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"El terrorismo" Made in USA lleva el sello cómplice de los medios

 
 

(IAR-Noticias)  21Jul-05 

El mundo despertó indignado el pasado jueves al conocer la noticia sobre los atentados ocurridos en Londres con saldo de decenas de muertos y centenares de heridos, crimen que la gran prensa, con la precipitación y ligereza que muestran en la cobertura de hechos similares a partir de los acaecidos en 2001 en los Estados Unidos, han atribuido a Al-Qaeda, la organización de Osama Bin-Laden, mientras por otra parte, ocultan informaciones que señalan al gobierno estadounidense como responsable de los sucesos de 11-S y probablemente de otras abominables acciones de terrorismo.

Por Hernán Mena Cifuentes - Agencia Bolivariana de Noticias, Caracas

Investigaciones adelantadas por científicos, técnicos y periodistas fortalecen esa última hipótesis, quienes coinciden al señalar, que los atentados ocurridos en Nueva York, Washington y Filadelfia, que causaron la muerte a unos 3.000 inocentes, habrían sido planificados y ejecutados por Washington, y no por fundamentalistas árabes, identificando como autores de los mismos a George W. Bush y sus halcones, inventores, - según afirman - del terrorismo islámico, criatura con la que habrían iniciado las guerras contra Afganistán e Iraq.

A medida que pasa el tiempo, salen a la luz nuevas evidencias que avalan el resultado de investigaciones efectuadas a raíz del 11-S, día en que fueron embestidas y supuestamente derribadas por dos aviones las Torres Gemelas del World Trade Center y el derrumbe de un edificio aledaño, en Nueva York; la destrucción parcial del Pentágono en Washington y la caída de una aeronave en Filadelfia, actos que por su trágico saldo, provocaron la justa indignación y horror del mundo, reacción que de acuerdo con los denunciantes, era precisamente lo que esperaba Bush y sus halcones para dar inicio a la primera fase de su plan: la invasión a Afganistán.

Convertido en Vengador planetario y guerrero mesiánico, al declarar y lanzar con el apoyo de la gran mayoría del pueblo estadounidense y gran parte de la opinión pública internacional, su Guerra Infinita, GWB lanzó una aventura bélica sobre la nación del Asia Central, con el propósito, de acuerdo con esos investigadores, de apoderarse de un país considerado enclave estratégico para el paso de grandes oleoductos hacia el Occidente. Con la excusa de capturar a Bin-Laden, masacró pueblos y ciudades hasta derrocar al gobierno alibán, que supuestamente protegía al líder de Al-Qaeda.

Esos mismos críticos dudan que Washington persiguiera entonces, y que aún traten de capturar a un aliado incondicional de los Estados Unidos, al que entrenó, armó y financió con cientos de millones de dólares años antes, para desalojar de Afganistán al ejército soviético.

Pocos meses después, Bush Jr. volvió a golpear los tambores de la guerra, acusando al gobierno iraquí de poseer armas de destrucción masiva y de estar a punto de lanzar ataques contra países vecinos, acusación que fue negada por Bagdad y por los inspectores de las Naciones Unidas, y por el mundo entero cuando el Nerón del Siglo XXI, anunció su decisión de invadir a ese país, aventura bélica que materializó pese a la posición de la ONU y a la total condena de los pueblos y lideres políticos, sociales y religiosos del mundo, entre ellos Juan Pablo II, quién advirtió que esa guerra sería ilegal e inmoral, y quienes llegaran a lanzarla, tendrían que responder ante Dios y ante la historia.

La mentira de Washington fue descubierta al comprobarse la inexistencia de las ADM en Iraq, lo que da más credibilidad a los investigaciones opuestos a la versión oficial de los sucesos del 11-S, en razón de que, si se acusó falsamente al gobierno de Sadam Hussein, no sería extraño, que para justificar esa invasión y la de Afganistán, se siguió la misma agenda y utilizó el mismo sello de atentado terrorista islámico, práctica que de acuerdo con la época que le ha correspondido aplicarla, ha sido una constante en la historia del Imperio.

Así lo confirman algunos eventos, que a lo largo de más de dos siglos contribuyeron al proceso expansionista del imperio, mediante el montaje de falsos escenarios, (unos confirmados, otros no ) previos a guerras e invasiones desatadas por los Estados Unidos, como los sucesos de El Alamo, contra México en 1836; El Maine, en 1898 contra España; Pearl Harbour en 1941 contra Japón; el Golfo de Tonkin en 1964 contra Vietnam del Norte y otras agresiones como las realizadas en Centro y Sudamérica.

La supuesta farsa del 11-S, fue denunciada por el periodista e investigador francés Thierry Meyssan en su obra, La terrible Impostura, en la que aporta pruebas que ponen al descubierto lo que a su juicio sería uno de los últimos escenarios montados por un gobierno de los Estados Unidos para justificar sus aventuras bélicas, ahora enmarcadas en su hegemónico proyecto de dominación mundial bautizado por los estrategas de Washington con el nombre de Proyect for a New American Century, (Proyecto para un Nuevo Siglo Americano).

Lo que sugiere La Terrible Impostura, -escribía meses mas tarde un periodista de la agencia de noticias canaria AKN- es que los culpables de los atentados del 11-09, deben ser buscados cerca de quienes ejecutaron la masacre de Oklahoma y no en la red terrorista islámica de Bin-Laden, recalcando más adelante lo escrito por Mayssan, quien revela en su obra, que las torres del World Trade Center escondían una base secreta de la CIA y que Bin-Laden se habría entrevistado con agentes norteamericanos poco antes de los famosos atentados.

Todo lo afirmado por Mayssan en La Terrible Impostura ha sido corroborado esta semana por Morgan Reynolds, ex economista Jefe del Departamento de Trabajo de los EEUU durante el primer período del Presidente Bush, quien estima que la versión oficial sobre el colapso del World Trade Center es falsa, manifestando en este sentido que es más probable que una demolición controlada haya destruido las torres gemelas y el adyacente edificio No. 7, al tiempo que destaca el ahora Profesor Emérito de la Universidad A&M de Texas, que hacer un análisis en el actual Estado de Seguridad, sigue siendo un desafío, porque expertos en explosivos y estructuras, han sido intimidados en sus análisis de los colapsos del 11-S.

Reynolds se basa en leyes de la física, normas de ingeniería y evidencias técnicas, que demuestran por ejemplo, que el fuego del incendio de 16 minutos provocado por el combustible del avión que impactó la Torre Sur del WTC, y que supuestamente causó su derrumbe, no pudo provocarlo el fuego de hidrocarburos como los alimentados por carburante para jet, (kerosén). Es imposible que este tipo de combustible eleve la temperatura del acero hasta aproximarla a un punto de fusión, por lo que ese tipo de calor no puede haber sido causa de su caída.

A partir del 11-S, se realizaron otros hechos similares alrededor del mundo, ejecutados bajo el clima de angustia y pánico generado por la amenaza del terrorismo fundamentalista islámico creado por los estrategas de Washington para alimentar la tesis de la Guerra de dos Civilizaciones, pero al observar con preocupación que el miedo a nuevos actos del supuesto terror árabe comenzaba a disiparse en la conciencia del pueblo estadounidense, Bush y sus halcones decidieron exacerbar hasta límites de paranoia colectiva ese temor, acudiendo una vez mas al uso de los Medios masivos de Comunicación, convertidos en una de las armas más efectivas de su arsenal de mentiras y manipulación.

Para tener una idea del poder de destrucción de la verdad en manos de los Mass Media, cuya fuerza aumentó aún más a partir del 11-S, basta citar fragmentos de una crónica de la periodista mexicana Graciela Barabino, quien expone en su trabajo, con un crudo lenguaje, las siniestras formas del mensaje divulgado por la prensa escrita, la radio y la televisión, cuyos dueños, cómplices incondicionales del Imperio, obligan a muchos periodistas mediante el chantaje de un bozal de arepa a olvidar lo que la moral y le ética profesional les señala como orientadores de los pueblos y divulgadores incorruptibles de la verdad.

El once de septiembre de 2001, - señala Barabino-, la violencia y los medios masivos de comunicación cambiaron la historia post-moderna. El mundo era uno antes del 11-S, y otro al día siguiente.

Las reglas del juego político internacional, - continúa - habían dado un giro de 180 grados. A partir de ese día, y gracias a la cobertura mediática de los acontecimientos, repetidos al hartazgo por la pantalla chica, los ciudadanos del mundo entero aceptamos, anonadados y rebasados por los hechos, un golpe de Estado planetario.

Las imágenes de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas en Nueva York y la explosión de la supuesta tercera aeronave en el Pentágono, pues hay versiones de que se trató de un misil, ejemplifican de manera estupenda, - como un perfecto guión cinematográfico -la estrecha relación que tienen la violencia y los medios de comunicación como binomio invencible para crear inseguridad y miedo; esperanza y fe, entre la población. Combinados son un estupendo instrumento de manipulación de masas.

Además, con los avances tecnológicos, - prosigue - logran crear hasta realidades virtuales y pueden incitar al público a emprender acciones cuyos verdaderos intereses están camuflados. Pueden persuadir al ciudadano de lo que sea, hasta del absurdo más grotesco”. Al tomar a Venezuela como ejemplo de ese amoral uso de dichos recursos, como ocurrió con los sucesos de Puente Llaguno en los que se creó una realidad virtual, la periodista escribe que Un magnifico ejemplo de esto último fue la intentona golpista en Venezuela. Es el primer golpe de Estado mediático en la historia.

El jueves, curiosamente también un día 11, pero de abril del 2002, -escribe - los medios masivos de comunicación de esa nación caribeña, especialmente las televisoras locales privadas, difundieron la apócrifa noticia de la voluntaria dimisión del mandatario Hugo Chávez ‘por el bien del país’.

Toda esa información era falsa, - agrega - pero siguiendo el principio goebbeliano de que una mentira repetida cien veces se vuelve verdad, se llevó a cabo el fallido experimento. El ensayo fracasó gracias a un soldado que custodiaba a Chávez durante su detención. El dirigente le confesó que estaba arrestado, pero que no había renunciado. Dicho militar mando por fax esa declaración escrita y firmada de puño y letra del propio Chávez, y el pueblo junto con gran parte del ejército invadió las calles para apoyarlo.

El villano de esta fallida destitución no fue el ejército ni los opositores de Chávez, fueron los medios electrónicos de comunicación.

En consonancia con esa conspiración adelantada con la complicidad de los medios para imponer su tesis del terrorismo islámico fue que Washington, reactivó en las últimas semanas, la campaña manipuladora de la opinión pública mundial, especialmente al pueblo estadounidense, que había despertado de su hipnótico poder, pese al gigantesco dispositivo de seguridad desplegado por todo el país, supuestamente para garantizarle su integridad física, y una Ley Patriota que les llevó a perder su libertad de movimiento, su privacidad personal y familiar, gran parte de sus derechos, como el que hoy se arrebata a los periodistas honestos encarcelándolos por negarse a revelar su fuente de información.

Solo el poderoso olfato periodístico que poseen algunos auténticos comunicadores sociales, ha puesto al descubierto esa nueva fase conspirativa de Imperio, y que al igual que lo hizo Thierry Meyssan con la Terrible Impostura, han denunciado con antelación las nuevas maniobras del Imperio que en los últimos meses, en complicidad con sus aliados europeos y la Gran Prensa, montaron un nuevo escenario de miedo al desplegar en ambos continentes, gigantescos dispositivos de alerta, para asegurarse la vigencia del pánico impuesto a sus pueblos supuestamente amenazados por inminentes actos de terrorismo islámico.

Fue a solo 48 horas de que ocurrieran las explosiones en Londres y mientras se celebraba la Cumbre del G-8 en la vecina población escocesa de Glenneable, que el diario digital Iarnoticias, en su edición del 6 de julio, denunció que Washington prepara un nuevo escenario de miedo con el terrorismo. La CIA y el FBI, con apoyo de los servicios británicos y europeos, -revelaba la nota -se encuentran a la caza de redes terroristas que estarían planeando ataques a EE. UU. y Europa.

La reactualización de nuevas Alertas y mega-operativos de seguridad, tanto en los Estados Unidos como en Europa, - continuaba diciendo - estarían orientadas a revertir la tendencia decreciente de credibilidad en los ataques terroristas que revelan los sondeos.

La misma información destaca que en su último mensaje a la sociedad norteamericana, y en un momento en que, según las encuestas, el pueblo estadounidense rechaza la ocupación de Irak y comienza a olvidarse del 11-S, George W. Bush y su asesor estratégico, Kart Rove, hicieron aparecer nuevamente a Bin Laden y Al-Qaeda en el escenario siempre latente de la amenaza terrorista.

La única manera que nuestros enemigos pueden tener éxito - enfatizó Bush en su discurso- es si olvidamos las lecciones del 11 de septiembre...si concedemos el futuro del Medio Oriente a hombres como Bin-Laden. Y finalizaba la nota indicando: para su supervivencia política, Washington tiene que demostrar ‘a cualquier costo’... , que el peligro terrorista sigue existiendo.

¿Sería ese cualquier costo, lo que pudo conducir a la muerte de tantos inocentes, con el único propósito de reactivar una conspiración dirigida a preservar el pánico hacia el terrorismo islámico y de esta manera, proseguir impunemente con un proyecto de conquista planetaria, lanzando nuevas aventuras bélicas como las desplegadas contra Irák y Afganistán y que ahora se pretende extender a Venezuela, Irán y otras naciones, contando con el apoyo de la violencia manipuladora de los medios de comunicación?

El tiempo se encargará de comprobar la verdad de hechos que hoy se le niegan a los pueblos, y ello solo podrá ocurrir, cuando auténticos y verdaderos periodistas, decidan rescatar a la Gran Prensa de su papel conspirador, restituyendo los principios morales y éticos de una profesión, disminuida y secuestrada hoy por el Imperio y sus cómplices, los dueños de los grandes medios.

 

 

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