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(IAR-Noticias)
24-Jun-05
Por Hernán
Uribe - ALAI
Aunque el gobierno del presidente Ricardo Lagos se opuso
en Naciones Unidas a la invasión estadounidense de Iraq,
la acción de mercenarios chilenos armados junto a las
tropas ocupantes podría provocar represalias en forma de
atentados en el territorio del país austral, según
advertencias de analistas.
La presencia en Iraq de unos 600 ex militares y ex
policías chilenos se hizo evidente cuando luego de
materializarse la ocupación, Washington recurrió al método
de privatizar la guerra al estilo de cualquier empresa del
libre mercado. El objetivo ha sido el de evitar bajas
estadounidenses con el traspaso a mercenarios de diversas
tareas tales, como la búsqueda de armas y la ubicación de
minas explosivas.
La participación de chilenos en Iraq es la mayor y junto
con colombianos son los únicos contratados en la región
latinoamericana. Muchos de ellos, miembros del ejército y
de la policía uniformada en los tiempos del dictador
Augusto Pinochet que permaneció hasta 1990, han sido
enrolados por la empresa del también chileno Manuel
Zapata, “Zapata Engineering”, instalada en la ciudad de
Charlotte (Carolina del Norte, EE.UU.)
La firma del ingeniero Zapata funciona bajo el lema de
“ingeniería de apoyo a los combatientes de guerra” y se ha
especializado en la búsqueda y destrucción de armamentos
de la resistencia. Es un ente con carácter de
subcontratista del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de
Estados Unidos” de modo que es clara su connivencia con la
fuerza invasora.
En plan tragicómico de “benefactor”, el l6 de junio este
mismo Zapata declaraba al diario “El Mercurio” (Santiago
de Chile): “Estamos muy orgullosos de la labor realizada,
porque hemos contribuido a la paz en Iraq. Cada bomba que
destruimos fue una bomba que no cayó en manos
insurgentes". Lo que no dijo, empero, es que otras bombas
podrían explosionar en territorio chileno.
En una enredada madeja de contratistas y subcontratistas
surgen los nombres de disímiles empresas enfiladas a
emplear a los mercenarios, aunque todos dependen
financiera e instructivamente del aparato castrense
norteamericano. En esa selva provista de infinitas
cantidades de dólares que paga el pueblo estadounidense,
figura José Miguel Pizarro, oficial del ejército chileno
hasta 1995 y quien oficia como operador del antes
mencionado Zapata.
Pizarro es el principal enganchador de mercenarios para
Iraq y una vez intentó entregar entrenamiento militar a
sus “soldados” en Chile, pero se lo impidió la Dirección
General de Movilización Nacional, organismo estatal que
junto con los cuerpos castrenses son los únicos
autorizados para tales fines. Este sujeto es el mismo a
quien la cadena televisiva CNN ha presentado en sus
noticiarios como “experto en guerras” aunque en la vida
real no es más que un comerciante de las armas.
Pizarro ha protagonizado asimismo un episodio singular
cuando fue acusado por mercenarios chilenos que regresaron
a Chile del no cumplimiento en el pago de salarios, además
de recibir malos tratos en Iraq. Para proteger a esos
quejosos, los diputados chilenos Alejandro Navarro y
Antonio Leal, ambos de la coalición gobernante, han
presentado ante los tribunales una querella por
“asociación ilícita”, sin percatarse entonces del peligro
mayor que representa el contingente mercenario.
La miope visión de los parlamentarios que sólo reconocen
en el tema un asunto laboral, se extiende a los entes
estatales, a los medios de comunicación predominantes y a
los círculos políticos, a todos los cuales no parece
importarles el carácter criminal que es inherente a esa
guerra privada. Para ejemplo, la constancia de que los
contratados, supuestamente civiles, han participado
incluso en las torturas de Abu Ghraib.
¿Cómo explicarse esta actitud contemplativa ante la
manifiesta violación de los derechos humanos que se
practica cotidianamente por los ejércitos privados? Chile
no es un desconocido para Iraq pues en la guerra contra
Irán (1980-1988) y cuando regía la dictadura militar
compró abundante armamentos en fábricas privadas y
estatales chilenas y de manera especial, bombas de racimo.
(Recuérdese que entonces el Iraq de Sadam Hussein contó
con el decidido respaldo de Washington).
Si la acción bélica estadounidense ha sido y es un
escarnio moral, la ilegalidad de la guerra privada es
también notoria. Como escribió Eduardo Febbro, la
pasividad de las organizaciones multilaterales es
escandalosa, pues ninguna institución internacional se ha
pronunciado de manera firme contra el empleo de asesinos
privados. (1)
En estos días y hasta el 22 de junio se realizan en Chile
unos llamados “Ejercicios militares antiterroristas
Comando 2005” a los cuales concurren delegaciones de l7
países de Latinoamérica. Mas, es dudoso que se remitan al
terrorismo real pues a cargo de la dirección de los
ejercicios se encuentra el Comando de Operaciones
Especiales Sur de los Estados Unidos.
(1) Eduardo Febbro, Los
mercenarios sueltos en Iraq, Rebelión, 24/5/04
- Hernán Uribe es periodista chileno
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