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(IAR-Noticias)
27-Jun-05
Por
Andrés Soliz Rada
Los
presidentes sudamericanos, pero, principalmente, Hugo
Chávez de Venezuela, Lula da Silva de Brasil y Néstor Kirchner de Argentina o impulsan la integración energética
de las empresas estatales de “Nuestra América”, dentro del
proyecto bolivariano, o, como se resolvió en el MERCOSUR,
encomiendan esta tarea a las petroleras europeas y
norteamericanas.
El primer
camino llevará a Chávez, Lula y Kirchner a coadyuvar en la
refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos (YPFB) o, por el contrario, a ser cómplices de
la desintegración de Bolivia, como pretenden Repsol,
Total, British Gas y la Enron, que sigue operando en el
país.
La pugna se
produce en momentos en que el Congreso paraguayo ha
aprobado el tratado de inmunidad para las tropas
norteamericanas. Inmediatamente después, EEUU anunció que
instalará una base militar en territorio paraguayo, a cien
kilómetros de los mega campos de Tarija.
Chávez es el eje de la resistencia al poder petrolero
foráneo en nuestra región. Millones de latinoamericanos
confiamos en que no abandone esta trinchera. Kirchner, en
cambio, se ha sumado a las presiones de Repsol y
Pluspetrol para obtener gas boliviano al precio
“solidario” de un dólar el millar de pies cúbicos (MPC),
en tanto el consumidor local, con apoyo de subsidios
estatales, paga siete dólares por la misma cantidad.
Kirchner y
Repsol han exigido que Bolivia amplíe sus ventas de 6
millones a 30 millones de MCD, a $US 0.60 el MPC, precio
que paga Pluspetrol Argentina a su filial, Pluspetrol
Bolivia, de cuya suma el Tesoro General de la Nación (TGN)
percibe el 18 % en regalías, o sea diez centavos de dólar.
Cómo no envidiar a los norteamericanos cuando venden gas a
México o Canadá a 7 dólares el MPC.
Lula y Petrobrás, así como sus socias norteamericanas y
europeas, que tienen el 35 % de acciones en la estatal
brasileña, están utilizando un lenguaje imperial para
obligar a Bolivia a integrar el anillo energético de las
transnacionales. La Ministra de Lula, Dilma Roussef, ha
declarado que Brasil no permitirá que se cambien los
contratos suscritos por Gonzalo Sánchez de Lozada , quien
rebajó las regalías a las petroleras del 50 al 18 %.
Todos
sabemos que las reservas peruanas de gas son insuficientes
para atender las necesidades de Chile, Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay, además del compromiso de venta a
México.
El gobierno
de Asunción ha dicho que no podrá comprar el gas de Perú a
$US 8, cuando debería adquirirlo de Bolivia a $US 1.50.
Los proyectos que las transnacionales están llevando a
cabo dentro del tratado argentino-chileno de minería están
basados en el barato gas boliviano. En el año 2001, ya se
trató de obtenerlo, con el pretexto de enviarlo de Bolivia
a California. No es casual que el Presidente Lagos hubiera
lanzado la iniciativa del “anillo”.
El transitorio gobierno boliviano está muy mal preparado
para resistir las presiones foráneas. El nuevo Presidente
Eduardo Rodríguez Veltzé fue Sub Contralor de la
República, cuando Antonio, hermano de GSL, era el
Contralor. El Ministro de Hidrocarburos, Jaime Dunn,
contribuyó a desmantelar a YPFB, en el primer gobierno de
GSL.
Luego fue
ejecutivo de Gas Petro, empresa de servicios petroleros,
subsidiaria de Petrobrás. Volvió a YPFB para ayudar a
vender las refinerías, en el gobierno de Hugo Banzer (1997
– 2001). Fue uno de los beneficiarios del “anexo D” (pagos
de las petroleras a funcionarios estatales).
El canciller Armando Loaiza fue cónsul general en
Santiago, cuando GSL pretendía, en 1993 y 1994, construir
el gasoducto Tarija (Bolivia) a Tocopilla (Chile), donde
están las minas de la inglesa Río Tinto Zinc (RTZ), socia
del ex Jefe de Estado. El nuevo presidente de YPFB es
Carlos D’Arlach, quien trabajó 23 años para la Occidental
Petróleum.
El
Vicepresidente de YPFB es José Kreidler, cuya empresa de
servicios es cliente de las transnacionales. Cierran el
lote, el Ministro de Desarrollo Económico, Carlos Díaz,
vinculado a Petrobrás, el Ministro de Economía, Juan
Carlos Jemio, hombre del BID, y el Ministro de Gobierno,
Gustavo Avila Bustamante, ejecutivo en Bolivia de la
farmaceútica “Bagó”, en la que tienen acciones Petrobrás,
City Bank, Dow Chemical, Bank Boston, Techint, Repsol y
otras joyas por el estilo. El movimiento popular no sólo
tiene que vigilar a las petroleras, sino, con mayor
ahínco, a su propio gobierno.
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