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(IAR-Noticias)
18-Jul-05
La construcción del campo socialista, la bipolaridad y la pugna entre hegemonías
(y reparto del mundo) USA-URSS, llevó a esta última y sus vecinos a buscar
alianzas e intercambios con Europa apoyando las luchas de liberación nacional de
otros países, o entregándolas cuando no eran funcionales a la política de
Estado, como sucedió en la Italia de la posguerra y posteriormente en Portugal,
o más luego, las inolvidables batallas africanas. Predominó la política de
estado por sobre la política de los pueblos.
Por Profesor J -
La
Haine-Clajadep
La tradición de cierto marxismo norteamericano, de donde proviene Petras, de
fuerte dependencia al eurocentrismo se manifiesta actualmente de dos maneras,
entre otras:
La primera dice con la tendencia a esconder la globalización del capital y su
actual estructura de Imperio que abarca todo el mundo, señalando insistentemente
que el peligro viene de USA, lo que deja siempre la puerta abierta a los
empresarios europeos que, al no aparecer junto a los bombardeos e invasiones
armadas, pueden presentarse como menos dañinos en nuestras tierras.
Entendemos que Petras tiene como deber luchar contra la burguesía de su propio
país, pero de ahí a que nos quiera llevar a todos a la misma estrategia, hay
alguna distancia.
La segunda dice con la metodología de interpretación, las utopías y la
estrategia de la toma del poder. Esta corriente norteamericana, que tuvo una de
sus máximas expresiones en Montly Review, defiende a brazo partido la estrategia
tradicional de acumular fuerzas para asumir los estados de manera centralizada,
continuadoras de las maneras críticas con que Trosky se lanzó contra Stalin
después de perder la batalla interna por el control del aparato.
La construcción del campo socialista, la bipolaridad y la pugna entre hegemonías
(y reparto del mundo) USA-URSS, llevó a esta última y sus vecinos a buscar
alianzas e intercambios con Europa apoyando las luchas de liberación nacional de
otros países, o entregándolas cuando no eran funcionales a la política de
Estado, como sucedió en la Italia de la posguerra y posteriormente en Portugal,
o más luego, las inolvidables batallas africanas. Predominó la política de
estado por sobre la política de los pueblos. La independencia de la que tanto se
hablaba no era tal. Se movían los palillos para imponer desde arriba
determinadas decisiones antipopulares, como la devolución de las armas en los
territorios de control partisano después del armisticio, o el feroz embate del
reformismo contra las expresiones del naciente poder popular en Chile durante el
gobierno allendista.
Ello llevaba en distintos lugares a que las construcciones estatales o
gubernamentales fuesen débiles, sin real base de sustentación, pues la fuerza se
imaginaba que era suficiente si se articulaba en el aparato de poder público.
Poderosos ejércitos sustentaban esos estados, eficaces policías internas que
combatían más a la disidencia de izquierda que a los agentes del capital. La
idea de la patria socialista se basó en un concepto irreal que no podía ser
asumido por los pueblos, que tenían otras identidades, historias y experiencias,
que mal podían encajar con el modelo de patria-nación erigido por el capital en
el proceso europeo de estructuración de los estados modernos, proceso que sólo
se consiguió efectuar por vía de las monarquías absolutas. Una de las pruebas de
ello son las dinámicas centrípetas de la región balcánica y de las naciones
euroasiáticas después de la caída simplona de la estructura centralizada.
Los anarquistas levantaron la consigna de si hay gobierno estoy en contra. Con
visión retrospectiva, sería la mejor manera de entender en aquellas épocas la
actitud ante estos procesos de reordenar lo social siguiendo esa línea estatal o
centralizada.
Hoy esa consigna pierde fuerza por el desarrollo de dos modalidades de
intervención directa de la población respecto del aparato de poder público,
instaladas en las prácticas y discusiones sobre el poder, contrapoder y no
poder, una es la idea del autogobierno y la otra es la de mandar obedeciendo.
Estas dos modalidades se han extendido por el continente y hacen carne en muchas
partes. Recordamos que después de la caída del muro las izquierdas se daban
vueltas buscando el referente perdido. Algunas, como las eurocomunistas y
próximas a ellas, no vacilaron en pasarse abiertamente a la socialdemocracia,
otros se fraccionaban una y otra vez por la falta de modelo y la crisis
paradigmática.
La resistencia se fue extendiendo desde abajo con autonomía, una nueva modalidad
se abría camino y había que cortarla de raíz antes de que se estableciese como
nuevas maneras de entender y practicar la dinámica emancipatoria. Con astucia y
estrategia se planifica el Forro de Porto Alegre y se concentran esfuerzos en la
salida electoral de Lula, con la mayor astucia aún, si cabe, de abrir las
puertas al capital europeo mediante invitación a ministros, parlamentarios y aún
primeros ministros de la socialdemocracia. Las ONGs hicieron de puente de plata,
ya que de ahí provienen sus finanzas.
La estrategia de contención de la lucha autónoma estaba trazada. Dieterich
levanta la idea del camino revolucionario del MERCOSUR, funcional al apoyo que
sectores importantes del Forro dieron para la elección de Kirchner y
neutralización de la ofensiva de las multitudes que se autoorganizaban en casi
todas las regiones argentinas. Lento pero tesonero fue el trabajo de las
izquierdas tradicionales para horadar la actividad asamblearia y horizontal que
se instalaba con pasos balbuceos de niño, para reordenar las voluntades en torno
al camino hacia el estado.
La estrategia de humanización del capitalismo hasta tener con que sustituirlo
hizo estragos en las movilizaciones antiglobalización, los representantes de
Attac fueron siempre los más entusiastas, a los que se sumó alegremente el
reformismo de todos los pelajes. En un comienzo la Susan George, vicepresidenta
de Attac Francia, destapó la olla y mostró la cola del diablo hasta que Ramonet
la hizo callar por imprudente, pues se había lanzado en picada contra los que
luchaban en las calles y legitimaba las conversaciones con la policía para
ordenar las manifestaciones callejeras, lo que era más impertinente que elefante
entrando a una vidriería, pues si bien esa era la idea, no había que decirla tan
claramente.
Hoy, vistos los fracasos de Lula y de la humanización capitalista, sectores de
izquierda, entre ellos Petras, se han inclinado a apoyar la alianza
Cuba-Venezuela por arriba. El reformismo se ha volcado junto a algunos partidos
y grupos izquierdistas a sumarse al bolivarismo superestructural, es decir,
apoyar a Chávez y todo lo que se hace allí está bien…
Esta alianza, a la que se pretende instalar el factor subjetivo del llamado
socialismo del Siglo XXI, no es más que una reedición local del viejo campo
socialista, basándose en la convocatoria chavista de avanzar hacia un nuevo tipo
de socialismo. Petras lo define como líder afro-venezolano y lo pone en
oposición directa a USA.
Así, dos corrientes se manifiestan en el continente, dejando atrás los coletazos
moribundos de Attac y la máquina del Forro Social, que ahora pasa a subordinarse
a los encuentros en Venezuela, comenzando con el Festival Mundial de la
Juventud. Por una parte la sostenida acción de las formas de organización y
dinámica social por abajo y por la otra la corriente de acceder a los gobiernos
para dirigir transformaciones por arriba.
Estas dos corrientes tiene además de sus características, determinadas maneras
de vincularse o no entre si. Veamos:
Por una parte, la corriente superestructural combate denodadamente a las
organizaciones autónomas, penetrándolas por todos lados, sin vacilar en
golpearlas cuando es el caso, aunque en muchas oportunidades se les dirigen
sonrisas y apretones de manos para ganar su voluntad frente a los desafíos
electorales, como en Chile.
Las corrientes autónomas han sido más sagaces en esa política de relaciones, por
una parte los zapatistas han convocado hábilmente a extensos sectores de
izquierda no adscrita a las elecciones, con lo que se fortalece el campo
autónomo y libertario. Los autónomos en Bolivia no se pronuncian atacando a Evo
Morales como hacen los ex insurreeccionalistas de la COB, que ahora son
electoralistas. Las comunidades ecuatorianas siguen participando en el
parlamento sin sacrificar la organización de localidades. Los mapuche están
presentes en todos los campos. Los MTDs autónomos en Argentina, como Solano y La
Matanza no se desgastan en frentes amplios volcando sus esfuerzos en consolidar
las relaciones internas y la cooperación y apoyo mutuo con otras experiencias
similares, en especial en el sur del país y algunas asambleas de Buenos Aires.
Así, cada uno de esos sectores se encuentra en franco proceso de
fortalecimiento, acelerando el fin de las políticas de la humanización.
Creemos que el proceso venezolano debe ser apoyado en sus organizaciones
sociales y dinámicas de construcción autónoma de capacidades locales. No nos
parece prudente atacar a su gobierno ni concentrar en él los apoyos, pues sin
organización de base, todo proceso camina hacia su fin. No es suficiente
convocar desde el bolivarismo organizado de manera vertical, ya esas fórmulas
han fracasado, en especial si se considera la fuerte presencia del capital, las
empresas y el mercado, que estarán ahí durante mucho tiempo. La batalla
ideológica está perdida de antemano si no se aseguran los avances de la
autoorganización social independiente de las comunidades, barrios y regiones
sobre la base de nuevas relaciones de democracia directa, autogobierno y
capacidad de imponer desde abajo las decisiones que tomen los gobiernos.
Esa debería ser una nueva política de alianzas erigida desde los movimientos
sociales hacia las organizaciones que orientan sus trabajos hacia el control de
los estados. Los apoyamos desde abajo, pero no se metan con nosotros. El avance
hacia una nueva sociedad debe estar marcado por los avances en las localidades y
deben ser seguidos por las medidas institucionales, no al revés. La derrota del
sandinismo en Nicaragua se debió en gran parte a ello. El FSLN se confió en el
control del aparato y la organización vertical de sus seguidores y grupos
sociales, hoy día sigue haciendo lo mismo. No confían en la autoorganización
social. Como en Chile, Allende y los partidos de su coalición no confiaron para
nada en la capacidad creciente del poder popular y se apoyaron en las
negociaciones superestructurales con militares, parlamentarios y empresarios,
con lo que se debilitaron aún más, participando con ello en la creación de las
condiciones para el golpe militar. Petras estuvo en Chile y vio claramente que
los avances sólo se darían si se erigiese ese poder popular. En esa época veía
en el MIR la potencialidad organizativa, pero no en las propias organizaciones
sociales, sino en la capacidad de la vanguardia de conducir el proceso de
acumulación de fuerzas para la toma del poder. Lo mismo hace hoy con el MST, sin
importarle si se trata de una organización vertical y autoritaria que no permite
la autonomía ni la iniciativa protagonista en los campamentos y asentamientos
que controla, todos ellos disciplinados y dirigidos con mano de hierro por
militantes seleccionados. Poco va a salir de ahí.
La extensión de la mano zapatista hacia los pueblos cubano y venezolano tiene
ese trasfondo: respetamos sus procesos, pero nuestros interlocutores son los
pueblos. Más claro echarle agua. Lo mismo hacia el MST brasileño: los
respetamos, es decir, tenemos diferencias, pero no nos metemos con ustedes, pero
… que camine la palabra.
Frente a ello, Petras aparece con un nuevo texto. En él insiste en que el único
enemigo es USA, desconoce las luchas locales en Bolivia aduciendo que las
principales movilizaciones fueron por la nacionalización, cuando ha sido notorio
que ha sido por la asamblea constituyente en primer lugar. Aún la propia
Coordinadora del Gas levanta esa bandera de lucha. Con relación Venezuela sólo
se refiere al resultado de las encuestas y votaciones que respaldan al
presidente Chávez y su programa nacional-populares, sus iniciativas
constitucionales y las alianzas gubernativas y del congreso, escondiendo la
importancia y necesidad de la autoorganización social por abajo en las
localidades como estrategia de continuidad ante cualquiera eventualidad. No
aprendió nada del caso chileno, cegado por su voluntad estatista.
Dice Petras que en Bolivia, Ecuador, México y Brasil, hay debate y discusión
sobre crear un nuevo instrumento político de clase basado en la toma del poder
estatal. Que yo recuerde en México solamente algunos sectores muy reformistas se
plantean ese propósito, a menos que desconozca olímpicamente la iniciativa
zapatista que ha concitado el apoya y adscripción de diversos sectores. En
Bolivia los únicos nuevos que aparecen discutiendo el tema son los ex
insurrecionalistas de la COB. En Ecuador no hay dinámicas nuevas fuera de los
forajidos divididos en dos corrientes, la mayoritaria o hegemónica que tiene a
la institucionalización y la minoritaria, pero de grandes perspectivas, que
apunta al asambleismo y la horizontalidad en pos de una nueva sociabilidad. En
Brasil, ya hace tiempo que se fraccionó el PT y ahora otros más van detrás de un
nuevo micro partido.
El golpe de gracia del texto de Petras se encuentra en los dos siguientes
párrafos:
“La emergencia de un modelo venezolano basado en una economía mixta, en el
bienestar social, en la política exterior nacionalista e independiente y en la
masiva participación popular en el proceso político, bajo el liderazgo de un
presidente afro-venezolano presenta un formidable 'punto de referencia' para el
florecimiento de los movimientos sociales en América Latina.
”La declaración del presidente Chávez en junio del 2005 de que él era un
socialista del siglo XXI, y que no ve ningún futuro en la explotación
capitalista e imperialista, ciertamente, relegitima un Marxismo renovado, que
busca unir a la nueva configuración de las fuerzas sociales radicalizadas - los
indios, los negros, los obreros precarios y los descendentes empleados públicos
- con los sectores militantes de los sindiccatos obreros y movimientos
campesinos”.
Veamos estas dos frases claves:
“punto de referencia para el florecimiento de los movimientos sociales en
América Latina.
“un marxismo renovado que busca unir a la nueva configuración de las fuerza
sociales radicalizadas con los sectores militantes de los sindicatos obreros y
movimientos campesinos”
He aquí la síntesis de la propuesta de Petras.
En primer lugar un marxismo renovado por arriba, desde el punto de referencia
para el florecimiento.
Produce la impresión de que las flores aún no se habían abierto o que no habían
flores, con los que hace tabla rasa del proceso continental de nuevas propuestas
por abajo basadas en la autoorganización territorial en pos de programas de
luchas que no aspiran a la toma del poder, sino a construirlo en cada lugar. Cae
en el mismo vicio de Ramonet: no hay salidas, busquemos, justamente cuando los
pueblos se levantan con autonomía.
Como que recién se hubiera descubierto la pólvora, mientras todos la están
usando en muchas partes.
En verdad se trata de reorientar las luchas sociales hacia la subordinación
detrás de los militantes obreros y campesinos. Por eso Petras insiste tanto en
las vanguardias. Obviamente guiadas por el marxismo, pero no el marxismo
libertario, no señor, sino el marxismo estatista, aquella corriente de algunos
seguidores de lo que Engels bautizó en contra de la voluntad de Marx de
“marxismo”, una de las más poco confiables interpretaciones de las ideas de Marx,
que tenía muchas y diversas.
La crítica de Petras a los partidos que se quedaron debajo de la cama entonces
apuntaba a que debían haber estado allí conduciendo a las masas al asalto del
poder.
Mal harían las comunidades indígenas de subordinarse a ello dejando atrás sus
proyectos. Mal harían los desempleados en abandonar las búsquedas de la
autogestión para sumarse a las vanguardias. Mal haría la juventud, mayoritaria
en el continente y de la cual Petras nunca habla, pues no se alinea mucho
con esas propuestas superestructurales.
El referente del que nos habla Petras parece ser el que estaba faltando, un
nuevo modelo socialista, algún apóstol a quien seguir, esto es, el fin de la
autonomía, la autogestión y el autogobierno, nada de eso, hay que sumarse a los
que van detrás del control, del estado.
¿Dejar de lado la construcción de capacidades locales?¿Dedicarse a apoyar las
medidas de los gobiernos?
No, gracias. Eso ya lo hicimos y no vamos otra vez. Que los gobiernos aprendan a
mandar obedeciendo, que apoyen la extensión de los autogobiernos locales. No es
al contrario, amigo Petras.
Profesor J
profesor_j@yahoo.com
http://clajadep.lahaine.org
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