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(IAR-Noticias)
11-Jul-05
Estados Unidos consume la cuarta parte del petróleo del mundo, frente al 8% que
consume China. Incluso con el elevado crecimiento que se prevé que experimentará
China en los próximos años, el mundo no se va a quedar sin petróleo de un día
para otro. Se ha demostrado que existen reservas de más de un billón de
barriles, y es probable que se encuentren más.
Por Joseph S. Nye - El
País
Pero
dos tercios de las reservas probadas se encuentran en el golfo Pérsico, y por
consiguiente, son propensas a las alteraciones. En el pasado, el aumento de los
precios tuvo fuertes repercusiones en el consumo de petróleo estadounidense.
Desde los máximos alcanzados en la década de 1970, el consumo de petróleo
estadounidense por dólar de PIB se ha reducido a la mitad, algo que refleja
también el cambio económico general de la fabricación industrial a una
producción con un uso menos intensivo de la energía. Al fin y al cabo, el crear
un programa informático requiere mucha menos energía que producir una tonelada
de acero.
A comienzos de la década de 1980, los
costes de la energía representaban el 14% de la economía estadounidense.
Actualmente, representan el 7%. Después de tener en cuenta la inflación, los
precios del petróleo tendrían que subir a 80 dólares por barril para alcanzar el
nivel registrado en marzo de 1981.
De acuerdo con el Gobierno
estadounidense, si no se producen interrupciones del suministro y la economía
estadounidense crece a un ritmo anual del 3%, el precio del barril de petróleo
descenderá a 25 dólares (en dólares de 2003) en 2010 y después aumentará a 30
dólares en 2025.
El uso intensivo de energía de la
economía seguirá descendiendo a un ritmo medio anual del 1,6%, porque las
mejoras en el ahorro y los cambios estructurales compensarán parte del
crecimiento general de la demanda. No obstante, la dependencia del petróleo
aumentará a un ritmo anual del 1,5%, desde los 20 millones de barriles diarios
en 2003 a 27,9 millones en 2025.
El sistema político estadounidense tiene dificultades para ponerse de acuerdo
sobre una política energética coherente. Pero puede que a lo largo de la próxima
década la política energética estadounidense vaya cambiando gradualmente.
Algunos observadores detectan una nueva coalición "geoverde" entre los halcones
de la política exterior conservadores, a quienes preocupa la dependencia que
Estados Unidos tiene del petróleo del golfo Pérsico, y los ecologistas
liberales.
En opinión de los halcones, el
verdadero problema energético no es la falta de reservas de petróleo, sino el
hecho de que están concentradas en un área vulnerable. La respuesta es reducir
la sed de petróleo estadounidense en lugar de aumentar las importaciones. Los
verdes sostienen que aunque las reservas de energía sean abundantes, la
capacidad del medio ambiente para soportar los niveles de consumo actuales es
limitada.
La media de la gama de supuestos
considerados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático prevé que
en 2100 las concentraciones atmosféricas de CO2 prácticamente triplicarán su
nivel preindustrial. Mientras el Gobierno de Bush mantiene su escepticismo
respecto a la ciencia que respalda dichas proyecciones, algunos gobiernos
estatales y locales están promulgando medidas para reducir las emisiones de CO2.
Y lo que es más importante, empresas como General Electric están estableciendo
objetivos verdes que superan con creces las normativas de la Administración.
Un informe emitido recientemente por la Comisión Nacional sobre Política
Energética, cuyos miembros están nombrados por ambos partidos, ejemplifica la
nueva coalición. Si bien el presidente Bush sostiene que los avances
tecnológicos en los combustibles del hidrógeno y las pilas de combustible
reducirán las importaciones de petróleo a largo plazo, dichas medidas exigen
importantes cambios en la infraestructura de transportes que necesitarán años
para completarse.
La comisión sugiere políticas que se
podrían aplicar antes. Por ejemplo, en una reciente declaración ante el
Congreso, James Woolsey, miembro de la comisión y ex director de la CIA, instó a
usar vehículos híbridos de gasolina/electricidad que puedan cargar la batería
por la noche con electricidad barata en horas de bajo consumo; a fabricar etanol
que ahorre energía a partir de celulosa, y un aumento de cuatro kilómetros por
litro en las normas de ahorro de combustible.
Sostuvo que este programa podía
reducir significativamente el consumo de combustible en cuestión de años en
lugar de décadas. También evitaría la necesidad de establecer aumentos drásticos
en los impuestos sobre la gasolina o el carbón, que son generalmente aceptados
en Japón y Europa, pero que para los políticos estadounidenses siguen siendo el
beso de la muerte.
Pero es improbable que las políticas gubernamentales de Estados Unidos cambien
significativamente el consumo de energía de sus habitantes en los próximos años.
Aunque un nuevo Gobierno promulgara nuevas políticas después de que Bush deje el
cargo en 2008, tendría que transcurrir un tiempo antes de que se notara su
efecto en el consumo real.
En los próximos años, es probable que
las fuerzas del mercado sean más importantes que las políticas oficiales a la
hora de influir en los patrones de consumo. Pero en la próxima década, la
combinación de mercados y políticas podría suponer una gran diferencia. Por
ejemplo, entre 1978 y 1987, las normativas gubernamentales obtuvieron una mejora
del 40% en el ahorro de combustible de los coches fabricados en Estados Unidos.
En un mundo sin sorpresas, es probable que el Gobierno de Bush tuviera razón al
decir que el consumo estadounidense de petróleo aumentará un 1,5% anual en las
próximas dos décadas.
Pero las alteraciones políticas en el
golfo Pérsico o un nuevo atentado terrorista en Estados Unidos harían subir
rápidamente los precios del petróleo, y el clima político en Estados Unidos
también podría cambiar rápidamente. La probabilidad de dichos acontecimientos no
es despreciable.
La independencia energética tal vez
sea imposible para un país que consume una cuarta parte del petróleo del mundo
pero sólo tiene el 3% de sus reservas. Aun así, no se descarta que a la larga
las necesidades estadounidenses de petróleo experimenten un importante descenso.
Joseph S. Nye es catedrático de Harvard y
autor de Soft power: the means of success in world politics. Traducción de News
Clips. © Project Syndicate, 2005.
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