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(IAR-Noticias)
26-May-05
Por
Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada
PESE
A SU NOTORIA decadencia, el unilateralismo bushiano actúa en todos los frentes,
desde el militar hasta el financiero, como si siguiese siendo una superpotencia
unipolar, sin medir las consecuencias que sus acciones radicales tienen en el
planeta globalizado por la conectividad financiera que controlan las plazas
anglosajonas de Nueva York y la City.
LAS TRES REGIONES (Estados Unidos, la Unión Europea y el noreste asiático de
China, Japón, Sudcorea, sumados de Rusia e India), que producen más de 80 por
ciento de la riqueza mundial, presentan sin excepción graves vulnerabilidades de
todo tipo. Nadie es autosuficiente y cada país requiere de los demás para crecer
o para no decrecer, ya no se diga para expandir su irredentismo militar o para
ser detenido. Por haber sido Estados Unidos la superpotencia unipolar en el
lapso de 1991 (fecha del derrumbe del imperio soviético) hasta el
empantanamiento de su ejército en Irak, ostensible en la primavera de 2004, se
suele detener más en su diagnóstico patológico que en las otras regiones
euroasiáticas que no se salvan tampoco de los reajustes geopolíticos,
geoeconómicos y geofinancieros que se han desplegado justamente por el inicio
del declive estadunidense que no pudo sostener el frenesí especulativo de la
globalización financiera ni ha podido propinar una derrota decisiva a sus
enemigos en Irak y Afganistán, donde ha "sobrextendido" a su ejército en forma
peligrosa.
EN EL SENO DE los creadores de la riqueza mundial, Estados Unidos y China se
convirtieron en los principales motores del crecimiento económico global,
mientras Japón no sale de su marasmo y la Unión Europea padece un estancamiento
que se ha complicado con su indigestión y "sobrextensión" política y geográfica:
polémica civilizatoria sobre el ingreso de Turquía, la espada de Damocles de los
referendos sobre la Constitución, victoria pírrica de Blair, puesta en minoría
del primer italiano Berlusconi, y derrota del canciller alemán Schroeder en el
feudo socialdemócrata de Renania del Norte-Westfalia.
EN EL CONTEXTO DEL repliegue geoeconómico (fatiga de la globalización y debacle
de la manufactura) y geofinanciero (desplome del dólar y alza del petróleo),
como ha sucedido en otros momentos similares de su corta historia, Estados
Unidos arría las velas para refugiarse en el neoaislacionismo político y en el
neoproteccionismo mercantilista.
LOS DRAMATURGOS GRIEGOS enseñan que cuando los dioses desean acabar con alguien
comienzan por quitarle el juicio, cuya óptima manifestación la constituye la
soberbia fatua y la pretendida infalibilidad del afectado. Este es el caso
manifiesto de la administración Bush que utiliza, como espantapájaros para
presionar a China, el proyecto de enmienda de los senadores Charles Schumer
(demócrata de Nueva York) y Lindsey Graham (republicano de Carolina del Sur) de
imponer sanciones comerciales a China si no revaluaba el yuan en los próximos
seis meses (NYT 17/05/05).
LLAMO LA ATENCION que ante el Club Económico de Nueva York, Alan Greenspan haya
comentado la futilidad de la revaluación del yuan, aun a niveles de 20 por
ciento, lo que no tendría impacto en la balanza comercial estadunidense, ya que
los consumidores acudirían a otros mercados para conseguir sus mercancías (Reuters
20/05/05). Al menos que la colisión con el consecuente neoproteccionismo sea el
objetivo deseado, la exigencia perentoria de Estados Unidos ha sido
contraproducente, pues las autoridades chinas no pueden aparentar que ceden a la
voluntad foránea. Jonathan Anderson, jefe de economistas para Asia de UBS,
analiza en la revista Far Eastern Economic Review (mayo 05) el "fin de la
relación amorosa con China". Después de considerar que la economía china se
encuentra lejos del colapso tan cantado por ciertos medios ("hay China todavía
para los próximos cinco años; (...) una historia de vibrante crecimiento
fenomenal") aborda el "abrupto cambio en el ambiente económico chino con tres
implicaciones específicas para el resto del mundo": 1. "Los inversionistas
globales ya no obtienen superganancias en China"; 2. "Las importaciones chinas
por el resto del mundo ya no están creciendo"; y 3. "La razón por la que las
importaciones intermedias todavía crecen es que las exportaciones todavía son
muy robustas". El significado de todo ello es que "China aún puede tener una
robusta economía, pero dicho crecimiento no parece más amigable para el resto
del mundo", y cita a Simon Ogus, de DSGAsia: "el consumidor chino se ha vuelto
un competidor". Augura que la ruptura será dolorosa en los dos años que vienen y
"por mucho, la principal razón es que el resto de la economía global no se
encuentra en muy buena forma". Sustenta que la "fragilidad de la economía de
Estados Unidos" es cada vez más notoria y "fuera de Estados Unidos es difícil
encontrar nuevas fuentes de estímulos" por lo que el "desvanecimiento tanto de
la demanda china como de sus exportaciones no pasará desapercibido", para luego
conjeturar las tendencias para los próximos 12 a 18 meses: caída de los márgenes
de ganancias; aumento de las tensiones comerciales y mayores presiones para
revaluar al yuan. Luego pregunta "¿qué puede hacer China?", y se contesta:
"tristemente, muy poco". Considera que "China ha abierto en forma implacable
prácticamente todos sus sectores al comercio foráneo y a las inversiones de
acuerdo con las reglas de la OMC y solamente falta una buena porción en el
sector de los servicios, como los multimedia, las finanzas y la distribución,
pero la mayor parte de pesado levantamiento ya fue realizada". En cuanto al
sector exportador, "en su mayoría es privado y muy fragmentado, y más de 50 por
ciento de las exportaciones provienen de productores foráneos". Sobre la
revaluación del yuan aduce que "aunque se fortalezca en forma significativa el
día de mañana, dudamos que la economía de Estados Unidos, o la de Europa, o
Japón, puedan cosechar beneficio alguno", y concluye que los "beneficios
políticos de la revaluación serán efímeros e insuficientes para contrarrestar la
mayor desilusión con el crecimiento chino" por lo que "mejor sería ajustarse a
una dura cuesta a remontar".
ANDREW BALLS, DE The Financial Times (24/05/05), reporta que la Secretaría del
Tesoro estadunidense exigió a las autoridades chinas una revaluación del yuan
"por lo menos un 10 por ciento, para prevenir la legislación proteccionista del
Congreso de Estados Unidos". Añade que Henry Kissinger se encuentra entre varios
enviados oficiosos para presionar a China sobre "lo serio de las amenazas
congresistas". Los funcionarios de la Secretaría del Tesoro aleccionaron al
polémico ex secretario de Estado, a quien le tocó la reanudación de las
relaciones con China, sobre la "necesidad de otras medidas, como el
desplazamiento a una banda de intercambio del yuan frente al dólar o una canasta
de divisas para sustituir la paridad fija del yuan". Estados Unidos lanzó su
batería pesada y Bill Rhodes, vicepresidente de Citigroup, y Brent Scowcroft,
consejero de seguridad nacional de los presidentes Ford y daddy Bush, se
encuentran entre otros mensajeros especiales. El banquero Rhodes comentó que
"era del propio interés de China moverse en los próximos meses a un régimen de
tasas de interés basadas en el mercado, acelerar (sic) la apertura a los
capitales y moverse a un sistema más flexible de cambio de divisas". ¿No quieren
más?
DE INMEDIATO, CHINA rechazó las exigencias estadunidenses (The Financial Times;
24/05/05): el portavoz de la cancillería, Kong Quan, replicó que no aplicarán
las prescripciones de Estados Unidos "mientras las condiciones no sean maduras,
sin tomar en cuenta lo fuerte de las presiones foráneas". Sucede que el abordaje
chino es más gradualista y armónico, y menos impetuoso de lo que exigen en
Washington. Una receta gradualista consistiría en ajustar el yuan a una canasta
de divisas (dólar, euro y yen, quizá, sumados de oro) con una mínima revaluación
de 3 por ciento (o 5 por ciento a lo sumo, pero no 10 por ciento demencial que
exigen en Washington). Sea lo que fuere, el ultimátum ha contaminado y minado la
situación al haber convertido un asunto económico en político, mucho más difícil
de resolver.
EN DOS SENDOS artículos, el muy solvente Stephen Roach, jefe de los economistas
de la correduría Morgan Stanley 20 y 23 mayo 05), aborda los efectos del
ultimátum financiero y las consecuencias que un escenario de desaceleración de
China tendría para el mundo. Pocos conocen como Roach el ambiente chino, donde
suele ser un frecuente invitado, y sostiene que el auge ha llegado a su límite:
"China implementa ahora políticas destinadas a domar los excesos internos de su
economía desequilibrada". En medio del golpeteo contra China de parte de Estados
Unidos y Europa, refiere que la dinámica exportadora de China disminuirá en
forma significativa en lo que queda del año, lo que mermará su crecimiento, así
como el de toda Asia. Reporta los esfuerzos que ha realizado China para
"atemperar los excesos de su burbuja de bienes raíces". A su juicio, el doble
apretón (impuestos en 74 categorías de textiles en sus exportaciones y las
medidas antinflacionarias) retardarán la revaluación del yuan, y destaca que 33
por ciento del total de las exportaciones chinas tiene como destino Estados
Unidos, donde no existe una atmósfera favorable a las medidas que ha adoptado
China. Resalta la grave carencia de la economía de los asiáticos por la ausencia
de un mercado interno que la ha hecho dependiente y "vulnerable" de las
exportaciones y las inversiones fijas. La desaceleración china "con toda
probabilidad afectará a la baja los precios de las materias primas, petróleo y
materias no petroleras", lo que quitará presión inflacionaria en el mercado
global de bonos. Pese a que China ha sabido lidiar en forma increíble con
problemas severos en los pasados ocho años (crisis asiática de 1997-98, la
sincrónica recesión global de 2001, y la epidemia del "síndrome severo
respiratorio agudo" de 2003), "en esta ocasión será más duro evitar una
desaceleración significativa". Concluye que "es tiempo para el resto del mundo
prepararse a tal posibilidad". ¿Formará parte del "mundo" el decadente foxismo
neoliberal/gerencial con sus hilarantes "blindajes" de papel?
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