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(IAR-Noticias)
20-Jun-05
Cuba
Por
José Saramago* - La Jiribilla
Como siempre o casi siempre, cuando no tengo un papel y tengo que
improvisar, normalmente el tema surge en unos minutos inmediatamente
anteriores al instante en que tengo que empezar a hablar.
Ahora se me ocurrió la idea cuando estaba subiendo las escaleras, como subía
las escaleras seguramente será un asunto muy elevado.
Italo Calvino tuvo la idea de lo que él llamó propuestas para el milenio, y
entre ellas planteó que la literatura debería ser ligera, no ha quedado muy
claro qué es lo que significaba la intención de Calvino. Tengo la sensación
y la sospecha de que si estuviera vivo no lo diría porque no me parece que
sea muy equilibrado para un tiempo como el que estamos viviendo, una
literatura ligera. Hay una contradicción tremenda en todo eso. Significaría
que la literatura no tendría nada que ver con la realidad y si se mira
alrededor, nos daríamos cuenta de que la ligereza está fuera de tiempo y de
lugar.
A
raíz de esa idea de Calvino, en España se organizó hace un par de años un
encuentro, éramos diez personas, para que presentásemos propuestas para el
milenio. Personalmente creo que es una idea que no tiene mucho sentido.
Porque presentar propuestas para el milenio que viene es completamente
absurdo.
Lo
que es interesante por la envergadura, la estatura intelectual de las
personas que participaron en ese encuentro es que se lo tomaron en serio.
Entonces, había noventa propuestas para el milenio, donde había de todo,
sobre todo delirio, puro delirio. Al punto de que ahora mismo no me puedo
acordar. A lo mejor porque yo había sido mucho más modesto y me vi limitado
a presentar mejores propuestas para el día siguiente. Al otro día todo era
literatura fantástica, imaginándonos situaciones para la humanidad, fuera de
lugar. No estoy diciendo que la humanidad no la venga a necesitar un día o
ahora mismo. Pero obviamente la inviabilidad era total.
Mis
propuestas eran sencillas, muy claras. Eran nueve propuestas que cualquier
persona podría formular. Pero lo que me quedó sobre todo es la décima
propuesta, que será el tema de mi conversación ligado al trabajo literario.
Hasta qué punto esta última propuesta se encadena con lo que estoy haciendo.
Y era sencillamente el regreso a la filosofía.
Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a
convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente
todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el
análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo
humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan,
se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el
hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.
Se
puede decir, y yo estaría de acuerdo en principio, que una cosa es la
filosofía y otra la literatura. La literatura no tiene que ser filosófica al
igual que la filosofía no tiene por qué ser literaria, aunque es cierto que
algunos filósofos han hecho de sus tesis filosóficas magníficas obras
literarias en el sentido de que la calidad del lenguaje es realmente
notable.
Por
otra parte, la tentación del ficcionista, o de cierto tipo de ficcionista es
incapaz de dar un paso en la literatura que están construyendo sin pensar no
solo en lo que eso significa, sino también en el hecho mismo de lo que están
escribiendo. Eso es lo que me ha ayudado a regresar a la filosofía en un
momento anterior a mi Nobel, y anterior quizás a la publicación de dos
libros que yo considero importantes.
A
partir de El evangelio según Jesucristo, que será representado en
Cuba y no significa teatralmente representado, sino que se vuelve a
presentar, yo diría que aunque es cierto que en toda la obra anterior -estoy
hablando de la obra de ficción- aunque es una tendencia en mí, más que eso
una necesidad absoluta, como he dicho antes sobre lo que estoy haciendo, y
también, sobre lo que puede significar para el lector lo que estoy
escribiendo. Esto se observa no tanto en obras como Levantado del suelo,
que es como una saga, la vida de unos campesinos pobres en el sur de
Portugal, tres generaciones de gente pobre… ha sido una novela importante
porque con ella de alguna forma he encontrado en su narrador mi propia voz,
algo que necesitaba para pensar y escribir.
Por
todo eso, la verdad histórica no pasa por una interpretación o pasa por la
mirada del tiempo en que esa interpretación se hace, por lo tanto, es más
probable que por motivos distintos, políticos, ideológicos, la generación
siguiente -si observa el mismo hecho- llegue a conclusiones distintas. No
sabremos nunca detalladamente qué es lo que sucedió, sobre todo porque la
historia que se cuenta es incompleta.
En
primer lugar, la historia se escribe desde el punto de vista de los
vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Se escribe,
fatalmente, desde un punto de vista masculino. La humanidad contada por una
mujer o un equipo de mujeres sería totalmente distinta porque el punto de
vista es otro, incluso la historia de la humanidad, que de vez en cuando se
hace y es una empresa completamente desproporcionada porque nadie puede
escribirla, pero se intenta, se compra y se vende.
Nace
una cantidad de personas que no van a ser importantes; pero que están en la
vida, trabajan, sufren, son felices, van a la guerra, se mueren, se salvan.
Sobre todo lo que ocurre en la vida humana, y esto multiplicado por millones
de veces, tenemos que llegar a una conclusión: o toda esa gente nació para
nada y no va a tener ninguna influencia en la historia, lo que es muy
difícil porque para algo ha vivido o se necesita saber para qué. Napoleón no
hubiera ganado lo que ganó sin aquellos que lo siguieron para ganar la
batalla, aunque se diga que es un estratega extraordinario, pero aún así se
necesita gente dispuesta a morir, y eso lo tuvo junto a los demás Napoleones
que han infestado nuestra vida. No se trata sencillamente de que han nacido
para ir a la guerra y morir en nombre de Francia.
Y
ahora con esta idea de que una mariposa aletea en Tokyo y ocasiona un
terremoto en California solo por el hecho de ese aleteo, imaginen los
millones de seres humanos que han muerto, y si hay una lógica en el mundo,
esa muerte tendría que tener un efecto muchísimo mayor que el simple aleteo
de la mariposa.
No
se cuenta esa historia. Curiosamente un gran historiador francés de la
nouvelle histoire, Georges Duby, empieza un libro suyo con una pequeña
frase: “Imaginemos que”. Cuando uno se enfrenta a un historiador que en
lugar de enunciar una verdad definitiva entre en el territorio de la
imaginación, de la creación literaria y artística y te dice “imaginemos
que”, es una mirada completamente nueva sobre los llamados hechos
históricos, porque se plantea la posibilidad de trabajar con la imaginación
sobre el supuesto hecho real.
¿Que
por aquí no nos entenderíamos nunca más? Quizás sea cierto, como nosotros
más o menos necesitamos, llamemos así, de verdades que se mantengan bien
quietecitas, porque si no uno se desorienta. Vivir sería una experiencia
realmente extraordinaria en la ahistoridad total del sentido de las cosas
que ocurren. A lo mejor sería eso en lo que Italo Calvino pensaba al decir
que la literatura debería ser ligera en el sentido de que flotara, aceptando
que nada se puede definir.
En
la historia de El cerco de Lisboa se plantea qué es la verdad
histórica.
Luego viene El evangelio según Jesucristo que es una interpretación
bastante, no quiero decir épica, blasfema, o quizás sí según el punto de
vista.
Lo
que me ha interesado más es el niño Jesús y no ese que llamamos El Niño
Jesús que está en la cuna, sino el que salió de esa cuna y empezó a vivir.
¿Qué pasará con ese niño, víctima de la ambición de un Dios que quiere todo
el poder y necesita de una víctima que no tiene la culpa?
El
título del libro nació en circunstancias totalmente extrañas. Un amigo mío,
una persona de buena voluntad, que tiene siempre una explicación para todo
me dice que ha sido inspirado por Dios, cuando es una explicación
sobrenatural, o, como es el caso, absurda.
Estábamos ambos, Pilar y yo, en Sevilla, era la hora del almuerzo, y
cruzando la calle en dirección a un kiosco de revistas y periódicos, mirando
al frente leí en portugués “el evangelio según Jesucristo”. Seguí adelante,
de repente paré, y me dije que no era cierto lo que había visto, regresé y
no estaba ya el titular.
El
libro es profundamente irónico, de alguna manera no deja títere con cabeza,
y tiene muchas cosas que a la iglesia le ha costado tragar. Una de ellas es
que efectivamente Jesús tuvo hermanos, seis o siete.
Bueno, una virgen que tiene siete hijos, admitiendo que el mayor, Jesús,
nació de la luz y por lo tanto no ha tenido que pasar por el vientre de su
madre. No sé si aquí la conocen, en Portugal existe una virgen que se llama
La Virgen del O porque está embarazada, ella ha sido poco a poco empujada al
margen de las creencias y ya nadie piensa en que la virgen se embarazó.
Efectivamente la virgen María, la mujer de José, quien tampoco es un señor
de mucha edad, va contra todo lo que tiene que ver con la tradición de los
judíos que se casaban muy jóvenes porque era necesario tener hijos. Es muy
dudoso, si efectivamente Jesús ha tenido seis o siete hermanos que el pobre
San José aún tuviera capacidad para proliferar tanto. Si era así era un
hombre joven, casado con una mujer joven que se llamaba María.
Y
más. Jesús era un hombre y se enamoró y tiene una adoración con María
Magdalena. Existe un evangelio apócrifo donde se cuenta un momento en que
están reunidos Jesús, los discípulos y las mujeres que lo acompañaban, y
Jesús besa a María Magdalena en la boca. Uno de los discípulos le pregunta a
Jesús, por qué quieres tú más a María Magdalena que a nosotros, y Jesús que
podría ser casi gallego, le contesta con otra pregunta, y por qué crees tú
que yo quiero más a María Magdalena que a vosotros. La cosa se queda así, no
hay respuesta. Claro que Jesús era un hombre seguido por un grupo de mujeres
y hombres, y le calentaban el cuerpo en las mañanas frías de Judea, y esto
es lo natural y lo humano.
Los
que leyeron la novela pienso que al menos en una cosa estarán de acuerdo,
que el autor, que es un ateo, porque lo soy, no tengan ninguna duda, ha
tratado la figura de Jesús con respeto total. Con respeto total por el hecho
mismo de que para mí Jesús es un hombre. El Dios yo lo desprecio, en El
evangelio lo maltrato. No así con este chico, que por otra parte ha
tenido que vivir con el Diablo, que tiene un rebaño enorme de ovejas. El
Diablo vive en un universo paralelo a este, pero con la diferencia de que en
su rebaño las ovejas no mueren, están allí para siempre. Jesús es educado de
alguna forma por el Diablo.
Con
El evangelio se cierra una puerta y se abre otra. Con Ensayo sobre
la ceguera publicado también aquí, apuntaba al corazón del ser humano,
después de estar mirando -no diré a la humanidad, pues es una tontería
decirlo así- a lo que yo pensaba que debería ser asunto de mi trabajo, con
una gran angular donde cabía la historia bíblica, la historia de Portugal.
Yo
he escrito un ensayo que se llama La estatua y la piedra hace algunos
años en que más o menos decía que como novelista estaba describiendo una
estatua. A lo mejor no lo pensamos mucho, pero una estatua es la superficie
de la piedra después que el escultor ha trabajado sobre ella.
Pero
la piedra sigue siendo piedra más allá de la superficie, y en el fondo más
allá de la superficie no sabe que es estatua. Entonces a partir de
Ensayo…, pasando por Todos los nombres, La caverna, El hombre
duplicado, Ensayo sobre la lucidez, y la última novela que se
publicará este año Las intermitencias de la muerte, es mi obsesión
llevar lo más lejos y profundo que yo pueda el significado de ser humano.
Puede ser fácil, todos aquí somos seres humanos, no sé si hay algún ser
divino, pero eso es cosa suya.
Conrad Lorenz dice haber descubierto el eslabón entre el
mono y el ser humano y ese eslabón somos nosotros. Por tanto, no monos, pero
todavía no humanos, a lo mejor tiene razón.
Entonces, este planteamiento ni siquiera tiene que ver con las preguntas
clásicas qué somos, de dónde venimos, adónde vamos, que no tienen respuestas
o algunas de ellas tienen las respuestas que la ciencia puede
proporcionarnos.
Para
mí la pregunta importante y esa es probablemente la que costará más trabajo
encontrar respuesta es: qué estamos haciendo aquí. Cada uno contestará yo
estoy haciendo mi trabajo, tengo una vocación para hacer esto o aquello,
pero eso no contesta nada. Ah, bueno, estamos aquí para construir una
sociedad justa, magnífico que lo haga, pero sea cual sea la respuesta que
podamos dar -y podemos dar muchas y todas magníficas- la pregunta queda
intacta: qué es lo que estamos haciendo aquí.
A
partir de Ensayo sobre la ceguera y con alguna excepción motivada
por la naturaleza de la historia que estaba contando, yo gano una especie de
conciencia incómoda de que todo es muy pequeño. Y no es muy pequeño en
relación con las vidas astronómicas que no podemos ni siquiera imaginar.
A mí
me causa una especie de vértigo la pregunta qué estamos haciendo aquí y la
respuesta solo puede ser una, en el fondo fondo no estamos haciendo nada. O
mejor estamos haciendo todo lo que podemos para justificar nuestra propia
existencia. Pero cuando esto se acabe, o porque la galaxia se hunda en el
agujero negro que ya está, o que el sol se apague, habremos pasado por el
tiempo inútilmente, todo desaparecerá y habremos sido en la vida del
universo un suspiro, nada más que un suspiro.
Esta
conciencia que puede llevarnos a la angustia total, a pensar en lo que
ocurrirá, ya sabemos que no será mañana. A lo mejor ni siquiera
necesitaremos que el sol se apague, puede ocurrir que mucho antes de eso
hayamos destruido el planeta y es otra hipótesis, por el camino que vamos
seguramente puede ocurrir.
Esto
parece que es una cosa sin relación, pero sí. Las personas pierden su
nombre, un ejemplo en Ensayo sobre la ceguera, en Todos los
nombres hay una sola persona que tiene nombre y se llama José, no porque
sea mi alter ego, yo buscaba un nombre insignificante y la verdad es
que el más insignificante que encontré fue el mío, luego viene La caverna
donde hay una familia con todos sus nombres, después en El hombre
duplicado también hay nombres, pero en Ensayo sobre la lucidez no
hay ninguno. En Las intermitencias de la muerte, que parece un nombre
extrañísimo porque la muerte es definitiva y aquí es intermitente, viene y
va, no significa que se resucite, se divertirán mucho, cuando hablo de Juan
Sebastián Bach, por ejemplo, lo hago con minúsculas.
Cuando pronuncio su nombre, ¿pueden ustedes ver alguna mayúscula? Sí, porque
piensan que debe estar una mayúscula, pero lo que digo es un sonido y no
tiene por qué llevar mayúscula, existe la convención, pero no quiero
seguirla.
Hoy
por la mañana estaba en el Taller de Creación Literaria, no es que yo
pusiera en duda la necesidad del taller, pero recordaba que Shakespeare, ni
Dostoievski, ni Dante, ni Cervantes ni Lezama Lima, Kafka estuvieron en
alguno. No quiere decir que uno no tenga que aprender, pero lo que decía es
que hay que tener cuidado con la teoría, la literatura se hace escribiendo.
Una
chica me decía que después de terminar de escribir ella confrontaba lo hecho
con la teoría, y no creo que deba ser así. Es lo mismo que el alfarero que
al terminar se pone a analizar la composición química del búcaro. No le doy
ninguna lección a nadie, sino que simplemente me limito a decir lo que
pienso.
A
partir de Ensayo sobre la ceguera hasta Las intermitencias de la
muerte mi preocupación es: qué es esto, de ser hombre, mujer, de siendo
hombre o mujer, ser niño o ser viejo, ser esto o ser aquello, ser blanco o
negro, qué significa. Deberíamos saber que la palabra humanidad es
totalmente abstracta, no dice nada. Porque lo que llamamos humanidad en
estos momentos son más de siete mil millones de personas y cada una de ellas
es única. Cuando Paul Ricard decía, ha muerto hace algunos días, que el otro
es como yo y tiene el derecho de decir yo, planteaba algo muy serio, y es
que todos tenemos derecho a decir yo con la misma fuerza y ganas con que
otros se habituaron y se acostumbraron a decir yo de generaciones y
generaciones mientras que los demás eran sencillamente los otros. Esto hay
que equilibrarlo. Todos tenemos derecho a decir yo.
Con
esto quiero decir que cuando terminé mi enunciado de diez propuestas -no
para el milenio sino para el día siguiente, y terminé diciendo regreso a la
filosofía, en el fondo era regreso al pensar. Con algo que no se puede
separar de la naturaleza del hombre desde el momento en que bajó del árbol,
dejó de andar en cuatro patas y se puso de pie, cuando intentó el primer
instrumento, un palo con el que podía llegar a un fruto que el brazo no
podía alcanzar… Toda esa historia hasta el día en que estamos es obra del
pensar.
El
pensar creo que es, quitando el otro placer, de acuerdo, sobre todo porque
son incompatibles, el otro no permite que tú pienses, no te da espacio para
eso, aunque sabes que a veces si piensas no vas a lo otro. Quiero decir que
hoy como escritor, yo, con Premio Nobel o sin Premio Nobel, con 82 años,
considero que el privilegio del ser humano fue el de ser capaz de pensar,
reflexionar, aplicar sus pequeños instrumentos de un pequeño cerebro que a
pesar de todo contiene una memoria, conocimientos y todo eso archivado
dentro del cerebro, y todo eso hacerlo funcionar en una obra, que puede ser
literaria. O como personas sencillas que quieren conocer el mundo en que se
encuentran y piensan, y discuten y analizan, y preguntan. Eso creo que es la
única razón por la que efectivamente vale la pena estar vivos. Y si a la par
de eso se pueden resolver los problemas que son miles, que impiden a
millones y millones de personas no solo pensar, sino sencillamente vivir,
entonces la tarea que tenemos por delante como seres humanos es inmensa,
infinita y enorme.
Pero
siempre tiene que empezar por donde tiene que terminar para volver a empezar
y para volver a terminar, siempre y siempre. Pensar, pensar y pensar.
* Versión de la intervención del escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, el viernes 17 de junio de 2005 en la
sala Che Guevara de la Casa de las Américas
Sesión de preguntas
¿Cómo abre Saramago la cuarta puerta de la que habla en el prólogo del
Quijote?
Antes debo explicar qué es el prólogo de El Quijote. Venezuela ha
hecho una versión abreviada para la juventud de El Quijote. Un libro
mucho más pequeño que está organizado para la lectura de jóvenes.
En
Caracas el Ministro de Cultura cuando estuvimos me invitó a escribir un
prólogo para esa edición. Tengo que decir que ha sido una invitación
arriesgada por parte de quien piensa que puedo hacerla, pero mucho más
arriesgada por el que decide hacerla. Sobre El Quijote se ha dicho
todo, la bibliografía pasiva es infinita, y cómo vas a decir algo
interesante y no repetir lo que se ha dicho.
Yo
no he dudado, sin tener muy claro qué podría hacer y por un espacio de
tiempo, se me ocurrió algo que no es inédito, pero en mi prólogo tiene otras
connotaciones, sobre todo otras consecuencias.
¿Don
Quijote está loco, realmente loco? Lo normal es decir sí. Y si partimos del
principio de que El Quijote no está loco, quien está loco, suponiendo que
hay una locura ahí, es Alonso Quijano. Él es el Hidalgo que anda por ahí,
leyendo mucho y, según Cervantes, acaba por volverse loco de tanto leer,
imaginar y poco dormir. Por lo tanto, no es Don Quijote el loco, sino Alonso
Quijano o Don Quijote es el loco de Alonso Quijano. Curiosamente al final
del libro no es Don Quijote quien muere, sino Quijano.
Hay
un nacimiento, principio y fin de Don Quijote que no coincide con el
principio y fin biológicos de Alonso Quijano. Don Quijote es algo que está
dentro de la vida de Quijano, pero tiene de cierta forma su propia autonomía
total.
Puede que Alonso Quijano no se haya vuelto loco, por una razón lógica, no
hay en los archivos psiquiátricos ningún caso que se haya vuelto loco por el
hecho de leer mucho o imaginar. Imaginar es todo lo contrario, es la
libertad de pensar.
Yo
acabé por unirlo, colarlo a un recuerdo de un verso de Rimbaud cuando él
dice, La vraie vie est ailleurs, en traducción libre, La vida
auténtica está en otro lugar.
Esto
es lo que ha dicho Rimbaud. Pero yo he concluido que si objetivamente Alonso
Quijano no se volvió loco, su locura es efectivamente una estrategia de
Cervantes para hacer pasar un personaje que de otra forma la sociedad y su
tiempo no aceptarían, porque una persona en su completo juicio no haría las
tonterías que hace ese hombre. Pero no son obras de loco, sino de alguien
que está pensando que objetivamente la vida auténtica está en otro lugar. Es
inevitable la conclusión siguiente: que el auténtico yo está en otro sitio y
hay que ir a buscarlo.
La
pregunta era cómo se abrió esa cuarta puerta. Existe una puerta final que es
la puerta para la libertad, porque el saber, la curiosidad son puertas que
sucesivamente uno va abriendo. Pero al final, existe esa puerta que Alonso
Quijano o Don Quijote abre. No es que haya llegado a la vida auténtica,
probablemente no hay otro remedio que seguir andando en dirección a ella y
no llegar nunca, o probablemente no llegar nunca a lo que se entendía por el
auténtico yo. Pero Quijano o Don Quijote es un hombre y va en esa dirección
y esa es la libertad: cuando te buscas a ti mismo y te encuentras con todo
lo que eres, con tus virtudes y defectos, con las cosas malas y buenas que
has hecho, cuando intentas conocerte aun cuando no te conozcas, aun cuando
mantengas las puertas cerradas en ti.
Una
cosa es abrir la puerta de la libertad para el mundo, otra cosa es abrirla
para ti mismo, esa es más complicada. Cuando te pones a leer El Quijote
y quedas solo por las tonterías que hace, haciendo cosas que no tienen
ningún sentido, y más, el propio Cervantes está consciente de eso, tanto que
el episodio de Sierra Morena cuando Don Quijote manda a Sancho Panza a
llevar un mensaje a Dulcinea del Toboso, y hace tonterías porque quiere
imitar a Amadís de Gaula, en lo que dice Don Quijote a Sancho hay un
segmento que me confirma, ya no por interpretación mía sino por la pluma de
Cervantes, que Alonso Quijano no estaba loco. Dice más o menos así: Tú vas y
le dices a Dulcinea lo que yo te he entregado pero si no lo haces entonces
yo loco de veras, haré esto y aquello. Son tres palabras que,
deliberadamente o porque le salieron sin darse cuenta, dejó allí y dicen que
realmente Alonso Quijano no se volvió loco, probablemente lo que pasaba era
que estaba aburrido de su vida, harto de la monotonía y la rutina. Entonces
decidió que iba a cambiar.
¿No
se cuenta sobre los que dicen: “voy a bajar a comprar cigarrillos”, y no
vuelven? Pues de alguna forma, y voy a usar esta metáfora, Alonso Quijano
bajó a buscar cerillas con la idea de la libertad, la libertad del espíritu.
Alguien me preguntó el otro día si yo pensaba que se podía ser libre en una
cárcel, y yo he dicho sí, y he dado el ejemplo de Nelson Mandela. En la
cárcel, años y años y su espíritu estaba libre.
Considero que la obra literaria, el trabajo literario, el pensar, la
filosofía, el ensayo, eso en que uno se para a reflexionar sobre lo que sea,
es la postura del hombre que entrega su vida al acto de pensar. Vemos el
ejemplo de los ensayos de Montaigne. Yo estoy aquí para pensar. Pensar,
incluso, a veces, en cosas completamente insignificantes. Hay muchas cosas
en los ensayos de Montaigne que son totalmente insignificantes, incluso hay
momentos en que habla del estreñimiento del vientre, pero, bueno, es un
tema… Pero mucho más que eso, hay un ensayo de otro filósofo que se llama
más o menos “De cómo filosofar es aprender a morir”, de una grandeza total,
iluminadora, entiendo una cantidad de cosas que más o menos sospechaba pero
ahí se encuentran claras.
A
usted le gusta hablar mucho de filosofía, se dice que José es un pesimista,
pero yo amo en las obras de José, el amor… Para mí, Memorial del
convento, Ensayo sobre la ceguera, El Evangelio según Jesucristo son
obras que releo y son bellas historias de amor… José nunca habla de eso,
salvo en entrevistas con periodistas, pero es extraordinaria la fuerza de
las historias de amor en las obras de Saramago, y la fuerza de las mujeres…
Es
cierto… Pero también es cierto que yo no me propongo nunca escribir una
historia de amor. Si me lo propusiera a lo mejor caería en los tópicos de
siempre y la novela sería un fracaso. Lo que pasa es que las historias que
cuento, normalmente, creo que en todos los casos ocurre algo que empieza a
adivinarse como una historia de amor y puede llevar, digamos, hablando de
María Magdalena, a expresiones literarias quizá un poco conceptualistas,
pero también, al final de la novela, cuando ellos se separan, Jesús le dice,
“No puedes venir conmigo”, ella responde: “Miraré tu sombra si no quieres
que te mire a ti. Y él contesta: “quiero estar donde mi sombra esté, si allí
es donde están tus ojos”. Es un juego de palabras un poco cultista, un poco
conceptista, es más bien del siglo XVII o XVIII, pero que efectivamente
expresa hasta dónde puede llegar la unión de dos seres. Ella acepta no
mirarlo, pero él no puede prohibir que ella mire su sombra, pero él le
contesta diciendo: yo quiero estar donde mi sombra esté si ahí están tus
ojos… Son cosas muy bonitas, sí, son muy bonitas, porque aunque yo sea el
autor y no suceda así (RISAS) realmente son (APLAUSOS)… Y es cierto que pasa
en el amor de Blimunda y Baltasar en el Memorial del Convento.
Yo
contaba hoy en el Taller Literario algo que me sigue sorprendiendo (todos
estamos de acuerdo en que es una historia de amor muy hermosa, por el hecho
mismo de la caracterización de los personajes y todo lo que ocurre): yo
estaba finalizando la novela, cuando me di cuenta, con sorpresa, que había
escrito casi 400 páginas de una historia de amor sin una sola palabra de
amor. Ellos nunca dicen “te quiero” ,“te amo” , “tú eres la luz de mis ojos”
o cosas como esas, pero no es que me lo propusiera, creo que ha sido la
fuerza profundísima de esa relación humana que ha hecho inútil cualquier
otra cosa que no fuera la propia vivencia de ese amor. Se puede expresar en
palabras corrientes, pero el lector sabe que está ahí. Hay una frase que de
todos modos intenta expresar eso, cuando en un momento se dice, “Mirarse era
la casa de ambos”…
(Le
señalan un libro en la mesa) ¿Dime cariño, lo tienes ahí? Pero mira, Pilar,
esta es una cita que debe leer alguien que no hable como yo hablo… Siéntate
aquí… Yo de espectador, de oyente.
PILAR: Bueno, este es un libro que han dejado antes para que se firmara, y
como se estaba hablando de historias de amor, he recordado el final de
Memorial del Convento, y voy a leer unas páginas, porque me parece que
está expresado el amor, y así oímos también la música, la melodía de lo que
escribe Saramago… Es Memorial del Convento, creo que no está
publicado en Cuba, que lo van a publicar pronto y es la historia de una
mujer que tenía la posibilidad de ver el interior de las personas, sabía si
los seres humanos tenían voluntad o no. Pero solamente si los miraba cuando
ella estaba en ayunas. Conoció a un hombre que estaba manco por haber
combatido en una guerra contra España, y juntos ayudan al personaje real de
la historia de Portugal a hacer una máquina voladora. El cura, personaje
real, muere en Toledo, loco, ocultándose de la Inquisición. En la novela,
Baltasar va un día a ver la máquina y de pronto desaparece, y Blimunda se
dedica a buscar a su marido por todo Portugal:
(LEE
FRAGMENTO)
Por
favor, imaginar esto leído por mí… (RISAS)… Este personaje de Blimunda, que
veía más allá de la piel y podía ver incluso lo que estaba bajo la
superficie del suelo cuando estaba en ayunas, tiene una relación histórica
con un personaje en Portugal, una mujer que se casa con un comerciante
francés en el sur del país. Yo no sé si veía o no, pero el rey, Don Juan V,
le concedió el título de Doña por eso, y curiosamente hace pocos días, un
lector del norte de Portugal me envió el registro del matrimonio de esa
mujer con ese comerciante francés en el principio del siglo XVIII… Y ahí
está la teoría de la recepción sobre la que hablábamos, es decir, yo sabía
por información histórica que esa mujer había existido, pero ese lector me
envió la fotocopia del registro de la Iglesia donde está registrado el
matrimonio con ese hombre. Entonces yo, sabiendo de esta historia, inventé
esta otra, en la que el personaje que tiene esa característica cuando está
en ayunas, es una mujer que no sabemos si es muy hermosa, y es la historia
de la construcción del gran convento de Mafra, 40 km al norte de Lisboa, una
especie de Escorial, un poco más pequeño. Los personajes que son verdaderos,
sobre todo Blimunda, Baltasar y Bartolomeo, todos tienen la letra B:
Bartolomeo de Guzmán, que es un personaje histórico, pues tenía que ser B, y
cuando me dispuse a buscar un nombre para ella, que no era fácil, pues no
podía llamarse Joaquina ni Mercedes, con mucho respeto para las Joaquinas y
las Mercedes y las Dolores y las Flores, tampoco Lola… Entonces busqué un
nombre, y en un vocabulario onomástico, bajando y bajando y bajando encontré
Blimunda y me dije, “Aquí está”, y como ya tenía dos B, pues entonces el
hombre se llamó Baltasar. Es una novela que llevo en el corazón; hizo a la
gente de fuera mirar hacia allí donde había un escritor que había escrito
una novela que no estaba mal.
En una ocasión confesó haber escrito La caverna no con sus ideas
políticas, sino con lo que era y con lo que creía. ¿Qué le impulsa escribir
de una manera tan abierta y atrevida sobre el interior del ser humano?
Yo
he querido dejar bastante claro en lo que he dicho, al preguntar qué es lo
que estamos haciendo aquí, en el espacio, en este planeta, en una galaxia
que no es la más importante del Universo… Qué casualidad es esta que nos ha
puesto aquí… Aunque yo tengo una teoría, interesantísima, tengo que decirlo:
Como no tiene ningún sentido que Dios se haya tomado el trabajo de crear el
Universo, que no es pequeña cosa, para poner su creación más sublime, que es
el ser humano, en este planetita sin importancia, la conclusión es lógica:
Dios creó al ser humano para que poblara el Universo. Es la única conclusión
sensata y equilibrada; si no es así, es completamente inútil un Universo tan
enorme para un ser tan pequeño como nosotros. Entonces, Dios nos colocó en
todo el Universo, pero como nos hemos comportado mal, al igual que nos
estamos comportando ahora, Dios dijo: si no tengo cuidado, (RISAS) van a
cagar mi Universo que tanto trabajo me ha costado. Entonces, nos reunió a
todos y nos colocó en la cárcel, en La Tierra como cárcel donde la especie
humana se debía comportar mal en el Universo… Dios estará seguramente loco
mirando, pues como andamos por ahí haciendo esos intentos de navegación
espacial, debe estar muy atento, porque si volvemos a las andadas… (RISAS)…
Dios ya llegó a la conclusión: la Tierra está ya perdida, yo no puedo hacer
por ella. Pues entonces, debemos estar aquí, pero si empezamos con la idea
de ir a la Luna y luego a Marte y luego a otra galaxia, Dios se encargará
otra vez de decir: No, no lo permito… Ahí, ahí, en la cárcel, en la Tierra.
Es una teoría. Bien, qué es lo que eleva a ese hombre: buscar esa respuesta,
qué es lo que somos, claro que sí, pensemos que somos hijos de Dios, eso es
una explicación que da para todo, nos prometen el Paraíso si nos comportamos
bien, o vamos al Infierno, cosa en que la Iglesia no cree, el Paraíso o el
Infierno, porque no sabe dónde están… El Papa Juan Pablo II ha dicho: Es que
el Cielo es estar bien con Dios, y el Infierno estar separado de Dios… Si la
Teología llega a esa conclusión, no valía la pena tanta Inquisición, ni
tanto convento, ni tanta tortura ni todo lo que ha pasado antes… Si es así,
bueno, cada uno tiene sus ideas y su relación con esa supuesta divinidad,
que, por otra parte, no sé por qué tenía que ser aquella… Cuando los
navegantes llegaban a América, traían dos representantes en los barcos: el
soldado y el fraile. El fraile llegaba y lo primero que decía era: vuestros
dioses son falsos, yo traigo conmigo al verdadero Dios. Ahí se jodió la
marrana (RISAS) Porque efectivamente, con esa blandura, todo lo que ha
pasado ha sido genocidios, torturas, extorsiones, pueblos aniquilados, eso
ha sido lo que ha traído el fraile… Y cuando el fraile no convencía, entraba
el soldado, con la espada, con la lanza. Es así, y todo en nombre de Dios.
Yo tengo una obra de teatro, In nomine Dei, sobre el conflicto en el
norte de Alemania, particularmente en la ciudad de Münster, entre los
católicos y los protestantes anabaptistas, ha sido una cosa horrorosa. Ambos
creyendo en el mismo Dios, y se degollaron, se torturaron… De esa obra ya se
hizo una ópera que se estrenó en Münster hace años, que después fue a Italia
y a Portugal… Y lo que yo digo es una cosa muy sencilla, que no entiendo
cómo la gente no se da cuenta: matar en nombre de Dios es hacer de Dios un
asesino. Si Dios es el creador de la vida no puede ser un asesino. No
deberíamos permitírnoslo, ni permitirlo, pero ocurre todos los días.
Entonces, esta especie inteligente, sensible, capaz de amar como Blimunda y
Baltasar y en la realidad como personas de ficción pero personas reales,
capaces de ser Nelson Mandela u otras personas extraordinarias que sabemos
que existen, es a la vez la bestia, el monstruo que anda por ahí… ¿La
literatura puede resolver esto? No. Puede tal vez hacerlo más claro,
tornarlo más evidente, y cada uno que saque sus conclusiones. Nada más.
Muchas gracias.
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