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(IAR-Noticias)
16-Jun-05
Por
Profesor J -
Clajadep-La Haine
Candorosa puede ser la palabra con que podríamos calificar
la actitud de quienes aún siguen creyendo que la
alternativa pasa por escoger uno de los dos caminos:
reforma o revolución.
A nivel de discurso o de intenciones constatamos que aún
persiste esa dicotomía, que sobrevive en el tiempo merced
al predominio de la voluntad estatista centralizadora por
sobre la necesidad de liberar la potencia de las
multitudes en sus localidades.
No es posible dudar de las buenas intenciones de los
compañeros que aspiran a la toma del poder, pues ciertos
intelectuales, líderes o grupos continúan aspirando a
dirigir el pastel y no vacilan en desarrollar las más
variadas tácticas y estrategias, planes y programas,
recetas y guías para la acción, así como agitación,
charlas y formación de cuadros para tales objetivos. Estas
notas de hoy tienen un objetivo muy claro, eso es verdad,
pues van a que cada militante o miembro de un grupo haga
un análisis personal de los acontecimientos bolivianos.
Que se desprenda un tanto de la línea para dar una pequeña
oteada al horizonte de las realidades. Que se libere un
instante de la ideología que determina su acción y asome
la cabeza a los hechos. Que permita a su cuerpo y a su
mente que vayan directo a ver la praxis sin la
intermediación de interpretaciones, aunque sea unos
instantes. Valga como ejercicio. Veamos juntos:
A esta altura del campeonato comienza a percibirse que
Solares y la COB lentamente quedarán aislados y sólo les
quedará el recurso de bajar el programa adecuándolo a las
nuevas circunstancias. Y así ha sido: Ahora dicen que van
a mantener las movilizaciones hasta que se apruebe la
nacionalización de los hidrocarburos, con lo que la
consigna de armarse para la autodefensa en las pretendidas
asambleas populares tendrá que ser replegada o mantenida a
ultranza. Ya los militares se encargaron de pasar el aviso
que no permitirán la autodeterminación de El Alto, lo
mismo hacia los secesionistas de Santa Cruz.
Está claro que el entusiasmo revolucionario e
insurreccional de Solares lo llevó junto a sus seguidores
a perder una buena oportunidad de estimular la
autoorganización de base por localidades, pues su
propuesta era que cada asamblea quedara subordinada a la
Confederación Obrera local, lo que no era ni es posible
por la desconfianza que existe en el resto del territorio
del estado boliviano hacia esa instancia, meramente formal
en muchos casos. Distinto hubiese sido si en acuerdo o en
llamado conjunto con otras organizaciones, no sólo algunas
de El Alto, se hubiese convocado a la formación de
asambleas o coordinaciones locales de los distintos
sectores sociales, con autonomía territorial de base, con
lazos o vasos comunicantes que permitiesen la cooperación
y el apoyo mutuo más que una sumatoria a un proyecto
nacional o estatal que para nada interpreta el sentir de
las comunidades originarias, campesinas, laboriosas,
barriales, etc. Lo mismo le va a pasar al MST brasileño
con su propuesta de asambleas teledirigidas que culminarán
en una asamblea nacional.
Era demasiado obvio que los actores institucionales
encontrarían salidas y más aún si el ejército, la iglesia,
el parlamento, el empresariado y otros más entraban en
acuerdo con Evo Morales para la reorganización
centralizada. Evo Morales ya no es más un reformista, pues
ha adscrito plenamente al modelo Lula de administrar el
capital con la mano del gato de la izquierda. Evo ganará
las elecciones y la tarea hoy es rápidamente consolidar
las organizaciones de base en las localidades, antes que
empiece la operación Lula. El reformista ahora es Solares,
pues pretende mantener cierta movilización a partir de la
reivindicación de la nacionalización, con lo que sabe que
puede continuar con cierta parte de la población bajo su
orientación con el objetivo de disputar fuerzas a Morales
en la influencia sobre los movimientos sociales y la
población en general. Como vemos, como siempre, no es
difícil que los estatistas pasen de un lado al otro.
La nacionalización, siendo una reivindicación adecuada, no
va a ser posible sin romper con Brasil, que tiene
instaladas allí enormes inversiones e instalaciones, pues
Lula ha jugado rápido para la subordinación de esos
territorios a las redes del funcionamiento capitalista. La
visita de Marco Aurelio García, consejero principal de
Lula, un verdadero Richelieu capitalista, sin duda buscará
cuidar de esos intereses analizando y evaluando el
potencial de Morales para contener la lucha social, esto
es, de hacer lo mismo que ha hecho Lula, para un
capitalismo de rostro humano.
Solares sabe eso y juega con ello agitando aún más la
nacionalización, lo que le permitirá bonos y crédito
popular por cierto tiempo. La lucha parece darse más en el
terreno de la voluntad y al arte del convencimiento
agitativo que en el terreno de las realidades y de los
actores sociales.
Cuando hablamos del futuro aislamiento de Solares no nos
estamos refiriendo a su distancia con las instituciones y
los institucionalistas, sino de las dinámicas sociales
reales, que ya hemos anotado en textos anteriores se
orientan más hacia la asamblea constituyente.
Esta tan mentada asamblea constituyente no es un recurso
institucional, pues ha nacido principalmente de la lucha y
exigencia de variados sectores sociales que ven allí la
posibilidad de instalar sus delegados para ventilar sus
reivindicaciones específicas. El empresariado está
tratando de que la convocatoria a elecciones que hará el
presidente interino no incorpore la asamblea y sólo se
refiera a elegir presidente, vicepresidente y el congreso,
cuando las tratativas anteriores consideraban también a
los miembros de la constituyente, la nacionalización y las
autonomías regionales.
El escenario ahora estará en los tira y afloja con
relación a estas tres últimas cuestiones. Lo más probable
es que cuando se hable de la nacionalización se buscará un
acuerdo que al menos respete la presencia de los
brasileños y argentinos, por lo que el sistema buscará por
todos los modos neutralizar a Solares y a la COB
otorgándoles ciertos beneficios por otras vías, para eso
todos ellos son expertos negociadores. Nada de extraño
sería que junto a García arribase de Brasil alguien de la
“izquierda” del PT para conversar con la COB. De todos
modos tendrán que esperar un tiempo para el desgaste de
Solares, pues las instituciones tienen claro que el
peligro real viene de la consolidación de las
organizaciones de base más que de la capacidad de
dirección de un burócrata de la izquierda. Habiendo
fracasado el llamado de la COB para organizar las
asambleas populares en las otras regiones y habiendo
fallado el llamado al alzamiento de un sector patriótico
dentro de las fuerzas armadas, los actores institucionales
tienen claro que la COB es más discurso que efectividad,
pues además para nadie es secreto que las grandes
movilizaciones en La Paz no fueron organizadas solamente
por los cobistas, sino también por otros sectores
sociales.
¿Por qué fracasaron los llamados de Solares a las
asambleas populares y al golpe militar patriótico?
En primer lugar es un indicador muy claro de que esos
llamados obedecían más a la voluntad que a un serio
análisis de la realidad, a la necesidad agitativa que a la
interpretación de los hechos, a una disposición de llevar
la batuta de los acontecimientos que a sumarse y potenciar
las movilizaciones.
Solares confundió las diversas movilizaciones con sus
deseos de dirigirlas, imaginando que podría darse el
encuentro entre ambas direcciones: la dinámica social y su
voluntad estatista. Lo mismo que echaban en falta muchos
analistas con relación a las grandes movilizaciones
argentinas y ecuatorianas: que no estaba la vanguardia,
que faltaba el partido revolucionario, o la unidad de la
izquierda, en fin. Lo que podrá seguir formando parte de
esos sesudos análisis, en especial cuando se sigue
aspirando a una vanguardia que lidere a las masas, sea
para las elecciones y las reformas, sea para la
insurrección y la revolución, en definitiva: la toma del
poder central, la ansiedad de erigirse en dirección y
administradores de la cosa pública.
La disputa entre Solares y Morales sólo resultará en un
debilitamiento de las organizaciones locales, uno por la
insurrección, el otro por la institucionalidad, cada uno
pensando en globo, cada uno imaginando que los cambios
sociales sólo pueden hacerse si se captura el aparato del
estado, la vieja disputa que la historia ha demostrado que
no conduce a nada.
Era sólo cuestión de tiempo. Mientras los militares
chilenos esperaban que la institucionalidad abriese paso
al golpe, lo que se dio cuando Eduardo Frei como
presidente del Congreso declara la ilegitimidad del
gobierno de Allende, los militares bolivianos esperaron
que el congreso declarara los siguientes pasos y ahora
salen a la calle con el mismo pretexto: defender la
institucionalidad, amenazando a la asamblea popular de El
Alto y desplegando tropas con traje de camuflaje por todo
los territorios controlados por el estado. Consolidar manu
militari los acuerdos alcanzados en la cúpula. Demostrar
que están por la democracia y no más por el golpismo.
Morales está en su salsa, feliz como chancho en barro. Ha
conseguido lo que quería, esto es, bloquear las
movilizaciones y recuperar el ritmo institucional, aunque
parcialmente. Sin duda va a ganar las elecciones. Un
sector importante del capital, apoyado por los brasileños
y argentinos ayudará desde las bambalinas al MAS
desestimando a las eventuales candidaturas de los partidos
tradicionales, que se tendrán que unir para enfrentar el
tsunami social que se les vendrá esperanzado con poner a
Evo en el sillón presidencial. No le será difícil
neutralizar a Solares, para eso cuenta con todo el aparato
institucional y sus ramificaciones regionales. Tratará de
erigirse como el héroe de las jornadas convocando a
fiestas populares desde ahora para capitalizar el actual
estado de las movilizaciones y redireccionarlas por fuera
de las aspiraciones de la COB. Para ello tendrá que tomar
la bandera de la nacionalización también, para
arrebatársela a Solares y penetrar en sus terrenos con
fórmulas más viables y eficientes que la demagogia del
sindicalista. Tendrá que convocar de inmediato un ampliado
de sus militantes y dirigentes sociales para adecuarse a
estas nuevas exigencias.
Desde el lado de lo social en localidades, esto es, las
perspectivas reales de avanzar hacia bolsones de
contrapoder territorial, será necesario consolidar la
asamblea popular de El Alto volcándose rápidamente a
levantar un programa de hechos y realizaciones locales que
envuelvan a la población, sacándola del papel de masa de
maniobra para dirigir las energías y la potencia hacia
tareas de consolidación de la vida en común, formar
escuelas populares autónomas, sistemas de salud
comunitaria, formas de autogestión y de autogobierno,
modificar de inmediato el ritmo de las batallas para
asumir el territorio como el mundo concreto que hay que
cambiar, pues de otro modo el sistema, el estado y el
mercado van a retomar poco a poco el control del espacio.
Habrá que reunir a los maestros para que elaboren
metodologías y contenidos alternativos de educación local.
Habrá que coordinar a los productores para generar redes
internas de abastecimiento popular, en fin, habrá que
pasar de la reivindicación del asalto al poder central a
la instauración de las bases de la comuna. Sin eso, la
población continuará siendo objeto de las voluntades y
batallas entre reformistas y revolucionarios, entre
electoralistas e insurreccionalistas.
Hay que aprender de los errores de continuidad que
presentó la guerra del agua en Cochabamba, donde Óscar
Olivera y muchos otros se encontraron con una
desmovilización posterior que no les permitió abordar las
tareas de autoorganización barrial, pero ahora las
condiciones son propicias para ello, siempre y cuando se
acompañen los programas o llamados generales con
convocatorias a las tareas propias dentro de los barrios
para enfrentar los problemas cotidianos.
Por suerte los vaivenes de estos días no han afectado
esencialmente a los procesos en andamiento de autonomía
local de bases organizadas. Muchas organizaciones han
participado de las movilizaciones sin hipotecar sus
actividades en aras de seguir las tácticas de Solares o
Morales, sino más bien apoyándolas desde sus propias
perspectivas.
Hay que asumir lo local como un todo, no más como una
parte de otra totalidad. Hay que desprenderse del globo y
de lo social abstracto para pasar a concretar las tareas
internas de avanzar a la comuna, allí está el mundo, uno
de muchos.
Desde El Alto no pueden provenir llamados a organizar lo
mismo y menos a seguirlos, sino más bien una convocatoria
a organizarse de maneras distintas acordes con cada
realidad y necesidad, tejiendo lazos de intercambio
horizontal por donde puedan circular las experiencias y
quizás también productos, de manera de quebrar el
predominio del mercado capitalista. Pero ello implica
primero hacerlo en El Alto. La pregunta sería saber si los
compañeros de esa zona podrán desprenderse de las
orgánicas estatistas y de las convocatorias
centralizadoras para volcarse a su propia localidad en
único lugar para construir la cotidianeidad de una nueva
sociabilidad.
Los tiempos están para desprenderse ya de las opciones
únicas que se nos han puesto por delante para la toma del
poder central: reforma o revolución, y pasar a ser
revolucionarios de lo cotidiano en el desarrollo del
contrapoder o antipoder o como le quieran llamar. Ya es
hora de comenzar a superar, como muchos lo están haciendo
en muchas partes, las viejas lecciones de las luchas
emancipatorias que no nos llevaron a parte alguna.
Como decíamos en un texto hace varios años atrás, el
pájaro prisionero no desea el cielo infinito, sino
realizar su ser alado, y por eso abre las alas y se arroja
contra los barrotes, desea volar. Así, para nosotros, la
libertad no es ya más algo a alcanzar, sino algo para
vivir y desde allí crecer. Somos libres cuando podemos
hacernos cargo de nosotros mismos junto a los que nos
rodean, cuando asumimos en nuestras manos la tierra y
nuestras vidas, nuestra educación y nuestra salud, nuestra
producción y nuestra alimentación. Ya nos tienen mucho
tiempo con la promesa de la utopía. No necesitamos un
modelo abstracto para tener esperanza. La esperanza está
en nuestra rebeldía, y por eso los zapatistas prefieren
ser rebeldes antes que revolucionarios. Nuestra rebeldía
nos hace oponernos con todo al capitalismo, pero esa
oposición no puede ser meramente voluntariosa, debe ser
transformada en hechos constructivos. Hacer una nueva
sociedad es mejor que soñarla, pero el sueño de dos juntos
es el comienzo de la realidad, por eso es urgente el
establecimiento de lazos concretos de nueva sociabilidad
en los espacios de la vida en común.
La burguesía lo ha hecho hasta ahora mejor que nosotros,
primero afianzaron sus lazos de explotación del hombre por
el hombre en muchas partes antes de lanzarse a la
dominación política y nosotros recién estamos comenzando a
comprender que más importante que la toma del poder desde
el cual dirigir pretendidos cambios es hacerlos de hecho.
No importa que el capitalismo nos rodee por todas partes,
lo primario es desprenderse de ello de hecho y no de
pensamiento conciente. Habrá que descubrir en cada barrio
y localidad como zafarse de las relaciones capitalistas
que operan sobre nuestros cuerpos. Cada uno de nosotros es
portador de las relaciones capitalistas, mil veces cada
día ejecutamos operaciones que van en beneficio de la
reproducción del sistema, aún cuando trabajamos estamos
alimentando el capital, cuando tomamos un ómnibus estamos
contribuyendo notablemente, cuando compramos alimentos lo
hacemos aún más, cuando vemos un profesional, cuando
compramos ropa, cuando vemos televisión, cuando consumimos
electricidad, cuando hacemos papeleo bancario o vamos a
una oficina pública, si entramos en un bar, cuando leemos
un libro, cuando asistimos a clases, en fin, cuando
hablamos y caminamos. Cada minuto de nuestras vidas es
vida para el capitalismo.
Es ilusorio continuar con la idea de que hay que destruir
el capitalismo ocupando el estado. Eso no ha sucedido
nunca. Hay que destruirlo haciendo otra cosa distinta, una
sociedad diferente. Y eso sólo es posible en la
cotidianeidad de las nuevas relaciones sociales en el
barrio o la localidad, en lo que hemos llamado más arriba
bolsones de contrapoder, donde la potencia de la comunidad
se exprese como tal, como conjunto interrelacionado de
personas de carne y hueso que empiezan a autogobernar sus
vidas. Más que nuevas organizaciones, se trata de nuevas
actividades, escuelas diferentes, tratamiento de salud
diferente, cuidado de los niños diferente, en fin, cientos
de actividades cotidianas donde podemos poner en
efectividad nuestra capacidad de hacerlo diferente.
Eso es mucho más difícil que hablar de revolución, o de
organizarse para ella. Por eso también las universidades
se llenan de revolucionarios que luego salen a ocupar sus
puestos sistémicos reproduciendo las relaciones
capitalistas, aunque, claro, se oponen en el discurso, en
las marchas, en los deseos y en los programas.
Proponemos no ser más anticapitalistas, sino comunistas.
Trabajemos para establecer las bases de las comunas,
ahora, no después. Y para ello no necesitamos para nada el
estado, que ha pasado a ser un obstáculo en todo sentido.
Ya es hora de mandarlo al museo. Y que me perdone Marx,
pero el comunista ha dejado de ser el que mira hacia
delante imaginando que llegaremos a la sociedad sin
clases, como dice el Manifiesto, que los comunistas se
diferencian de los otros socialistas por ello. El
comunista hoy construye las bases de la comuna donde vive.
Que los acontecimientos bolivianos no nos hagan perder la
esperanza ni ilusionarnos con falsas expectativas. Vayamos
con más fuerza aún a nuestros barrios. A hacer de la
rebeldía de uno y de otros una fuerza social concreta
capaz de instaurar otro mundo y otro mundo, muchas
totalidades.
Hay mucho que decir aún sobre este tema. ¿Qué tal si usted
escribe algunas letras sobre ello? Que camine la palabra.
Abrazos
Profesor J
profesor_j@yahoo.com
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