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(IAR-Noticias)
20-Jun-05
Por
Javier Ponce - La Insignia
Algunos personajes ecuatorianos, amigos entrañables de los
capitalistas transnacionales, verán cumplido su sueño. Por
fin, con el Tratado de Libre Comercio TLC, contarán con lo
que ellos han dado en llamar "seguridad jurídica para las
inversiones", estableciendo "una estructura legal justa y
transparente".
Ni más faltaba. Con la liberalización propuesta en el TLC
no se incentivan las inversiones externas, es que los
inversionistas no tienen olfato para el negocio. Pues la
liberalización significa regulaciones laborales que alejen
cualquier "peligro" de que los trabajadores puedan poner
condiciones en sus lugares de trabajo. La liberalización
significa también que podrán exportar los beneficios sin
regulación alguna por parte de los gobiernos nacionales;
pues es evidente que esa estructura legal estará por sobre
los gobiernos; y en ella influirán de manera determinante
los países más poderosos, en primer lugar los Estados
Unidos. Y tras él, las multinacionales que ganarán nuevos
poderes, mientras se vaya desmontando la capacidad d
gobiernos de asumir tareas como la salud o la seguridad
social.
Para liberalizar las inversiones a nombre de la seguridad
jurídica, los capitales transnacionales y sus socios
locales cuentan con un marqueting antiguo y muy poderoso
que ha acabado por sembrar, en la opinión pública y tal
vez en la cabeza de buena parte de los ecuatorianos, la
idea de que inversión extranjera es sinónimo de progreso.
En efecto, una campaña sistemática en favor de las
inversiones extranjeras en nuestros países, ha acabado por
convertir en una verdad indiscutible que éstas son
garantía de desarrollo y progreso.
En el afán por captar estas "salvadoras" inversiones,
algunos de nuestros países no han dudado en suscribir
acuerdos bilaterales que ya incluyen disposiciones
relativas al mecanismo internacional de solución de las
controversias que puedan surgir con motivo de la
inversión. El incumplimiento de cualquiera de las
obligaciones asumidas, hace surgir la responsabilidad del
Estado receptor frente a arbitrajes externos, por los
supuestos daños ocasionados.
El reciente conflicto creado entre el Sistema de Rentas
Internas y las petroleras norteamericanas en torno al
cobro del Impuesto al valor Agregado IVA, es una
demostración de lo dicho. En efecto, según el tratado de
preferencias arancelarias concedido a cambio de la lucha
contra el narcotráfico, la ATPDEA, el Ecuador renunció a
afectar de cualquier manera los intereses de las empresas
estadounidenses, a riesgo de someterse a un arbitraje
internacional, asunto que, en realidad, nada tiene que ver
con la persecución al narcotráfico.
Iguales en el país, desiguales en el mundo
Veamos cómo se asegura el capital transnacional la
impunidad en nuestros países. Nos apoyaremos para el
efecto, en las explicaciones de una de las más destacadas
tratadistas latinoamericanas, Mariana Herz, en torno a los
condicionamientos expresados en los tratados bilaterales:
Las inversiones extranjeras gozan siempre del trato más
favorable, lo que significa que gozarán en nuestro país de
los beneficios que les conceden tratados o normas en otros
países. El incumplimiento del trato más favorable genera
la responsabilidad del Estado receptor, que podrá ser
sometido a un tribunal internacional.
Cualquier ventaja concedida a las inversiones nacionales
debe ser extendida a las extranjeras. Las inversiones
nacionales no pueden recibir ayuda alguna del Estado, pues
ello implicaría violar la igualdad de trato entre
nacionales y extranjeros. Solamente que este trato de
aparente igualdad, no toma en cuenta que los unos y los
otros no tienen la misma historia, pues existe un
desarrollo histórico inequitativo entre los capitales del
norte y del sur.
Las inversiones de las transnacionales se acogen a una
cláusula que se llama de "nación más favorecida". Esto
significa que un inversionista extranjero con domicilio en
uno de los países que intervienen en el tratado, debe
gozar en el resto de países, por lo menos de las mismas
ventajas concedidas en el país en el que está domiciliado,
lo que impide cualquier posibilidad de jurisdicción
nacional.
En virtud de estos tratados, se renuncia a los llamados
"requisitos de desempeño". ¿Qué significa un "requisito de
desempeño"? Significa que el inversor debe contemplar
determinadas conductas destinadas a proteger la economía
nacional, como utilizar, en lo posible, materia prima
nacional, exportar parte de la producción para incrementar
el ingreso de divisas, o dejar como resultado, una
transferencia de tecnología, etc. Esos condicionamientos
que favorecerían un desarrollo tecnológico del país, no
existen en estos tratados de libre comercio. De modo que,
en ese marco, veremos llegar los capitales, engrosar e
irse, sin dejar atrás ninguna estela de conocimientos ni
de experiencias para los socios o los trabajadores
locales. Es decir que, en este caso, no hay incorporación
de tecnología al país receptor.
Incluyen cláusulas obligando a la indemnización en caso de
expropiación u "otras medidas de efecto equivalente". Esta
última frase, ambigua, permite exigir la indemnización en
caso de medidas adoptadas por el Estado receptor que
"privan al inversor de los beneficios que podría
razonablemente esperar". Aunque esos "beneficios que
podría razonablemente esperar" puedan acarrear daños
graves e irreversibles sobre las poblaciones, los recursos
naturales o el medio ambiente.
Prevén la compensación por pérdidas que se produzcan por
una variedad de causas, entre ellas la pérdida de
ganancias futuras o esperadas.
Prevén las transferencias al exterior del capital, los
beneficios, las remuneraciones, las regalías, los
honorarios por consultorías, etc., de manera irrestricta.
Por tanto, reiteramos, en el país no queda ni la sombra
del paso de los capitales transnacionales. Se llevan por
igual los beneficios y los secretos tecnológicos.
En síntesis, las inversiones gozarían de un trato más
favorable, incluso, que las nacionales, al tiempo que,
paradójicamente, son extraterritoriales, esto es,
resuelven sus diferencias con los estados en tribunales
internacionales de arbitraje.
En palabras sencillas, tendrán las ventajas de los
nacionales y de los extranjeros simultáneamente. Para el
efecto, se acogen a una definición enormemente amplia de
lo que se considera tanto inversión como expropiación, dos
herramientas para volver turbio cualquier intento estatal
por establecer controles o límites.
América Latina, apetitosa para EEUU
Esta extraña y privilegiada situación de las inversiones
transnacionales que hemos descrito, ya tiene antecedentes.
En los decenios del 80 y el 90, se produjo un enorme
retroceso en las legislaciones nacionales de casi todos
los países del continente, en lo que se refiere al control
de las inversiones extranjeras, en función, supuestamente,
del interés nacional. Cabe preguntarse frente a este hecho
y al "entreguismo" con el que se afronta el TLC, si acaso
aquello obedece a que los países latinoamericanos no
tienen más que su pobreza para ofrecer a los capitales
extranjeros. Pero no es así. América Latina enriquece a
los Estados Unidos. Por sólo citar unos pocos datos,
Estados Unidos convirtió su déficit comercial con América
Latina, de cerca de 11 mil millones de dólares en 1990, en
un superávit de alrededor de nueve mil millones una década
después.
Las exportaciones estadounidenses a nuestros países, sin
contar a México, crecieron de 26 y medio millones de
dólares al comenzar los años noventa, a cerca de 70
millones al finalizar la década. A fines de los noventa,
los países latinoamericanos pasaron a recibir bienes
procedentes de Estados Unidos en el doble de volumen que
Japón y tanto como la Unión Europea. Y una quinta parte de
los capitales norteamericanos invertidos fuera, están en
Latinoamérica. Si esas son las cifras, es posible
preguntarse por qué, en las negociaciones de los tratados
de libre comercio, somos tan dóciles y tímidos.
¿Quién salva al Ecuador? ¿Las multinacionales o los
emigrantes?
Por último, está el espejismo de la inversión extranjera.
¿Realmente se trata de la tabla de salvación, como afirman
muchos analistas neoliberales, que se ahuyenta por la
inseguridad jurídica o la legislación laboral? ¿Cuánto
contribuye esa inversión "salvadora" al desarrollo del
Ecuador?
¿Dónde están esos capitales esperando la oportunidad de
llegar a nuestro país?
Informaciones divulgadas por organismos internacionales de
migración, señalan que, mientras las remesas de los
emigrantes que fluyen desde los países del Norte hacia los
países del Sur representan 176 mil millones de dólares, la
cooperación del norte hacia el sur alcanza la cifra de 57
millones de dólares, tres veces menos que las remesas.
Igualmente, de acuerdo con el Banco Interamericano de
Desarrollo, la suma recibida por América Latina por
remesas, ha superado, desde el año 2002, al monto total de
la inversión extranjera directa en la región. ¿Por qué
temer, entonces, a quienes manifiestan su desacuerdo con
el TLC?
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