|
(IAR-Noticias)
13-Jun-05
España
Por Antonio Maira - Insurgente
Para el PP el atentado buscaba “desalojarlos del poder”,
para el PSOE: “los terroristas son los únicos
responsables”
El PP dice que el atentado tuvo una “intencionalidad
política de carácter nacional”, el PSOE afirma que el
“terrible atentado no pudo evitarse”. De una manera o de
otra todos mienten o, mejor dicho, se mueven dentro de una
“gran mentira”. Algunos lo hacen principalmente en lo que
no dicen y deberían decir; los otros, sobre todo, en lo
que dicen. Mintieron en origen los políticos que
consensuaron los estrechísimos márgenes de trabajo de la
Comisión parlamentaria que dejaban fuera lo más
importante; y mintieron también, desde el principio, los
medios que no explicaron ni investigaron lo que quedaba
fuera de esos límites. Volvieron a mentir después, todos
ellos, al escenificar y amplificar un feroz debate entre
esas doce cuerdas tan estrechas de lo que “podemos decir”,
en el que los crímenes mayores no eran objeto de denuncia
ni de disputa. En la palestra, reglada y arbitrada por la
“razón de Estado”, nuevos alardes de cinismo. Es el juego.
Sin embargo, hay un informe que se deduce con claridad de
los grandes hechos irrefutables. Lo único que tenemos que
hacer para construirlo es restablecer los vínculos rotos.
Es la responsabilidad de cada uno de nosotros.
Fuera del cuadro
Curiosamente, el único partido que entra en los orígenes
del atentado es el Partido Popular aunque lo hace para
deformarlos hasta el esperpento: “El atentado del 11 de
marzo tuvo una directa intencionalidad política de
carácter nacional; fue un atentado que, además de sembrar
el terror y provocar una masacre brutal, pretendía
desalojar al PP del poder y provocar un cambio de rumbo en
la política interior y exterior española...”.
El PSOE se mantiene meticulosamente al margen: “pese a que
el gobierno no adoptó las medidas de impulso en la lucha
contra el terrorismo islamista antes del 11-M... eso no
significaba que el terrible atentado pudiera haberse
evitado. Los terroristas fueron los únicos responsables de
sus actos criminales y contra ellos debe actuar la ley”.
En el escenario
La pelea pública es muy conocida.
El PP mantiene la racionalidad de la implicación inmediata
a ETA, mantenida por el gobierno durante los tres días que
restaban par las elecciones, y sostiene que la tesis de
que “la participación española en Iraq era lo que provocó
el atentado no se sostiene... porque la preparación de los
atentados se inició en un momento cronológico muy anterior
la crisis de Iraq”. La propuesta principal reivindica su
tesis de la “unidad de todos los terrorismos”, que en el
fondo justifica su actuación entre el 11 y el 14 de marzo,
y propone –para enlazar la defensa ante las evidencias
inculpatorias del 11-M, con la estrategia de romper las
negociaciones de paz en Euskadi- lo siguiente:
“reafirmarla unidad de todas las fuerzas políticas en la
lucha contra el terrorismo y la exclusión de todo diálogo
político con las organizaciones terroristas. El Gobierno
deberá presentar las reformas legales... para que los
delitos de terrorismo no prescriban en ningún caso”.
El PSOE aprovecha también el margen de actuación que
obtiene de sus denuncias y el que le otorga felizmente el
PP, y recomienda directamente “la realización de un pacto
contra el terrorismo internacional, abierto a todas las
fuerzas políticas democráticas... Un pacto que sea... un
impulso y un ejemplo más en la cooperación internacional
imprescindible para acabar con este nuevo tipo de
terrorismo”. Es decir, acompañar a los EEUU en la “guerra
internacional antiterrorista”.
Informe socializable sobre los hechos relacionados con el
11-M y sus conexiones
1.- El Gobierno de España presidido por José María Aznar,
provocó una situación, la de apoyo incondicional al
presidente Bush en su “lucha mundial antiterrorista”, que
nos colocaba ante una amenaza evidente de atentado
terrorista.
2.- El riesgo se acentuó cuando rompiendo todo el orden
internacional, actuando en contra de la voluntad de las
Naciones Unidas y sin autorización del Consejo de
Seguridad, inventando y fabricando descaradamente amenazas
que conocía inexistentes, el gobierno de los EEUU -con
apoyo evidente, público, y fundamental para romper el
aislamiento de Washington, del presidente Aznar- inicio el
camino hacia la destrucción, la invasión y la ocupación de
Iraq. Por voluntad de Aznar, contraria a la de la mayoría
de los ciudadanos, nuestro país se convirtió en enemigo
del mundo árabe y, en calidad de tal, objetivo inevitable
de las organizaciones terroristas del islamismo radical.
3.- En aquella coyuntura el gobierno Aznar encontró fácil
reforzar su “lucha antiterrorista” vinculándola a la
“lucha antiterrorista global” del presidente Bush. Con
entusiasmo paralelo al de su jefe y mentor estadounidense,
el presidente Aznar inició el cierre de las vías políticas
y la ruptura de las garantías judiciales y
constitucionales en el ejercicio de las libertades
públicas y los derechos fundamentales.
El endurecimiento de la represión, el cierre de las vías
políticas y el menoscabo de las garantías judiciales, no
fue objetado por ninguna formación política.
4.- La percepción de la amenaza del terrorismo islámico
fue inmediata. La incapacidad para responder a ella en un
tiempo corto fue completa. Esta incapacidad vino dada en
gran parte por el carácter engañoso y simulado del proceso
de implicación progresiva que derivó hacia la guerra de
Iraq.
Es completamente falso afirmar que la incorporación a la
“guerra antiterrorista de Bush”, que comenzó públicamente
a partir de los atentados del 11 de septiembre, no
obligaba a prever la fuerte posibilidad de un atentado
parecido al que tuvo finalmente lugar el 11 de Marzo.
5.- Todos los partidos han limitado la actuación de la
comisión parlamentaria para que no pudiese considerar ni
discutir esas evidencias generales que implican una grave
responsabilidad para el anterior Presidente del Gobierno.
6.- Ante esa situación general el PSOE establece una
frontera a la investigación: ninguna evidencia ni
conclusión puede molestar al “amigo americano”. El marco
de la “guerra mundial antiterrorista” no puede ser asumido
en la investigación parlamentaria ni judicial del 11-M.
7.- El Partido Popular –como aliado servil de los EEUU- si
puede aceptar ese marco sin riesgo alguno de molestar a
George Bush, presidente de los EEUU. Lo hace deformando la
realidad hasta extremos casi inverosímiles. El atentado
hay que analizarlo no como una represalia sino como una
agresión a la soberanía. La criminal participación en la
guerra de Iraq tiene que quedar a salvo. Sus consecuencias
–el terrible atentado terrorista del 11M- sirven para
justificar la propia guerra. Es como si los nazis hubiesen
justificado su genocidio a partir de los espantosos
bombardeos a las ciudades alemanas en 1945.
8.- El intento de implicar a ETA responde en primer lugar
a la dinámica de “identificación de todos los
terrorismos”, y también a la de justificación de la
intervención en la “guerra antiterrorista de Bush” como
necesidad de la “guerra en Euskadi”. Es la idea del estado
de excepción y de la criminalización del llamado “entorno
terrorista” que alcanza a todo el campo social
nacionalista y a las organizaciones de la izquierda
abertzale.
En esta dinámica participan irresponsablemente todos los
partidos y poderes del estado. Eso explica la aceptación
inmediata del planteamiento de Aznar –ya en origen
completamente absurdo- y la participación en la gran
manifestación del día 12 de marzo que se dirige contra
ETA. Hasta que la evidencia racional no se refuerza con
indicios los partidos apoyan a Aznar que puede manipular
la cólera popular con finalidades electorales.
9.- El impulso que destruye la patraña de Aznar y el
avance incontenible del PP hacia un aplastante victoria
electoral, tiene origen y desarrollo popular y espontáneo,
independiente de las organizaciones políticas, aunque el
PSOE se aliste rápidamente a aprovecharlo.
Ésta es otra de las realidades no asumibles por la
Comisión parlamentaria.
Todo tiene que quedar en casa.
|