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(IAR-Noticias)
13-Jun-05
www.marxismo.org
La
actual situación boliviana, al igual que la reciente caída
de Lucio Gutiérrez, en Ecuador, muestran que Latinoamérica
continúa siendo uno de los centros de la lucha de clases
en el mundo: desde el 2000, se han sucedido procesos
revolucionarios y puntos altos de la lucha de clases en
algún país latinoamericano. Por eso, podemos afirmar que
no se trata de situaciones aisladas en tal o cual país,
sino de un proceso continental que, más allá de las
diferencias nacionales, presenta claros elementos comunes.
La crisis energética y los proyectos colonizadores
imperialistas
La propiedad y
la explotación de los grandes yacimientos de hidrocarburos
del país ha sido la cuestión central que generó el choque
de las masas bolivianas con los gobiernos de Sánchez de
Lozada y Carlos Mesa. No es un tema menor: Bolivia posee
la mayor reserva de gas de Latinoamérica, después de
Venezuela. En esta batalla se definen dos campos
principales.
Por un lado, el
imperialismo yanqui busca asegurarse el control y la
explotación sin restricciones de las fuentes energéticas
latinoamericanas. Por el otro, enfrentándolo con su lucha,
los trabajadores y el pueblo bolivianos reivindican la
propiedad estatal de los hidrocarburos y que su
explotación y comercialización se realice en beneficio del
país y del pueblo.
Esta batalla
por el control de los hidrocarburos y las fuentes de
energía se desarrolla en el conjunto de Latinoamérica.
Para el imperialismo, se trata de un tema de primer orden,
a la vez, estratégico y de corto plazo: todos los
analistas consideran que, si continúa su nivel de consumo
actual, EE.UU. va hacia una crisis energética y de
abastecimiento interno de hidrocarburos en pocos años.
Por eso,
impulsó una serie de políticas y herramientas
colonizadoras en la región. Como la privatización de las
empresas petroleras estatales. Por ejemplo, en Argentina,
la empresa española Repsol compró YPF. En Bolivia mediante
contratos entreguitas se concedió la propiedad a manos de
transnacionales.
En otros
países, las empresas continuaron siendo estatales, pero se
impuso una privatización indirecta, con concesiones de
áreas de explotación, procesamiento, transporte y
comercialización. De ese modo, una parte creciente del
negocio pasó a estar en manos de empresas extranjeras. Es
el caso de Venezuela, Ecuador, México, Brasil.
Junto con esto, el imperialismo impulsa los proyectos PPP
(Plan Puebla-Panamá) e IIRSA (Iniciativa para la
Integración Regional Sudamericana) que, combinados, buscan
garantizar la infraestructura para la extracción, el
procesamiento y el transporte de esos recursos naturales
desde Tierra del Fuego, en el sur de Argentina, hasta
Puebla, en el norte de México. Allí, “casualmente”, se
conectan con redes eléctricas, gasoductos y oleoductos que
terminan en California y Texas.
El ALCA
(Asociación de Libre Comercio de América) se dirige en el
mismo sentido, como un marco político y jurídico que
“legaliza” todo el proceso colonizador. Por ejemplo, su
estatuto dice que los recursos naturales son de “propiedad
continental” (a buen entendedor, pocas palabras).
Ante algunas
dificultades con el ALCA, EE.UU. implementó acuerdos
bilaterales o regionales: los TLCs (Tratados de Libre
Comercio), algo así como ir armando el ALCA “por partes”.
No es casual, entonces, que la lucha por el dominio de los
hidrocarburos sea el centro de la realidad boliviana o que
la resistencia popular contra los TLCs esté presente con
fuerza en Ecuador y en varios países centroamericanos,
como Honduras y Costa Rica.
El rol de Brasil
En este marco,
es necesario analizar el nuevo rol de Brasil en la región.
Este país ha comenzado a ser una especie de “submetrópoli
regional”. Por un lado, Brasil es recolonizado por las
potencias imperialistas y sufre el mismo saqueo de
riquezas que los otros países latinoamericanos. Pero, al
mismo tiempo, actúa como una especie de “socio menor” en
la explotación de otros países más débiles, recibiendo, a
cambio, algunas migajas mayores.
En este
sentido, es muy claro el papel de la Petrobrás en Bolivia:
a través de concesiones de explotación de petróleo y gas,
controla el 20% del PBI y el 40% de las exportaciones
bolivianas. Petrobrás actúa en Bolivia como una empresa
imperialista: saquea riquezas y gira fabulosas ganancias a
su casa central.
Por eso,
coincide totalmente con las petroleras yanquis en su
oposición a la estatización de los hidrocarburos.
Recientemente, al igual que esas empresas, amenazó con
irse de Bolivia sino le garantizaban “sus inversiones y su
rentabilidad”. La influencia económica de Brasil no se
limita al sector de hidrocarburos: se estima que el 35% de
la producción de soja de Santa Cruz de la Sierra (la
principal del país) es propiedad de burgueses brasileños.
El nuevo papel
de Brasil se ve también en los terrenos político y
militar. Por ejemplo, Lula actúa como un “bombero
regional” dispuesto a colaborar para apagar cualquier
incendio originado por la lucha de clases, como fue el
caso de Venezuela en 2002 o, actualmente, en la propia
Bolivia.
Además , fue un
“brazo armado auxiliar” del imperialismo estadounidense al
enviar soldados a Haití ( junto con Argentina y Uruguay).
De esa forma, Bush pudo disponer de más tropas para Irak.
Los soldados brasileños, disfrazados de “tropas de paz de
la ONU”, actúan como cualquier ejército de ocupación:
reprimen y violan los derechos humanos del pueblo
haitiano, como ya ha comenzado a ser denunciado
públicamente.
Retornando a
Bolivia, no es casual, entonces, que, al igual que las
empresas imperialistas yanquis, británicas y españolas,
Petrobrás reciba un odio creciente del pueblo boliviano.
Cada vez son más frecuentes las movilizaciones de
trabajadores y campesinos contra ella. En este
enfrentamiento, la LIT-CI (Liga Internacional de los
Trabajadores – Cuarta Internacional) no es neutral y apoya
plenamente la lucha del pueblo boliviano por la
nacionalización y expropiación sin pago de los bienes de
Petrobrás en Bolivia. Por eso, el PSTU (Partido Socialista
de los Trabajadores Socialistas Unificado) ha iniciado una
campaña, en este sentido, dentro de Brasil
Santa Cruz de la Sierra: Autonomía reaccionaria y
proimperialista
Los problemas
de Mesa y la burguesía boliviana no se limitaban a tener que
enfrentar un combativo movimiento de masas. La burguesía
de Santa Cruz de la Sierra (en el oriente del país),
aprovechándose de un sentimiento autonómico de los pueblos
del interior contra el centralismo político-
administrativo paceño, exige una autonomía regional mucho
mayor. Esta exigencia de autonomía comienza a extenderse
también a Tarija (en el sudeste boliviano).
En ese marco,
se había convocado para el 12 de agosto a un referéndum
vinculante junto a la elección de prefectos (ya convocado
para el mismo día), sin acuerdo con el gobierno. El
Parlamento entrampado entre definir las fechas para
referéndum y constituyente, dilataba aprobar una ley
buscando aplicar la propuesta cruceña, lo que le dio pie
para que Mesa fijara por decreto la fecha de ambos ( 16 de
octubre, medida que tenía aun que ser convalidada por el
Parlamento), como una maniobra para distender las luchas
que crecían en pos de la nacionalización de los
hidrocarburos. Actitud que a
su vez provocó la ratificación de la auto convocatoria de
los cívicos cruceños.
Este proceso se origina en profundas razones económicas y
políticas. Ambos departamentos suman apenas el 20% de la
población boliviana, pero generan el 40% del PBI nacional
y el 60% de las exportaciones. Poseen los principales
yacimientos de hidrocarburos y, en Santa Cruz, además,
están los más grandes terratenientes y se desarrolla una
intensa producción de soja.
Una parte
importante de esta riqueza va a parar a manos de la
burguesía del altiplano y del gobierno central de La Paz,
por intermedio de los impuestos nacionales. Detrás de la
pelea por la autonomía, entonces, está la intención de
esas burguesías regionales de lograr una “tajada” mucho
mayor, en perjuicio del altiplano “pobre”. Al mismo
tiempo, la autonomía les permitiría tener las “manos
libres” para acordar directamente con el imperialismo y
proteger sus latifundios de la toma de tierras por los
campesinos pobres. Por otro lado, en el plano de la lucha
de clases, en Santa Cruz hay una situación más “tranquila”
que en el resto del país, ya que la burguesía mantiene aún
un mayor control de las masas.
La autonomía
busca “preservar” la región de la permanente inestabilidad
boliviana originada, esencialmente, por las luchas de las
masas. Pero, actualmente se producen combativas
movilizaciones de maestros, trabajadores de la salud y
campesinos cruceños, unificando sus reclamos con los del
resto del pueblo boliviano y rechazando la posición de la
burguesía regional. Por eso, en realidad, la política de
la burguesía crueceña busca derrotar el proceso
revolucionario en curso en el país y, en ese marco, la
autonomía, para entregar los recursos naturales al
imperialismo y a Petrobras.
Esta política
de la burguesía cruceña, posiblemente alentada desde EE.UU.
y Brasil, tiene objetivamente una dinámica separatista y
de división del país. Pero incluso sin llegar a ese
extremo, su avance representaría un duro golpe para la
burguesía del altiplano y el gobierno central. Por eso, se
oponen claramente a ella, lo mismo que los mandos del
Ejército. Por ahora, el conflicto es “pacífico”, pero su
desarrollo lleva potencialmente a duros enfrentamientos,
incluso militares, en una fractura de la burguesía que
agudiza aún más la ya explosiva situación del país.
Pero no se
trata sólo de un enfrentamiento entre sectores burgueses.
La autonomía que exigen estas burguesías regionales no
refleja el justo reclamo de una nacionalidad oprimida. Por
el contrario, esa autonomía (y más aún, la división del
país) es un ataque al conjunto del pueblo boliviano porque
su objetivo es la entrega total de los hidrocarburos al
imperialismo yanqui y a Petrobrás, y un mayor
enriquecimiento de la burguesía regional.
Por eso, los
revolucionarios debemos oponernos a ella y apoyar la justa
lucha de la mayoría del pueblo boliviano por mantener la
unidad geográfica del país. La mejor forma de hacerlo es
imponiendo una salida obrera y campesina a la situación
actual. Así lo ha expresado claramente, el MST, sección
boliviana de la LIT-CI (ver recuadro).
La lucha de las masas y la traición de las direcciones
Pero es
imposible entender la permanente “inestabilidad” de la
política burguesa boliviana sin considerar un factor
esencial: la lucha de las masas, cuya combatividad y
heroísmo se mostraron en incontables jornadas, desde la
revolución de 1952 hasta el presente. Fue esa lucha, por
ejemplo, la que enfrentó la política gobierno de Gonzalo
Sánchez de Lozada de consolidar y profundizar la entrega
de los hidrocarburos al imperialismo y lo derribó, en
octubre de 2003.
Si esa lucha,
que había reconstituido a la COB como alternativa de
poder, no avanzó a una revolución obrera y socialista, se
debió a la traición de las direcciones mayoritarias,
expertas en el juego de encabezar procesos para
traicionarlos. Luego de la caída de Sánchez de Lozada,
esas direcciones frenaron la lucha y permitieron que
asumiera Carlos Mesa, votado por un Parlamento cuya
composición no expresa la nueva realidad política del
país. Es decir, sostuvieron la “continuidad insitucional
burguesa” en el país.
Evo Morales y
el MAS (la principal fuerza política boliviana) apoyaron
directamente a Mesa. La dirección de Jaime Solares en la
COB (Central Obrera Boliviana) y el dirigente campesino
Felipe Quispe (del movimiento indigenista Pachakutik), se
declararon “opositores”, pero definieron una larga tregua
que permitió pasar el referéndum tramposo sobre el gas y
consolidar al gobierno. Este año, ante la renuncia
presentada por Mesa al Congreso, tanto los diputados del
MAS como los de Pachakutik votaron por la permanencia de
Mesa en su cargo.
Algo similar
había ocurrido en Ecuador en enero de 2000. Ante la
política de dolarizar la economía del presidente Noboa,
una poderosa lucha revolucionaria de masas derribó al
gobierno, dividió a las FF.AA. e, incluso, llegó a crear
organismos de doble poder, como el Parlamento de los
Pueblos.
Pero las
principales direcciones del movimiento, como la de la
CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del
Ecuador) y el PCML (Partido Comunista Marxista Leninista)
entregaron el poder al coronel Lucio Gutiérrez, Principal
dirigente del sector militar que había apoyado la
insurrección.
Pero Gutiérrez
se lo traspasó a la cúpula de las FF.AA., las que, por su
parte, respaldaron que el vicepresidente asumiera el
poder. En otras palabras, aunque a través de mecanismos un
poco más complicados que en Bolivia, esas direcciones
también sostuvieron la “continuidad institucional
burguesa”. Las elecciones posteriores fueron ganadas por
Lucio Gutiérrez y los dirigentes de la CONAIE y del PCML
integraron su gobierno.
Los gobiernos de Frente Popular
Los gobiernos
de Lucio Gutiérrez y Carlos Mesa son muy similares. En
primer lugar, surgen, de modo directo o indirecto, como
resultado de procesos revolucionarios o de una revolución
y deben gobernar en ese marco, lo que los torna débiles,
kerenskistas. En segundo lugar, el de Lucio Gutiérrez fue
claramente un gobierno de frente popular: un gobierno
burgués integrado por dirigentes y organizaciones obreras
y populares.
El de Mesa ,
aunque no fue así en la forma, sí lo era de contenido
porque el MAS, de hecho, era el principal apoyo del
gobierno. Normalmente, el imperialismo y las burguesías
nacionales prefieren evitar este mecanismo pero, en
determinadas situaciones, apelan a ellos. En el caso de
Bolivia y Ecuador, para que las propias direcciones del
movimiento de masas ayudaran a desmontar o amortiguar los
procesos revolucionarios existentes.
Finalmente,
ambos gobiernos aplicaron políticas proimperialistas
iguales o peores a las de sus antecesores. Gutiérrez llevó
a fondo la dolarización y el pago de la deuda externa,
Mesa mantiene la privatización y la entrega de los
hidrocarburos. Pero esta política reaviva la lucha del
movimiento de masas que, pasada la confusión o las
expectativas iniciales, comienza a enfrentarlos.
En Bolivia ese
enfrentamiento se da a pesar de que Mesa con el apoyo de
las principales direcciones, venía imponiendo su plan de
desmonte del proceso revolucionario vía salida electoral a
la crisis. En ambos casos, esa lucha obligó a los
dirigentes y organizaciones obreras y populares a salir
del gobierno o dejar de apoyarlo. Así ocurrió con la
CONAIE y el PCML en Ecuador y con Evo Morales y el MAS.
En este punto,
esos gobiernos pasan a tener una debilidad extrema, sin
ningún poder político ni base social propios. En gran
medida, quedan “flotando en el aire”, en medio de la
batalla de las fuerzas sociales y económicas principales.
Gutiérrez ya cayó, Mesa todavía sobrevive. Pero podemos
decir que no cae porque ninguna de las fuerzas en pugna
empuja, por ahora, para que caiga.
Otra similitud
entre ambos países es que, en la medida en que la
burguesía y el imperialismo no logran imponer su “orden”
ni los trabajadores y las masas logran avanzar una salida
propia, los procesos revolucionarios boliviano y
ecuatoriano entran en una dinámica recurrente, de
repetición de situaciones de lucha contra políticas y
gobiernos similares.
La cuestión de la Asamblea Constituyente
Tal como señala
la declaración del MST, después de un período de relativo
retroceso y de confusión, las masas bolivianas vuelven a
las calles a luchar por la nacionalización sin pago de los
hidrocarburos. Los campesinos pobres y las nacionalidades
indígenas reclaman también la convocatoria a una Asamblea
Constituyente porque la ven como una forma de discutir los
grandes problemas del país y ser protagonistas de esas
decisiones nacionales.
La burguesía y
el imperialismo, con la colaboración de Evo Morales,
tratan de utilizar estas expectativas para llevar el
proceso revolucionario a la vía muerta de esta institución
burguesa. Es imprescindible luchar contra esta trampa en
el camino de una salida de clase de la clase obrera y el
pueblo.
Pero, para
lograr esto en Bolivia, donde los campesinos e indígenas
la ven como una salida para lograr sus reivindicaciones,
se hace necesario tener una táctica frente a la Asamblea
Constituyente. Los revolucionarios no deben dejar esas
reivindicaciones democráticas en manos de las direcciones
capituladoras o del gobierno. En primer lugar, la COB debe
tomar ese reclamo, como una forma de unificar la lucha.
Para los
revolucionarios, es un ejemplo cómo actuaron los
bolcheviques rusos, en 1917, frente a este tema. El eje
estratégico es el fortalecimiento y el desarrollo de los
organismos de poder obrero (los soviets rusos o la COB),
con la perspectiva de la toma del poder. En este marco, y
subordinado a él, se daba respuesta a quienes confiaban en
la constituyente, señalando que esas demandas justas no
podrían ser resueltas por la “constituyente de la
burguesía y el gobierno” porque sería tramposa,
antidemocrática y fraudulenta.
Sólo una
constituyente convocada por los trabajadores organizados
podría garantizar esas demandas. La cuestión central es,
entonces, luchar por un gobierno obrero, campesino y
popular, hoy un gobierno encabezado por la COB, el único
capaz de garantizar una constituyente verdaderamente
democrática. Pero, de producirse la convocatoria a
constituyente por el gobierno o el Parlamento, se trata,
entonces, de intervenir en ella con una política
revolucionaria que pueda derrotar la trampa burguesa.
La situación actual y las perspectivas
La lucha obrera y popular
ha jaqueado al gobierno de
Mesa y al Parlamento, demandando centralmente la
nacionalización de los hidrocarburos y planteando, de
hecho, el problema del poder. Nuevamente, las principales
direcciones intentan que esa lucha no avance ni se
unifique. Evo Morales llama a movilizaciones muy
controladas por la convocatoria a la Asamblea
Constituyente.
Como vimos, intenta utilizar esta propuesta como una
trampa para canalizar y desmontar la lucha por medio de
esta institución burguesa y, así, después intentar la
presidencia del país por vías “legales”. Junto con esto,
se niega a levantar la reivindicación de la
nacionalización de los hidrocarburos, a pesar de reconocer
públicamente que su base está a favor. Por su parte, Jaime
Solares y la dirección COB se han visto obligados a tomar
la exigencia de nacionalización como centro de sus
movilizaciones, por presión de los trabajadores. Pero, al
mismo tiempo, Solares llamó al Ejército a dar un golpe
militar chavista, como la única salida posible para el
país. Su propuesta recibió numerosos repudios dentro de la
propia COB.
Es evidente que ambos dirigentes impulsan proyectos
distintos y enfrentados. Incluso llegaron casi a tomarse a
golpes de puño en un acto. Pero ambos utilizan este
enfrentamiento para dividir las movilizaciones y restarles
fuerza. Ambos, por la “vía legal” o por la “vía militar”,
coinciden en su intención de liquidar la lucha
independiente de los trabajadores y las masas, atándolas a
una u otra salida burguesa.
Resulta claro que la situación boliviana es aguda y muy
compleja, por la dificultad actual de los distintos
sectores para imponer su solución. La burguesía boliviana
y el imperialismo analizan distintas alternativas para
“normalizar” el país: renuncia de Mesa y elecciones
anticipadas, golpe militar o, lo que parece más probable,
la permanencia del actual presidente y convocatoria a una
Asamblea Constituyente, en un intento por descomprimir la
lucha de las masas y, a la vez, dar un marco institucional
a la discusión con la burguesía cruceña. Por su parte, las
masas movilizadas tienen planteado bregar para imponer su
propia salida de clase.
La posibilidad de avanzar en ese camino (imponer un
gobierno obrero y campesino y una revolución obrera y
socialista que libere al país de la dominación
imperialista) está profundamente asociada a la tarea de
construir una dirección revolucionaria que esté dispuesta
a ir a fondo en esa lucha. (Tarea que incluye la exigencia
a las direcciones para que rompan con la burguesía y los
militares “patriotas”, asuman consecuentemente la
nacionalización del gas y tomen el poder, como forma de
contraponer y desenmascarar su política colaboracionista a
las aspiraciones de las masas movilizadas)
Una tarea que puede apoyarse en los hechos más positivos,
como la organización obrera y popular que existe en El
Alto o los sectores de base de la COB que presionan a
Solares a la lucha por la nacionalización de los
hidrocarburos. Se trata de aprovechar todas las
posibilidades de la realidad e impulsar la lucha unificada
de los trabajadores y las masas contra el gobierno y el
Parlamento, por la nacionalización sin pago de los
hidrocarburos, contra cualquier intento de dividir el país
y contra cualquier variante golpista, aunque se disfrace
de “progresiva”.
En esta tarea, la construcción de una dirección
revolucionaria, está puesto todo el esfuerzo de la LIT-CI
(Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta
Internacional) y de su sección boliviana, el MST
(Movimiento Socialista de los Trabajadores).
Por un
gran movimiento continental por la nacionalización sin
pago de los hidrocarburos y las fuentes de energía
En este Correo Internacional, analizamos la importancia de
la lucha por el control de los hidrocarburos entre las
masas latinoamericanas y el imperialismo. Gran parte de la
vanguardia y sectores de masas latinoamericanas ven en el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez, una alternativa para
encabezar esa pelea. Más ahora, cuando aparece junto con
Fidel Castro impulsando propuestas comunes.
Estas
expectativas parten de un hecho cierto: el presidente
venezolano y el líder cubano no son iguales a los
“virreyes” que gobiernan el resto de Latinoamérica y
aceptan sumisamente las órdenes de Bush. Pero el
“antiimperialismo” de Chávez (y la actual posición de
Fidel Castro) es fuerte en las palabras y en los
discursos, pero muy débil en los hechos. Algo que se ve,
en el caso de Chávez, en su política petrolera en
Venezuela: otorga crecientes concesiones de explotación a
las compañías petroleras estadounidenses y, a la vez, le
asegura a EE.UU. un perfecto abastecimiento de petróleo
venezolano.
Petrosur
Esta misma contradicción se ve en la política continental
de Chávez para el tema de los hidrocarburos. Su propuesta
principal es la formación de una empresa petrolera
sudamericana unificada (Petrosur). Algo que, en sí mismo,
podría resultar positivo. Sin embargo, el primer acuerdo
para formar Petrosur se firmó entre Chávez y el presidente
argentino Kirchner.
Argentina es el país donde más avanzó la privatización de
los hidrocarburos (la empresa española Repsol compró YPF)
y que Kirchner respeta a rajatablas esta situación.
Aclaremos que en ninguna parte del acuerdo figura como
objetivo de Petrosur lograr la renacionalización del
petróleo argentino.
Otro socio privilegiado que busca Chávez es la brasileña
Petrobrás, la misma que, junto con las empresas yanquis,
saquea el petróleo y el gas boliviano. En otras palabras,
la formación de Petrosur no es una política dirigida
contra el imperialismo sino un intento de Chávez y
sectores burgueses nacionales de lograr algún
fortalecimiento para negociar en mejores condiciones la
entrega de los hidrocarburos.
Luchemos juntos
Pero no queremos limitarnos solamente a la crítica de la
política de Chávez. Por eso, nuestra propuesta es que
surja un gran movimiento continental por la
nacionalización sin pago de los hidrocarburos y por el
control nacional de las fuentes de energía. En Argentina,
eso significa luchar por expropiar sin pago a Repsol, Esso
y Shell para reconstruir una YPF estatal.
En los otros países, es la lucha por la anulación de las
concesiones y el retorno de esas áreas y los equipos que
las explotan a manos del Estado. Llamamos a los miles de
luchadores que confían o tienen expectativas en Chávez y
en Fidel a impulsar juntos esa movilización.
En ese camino, les proponemos que, juntos, le reclamemos
al presidente venezolano y al líder cubano que sean ellos
quienes se pongan a la cabeza de esta gran lucha
latinoamericana. Un primer paso lógico es la exigencia
para que definan claramente si apoyan o no la lucha actual
del pueblo boliviano por la nacionalización sin pago del
petróleo y el gas.
La presencia del MST boliviano
El MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores),
sección boliviana de la LIT-CI participa activamente de la
movilización obrera, campesina y popular. En el proceso
actual, emitió una declaración, el 26 de mayo, cuyas
propuestas centrales son: ¡Fuera Mesa y el Parlamento!,
¡Nacionalizar el gas sin indemnizar! y Por el gobierno de
la COB y las organizaciones en lucha.
En ese material, el MST expresa: “... reaparecen otra vez
las luchas de las masas y esta vez con mas contundencia. A
pesar de todas las confusiones creadas por las
direcciones, la conciencia por la nacionalización de los
hidrocarburos (junto al rechazo al gobierno y el
Parlamento, entre otras) viene imponiéndose como la
consigna central y principal de las luchas. Incluso
sectores influenciados por el MAS se han visto obligados
ha tomar tímidamente esta demanda.
Las bases en lucha le han dicho: ¡ni 30 ni 50, sino
nacionalización! Esta lucha resurge al comprobarse la
ilegalidad de los contratos anteriores y luego se
profundiza con la promulgación por el Congreso de una Ley
que los legaliza y que resulta tan o más entreguista que
la anterior. Son las bases las que vienen imponiendo esta
consigna. Ahí están los mineros, los maestros, los
campesinos, los estudiantes, la población trabajadora de
El Alto, etc.”
Luego, el MST denuncia el rol divisionista y confucionista
que están jugando las principales direcciones (Evo
Morales-MAS y Jaime Solares en la COB). También el reclamo
contrarrevolucionario de la burguesía de Santa Cruz.
La declaración continúa señalando: “...a pesar de esta
confusión se abre paso, a partir de las bases, la consigna
central por la nacionalización, la misma que debe ser
correctamente encausada.” Ante esto, para acabar con la
confusion de objetivos y que las luchas no terminen sólo
en protestas combativas, la propuesta es la exigencia a
las direcciones de la COB, CSUTCB, COR, FEJUVE de El
Alto...:“definir como objetivo central de las luchas, la
nacionalización sin indemnización; en segundo lugar,
garantizar la huelga general con esa finalidad, y en
tercer lugar, como toda huelga general plantea el problema
del poder, darse también ese objetivo de lucha.” En este
sentido, plantea la necesidad de que “la COB, al fragor
del combate, convoque de inmediato un Encuentro Nacional
de las organizaciones en lucha, que vote llevar adelante
las medidas señaladas.”
Más adelante señala que: “Los trabajadores y la mayoría
del pueblo estamos por la nacionalización de los
hidrocarburos, estamos en contra de la oligarquía cruceña
cuya política es contrarrevolucionara, es decir contra
octubre (...) su referéndum autonómico es parte de esa
política. Estamos en contra de posibles golpes. Y sólo se
puede luchar consecuentemente por estos objetivos y
alcanzar la victoria si desarrollamos hasta el fin la
lucha iniciada, sin desviarnos del objetivo central.
Otra vez se discute quién debe gobernar. Debemos rechazar
no sólo salidas constitucionales, sino también gobiernos
cívicos militares que terminan entregando el poder a la
burguesía como sucedió en Ecuador con Lucio Gutiérrez.
Rechazamos esa salida planteada por el compañero Solares.
Estamos porque las bases de los militares y la policía se
sumen a los trabajadores al mando de la COB.
La lucha consecuente por la nacionalización nos conduce
necesariamente a la lucha por el poder de los
trabajadores. No se puede esperar que la burguesía
entreguista recupere nuestros recursos que dilapidaron a
favor de las transnacionales ni que tampoco lo hagan las
cúpulas militares o militares como Chavez que conviven con
las transnacionales en Venezuela.
Si esta lucha debe tener una salida, no puede ser otra que
el poder de los obreros y campesinos, que hoy tiene una
expresión concreta en el gobierno de la COB y las demás
organizaciones de los trabajadores en combate. Un gobierno
que nacionalice los hidrocarburos sin indemnización, anule
el 21060, deje de pagar la deuda externa, rompa con el
FMI, entregue la tierra a los campesinos, convoque a una
Constituyente que apruebe éstas y otras medidas.”
La campaña del PSTU
Ante la lucha de los trabajadores y campesinos bolivianos
y el rol jugado por la Petrobrás en ese país, el PSTU
(sección brasileña de la LIT-CI) ha lanzado una campaña
entre los trabajadores y sindicatos de Brasil, proponiendo
aprobar las siguientes mociones:
• Todo el apoyo a la lucha de los trabajadores y
campesinos bolivianos.
• Todo el apoyo a su reivindicación de la nacionalización
del gas (incluyendo la expropiación sin pago de Petrobrás
y las multinacionales que actúan en Bolivia).
• Contra cualquier intento de dividir Bolivia.
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