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(IAR-Noticias)
06-Jun-05
Por
Alfredo Jalife-Rahme -
La Jornada
No
se trata del "plan B" de Pepe
Escobar, capaz analista de Asia Times (primero y 3 de junio), quien desnuda el
trucaje de darle la vuelta jurídica al tratado constitucional con mínimas
reformas que edulcoren ciertos aspectos "humanos" (sic). Le Monde (3 de junio)
entierra el "plan B" de renegociación del tratado constitucional: los rechazos
de Francia y Holanda, dos de los seis países fundadores de la Unión Europea
(UE), "sellaron la suerte del tratado", cuyo "texto se encuentra virtualmente
muerto; salvo esperar una nueva consulta en los dos países, Europa debe aceptar
su deceso". Como había analizado Bajo la Lupa (1º de junio), Le Monde pone en
evidencia el rechazo a la globalización: "pesada derrota de los promotores del
tratado (léase: el filoatlantista Valery Giscard d'Estaing y su centrismo amorfo
salpicado de su intransigente monetarismo centralbanquista). También es un cruel
revés a la UE (...) Los franceses como los holandeses expresaron su rechazo a
una Europa que niega, a su juicio, la especificidad de su cultura, sus
tradiciones, su modelo, y que fracasa en protegerlos contra la globalización".
El rotativo francés resalta la "grave crisis en Europa que ha abierto el doble
rechazo (...) Aun si funciona bajo el régimen del tratado de Niza, el impulso
político se resquebrajó". Regresa el nacionalismo que bajo diferentes
manifestaciones se ha generado en todo el planeta, incluso en Estados Unidos, un
país de muy corta historia en comparación con Europa, donde se expresa como
"fundamentalismo religioso" en la Jesusland, la muy peculiar Tierra de Jesús
sureña.
La prensa anglosajona lanzó toda su
jauría rabiosa a enterrar el proyecto europeo. En Estados Unidos, los medios
cercanos a la administración Bush se refocilan con la balcanización europea y no
ocultan lo que los alemanes llaman schadenfreude, la alegría por el dolor ajeno.
Están de plácemes los enemigos de una UE poderosa y han llegado hasta realizar
las exequias del euro para ceder su lugar al dólar. Desde Gran Bretaña, el
caballo de Troya de la UE, la prensa thatcheriana neoliberal, como The Economist
(2 de junio), exulta el "triunfo de la pérfida Albión" y revela lo archisabido
de que "por lo menos durante 50 años los británicos habían tenido dos
principales objetivos en Europa: primero, detener el impulso hacia la unión
política europea; y segundo, prevenir el dominio franco-alemán de la política
europea". Nada nuevo dice la revista neoliberal: "Gran Bretaña ha tenido siempre
el mismo objetivo en su política exterior en los recientes 500 años: crear una
Europa desunida". ¿No será más conveniente crear una nueva UE sin enemigos
internos que hacen el juego de Gran Bretaña, el títere de Estados Unidos?
A partir de la toma de la presidencia
rotatoria de la UE el primero de julio, Gran Bretaña intentará meter con
calzador el thatcherismo neoliberal, de mayor desregulación y flexibilidad
laboral, lo cual el periódico socialista francés Libération apoda en forma
despectiva el "plan B(lair)". El "plan B" alemán no corresponde desde luego al
"plan B(lair)" ni al otro plan B" de Escobar y Le Monde: la versión alemana fue
develada 16 días antes al rechazo francés por De Defensa (13 de mayo), centro de
pensamiento estratégico-militar con sede en Bruselas: "el canciller Schroeder
podría proponer una fórmula para la formación de un 'núcleo duro' europeo,
eventualmente por fuera o al lado de las estructuras formales de la UE". La
fórmula se centraría en la "cumbre de Tervueren", de abril de 2003 en Bruselas,
adonde asistieron Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo, y a la que pudiera
adherirse la "España de Zapatero", con el fin de "avanzar en materia de
defensa", lo que es anatema para la dupla anglosajona Bush-Blair. Las "fuentes
diplomáticas alemanas" que devela De Defensa puntualizan que los "alemanes han
evolucionado de manera fundamental" en el tema de la seguridad: "colocan a
Europa en primer lugar como marco de organización y a la OTAN en segundo lugar,
cuando la fórmula había sido inversa, con la OTAN en primer lugar". Lo más
importante es que "dicha evolución no es sólo del gobierno y la izquierda
alemanes. La oposición demócrata-cristiana se adhiere también y marca su
distancia de su atlantismo tradicional". ¿Influirá el ascenso de un alemán de
Baviera, Benedicto XVI, a la silla pontificia de San Pedro, para impulsar un
proyecto europeo más continental que trasatlántico? Las reacciones despectivas
de la prensa británica anglicana contra el cardenal Joseph Ratzinger, quien
busca la unificación cristiana con la incorporación de la Iglesia ortodoxa de
Rusia, pueden bastar como barómetro. Lo más interesante es que la misma Francia
haya participado en la conformación del "núcleo duro" con Alemania en la "Cumbre
de Tervueren".
THE DAILY TELEGRAPH (28 de mayo),
cercano a los neoconservadores straussianos y al partido Likud, prevé que los
seis meses de presidencia rotatoria británica serán de pleitos agrios entre
Blair y Chirac sobre la "dirección futura de la UE": el presidente francés haría
"responsable" al premier británico de la "Europa 'anglosajona' en temas
económicos y de haber sumido a Europa en una crisis como consecuencia"; revela
que "los diplomáticos británicos creen que Chirac llamará a Francia, Alemania y
otras naciones a formar un 'núcleo duro' europeo, donde puedan empujar la
integración sin ser detenidos por rezagados como Gran Bretaña".
NICHOLAS WATT, un especialista de
asuntos europeos de The Guardian (30 de mayo), ha puesto en relieve que "Gran
Bretaña, así como otros de la 'nueva Europa', puedan ser dejados al margen si
Francia forma un 'núcleo duro' que concluya la expansión, lo cual sería
resistido por Tony Blair". Al respecto, De Defensa (30 de mayo) comenta que el
canciller alemán "Schroeder afronta una elección difícil, y una iniciativa como
el 'núcleo duro' podría ser una forma de volver a la palestra". Tampoco se puede
pasar por alto que Chirac haya recurrido en forma significativa como nuevo
primer ministro al poeta Dominique de Villepin, quien por cierto habla un
perfecto español, que grabó su nombre en la historia al haber rechazado en la
ONU la invasión ilegal anglosajona a Irak. Le Monde reporta que en los meses
recientes De Villepin ha realizado un "diagnóstico de un país hundido en la
crisis por el impacto de la globalización", y su nuevo programa versa sobre el
"empleo, la solidaridad y la investigación". El poeta aristócrata francés está
dispuesto a "relanzar" la inversión pública mediante proyectos de
infraestructura, pero antes tendrá que liberarse de las cadenas monetaristas
centralbanquistas de Maastricht. Como sucedió en la posguerra, De Villepin
podría intentar la reconstrucción regulada de Francia, con incentivos
financieros para los jóvenes y la creación de nuevos empleos en la investigación
científica, lo que, a nuestro juicio, marcaría el abandono del pacto de
estabilidad europeo que obliga a un límite de 3 por ciento de déficit
presupuestal (que no es tan respetado), cuando Estados Unidos, su principal
competidor económico, se despacha con la cuchara grande al desfondar todos los
límites restrictivos de su presupuesto. De Villepin, quien venció a la dupla
anglosajona en geopolítica, ¿podrá repetir su hazaña ahora en lo económico y
pasar otra vez a la historia como el sepulturero del neoliberalismo anglosajón?
Aquí lo interesante radicará en saber qué tanto podría resistir el euro, lo cual
amerita un análisis especial. Por lo pronto, las críticas, en particular de
Alemania, han sido feroces contra el Banco Central Europeo (Le Monde, 4 de
junio).
Gana en lo táctico el eje anglosajón,
y lo canta a los cuatro vientos Stratfor (2 de junio), el centro de pensamiento
israelí-estadunidense vinculado a los intereses petroleros anglosajones. Pero
también, a nuestro juicio, gana Rusia en lo estratégico, al poder someter más
fácilmente las veleidades de Ucrania, que busca arrojarse en forma imprudente a
los brazos anglosajones, además de Polonia, los países bálticos y el resto de
los países de Europa del este. Paradójicamente, el nuevo posicionamiento de
Rusia jala en lo geopolítico a Alemania y Francia, susceptibles de conformar un
eje poderoso que colisionaría con el irredentismo del eje anglosajón y su
penetración en Europa del este, desde el mar Báltico hasta el mar Negro. El
problema es que el eje anglosajón carece de la fortaleza económica para
proseguir su irredentismo militar-financiero. No es gratuito que George Friedman,
director de Stratfor (31 de mayo) se preocupe de la suerte de "Europa central,
atrapada entre París y Moscú".
El grado de debilidad financiera del
euro deberá ser comparado con el dólar, mucho más endeble frente al alza del
petróleo, así como la vulnerabilidad geopolítica de la UE deberá ser ubicada en
los términos en que Rusia -la única potencia nuclear que todavía puede frenar el hipermilitarismo de Estados Unidos- se coaligue con el núcleo franco-alemán para
contrarrestar al eje anglosajón y sus satélites europeos; estos últimos han
quedado seriamente vulnerables tanto en términos financieros (aún más si
Alemania recupera su marco y se desliga del euro, como piden los sectores
nacionalistas) como geopolíticos, al quedar muy aislados, en especial, los
países de Europa del este, desde el mar Báltico hasta el mar Negro, y que
podrían quedar atrapados entre el yunque ruso y el martillo alemán si se fían
demasiado en las promesas vacías del eje anglosajón.
Sin ánimos de desmerecer a nadie,
pero sin tampoco caer en espejismos alucinatorios, el nuevo gran juego mundial
es entre gigantes. Una alianza entre Francia, Alemania y Rusia, bajo cualquier
óptica, sería mucho más poderosa que la actual UE de 25 miembros, aun con la
adición de países muy respetables como Ucrania y Turquía, ya no se diga de una
UE balcanizada. El "plan B" alemán, en caso de ser aplicado, se incrusta en la
lógica de la creación del eje geopolítico Francia-Alemania-Rusia que ya se había
adelantado con la cumbre cuatripartita de París, a la que se sumó la "España de
Zapatero".
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