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(IAR-Noticias)
13-Jul-05
A raíz de los lamentables actos de
terror en Londres, como los de Madrid el año pasado y las Torres Gemelas en el
2001, para citar los más importantes de los últimos tiempos, se ha generado una
polémica universal sobre el tema terrorismo.
Por Enrique Oliva
En
la emoción y confusión reinante, no podemos generalizar que quien cometa o haya
cometido un acto de violencia, como sus inspiradores, cuando no le quedaba otro
recurso, son criminales para la humanidad.
De proceder con tanto simplismo, los
pueblos de todo el mundo se quedarán sin héroes, es decir, sin historia.
Este nerviosismo contagiante se ha agravado con el incendio el jueves pasado de
siete templos de negros en Sparta, en Tennesse (Estados Unidos) y el ataque de
ayer a cuatro mezquitas islámicas en Londres. Este último hecho ha tenido
trascendencia mundial pero no el anterior.
La última edición del diccionario de
la lengua española (2001) lo define con solo dos interpretaciones, en muy pocas
palabras: “1- Dominación por el terror. 2- Sucesión de actos de violencia
ejecutados para infundir terror.” Como “terrorista” llama al “que practica actos
de terrorismo”.
En segundo término: “perteneciente o
relativo al terrorismo”. Y absolutamente nada más, sin entrar a adjetivar o
considerar si es bueno o malo, justo o injusto.
Aquí aclaremos que eximimos de toda
responsabilidad y nos solidarizamos con las víctimas y sus familias, tanto por
los muertos como heridos de los pueblos de España, Estados Unidos y la Gran
Bretaña. Ellos conforman la inmensa mayoría de humildes trabajadores forzados a
utilizar los medios de transporte públicos. Ninguno tiene culpa del odio de
tantas naciones que han sufrido y siguen sufriendo a las multinacionales del
sistema “capitalista salvaje”, según palabras de Juan Pablo II.
A pesar de la obsecuencia de los
gobernantes europeos hacia el imperialismo durante la Guerra de las Malvinas,
ninguno de sus pueblos (incluido el británico), como los del resto del mundo,
salieron a justificar el colonialismo. Eso sí todos a defender la valerosa gesta
argentina.
En aquella oportunidad, una de las
tantas manifestaciones de inmigrantes asiáticos, que protestaban contra la
discriminación que padecían, decía así: “Nosotros estamos aquí porque antes
ustedes estuvieron allá”.
Las fuerzas militares ocupantes en
Afganistán e Irak, matando a “terroristas” (¿o patriotas?), entre ellos más de
100.000 civiles indefensos y hambrientos. Los medios occidentales no dedican una
sola línea a las perversidades en varios países africanos a mano de ejércitos de
criminales mercenarios que contratan las multinacionales para garantir el robo
de sus riquezas naturales (oro, diamantes, petróleo, cobre, maderas, etc. etc.)
¿Será esa la impunidad que pretende obtener el Imperio en todo el mundo?
Hay extrema crueldad e injusticias
masivas, verdaderos genocidios, que ensangrientan al globo. Y los pueblos tienen
conciencia de ello. Una encuesta telefónica en el programa televisivo del doctor
Mariano Grondona preguntaba quién tenía la culpa de la situación creada en
Londres, si los terroristas o el capitalismo. Este último fue responsabilizado
por el 62 % de los televidentes.
Un ejemplo
rioplatense
Entre tantos antecedentes, los
argentinos no debemos olvidar a la Resistencia contra las invasiones inglesas,
donde las “terroristas” criollas arrojaban aceite hirviendo a tropas que venían
a imponernos otra lengua, otra religión y otra colonia peor. Martín Güemes era
calificado como un bandolero por los españoles por rechazarles más de una docena
de incursiones para entrar en nuestro territorio.
En desventaja ante ejércitos mejor
pertrechados, no tenía más remedio que hacerles la guerra de guerrillas y
hostigamientos continuos para desalentarlos, obligándolas a retirarse.
De nuestro General San Martín cuanto
se decía de él en España eran insultos y condenaciones para ser pasado por las
armas en cuanto pudieran atraparlo. Por ese tiempo, estaba fresca la guerra
llamada de la independencia de España por la ocupación napoleónica, finalizada
en 1814 pero comenzada en 1808 con una insurrección popular de los madrileños.
El fusilamiento de estos fue
inmortalizado por una dramática pintura del genial Francisco de Goya, cuando el
rey español se había postrado ante José Bonaparte (hermano de Napoleón),
abdicando y reconociéndolo como su sucesor en el trono. San Martín había vivido
gran parte de ese drama de la madre patria y criticó al absolutista Fernando VII.
Fernando VII no fue mejor que su
antecesor Carlos IV, quien convino en 1807, por un tratado secreto firmado en
Fonteinebleau, acordar a los ejércitos franceses permiso para atravesar España e
invadir a Portugal. Pero Napoleón, con no poca complicidad de monárquicos y
burgueses, pacíficamente se apoderó del territorio hispano. Pero el corso
subestimó al pueblo español que se convirtió en “terrorista”. Y ganó. Un caso
similar a la derrota yanqui en Vietnam.
Cristianos
combativos
Nosotros, como todo el catolicismo,
tenemos muchos antecedentes de rebeldías y luchas contra poderes tiránicos.
Desde antes del advenimiento de Cristo, el pueblo judío batalló incansablemente
contra el ocupante Imperio Romano. Según los evangelios, se distinguió en
aquellas luchas la familia tribal de los Macabeos.
En el estandarte de su líder, Judas
Macabeo ben Matatias, se leía: “la mejor forma de bendecir a Dios es combatiendo
al tirano”. Muchos santos y hasta santas fueron combatientes, como Santa Teresa
de Ávila defendiendo las murallas de su ciudad; o Santa Catalina, que obtuvo el
título de Patrona de Roma por sus actos “terroristas” para defender al Vaticano
y al Papa
Su Santidad Juan Pablo II ha pedido
perdón expreso por muchos actos sangrientos y tiránicos realizados en nombre de
la cristiandad, como fue el trato a los indígenas de América, reducidos a la
esclavitud. También a los islámicos les rogó perdón por los crímenes, saqueos y
múltiples atrocidades cometidas por los cruzados, de quienes de adolescentes nos
inculcaron admirar como héroes devotos, gracias a una falsa historia denunciada
por el Papa.
Los templarios adquirieron un
insoportable poder por las riquezas acumuladas, que al fin el Papa debió atacarlos y
disolverlos, quitándoles sus bienes. Los judíos también recibieron pedidos de
perdón de Juan Pablo Il por las persecuciones sufridas a través de los siglos.
A causa del colonialismo, nuestra
Iglesia también se desprestigió mucho en África y Asia y aun le cuesta grandes
esfuerzos hacer entender la diferencia entre catolicismo y anglicanismo. De este
aun dicen en el continente negro: “Nosotros teníamos la tierra, y los ingleses
nos dieron la Biblia, quedándose con la tierra”.
El capitalismo salvaje sin futuro
Hoy, solo de mala fe se puede creer
inocente al capitalismo de las mayores injusticias a través de la historia y no
debe criminalizarse la protesta indiscriminadamente. Hubo y hay mucho
“terrorismo” que no tuvo otra alternativa para defenderse. Los ejemplos son
numerosísimos. Vienen del fondo de los tiempos y pocos esperan cambios profundos
espontáneos.
Una vez el Che Guevara hablando con
periodistas extranjeros fue preguntado si el terrorismo y la guerrilla podían
ser vencidas. Rápidamente contestó que si: Más ligero aun los hombres de prensa,
entre ellos varios anglosajones, requirieron: ¿Cómo? Y recibieron una
contestación una sola palabra: “Evitándola”.
En realidad, el terrorismo está
desmoralizando el ánimo de millones y millones de inocentes occidentales. A tal
punto, que las explosiones de Londres repercutieron en las discusiones de los
Ocho Grandes reunidos en Escocia y, por primera vez, si, por primera vez,
hablaron de buscarle remedio a la pobreza. Quisiéramos ser mínimamente
optimistas, pero conociendo el paño, nos cuesta.
El capitalismo fue siempre cruel e
insaciable. No quiere perder ningún negocio y terminará vendiendo la soga con
que será colgado. Esta vieja predicción recobra hoy actualidad.
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