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(IAR-Noticias)
17-Jun-05
Materiales
Insurreccionalistas / La Haine
Decir
de entrada que tanto el fascismo como el antifascismo han
jugado históricamente un papel contrarrevolucionario y que
ambas han constituido y constituyen una forma de adhesión
al capitalismo puede resultar un tanto fuerte o cuando
menos extraño. Tratar de argumentar tales afirmaciones o
al menos promover un debate sobre un tema tan de moda como
el antifascismo es la intención de este artículo.
Revisando,
reentendiendo la historia
Hay quien opina que la historia es la carroña de las
sociedades y los historiadores sus forenses. Esa quizás
sea la historia con mayúsculas, la de las facultades y
bibliotecas, la historia que nosotr*s reivindicamos no es
(o no debiera ser) pretenciosamente objetiva, es (o
debiera ser) una herramienta crítica para entender el
presente y transformarlo. Durante diferentes etapas de la
historia las minorías acomodadas han utilizado en momentos
de crisis a movimientos folklóricos para mantener sus
privilegios, llegando a ceder a estos grupos de presión el
poder político. Este es el caso del fascismo en el período
de entreguerras. (1) Tras la I Guerra Mundial (14-18) el
capitalismo ya no juega un papel progresivo, no desarrolla
las fuerzas productivas más que provocando crisis y
guerras. En este contexto surgirá el fascismo pero también
el antifascismo y ambos con el mismo fin, aunque pueda
parecer lo contrario, salvaguardar los intereses del
capital imperialista y aplastar al proletariado
internacional. La Guerra Civil española ilustra el papel
contrarevolucionario del antifascismo a la perfección. El
19 de Julio en diversas ciudades de España l@s obrer@s
cortan el paso a la rebelión militar y comienzan una
dinámica de expropiación de claro matiz revolucionario.
Poco durará el apogeo de este proceso, la misma
constitución del Comité de Milicias Antifascistas
(organismo interclasista que traslada el protagonismo de
las masas a la dirección de las organizaciones) evidencia
el ataque de la burguesía antifascista contra el
proletariado. El cónclave de Burgos y el gobierno
republicano de Madrid son los ejes de una misma pinza que
se cierra contra la clase obrera. España no será el
escenario de una guerra revolucionaria, ni tan siquiera de
una guerra civil, sino el de una guerra imperialista. La
burguesía (tanto nacional como internacional) alineada a
ambos lados ventila sus cuentas a costa del proletariado.
Desde la República se centra el mensaje en una política de
guerra. La guerra como forma de reestructuración del
modelo capitalista en crisis y aplastamiento de la clase
obrera. La guerra en España servirá de laboratorio de
pruebas, un anticipo al mismo fenómeno de reestructuración
que se vivirá a nivel mundial (II Guerra Mundial). En
España se impondrá un modelo capitalista dictatorial (con
la complicidad de las democracias occidentales y la URSS),
mientras que tras la 11 Guerra Mundial en el resto del
mundo se impondrá un modelo capitalista democrático
falsamente enfrentado a un supuesto bloque «socialista»
antagónico. Tanto el modelo dictatorial como el
democrático tienen una misma finalidad: reajustar y
mantener el sistema de explotación. Evidentemente España
no entrará en el conflicto mundial puesto que el reajuste
(vía triunfo dictatorial) se ha producido con
anticipación. También es lógico, siguiendo esta
argumentación, que las democracias occidentales que decían
luchar contra el fascismo no cuestionen el sistema
político (fascista) español tras la II Guerra Mundial. En
la guerra de España la ideología que se impondrá, como
supuesta necesidad ineludible, será el antifascismo: el
frentismo y la colaboración de clases incluyendo en esto a
las cúpulas (no se les puede llamar de otra manera) de la
CNT-FAI y los oportunistas del POUM desmarcándose con ello
de una política realmente revolucionaria y plegándose al
pragmatismo de una política de guerra. La unidad
antifascista no es más que el colaboracionismo de clase.
El proletariado en lugar de enfrentarse contra sus
enemigos, (la burguesía fascista y antifascista), en una
verdadera guerra de clases se verá obligado a hacer de
carne de cañón de ambas burguesías con la complicidad de
algun*s de sus «dirigentes más avanzados». Los sucesos de
mayo en Barcelona se evidencian como el epílogo de un
deseo frustrado de comunismo (2) por parte del
proletariado. Es a partir de mayo que podemos decir que la
burguesía (de la mano de sus aliados estalinistas) ha
vencido a una revolución inconclusa (no se tocaron los
bancos, no se abolió el dinero, y principalmente no se
destruyó el Estado, lejos de eso algunos anarquistas
llegaron a convertirse en ministr*s). El cadáver de Camilo
Berneri será el estandarte de uno de los crímenes más
evidentes del antifascismo. Los obreros españoles fueron
machacados bajo la bandera del antifascismo y en
definitiva lucharon (sin ser su deseo) por el triunfo del
capitalismo. El proletariado internacional bajo la misma
bandera antifascista sólo esbozó los trazos de una
solidaridad mediatizada. Este sólo podía respaldar a l*s
obrer*s españoles mediante acciones de clase dirigidas
contra el aparato económico y político del capital. Por
eso la ayuda efectiva a la España revolucionaria
únicamente residía en el cambio radical a nivel mundial de
las relaciones de clase. (3) La Guerra Civil española
ejemplariza el nocivo papel del antifascismo. El fracaso
de la revolución habría que buscarlo en múltiples causas y
no solamente en el antifascismo pero ésta no es la misión
del presente articulo.
Fascismo hoy
Para determinar la función que cumple el fascismo hay que
determinar cuál es la realidad en la que se desenvuelve,
que evidentemente no es la misma que la de los años 30. La
necesidad constante del desarrollo de las fuerzas
productivas del capitalismo han llevado a éste a una
crisis permanente. La crisis del modelo de desarrollo
keynesiano desde principios de los años 70 conducen a una
paulatina superación de este modelo (del Estado de
Bienestar) y a la paulatina extensión de un nuevo (viejo)
modelo de liberalismo. En la actualidad ambos modelos
conviven y/o compiten en un marco internacionalizado de la
economía de mercado. Este estado de inestabilidad es
susceptible de generar graves disfuncionalidades. La
sustitución de un modelo en decadencia por uno en auge
crea una situación de desprotección y una fuerte
resistencia en grandes capas de la sociedad. A esto se
añade la supuesta inmigración masiva como causa de
disfuncionalidad añadida fruto de la internacionalización
de la economía y el incremento de la explotación en los
países de la periferia, así como de la marginación de
grandes áreas geográficas del mercado-mundo. En resumidas
cuentas este es el marco donde situar el fascismo hoy. Su
misión en él seria facilitar la transacción de un modelo a
otro, desarrollando políticas tendentes no a tomar el
poder (no por ahora ) sino a fortalecerlo y totalizarlo
por medio de leyes represivas, antiinmigración, etc. que
impidan o neutralicen las posibles disfuncionalidades (que
se traducirían en revueltas cíclicas o movimientos de
resistencia (4)) conservando y manteniendo formas de
gobierno formalmente democráticos pero apuntalando el
papel represivo del Estado capitalista. El fascismo pues
trataría de derechizar la sociedad a la par que
desestabilizar para justificar medidas de urgencia por
parte del Estado. Por otro lado se vuelve a plantear la
dicotomía democracia o fascismo (dos caras del mismo
capitalismo) que lleva a reforzar la alternativa
democrática frente a la posibilidad fascista saliendo
victorioso de este falso enfrentamiento el capital.
Antifascismo hoy
Entendiendo qué función juega el fascismo en el marco de
relaciones sociales y económicas podemos entender la
función que juega su anti. El antifascismo hoy adopta
(queriendo o sin querer) diversas facetas y funciones:
El antifascismo como actitud estética.
El antifascismo es poco menos que una moda. La falta de
análisis, debate y crítica es patente. No se globaliza el
problema sino que se trata de atajar sus efectos más
palpables (violencia callejera fascista) reproduciendo, en
muchos casos, esto mismo (violencia callejera
antifascista). Alrededor del antifascismo se crea y recrea
una estética pandillera y de escasos contenidos regida por
una violencia macarra y estéril. Proliferan grupos,
colectivos, plataformas, etc., que tratan de responder a
un fenómeno sin analizar sus causas o al menos sin atacar
a éstas. Actos a contra o de puro carácter anecdótico como
las manis del 20 N son moneda habitual. Más allá hay que
situar la patética imagen del mata-nazis como figura
folklórica del movimiento que en demasiados casos copia
actitudes y esquemas mentales de sus presuntas víctimas,
en una clara tendencia militarista que puede llegar a
prevalecer e involucrar a todo el movimiento.
El antifascismo como lucha de distracción.
El fijar nuestros esfuerzos en la lucha antifascista a
nivel parcial nos aleja ineludiblemente de la centralidad
de la lucha de clases: crear conciencia y autoorganización
de clase. El antifascismo distraería voluntades a una
problema concreto fruto de una situación global. Más
cuando se cae en dinámicas de represión-acción (difíciles
de evitar) que llevan al movimiento a centrar su trabajo
en responder a agresiones de grupos fascistas o del
aparato represivo del Estado cuando l@s antifascistas son
represaliad@s.
El antifascismo como colaboración de clase.
El lema «tod@s contra el fascismo» puede ejemplarizar una
tendencia a la colaboración de clases. La alianza, en
plataformas y demás, con fuerzas contrarevolucionarias de
la izquierda capitalista es patente en muchos casos. Un
lema tan general es asumible desde muchos ángulos, desde
la izquierda colaboracionista a la derecha liberal ( no
olvidemos que Antena 3 se ha convertido en paladín
antifascista) pasando por los grupúsculos oportunistas
(los restos del leninismo que combaten el fascismo aquí y
apoyan alianzas entre fascistas y «comunistas» en la
antigua URSS). La historia vuelve a repetirse con un
escenario totalmente distinto al desarrollarse políticas
frentistas que implican un reforzamiento del modelo
capitalista bajo formas democráticas parlamentaristas. Se
vuelve a colaborar con nuestros enemigos de clase
socavando nuestros propios intereses para defendernos
todos juntos de nuestros enemigos aparentemente más
directos y atroces: los fascistas. (5) El resultado es que
en lugar de hacer cotidianamente revolución nos hacemos
aliados de sus enemigos.
El antifascismo como forma de reforzar al Estado.
Desde grupos antifascistas se reclaman medidas estatales y
legales que represalien al fascismo (6): leyes contra los
grupos nazis, mayores medidas policiales, altas penas de
prisión, etc. La aplicación de tales medidas difícilmente
irían a nuestro favor más bien todo lo contrario. Con ello
se refuerza el papel del Estado a nivel represor y se
fortalece su poder. No deja de sorprender y alarmar que
desde nuestras filas se dan armas a nuestro enemigo más
señalado: el Estado. Así como se considere que sus leyes
puedan ser nuestra salvaguarda contra quienes son ni más
ni menos que sus cómplices: fascistas.
Palabras finales.
No se pretende hacer desde este artículo una crítica
sanguinaria y sin atenuantes a todos los grupos
antifascistas. No se puede pensar que este movimiento sea
homogéneo e igualmente criticable pero sí que es necesario
empezar a criticar, analizar y en definitiva a pensar la
realidad. Globalizar las situaciones para intervenir en la
realidad y transformarla es tarea de tod* revolucionari*.
De lo contrario podemos caer (aunque sea sin desearlo) en
el papel de ser cómplices o compañer*s de viaje del mismo
sistema que nos oprime. Tampoco desea este artículo decir
que no debemos enfrentarnos al fascismo, pero sí aclarar
que esta lucha forma parte (y no la fundamental) del
enfrentamiento cotidiano al capital-Estado y no una forma
de justificar la existencia de éstos.
SALUD Y ANARQUIA
El último de Filipinas. Alacant. Diciembre 1996.
(1) Son evidentes las similitudes del nazi-fascismo de los
años 30 con la toma del poder por Luis Bonaparte «el 18 de
Brumario». Así como la organización política del
nazi-fascismo con la «Sociedad del 10 de Septiembre» que
daba soporte a Bonaparte y la función política dada a ésta
dentro del marco de los intereses de la burguesía.
(2) Entendiendo comunismo no desde las estrategias
leninistas sino desde su forma integral. Lo que l@|s
anarquistas llamamos comunismo libertario.
(3) Sólo unos pocos (Durruti y su grupo «Nosotros» entre
otr@s) plantearon de forma teórica extender la revolución
a nivel internacional y crear un «efecto dominó».
(4) Revueltas como las de Caracas, el POLL TAX o Los
Angeles. En ellas se evidencia un trasfondo más profundo,
de malestar general, más allá de los hechos concretos que
sirvieron de detonante.
(5) Este tema se produce en el caso alemán (y no es el
único). Los grupos autónomos han llegado a buscar el apoyo
en el Partido Socialdemócrata fomentando una especie de
unidad antifascista e interclasista.
(6) Este tipo de medidas se reclamaban recientemente en la
portada del boletín «No pasarán» del colectivo «Al enemigo
ni agua» de Barna. O en el caso Guillén Agulló donde
diversos grupos reclaman altas penas de prisión y
cumplimiento íntegro de las condenas. Evidentemente había
quien discrepaba, como la Asamblea Antifascista de
Valencia.
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