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(IAR-Noticias)
18-Jul-05
A partir de la invasión a Irak, los partes de guerra estadounidenses
pusieron de moda el eufemismo “daños colaterales” cuando se arrasa un poblado o
mueren civiles desarmados. Es una manera “políticamente correcta” de referirse a
víctimas inocentes. Por el contrario, el ataque o contraataque enemigo se
considera “terrorismo”.
Por Roberto Bardini - (Bambú
Press)
El 8 de marzo de 1917, el teniente general sir Stanley Maude ocupa Bagdad y
divulga una proclama. “Nuestros ejércitos no han venido a sus ciudades y tierras
como conquistadores o enemigos, sino como liberadores”, anuncia el militar
inglés. El historiador estadounidense David Fromkin sostiene en Una paz para
acabar con toda la paz (Nueva York, 1989) que en esa época “los países y las
fronteras de Medio Oriente se fabricaban en Europa”.
En octubre de 1922, la Royal Air Force (RAF) inicia bombardeos a gran escala
sobre Irak para reprimir a tribus rebeldes. Los aviones lanzan bombas
incendiarias y de acción retardada sobre aldeas, campamentos nómades y rebaños
de ganado. También arrojan petróleo para aumentar la intensidad de los
incendios.
Los rebeldes, en general, están
ocultos en las montañas, así que las víctimas son mujeres, niños y ancianos. La
RAF justifica los bombardeos indiscriminados afirmando que son “notablemente
efectivos” y “extremadamente económicos”. Los ataques desde el aire continúan
hasta 1932, cuando finaliza el mandato británico en Irak.
Uno de los comandantes de estos escuadrones aéreos es Arthur Harris, quien gana
fama cuando anuncia –refiriéndose a los insurgentes kurdos– que “en 45 minutos
un pueblo puede ser borrado del mapa”.
Más tarde, durante la Segunda Guerra
Mundial, Harris está al mando de los bombarderos de la RAF. Basándose en su
experiencia en Irak, la fuerza aérea británica considera que la mejor manera de
derrotar a Alemania es efectuar “bombardeos estratégicos” contra poblaciones
civiles, especialmente de obreros industriales.
En mayo de 1942, el veterano de Irak
dirige su primer bombardeo masivo en territorio alemán con mil aviones. La
prensa inglesa lo apoda Bombardero Harris, pero adquiere mala fama por los
ataques del 13 y 15 de febrero de 1945 a Dresde, donde mueren entre 150 mil y
200 mil civiles alemanes.
Los británicos se inspiran en las enseñanzas del general italiano de aviación
Giulio Douhet (1869-1930). El militar es autor de El dominio del aire, publicado
en 1921, donde pronostica que quién domine los cielos ganará cualquier guerra.
Recomienda aterrorizar a los civiles enemigos mediante bombardeos intensivos que
combinen tres clases de bombas: explosivas, incendiarias y de gases venenosos.
Adolf Hitler también retomó las ideas de Douhet para fundar la Luftwaffe.
Entre marzo y noviembre de 2003 la Royal Air Force arrojó más de 124 toneladas
de bombas en Irak, según reconoció el ministerio de Defensa del Reino Unido ante
preguntas de parlamentarios. Entre agosto y diciembre de ese año hubo 62 ataques
con F-16 estadounidenses y Tornados británicos; es decir, uno cada dos días.
A partir de la invasión a Irak, los partes de guerra estadounidenses pusieron de
moda el eufemismo “daños colaterales” cuando se arrasa un poblado o mueren
civiles desarmados. Es una manera “políticamente correcta” de referirse a
víctimas inocentes. Por el contrario, el ataque o contraataque enemigo se
considera “terrorismo”.
El reportero, escritor, cineasta y corresponsal de guerra australiano John
Pilger, dos veces premiado como Periodista del Año en Gran Bretaña, autor de
ocho libros y ganador un Emmy por un documental sobre Kampuchea (que no
transmitieron las grandes cadenas de estados Unidos), considera que los
bombardeos en Irak son una “guerra secreta” que apenas ha sido noticia. Desde
1991, sostiene Pilger, han sido implacables y se consideran como la mayor
campaña de bombardeo aéreo anglo-estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.
Pero no sólo las bombas matan. “Por lo menos un millón de civiles, la mitad
niños, ha muerto en Irak como resultado del embargo medieval impuesto por
Estados Unidos y Gran Bretaña”, escribió Pilger el 20 de abril del 2003 en The
Independent, de Londres.
Sin embargo, de esto no se informa ni
se muestran imágenes. Es información que no tiene impacto en la prensa
occidental. Son, simplemente, “daños colaterales”.
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