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(IAR-Noticias)
11-Jul-05
La sabiduría geopolítica de Al
Qaeda es infinita: sus atentados son perpetrados cuando deben suceder: ni un día
antes ni uno después. Un día antes hubieran saboteado la candidatura de Londres
a los Juegos Olímpicos. Con la sede olímpica en la bolsa, los atentados se
escenificaron el día siguiente, durante la apertura del G-8, y consiguieron
eclipsar uno de los temas más relevantes del planeta: el calentamiento global,
en el que Baby Bush se encontraba aislado frente al resto de las potencias
industriales.
Por Alfredo Jalife-Rahme - La
Jornada
La
ratificación del Protocolo de Kyoto, a lo que se ha negado Baby Bush, tendría
un costo para Estados Unidos, el mayor contaminador mundial, de 4 billones de
dólares (un poco menos de 40 por ciento de su PIB). La cumbre del G-8 hubiera
significado el peor momento posible para aplicar las obligaciones a Estados
Unidos, que padece una severa crisis financiera y económica. Por menos que esa
suma colosal, las petroleras trasnacionales anglosajonas son capaces de
incendiar el planeta.
Baby Bush había declarado en vísperas de la cumbre que le importaban más los
intereses de Estados Unidos que los del mundo. Exactamente un mes antes al 7/7,
John Vidal, editor ambiental de The Guardian (8 de junio), había revelado cómo
la petrolera texana Exxon Mobil (la más próspera empresa de Estados Unidos, con
un valor de 379 mil millones de dólares) "había influido en el presidente Bush
para no firmar el tratado de calentamiento global de Kyoto". Ian Murria, de
National Review (8 de julio), afirma que la "cumbre del G-8 representó un
triunfo para Bush".
Por obra y gracia de los atentados, el tema del calentamiento global fue
escamoteado, para hacer regresar la bélica ideología estadunidense con sus temas
favoritos: la guerra contra el terrorismo global y la seguridad (sic), que le
permite desplegar, con la coartada del "choque de las civilizaciones" del
racista Samuel P. Huntington, su agenda global de captura del petróleo y el gas
en la geografía étnico-religiosa de Al Qaeda: Medio Oriente, Golfo Pérsico y
Asia central, justamente la zona de amortiguamiento periférico de sus cuatro
competidores geoeconómicos: Rusia, China, India y la Unión Europea.
Diez días antes del 7/7, Baby Bush adoptó en el Fuerte Bragg la tesis del
inasible Osama Bin Laden de que Estados Unidos libraba la "tercera guerra
mundial en Irak" (The New York Times, 29 de junio). Como consecuencia del 7/7,
Efraim Halevi, anterior mandamás del Mossad, los célebres servicios secretos
israelíes, coincide con la visión bélica de Osama y Bush: "estamos de lleno en
la tercera guerra mundial" (The Jerusalem Post, 7 de julio).
El asunto de la seguridad no es menor: se crea la necesidad fatídica para luego
proveer los remedios ineludibles. Estados Unidos posee el monopolio de la
tecnología de punta en "seguridad" (con la que se adelantaron a sus
competidores, gracias a la sapiencia de los hermanos simbióticos Huntington y
Bin Laden), lo cual obliga a los países afectados y/o puestos en la mira por Al
Qaeda (tan sencillo como una filtración difundida por sus omipotentes
multimedia, que participan en la guerra sicológica y de propaganda tan lucrativa
para algunos de sus dueños, que al mismo tiempo son los principales vendedores
de armas) a comprar a un elevado costo los instrumentos para prevenir atentados.
En nombre de la sacrosanta "seguridad", Estados Unidos controla en forma
subrepticia e "inteligente" (en el sentido cibernético) -mediante sus "recursos
humanos", los únicos en poseer el "conocimiento" del manejo de los nuevos
instrumentos- la infraestructura de los puntos sensibles de los países. Esta es
la nueva forma de ocupación y control de los países avasallados a inicios del
siglo XXI: un neocolonialismo cibertecnológico. ¿Cuántos aeropuertos -incluido
el de la ciudad de México-, puertos y nudos de circulación y transporte
controlan las huestes de la FBI a escala global?
El visionario senador neoyorquino Charles Schumer, dos semanas antes del 7/7,
había sugerido "equipar los centros comerciales con detectores de alta
tecnología radiactiva ahora instalados en los aeropuertos" (KABC TV, 20 de
junio). Habría que ver luego quiénes son los propietarios de las empresas
vendedoras de ciber-tecno-seguridad, y a cuánto ascienden sus suculentas
ganancias.
La dupla anglosajona Bush-Blair exhibe severos problemas de credibilidad en su
"gobernación". Seis días antes del 7/7 (MSNBC, primero de julio), Karl Rove, el
satánico asesor estrella de Baby Bush, fue señalado de haber develado la
identidad, como "agente encubierta de la CIA", de Valerie Palme (esposa del
embajador Joseph Wilson, quien se rehusó a refrendar las mentiras de Dick Cheney
sobre el uranio de Níger "vendido" a Saddam Hussein), lo cual equivale a alta
traición y puede llevar a la defenestración del vicepresidente y al exorcismo de
Rove. El 7/7 tiene la bondad de pasar a segundo plano el "asunto Palme".
¿Quien siembra vientos cosecha tempestades? Esta pauta de represalias jihadistas-salafistas-wahabitas
ha sido adoptada por varios comentaristas británicos debido a la participación
bélica del gobierno de Blair en las guerras de Irak y Afganistán.
Blair, relegido con un muy pobre 36 por ciento de votos, legitima su nuevo
mandato gracias a los atentados del 7/7, como sucedió con Baby Bush después del
11/9. En las seudodemocracias anglosajonas (de menor calidad "democrática", por
ser reguladas por la modalidad "indirecta") parece que se consigue la
legitimidad perdida en las urnas electorales gracias a las urnas funerarias que
abastecen los atentados de Al Qaeda (lo mismo pensaba imitar Aznar, el gran
aliado de la dupla Bush-Blair).
Blair es un actor fuera de serie: proviene del país que tiene los mejores
artistas teatrales del mundo y ha conseguido eclipsar otras explosiones: la
brutal caída de la libra esterlina, el inicio del estallido de la burbuja de los
bienes raíces y la explosión de los ominosos hedge funds ("fondos de cobertura
de riesgos"). Blair ya no tendrá oposición alguna para la imposición de las
controvertidas tarjetas de identidad, a las que se había opuesto la mayoría de
la población y la clase política. Gran Bretaña se asemeja cada vez más a la
sociedad orwelliana de Estados Unidos y empieza a resolver el espinoso problema
migratorio por la vía de la desislamización interna desde el punto de vista
precautorio.
Ya que hablamos de actuaciones, pues no se puede escapar la extraña aparición en
el proscenio del crimen de Bibi Netanyahu, ministro de Finanzas israelí, lo que
ha dado vuelo a pletóricas teorías conspirativas en Internet, pero también en
Stratfor, centro de pensamiento texano-israelí. Un reporte de AP del 7/7 apuntó
que la "embajada israelí en Londres fue notificada con antelación, lo cual
obligó al ministro de Finanzas, Bejamín Netanyahu, a permanecer en su cuarto de
hotel en lugar de asistir a una conferencia en el hotel adjunto al sitio de la
primera explosión, en la estación del Metro Liverpool" (Propaganda Matriz, 7 de
julio); este portal señala en forma temeraria la presunta autoría del MI5 (nota:
policía secreta británica), que "ha sido atrapado varias veces realizando
operaciones que atribuían al ERI". Por desgracia, esto es muy común entre los
macabros servicios secretos, que perpetran sus atrocidades para hacer avanzar su
pérfida agenda. Hilary Leila Krieger, del Jerusalem Post (8 de julio), destaca
el enfático rechazo de la cancillería israelí sobre un "reporte" (sic) que ha
causado conmoción referente a que "Israel había recibido advertencias
anticipadas de los ataques de Londres", sin dejar de admitir no obstante que
"fue el ministro de Finanzas, Benjamín Netanyahu", quien "recibió una llamada de
la policía británica", no antes, sino "después de la primera explosión". Krieger
agrega que un "funcionario judío sugirió que la teoría conspirativa sobre la
advertencia a Israel duró todo el día, pese a los desmentidos oficiales". En
forma sarcástica, India Daily ("¿Ineficiencia o conspiración?", 7 de julio)
resalta que la "principal pregunta del día era: ¿por qué las autoridades
británicas sabían y protegieron al ministro israelí de Finanzas, Benjamín
Netanyahu, y no alertaron a los ciudadanos comunes de Londres?" Stratfor (8 de
julio) retoma los alegatos y la serie de desmentidos de todos los involucrados,
pero sin quitar el dedo del renglón de que "dos días antes" los servicios
británicos e israelíes ya sabían...
La feroz página iconoclasta XYMPHORA (8 de julio) arroja lava pura: se trataría
de "terrorista islámicos guiados por los servicios de inteligencia", como
sucedió con los atentados del 11/3 de Madrid, "técnicamente idéntico a los del
7/7", y acusa en forma temeraria que fue un "operativo de la policía secreta
española" (a lo que se suma Propaganda Matrix). A juicio de XYMPHORA, el "ataque
seguramente permitirá la imposición de las tarjetas de identidad de corte
fascista a la población británica"; cita a Wag/News: el 7/7 "puede ser usado
para iniciar una nueva guerra en el Medio Oriente con el fin de proteger a Bush
para deslindarse del cambio climático, y para que Bush y Blair se resguarden de
las recientes revelaciones sobre las mentiras que llevaron a la guerra en Irak".
XYMPHORA concluye: "queda caduco el viejo acuerdo entre el gobierno británico y
el terrorismo internacional: Londres como refugio de las organizaciones
terroristas del mundo, sin interferir en sus operaciones internacionales, con la
condición de que no atacasen la capital británica". No por nada Londres
(bautizada por ello como Londonistán) es el centro de las finanzas
internacionales y donde se abriga con patente de corso la mayoría de las
organizaciones terroristas.
¿Pero a quién sirve Al Qaeda? Existen dos interpretaciones antagónicas: la
ampliamente conocida de la islamofóbica dupla anglosajona Bush-Blair frente a la
de los servicios de inteligencia rusos, quienes juran que Al Qaeda es uno de los
brazos operativos de la CIA. Quizá aporte mayor evidencia de huellas dactilares
el contexto reciente de la sucesión de eventos delicados en la geografía
medioriental y centroasiática de Al Qaeda, que abordaremos la próxima vez.
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