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EUROPA  

Martes, 05 de Julio de 2005 

 

¿Quién le hará competencia a "Rusia Unida"?

 
 

(IAR-Noticias)  05-Jul-05

El objetivo clave de la reforma electoral que debe completarse este año en Rusia es transformar a los partidos políticos de envergadura nacional en protagonistas de los comicios.

Por Yuri Filippov - RIA “Novosti”

Para ello se suprimió la práctica de elección de los diputados en las circunscripciones mayoritarias, fue elevada del 5 al 7 por 100 de los votos la barrera de entrada a la Cámara baja del Parlamento y se impuso el veto a la formación de coaliciones electorales de cara a la votación.

Desde la derecha y desde la izquierda, los críticos de esta reforma electoral acusan a sus autores de transgredir las normas democráticas. Grigory Yavlinsky, quien es líder del partido Yabloko, de corte liberal demócrata, opina que el Parlamento ruso acabará perdiendo lo poco que le queda de autonomía y estará controlado totalmente por el Poder Ejecutivo.

El dirigente comunista Guennady Ziuganov afirma, a su vez, que la reforma apunta a reforzar la posición del partido presidencialista “Rusia Unida”, empeñado en mantener el liderazgo político en Rusia durante las próximas décadas.

Al mismo tiempo, incluso los oponentes de la reforma se ven obligados a reconocer que los partidos políticos en Rusia podrán beneficiarse gracias a ellas de algunos derechos y oportunidades que jamás habían tenido en el pasado.

Tras la prohibición del PCUS y la desintegración de la Unión Soviética, los flamantes partidos rusos tuvieron muy poco protagonismo en la política nacional cediendo por mucho tiempo el liderazgo a las personalidades carismáticas capaces de entenderse con los electores al margen de cualquier programa a largo plazo y sin comprometerse con la disciplina partidista.

El encanto personal y las modernas tecnologías electorales eran el único recurso que contaba. El exponente más obvio de esta generación es el primer presidente ruso Boris Yeltsin, quien abandonó las filas del PCUS en 1990 y desde entonces no quiso vincularse con partido alguno. Al contrario: eran los partidos los que procuraban la benevolencia del mandatario e intentaban convertirlo en militante propio.

Los políticos de rango inferior, en cambio, se dedicaron a formar decenas de partidos y movimientos cuyos nombres y programas recuerda hoy poca gente. Se dieron a conocer únicamente gracias a los respectivos dirigentes, personajes famosos en Rusia: “partido de Rutskoi”, “partido de Lebed”, “partido de Shumeiko”, “partido de Rybkin”, “partido de Chernomyrdin”, y así por el estilo.

En realidad, eran organizaciones de bolsillo, instituidas por ciertos líderes que aspiraban a un carisma de proyección nacional. Al primer desliz de esos personajes, o cuando perdían su alta posición en la jerarquía estatal, no quedaba siquiera la sombra de tales partidos.

Los actuales críticos de la reforma electoral, Yavlinsky y Ziuganov, también pertenecen a la categoría de líderes carismáticos aunque tuvieron más suerte que los demás en la década del 90: sus partidos han logrado sobrevivir y cuentan con las asignaciones presupuestarias. Los comunistas hasta tienen 50 escaños en la Duma de Estado, Cámara baja del Parlamento ruso.

Su rechazo hacia el nuevo procedimiento electoral tiene que ver, probablemente, con la incertidumbre de que las respectivas organizaciones, formadas durante el dominio y a la medida de los políticos individuales, puedan asimilar las nuevas reglas de actuación.

La nueva legislación electoral de Rusia, y es lo más importante, plantea ante los partidos políticos la necesidad de transformarse en grandes corporaciones electorales de envergadura nacional que puedan participar constantemente en los comicios federales y regionales, suministrar candidatos a todos los niveles de la maquinaria pública y jugar con el Estado sobre la base de reglas únicas. Los que no quieran o no estén en condiciones de hacerlo, están condenados a la desaparición. Es algo que reconocen tanto los críticos de la reforma como sus autores.

Los partidos de la oposición tienen problemas adicionales. El propio Estado ruso no siempre se muestra dispuesto a colaborar con ellos o tratarles como socios. Parece muy sintomática en este contexto la reciente declaración de Vladislav Surkov - auxiliar del presidente ruso y, según algunos, principal ideólogo y tecnólogo político del Kremlin - a la revista alemana “Spiegel”. Surkov dijo que no se imagina lo que pueda pasar en Rusia en caso de que suban al poder los comunistas u otro partido de izquierda nacionalista, “Patria”, que también está representado en la Duma de Estado. En otra de sus entrevistas anteriores, Surkov se había pronunciado en términos negativos sobre Yabloko, organización liberal democrática que, según él, trabaja en perjuicio de los intereses nacionales.

“La plaza del partido de oposición civilizado en Rusia está vacante” – afirma Gleb Pavlovsky, presidente de la Fundación por la política eficaz. Sin embargo, todavía quedan dos años para las próximas elecciones legislativas, es decir, hay tiempo suficiente para estrenar esa posición y afianzarse en ella. Es probable que los principales partidos de la vieja generación logren incorporarse al nuevo ciclo político y hacerle la competencia a “Rusia Unida”. La gran interrogante es cómo van a aprovechar esa oportunidad.


 

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