omnipresente “Clear Channel
Network”, una red compuesta por 1.200 estaciones en todo el territorio de los
Estados Unidos. Y, en adición a estas redes se suman connotados comentaristas de
radio como Rush Limbaugth y cristianos teleevangelistas como Robertson and
Falwell.
En toda esta promoción mediática de una hiper-realidad creada en función de los
intereses de los neoconservadores que, bajo diversos matices político
religiosos, ejercen el poder en Los Estados Unidos, entra también la figura del
presidente como una creación mediática. En opinión de Roland Barthes, el
Presidente representa lo que él llama un “indicador grado cero”, una especie de
proyecto mediático de significado flotante que puede ser manipulado por varias
facciones de acuerdo a sus particulares intereses.
Mientras el sistema mediático creador de la hiper-realidad americana, y de una
generación “cotufa”, proyecta la imagen que quiera del presidente y del país,
miles de jóvenes soldados americanos mueren por una causa falsa y un pueblo
entero es arrastrado hacia una hiper-patriótica guerra petrorreligiosa de
consecuencias impredecibles para la humanidad.
(*)Ex vicerrector UCV
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