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(IAR-Noticias)
19-Jul-05
Los
ladrillos de reservas de oro y monedas fuertes se colocan en sus respectivos
lugares en la pirámide de altura sin precedentes que erige el Banco Central de
Rusia. El fondo de estabilización ha alcanzado proporciones conmensurables con
el presupuesto nacional anual. Teniendo tal situación, las fuerzas políticas del
país han tomado la sensata decisión de irse de vacaciones sin hacer ruido: la
izquierda no lanza gritos sobre el “régimen antipopular”, y la derecha no
promueve ningunas ideas radicales sobre la reorganización de nuestra vida.
Por Vasily Kononenko - RIA
“Novosti”
Pero
ese idilio político, tan poco habitual para Rusia, tiene un carácter engañoso.
El otoño llegará muy rápido, y bien puede suceder que traiga consigo conmociones
políticas no pronosticadas.
El potencial de tal conflicto lo dejaron antes de irse de vacaciones los
diputados de la Duma de Estado, al haber aprobado unas enmiendas que se prevé
introducir en la legislación. En particular, ellos han investido a las asambleas
legislativas regionales del derecho a promulgar leyes que permiten excluir el
renglón “en contra de todos” de las papeletas al tratarse de las elecciones de
las autoridades locales. Como resultado, los diputados de la asamblea
legislativa de Moscú usaron sin dilaciones de ese derecho y aprobaron un código
electoral, según el cual desde hoy se puede votar solamente “en pro” o “en
contra” de los candidatos que figuran en la nómina. Tanto los diputados
federales como los de la asamblea legislativa de Moscú intentaron - no se sabe
por qué – enmascarar minuciosamente la “mina de acción retardada” colocada en
esas enmiendas. Las insignificantes protestas que expresó con ese motivo la
oposición no permitieron verter luz sobre el peligro que entraña la bien
parecida “preocupación” de los diputados por el ingenuo elector.
Aparentemente, los iniciadores de la novedad – el partido Rusia Unida – lo hacen
velando por los intereses del Estado. Ellos aducen argumentos que todo el mundo
conoce. Por ejemplo, en ciertas regiones fracasaban elecciones y durante un
largo tiempo era imposible formar el poder legislativo por haber prevalecido la
votación “de protesta”. Además, en los países altamente industrializados no
existe tan renglón en las papeletas. “Es un invento del período inicial de
desarrollo de la democracia en nuestro país”, afirman ellos. Es verdad, ese tipo
de votación está autorizado solamente en Bielorrusia, Ucrania y la Argentina,
además de Rusia. Pero allí las condiciones difieren mucho de las rusas en lo que
concierne a elegir entre los partidos y los candidatos, especialmente durante
las elecciones regionales. En los parajes perdidos rusos lo de dar un voto de
protesta significa a veces el único modo posible de luchar contra la ilusión de
la celebración de elecciones. Pues a menudo junto con el candidato principal se
promueven unas figuras de quita y pon, mientras que los pretendientes reales no
se admiten bajo diversos pretextos.
A veces tal posibilidad de expresar su protesta les ayuda a los electores a
salir con la suya. Por ejemplo, el “candidato en contra de todos” ganó las
elecciones al parlamento de la provincia de Magadán, obteniendo el 30 por ciento
de los votos. Y también venció en dos ocasiones - en diciembre de 2003 y marzo
de 2004 – en una de las circunscripciones uninominativas de San Petersburgo.
Durante las elecciones del alcalde de Serpujov, provincia de Moscú, celebradas
en 2000, más del 40 por ciento de los electores dieron sus votos en contra de
todos, o el doble de lo que reunió el alcalde de aquel entonces. Y, por último,
durante las últimas elecciones a la Duma de Estado ese “candidato” ganó el 4,7
por ciento, acaparando los votos de casi tres millones de electores.
Pero la función esencial de la votación en contra de todos no radica en el
cálculo aritmético de los votos quitados a los partidos o los candidatos, sino
que yace en el plano de psicología humana. El renglón “en contra de todos”
desempeña el papel de válvula de emergencia de una caldera de vapor. Pues
permite evitar que la indignación de los habitantes de una ciudad o región
alcance el grado de explosión social. Con la modificación de la legislación
electoral, el potencial explosivo sólo crecerá. Según un sondeo efectuado por el
centro de estudios sociológicos ROMIR en noviembre de 2004, en las elecciones
parlamentarias votarían en contra de todos el 16,2 por ciento de los electores,
que es un resultado mayor que el obtenido por los partidos KPRF (comunista),
LDPR (demócratas liberales) y Rodina /Patria/. Mientras que la pesquisa
realizada en marzo de 2005 por la fundación “Opinión pública”, mostró que el
“candidato en contra de todos” reuniría el 8 por ciento de los votos.
La votación en contra de todos no es simplemente un modo de menospreciar las
elecciones. Se trata de un acto protesta que realiza conscientemente una parte
de la población activa en lo político. Y si cierra la válvula de escape de la
energía del descontento social, la concentración crítica de tal energía puede
surgir incluso a causa de un mal funcionamiento del alcantarillado en la ciudad,
sin hablar ya de las maquinaciones de unos jugadores políticos locales. Los
iniciadores de prohibir “el voto de protesta” incitan a la gente a lanzarse a la
calle. En una situación revolucionaria, baste con que en la plaza aparezca un
político ultra, tipo Le Pen, para que surja el partido “En contra de todos”. Esa
estructura ideológica por su esencia empezaría a absorber grandes masas de los
descontentos. Luego sucedería lo de siempre: los románticos quedarían
desplazados y empezarían a dirigir a las masas unos canallas.
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