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(IAR-Noticias)
02-Jun-05
Por
Niall Ferguson* -
The New York Times / Clarín
La historia señala
que una retirada estadounidense precipitada de Irak sería un desastre.
Como muchos de los opositores a la guerra parecen haber olvidado, la guerra
civil y el caos tienden a estallar cada vez que las intervenciones militares
abortan. Pensemos no sólo en Vietnam y Camboya, sino también en Líbano en 1983 y
Haití en 1996.
Debemos aprender no solamente de los desastres anteriores sino también de las
victorias históricas sobre insurrecciones. A decir verdad, de todos los intentos
que llevaron a cabo fuerzas nativas irregulares por expulsar a fuerzas
extranjeras regulares en el siglo pasado, alrededor de un tercio de las mismas
fallaron. En 1917, fuerzas británicas llegaron a Bagdad, derrocaron a sus
soberanos otomanos y se propusieron ser los "liberadores" de su pueblo.
La presencia británica en Irak fue legitimada por el derecho internacional (fue
designada como mandato de la Liga de las Naciones) y por un mínimo de democracia
(se realizó un referéndum entre los jeques locales y se creó una monarquía
constitucional al estilo británico). A pesar de esto, en 1920, hubo una gran
insurrección contra la presencia británica.
Pueden objetar que la guerra actualmente es algo muy diferente de lo que era
entonces. Sin embargo, lo asombroso de los hechos de 1920 es cuánto se
parecían a los de hoy.
La realidad de lo que a veces se denomina "guerra asimétrica" es cuán simétrica
realmente es: una insurrección consiste en igualar el campo de juego militar y
aprovechar las ventajas del conocimiento local para organizar ataques relámpago
contra los ocupantes y sospechosos de colaborar con éstos.
De hecho, si hay asimetría, radica en las ventajas con que cuentan los
insurgentes. El costo de adiestrar y equipar a un soldado estadounidense es
alto; en cambio, la vida es trágicamente barata entre los jóvenes de Bagdad y
Fallujá. Aunque los insurgentes pierdan 10 hombres por cada uno que matan,
siguen ganando, aunque más no sea porque el bando estadounidense sufre mucho más
sus pérdidas. ¿Cómo hicieron, entonces, los británicos para aplastar la
insurrección de 1920?
Se destacan tres lecciones. La primera es que, a diferencia de la empresa
estadounidense en Irak actualmente, tenían suficientes hombres. Estados
Unidos enfrenta asimismo otros dos problemas que el Reino Unido no tuvo hace 85
años. Los británicos podían ser crueles: usaron ataques aéreos y
expediciones punitivas para infligir duros castigos colectivos en aldeas que
apoyaban a los insurgentes.
Estados Unidos llegó a utilizar ocasionalmente métodos brutales en Irak, pero la
humillación y la tortura de prisioneros no produjeron ningún beneficio
significativo en comparación con el costo que tuvieron para la reputación del
país.
El otro problema tiene que ver con el tiempo y las expectativas. El secretario
de Defensa, Donald Rumsfeld, ha dicho que las fuerzas estadounidenses deberían
aspirar a trabajar de acuerdo con un programa de "10-30-30": 10 días para
derrocar un régimen antidemocrático, 30 días para establecer el orden a
continuación y 30 días más de preparación para la siguiente empresa militar.
Estoy totalmente de acuerdo, siempre y cuando el cálculo sea en años, no días.
Pues establecer el orden en Irak puede llevar perfectamente alrededor de 10
años, 30 más establecer el imperio de la ley y muy probablemente otros 30 crear
una democracia estable. De modo que los oficiales estadounidenses que dicen que
podría llevar años tener éxito en Irak tienen razón. Pero a la administración
Bush le quedan sólo tres años y medio.
Nadie debería desear una retirada estadounidense de Irak excesivamente
apresurada. Sería el preludio de un baño de sangre de depuración étnica y
violencia sectaria, con repercusiones inevitables en países vecinos o
intervenciones de éstos.
*Niall Ferguson: Historiador, Universidad
de Harvard
Traducción: Cristina Sardoy
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