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(IAR-Noticias)
04-Jul-05
La economía moral es convocada a existir como
resistencia a la economía del "libre mercado": el alza del precio del pan puede
equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente
Por Julio Boltvinik - La
Jornada
Durante
las semanas que pasé en la Gran Bretaña, en mayo pasado, tuve la impresión de que
(casi todos) los académicos, intelectuales y políticos británicos, incluso los
de "izquierda", ven el mundo social como algo terminado.
Naturalmente no lo dicen, pero se
insinúa en sus expresiones que tienden, casi siempre, a defender lo existente.
Como Francis Fukuyama, el amigo de Bush Jr., conciben (otra vez implícitamente)
que hemos llegado al fin de la historia, que éste es el mejor de los mundos
posibles. Que, cuando mucho, este mundo requiere algunas mejorías menores. Esto
me conmocionó y me hizo pensar que probablemente así piensan (casi) todos los
académicos del primer mundo y me hizo sentir la enorme responsabilidad que
tenemos los académicos, intelectuales y políticos del tercer mundo, de mostrar
la falacia de tal pensamiento y de mostrar que un mundo mejor es necesario y
posible.
Lord Meghnad Desai, economista nacido en India, jubilado de la famosa London
School of Economics y miembro de la Cámara de los Lores de la Gran Bretaña (de
ahí su título de "lord"), es mucho más que un economista. Es un intelectual.
Recientemente ha publicado un libro sobre el cine en India y tiene otro en
prensa sobre el poeta Ezra Pound. Publicó en los años 70 dos obras sobre la
economía marxista. A lo largo de muchos años, a partir de 1989, he tenido
oportunidad de interactuar con él en el tema de la pobreza. Gradualmente se ha
desarrollado una amistad entre los dos. En mi estadía de una semana en Londres,
nos brindó generosamente alojamiento a mi familia y a mí. En una de las veladas,
mi mujer y yo tuvimos una amarga discusión con él y su esposa (también de India)
sobre las causas del estancamiento económico de América Latina y del crecimiento
en Asia, en el cual asomaron algunas de sus ideas sobre la nueva era del
capitalismo mundial que ha sistematizado, desde la perspectiva del pensamiento
de Marx, en el libro que da título a esta entrega.1
Es un libro extenso y profundo en el cual el autor va mezclando la historia
política y económica con el pensamiento marxista (y no marxista), para abordar
el estudio de la realidad del capitalismo y de las ideas sobre él. Está escrito,
sin embargo, con un tono de provocación. Como dice su autor en la primera frase:
"Este es un libro escrito para irritar y provocar, pero -espero- también para
explicar cómo es que llegamos a estar donde estamos, en lo que ahora se llama
este mundo nuestro globalizado". Me parece que lo más interesante son los
análisis que lleva a cabo y no las conclusiones que deriva, con las cuales
muchos de los lectores estarán en desacuerdo como estoy yo, desacuerdo que se
expresó también en la amarga discusión reseñada. Es una obra que, por su riqueza
analítica, sin embargo, debe ser leída por toda la izquierda.
Segun Desai, despues de haber dedicado 20 años a la crítica de la economía
política, Marx no volvió a las preguntas que había planteado en sus manuscritos
juveniles. Aunque esto es discutible, ya que tanto El capital como los
Grundrisse están llenos de pasajes que muestran la continuidad en el pensamiento
de Marx, lord Desai plantea con mucha claridad las preguntas centrales:
"¿Es posible tener una sociedad que no sólo se autoorganiza, sino que lo hace de
manera consciente? Una sociedad plenamente consciente de su propio
funcionamiento, capaz de dirigirlo, en la cual los individuos no están alienados
de su trabajo ni de ellos mismos, sino que participan plenamente en su
autoemancipación, y hacen efectivas las potencialidades que como miembros de la
especie humana tienen. En otras palabras ¿es posible el socialismo más allá del
capitalismo?" (p. 315)
Desai distingue a lo largo de su libro el socialismo más allá del capitalismo
del socialismo dentro del capitalismo, con el cual hace referencia, sobre todo,
a los partidos socialistas que sólo se proponen mejorar el capitalismo, dándole
un rostro más humano. Aunque considera válida la crítica central de Marx al
capitalismo, su carácter de organización espontánea, no controlada
conscientemente por los propios productores asociados, sino sujeta al caos
derivado de la interacción no planeada de millones de agentes económicos, y la
alienación que el sistema conlleva inevitablemente, Desai mantiene posturas muy
similares, en muchos temas, a los neoliberales, lo cual ocurre entre muchos
británicos progresistas. Cree que el funcionamiento del mercado, a pesar de su
espontaneidad, es mucho mejor que la intervención estatal. Cree que la expansión
del capitalismo contemporáneo se explica sobre todo por la dinámica intrínseca
del capitalismo y no por el impulso estatal.
Afirma queMarx logró su venganza con el derrumbamiento del socialismo realmente
existente, simbolizado por la caída del Muro de Berlín en 1989, ya que Marx
sostuvo que un modo de producción no desaparece hasta que se han agotado todas
sus potencialidades de desarrollo. Por tanto, el socialismo instaurado en la
Unión Soviética con la Revolución de Octubre de 1917 habría sido prematuro, "un
intento por acelerar el ritmo de la historia", lo que explicaría su fracaso.
Desai esboza los principales acontecimientos que llevaron a la revolución y cómo
los triunfadores, que esperaban que al triunfo se sucedieran revoluciones
semejantes en varios países de Europa occidental, procedieron después a
monopolizar el pensamiento marxista. Incluso cuando este monopolio se rompió a
partir de 1956, con la represión soviética de los cambios que se gestaban en
Hungría, los pensadores socialistas nunca pusieron en duda lo correcto de la
Revolución de Octubre y se concentraban en la discusión de cuándo empezó a
distorsionarse y a ser traicionada y por quién.
Las ideas de Marx fueron revisadas y criticadas; se dijo que su teoría económica
era incorrecta, que no tenía una teoría del Estado ni una teoría de las clases
sociales, que su idea de la transición entre modos de producción era muy
simplista y mecanicista. Que fue incapaz de ver que el eslabón más débil de la
cadena podría romperse y convertirse en precursor del socialismo. Cuenta cómo
Trotsky sostenía que, a pesar de lo "malo y distorsionado que el socialismo
soviético era, su dinamismo tecnológico mostraba que era progresista. Que aunque
tenía una tendencia dictatorial desafortunada, pronto la acción autónoma de las
clases trabajadoras en la Unión Soviética remplazarían al régimen".
"Pero Marx rió al último -continúa Desai-. No estaba equivocado, no era
simplista ni mecanicista. El capitalismo no se desvanecería hasta que hubiese
agotado todo su potencial (p. 9)." Más adelante señala que muchos ven con horror
las perspectivas de la globalización y desesperadamente esperan que se
encuentren límites al capitalismo global, quizás a través de una coordinación
global entre las naciones estados, sólo para comentar que Marx no habría buscado
límites al capitalismo a través de agentes externos. En oposición a la teoría
del eslabón más débil, sostiene que los límites al capitalismo deben buscarse,
por conducto del método dialéctico, en las debilidades inherentes a las
fortalezas del capitalismo. Que estos límites se alcanzarán cuando el
capitalismo ya no sea capaz de progresar, pero serán quienes trabajan
cotidianamente en la maquinaria del capitalismo quienes sentirán estos límites,
y serán ellos los que superen el capitalismo.
"La continuada dinámica capitalista al comienzo del siglo XXI es la venganza de
Marx respecto a los marxistas, respecto a todos aquellos que, en su nombre,
mintieron e hicieron trampa, y asesinaron, y ofrecieron falsas esperanzas",
señala Desai. "Los desechos de esta fallida aventura", continúa, "han
distorsionado una gran cantidad de pensamiento sobre el cambio social. Es
necesario regresar a Marx para entender las fortalezas del capitalismo y los
secretos de su dinamismo. También será necesario entender cómo se alcanzarán los
límites del capitalismo."
En su obra, Desai regresa no sólo a Marx, sino a pensadores no marxistas, que en
su opinión intentaron entender el capitalismo, entre los que se encuentran
Keynes, Schumpter y, sorpresivamente, Friederich von Hayek, el padre fundador
del neoliberalismo. Desai presume de ser el único en el mundo que entiende a
fondo tanto a Hayek como a Marx. Pero además regresa a dos autores a los que
identifica como precursores del pensamiento de Marx: Adam Smith (el padre de la
economía política) y Hegel (el gran filósofo que desarrolló la dialéctica). La
crítica de ambos llevada a cabo por Marx desempeñó un rol fundacional en su
sistema.
Como se aprecia, detrás del enfoque que plantea Desai está un llamado a la
izquierda para que continúe en la línea de trabajo a la que Marx dedicó casi
toda su vida: a analizar y entender el funcionamiento del capitalismo, y por
tanto, vislumbrar en qué condiciones podría dejar de ser un sistema económico
dinámico y convertirse en barrera del cambio. En esas condiciones habría
alcanzado sus límites. En vez de los interminables análisis sobre las
condiciones objetivas y subjetivas para la revolución, Desai hace un llamado a
estudiar a fondo la dinámica del capitalismo. Por ello, en el último capítulo
señala que en el siglo XX todas las ciencias sociales se volvieron estatistas,
concibiendo el papel del Estado como el de controlar la economía y ser el
principal agente para aminorar los problemas sociales. La idea, por tanto, que
enfrentamos de un capitalismo fortalecido que dicta la pauta del cambio, a la
cual los estados nacionales deben adaptarse, ha confundido a muchos, añade.
Señala que, por una parte, ha habido análisis para mostrar que la globalización
no existe, que no es nada nuevo, y que el Estado no es impotente ante la
globalización, que el mercado no triunfará, que será un sirviente y no un amo.
Que al respecto se ha revivido el análisis crítico de Karl Polanyi, quien
sostuvo que el mercado era una antiutopía imposible, destructiva y disfuncional,
mientras por otra parte hay muchas descripciones triunfalistas de la
globalización, en las que se pronostica un mundo sin fronteras, el Fin de la
Historia, prosperidad no vista para todos y democracia en cada país.
Lo que falta en estos análisis, dice Desai, es la noción de contradicciones
dialécticas en el modo de producción capitalista. El capitalismo es un sistema
de acumulación movido por la búsqueda de ganancias y de nuevas tecnologías para
aumentar la productividad (y las ganancias). Como tal está sujeto a ciclos,
crisis y pánico.
Hasta aquí estoy plenamente de acuerdo con él. Pero no puedo estarlo cuando
añade, lo que es absolutamente ideológico y ciego en mi opinión, que el
capitalismo "es la mejor organización para la reducción de la pobreza y la
miseria, aun cuando destruye empleos y restructura las economías". Si bien
reconoce que aumenta la desigualdad, insiste en que reduce la pobreza. Las
maquiladoras que se instalan aceleradamente en China e India, que reinstalan
métodos de explotación salvaje de la fuerza de trabajo de mediados del siglo XIX,
descritos por Marx en El capital, le parece a Desai que reducen la pobreza.
Jornadas de 12 o más horas a cambio de salarios suficientes para mal comer le
parecen a Desai reductores de la pobreza. Aquí se encuentra uno de los
desacuerdos que se manifestaron en aquella amarga discusión. Sobre otros
desacuerdos escribiré en futuras entregas.
1 Meghnad Desai, Marx's Revenge. The
Resurgence of Capitalism and the Death of Statist Socialism ("La venganza de
Marx. El resurgimiento del capitalismo y la muerte del socialismo estatista"),
Verso, Londres, 2002 y 2004.
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