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(IAR-Noticias)
30-May-05
Guatemala
Por
Mario Roberto Morales - A Fuego Lento
Mis artículos sobre la monogamia y la poligamia han provocado comentarios
airados en algunos neoliberales “libertarios” que me han escrito a mi buzón
electrónico defendiendo su ideología –ofrecida al vulgo como “sentido común”-
sobre que el Estado es un obstáculo a la libertad de empresa y por ende al
desarrollo, asunto que exige su disolución en una oficina gerencial que se
limite a hacer cumplir la ley que legitime su manera de entender lo privado, lo
público y lo social.
También defienden la monogamia arguyendo que las verdaderas víctimas del proceso
social son los hombres, ya que –reconocen- se trata de hombres “domados” por
mujeres a las que se les hace fácil quedarse en casa dándole órdenes a las
sirvientas, mientras el marido sale a la calle a ganarse el pan con el sudor de
su brillante cerebro “libertario”. La poligamia –dicen- es un ejercicio
ilegítimo, propio de personas sin orientación religiosa, sin moral y sin
“sentido común”. Quienes no la condenan son probablemente unos “resentidos
sociales” que no tuvieron tele cuando eran niños y que culpan a los demás por su
falta de iniciativa, arrojo y competitividad. Uf.
Debido a mi anterior artículo, algunos “libertarios” despistados me han visto
como un “comunista oenegero”. Pero, bueno, si la izquierda traidora de mi país
-que obedece las órdenes de su ex enemiggo, el genocida Ríos Montt- ha echado a
correr la especie de que soy derechista, la derecha neoliberal está facultada
para decir que soy un comunista resentido que no tuvo tele cuando era niño.
Lo malo es que no encajo en ninguno de sus estereotipos. Tampoco mi reflexión ni
mi discurso. Y eso les provoca desconcierto e ira a quienes sólo pueden
explicarse el mundo en términos bipolares de blanco y negro y de buenos y malos.
Su denominador común es la intolerancia, la censura, la descalificación y la
calumnia.
De seguro tampoco les gusta que yo defienda la prostitución voluntaria como un
oficio legítimo que debe ser normado y respetado como cualquier otro, o que
hable de la poligamia e incluso de la promiscuidad como un escape a las
tensiones civilizatorias impuestas por las hipocresías moralistas, religiosas y
culturales al uso. Pero estos son dos temas que merecen un tratamiento aparte.
Por ahora, baste decir que el mantra del Estado como obstáculo a la libre
empresa y el libre mercado es una ideología empresarial disfrazada de “ciencia
política” y propagada por fariseos “libertarios” con lujo de vociferante
dogmatismo fundamentalista, buscando con ello privatizar la propiedad colectiva
en nombre de la “libertad”, mientras satanizan a quienes no acatan su dogmatismo
llamándoles “socialistas”, “colectivistas” y resentidos que quieren apropiarse
de la riqueza generada por los empresarios, esos demiurgos de la creación de
empleo y prosperidad sin los cuales la humanidad estaría perdida y sumida en la
miseria, el atraso y la desesperación. Uf.
Vuelvo a repetir que quizás, como buenos adalides de la libre empresa que son,
los “libertarios” consideren los prostíbulos un negocio tan legítimo como
consideran la venta libre de armamentos, tabaco, alcohol, detergentes y demás
productos tóxicos y contaminantes, invocando la sagrada libertad de opción del
consumidor, a quien postulan como el verdadero poder de decisión en los
movimientos económicos, como si no existieran el mercadeo y la publicidad como
técnicas manipuladoras de la voluntad de la masas y de los individuos
consumidores.
Después de todo, según su lógica, sus esposas son quienes de verdad se
benefician de su trabajo y no ellos del trabajo de sus esposas. Siguiendo esta
lógica, justo sería que de vez en cuando ejercieran la promiscuidad para
liberarse de la tiranía femenina, ¿no? Digo, si es que la iglesia a la que
asisten los domingos no les jala las orejas por pecadores y les exige una cuota
mayor de limosna o diezmo para la mayor gloria de Dios.
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