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(IAR-Noticias)
15-Jun-05
Por
Immanuel Wallerstein - La Jornada
Cuando
se es un país poderoso, es difícil no jugar con fuego.
Pero el régimen de Bush ha sido particularmente temerario.
Tomemos por ejemplo el triángulo Irán, Irak, Estados
Unidos. La historia es bien conocida. La primera famosa
intervención de la CIA en alguna parte del mundo ocurrió
en Irán, allá en 1953. Irán tenía un primer ministro
llamado Mohamed Mossadegh, político, laico y de clase
media, que tuvo la audacia de nacionalizar el petróleo
iraní. El shah se fue al exilio. Gran Bretaña y Estados
Unidos estaban bastante descontentos con ello y
respaldaron, de hecho inspiraron, un golpe militar para
arrestar a Mossadegh y reinstaurar al shah en su trono. A
partir de entonces, el Irán del shah se volvió un cercano
aliado de Estados Unidos. El régimen del shah Reza Pahlevi
era autoritario y muy represivo, pero eso no molestaba a
Washington porque era un pilar de las fuerzas favorables a
Estados Unidos en Medio Oriente.
Finalmente, en 1979 el régimen del shah fue derrocado por
un levantamiento popular y de nuevo el shah se fue al
exilio. Esta vez las fuerzas dominantes no fueron los
nacionalistas laicos, sino militantes islamitas dirigidos
por el ayatollah Ruhollah Khomeini. Se proclamó una
república islamita. En el lapso de un año, los militantes
iraníes tomaron la embajada estadunidense y mantuvieron
prisioneros a quienes hallaron dentro por 444 días. Sobra
decir que Estados Unidos se molestó bastante una vez más.
Irán proclamó a Estados Unidos "el Gran Satán", y a su vez
este ultimo país consideró a Irán enemigo total. El
intento del presidente Carter por liberar por la fuerza a
los prisioneros de la embajada resultó un fiasco. Y el
presidente Reagan los sacó sólo porque hizo un acuerdo
secreto mediante el cual regresó activos iraníes
congelados a cambio de su liberación.
Estados Unidos decidió que la mejor manera de lidiar con
los iraníes era animar al presidente de Irak, un tal
Saddam Hussein, a invadir Irán, lo que hizo en 1980. Por
supuesto, Irán es, en gran medida, un país musulmán
chiíta. E Irak tiene gran cantidad de musulmanes chiítas
que no obstante se veían impedidos de participar del poder
por los políticos árabes sunnitas desde la creación de
Irak como Estado soberano moderno. En 1983, Reagan mandó a
un tal Donald Rumsfeld como enviado especial a reunirse
con Saddam Hussein, para animarlo en sus esfuerzos de
guerra, para ofrecerle formas de asistencia directas e
indirectas (incluidos algunos elementos de guerra
biológica), para retirar a Irak de la lista estadunidense
de estados que apoyaban a grupos terroristas y en general
para mimar a Saddam. La guerra entre Irán e Irak duró ocho
años, fue extremadamente costosa para ambos bandos en
bajas y en dinero, y finalmente terminó por desgaste, con
las tropas de vuelta al punto de partida. Fue una tregua
militar pero, por supuesto, la enemistad política
persistió.
Como sabemos, Saddam Hussein se vio en dificultades para
pagar las deudas que había contraído con el fin de
emprender esta guerra, en especial las enormes deudas de
Irak con Kuwait y Arabia Saudita. Decidió cancelarlas y
satisfacer los añejos reclamos nacionalistas en una sola
arremetida, invadiendo Kuwait en 1990. Ahora, por fin,
Estados Unidos se puso en contra de Saddam Hussein y
encabezó una coalición autorizada por Naciones Unidas para
sacar a Irak de Kuwait, entre otras cosas, con el respaldo
tácito de Irán. La guerra llegó a su fin con varias clases
de traiciones.
Saddam había enviado mucha de su fuerza aérea a Irán para
protegerla de los bombardeos estadunidenses. Después de la
guerra, Irán se negó a regresar los aviones. En Irak los
chiítas se rebelaron contra Saddam Hussein, durante la
guerra del Golfo, pero Estados Unidos rehusó ayudarlos
después de la tregua con Saddam. Eventualmente, Estados
Unidos puso, en efecto, una zona sin navegación aérea
sobre las aéreas chiítas -muy tarde, sin embargo- para
evitar que Saddam cobrara venganza de los rebeldes
chiítas.
Todos quedaron algo insatisfechos con la tregua de facto
instaurada entre 1991 y 2001. Los neoconservadores en
Estados Unidos sintieron que su país estaba humillado por
el hecho de que Saddam permaneciera en el poder. Hussein
no estaba contento por el boicot económico encabezado por
Estados Unidos y por las limitaciones a la soberanía
iraquí, decretadas por Naciones Unidas, concernientes a la
venta de crudo. Los chiítas iraquíes (y los kurdos)
estaban insatisfechos, porque Saddam seguía en el poder y
Estados Unidos los había abandonado. E Irán estaba
descontento porque Saddam seguía en el poder, porque los
chiítas iraquíes seguían sufriendo y porque Estados Unidos
era aún una potencia demasiado grande en la región.
Cuando ocurrieron los ataques del 11 de septiembre, los
neoconservadores vieron la oportunidad de hacer que Bush
se enfocara en una guerra contra Irak. Como sabemos, la
invasión ocurriría, finalmente, en 2003, y resultó en el
derrocamiento de Saddam. En ese entonces, George W. Bush
denunció al "eje del mal" -trío formado por Irak, Irán y
Corea del Norte. Estados Unidos había decidido ponerse al
mismo tiempo en contra de ambos regímenes, el iraquí y el
iraní, pero tomar primero Irak militarmente. Es bastante
claro que en 2003 el régimen de Bush consideraba que
emprenderla contra Irán sólo era cuestión de tiempo.
Lo que Bush parecía esperar en 2003 era que Estados Unidos
podría instalar, bastante rápido, un régimen amigable en
Irak, para luego proceder a forzar un duelo contra Irán.
Lo que no esperaban era que existiera un movimiento de
resistencia bastante poderoso, uno que ahora parecen no
ser capaces de contener seriamente. Lo que no esperaban
era que los chiítas ejercieran una eficaz presión política
para efectuar elecciones pronto, que daría a los chiítas
una mayoría en el gobierno. Lo que no esperaban era que
los militares estadunidenses estuvieran tan extenuados,
que no hay manera de que Estados Unidos considere
seriamente emprender ningún tipo de acción militar para
cambiar de régimen en Irán.
Y lo que menos esperaban es que Irán estuviera en posición
de ser el gran ganador diplomático en la invasión
estadunidense. Consideren lo ocurrido el 15 de mayo de
2005. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, realizó
una visita no anunciada a Bagdad, durante la que invirtió
su corta estancia en medio regañar, medio rogar al nuevo
gobierno iraquí, y todo esto es público. Dijo que los
iraquíes debía tratar de ser más "incluyentes", palabra
clave para dar más espacio a los árabes sunitas en el
gobierno. Les advirtió que no debían debaathificar
"severamente", es decir, que debían incluir en el poder al
menos a algunos de aquellos que simpatizaban con Saddam
Hussein. Se supone que Rice piensa que ello minaría la
resistencia ante la ocupación estadunidense y haría
posible reducir el compromiso de las tropas estadunidenses
en Irak (¿sería mejor usarlas contra Irán?). Esta es una
curiosa vuelta, que hace que una secretaria de Estado
estadunidense ruegue en favor de por lo menos algunos de
los ex baathistas. Y hasta donde se puede ver, ante oídos
medio sordos. Los análisis del actual gobierno iraquí, o
más bien sus prioridades, parecen ser muy diferentes.
Dos días después el ministro de Relaciones Exteriores de
Irán, Kamal Khazzeri, arribó en visita de cuatro días, una
que resultó mucho más exitosa. Lo recibió en el aeropuerto
el ministro de Relaciones Exteriores de Irak, Hoshyar
Zebari, él mismo sunita y kurdo, que habló en fluido
farsi. Después de tres días, Irán e Irak firmaron un
acuerdo para poner fin a las hostilidades entre ambos
países, y el nuevo gobierno iraquí concordó con Irán en
que la guerra Irak-Irán la había iniciado Saddam Hussein.
Ambas naciones renovaron sus críticas hacia Israel. Si
Bush piensa que el nuevo gobierno iraquí va a unirse a
Estados Unidos en cruzada contra Irán, ese otro miembro
del "eje del mal" debe estar mal de la cabeza.
Las relaciones entre Irak e Irán se han normalizado y van
en route de hacerse más amigables. No es esto lo que los
neoconservadores avizoraban cuando lanzaron una escalada
en favor de una "democratización" del Medio Oriente
encabezada por Estados Unidos. Cuando las fuerzas
estadunidenses abandonen Irak (tal vez más pronto que
tarde), Irán seguirá ahí, y (gracias a Estados Unidos)
estará más fuerte que nunca.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
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