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(IAR-Noticias)
25Jul-05
¿Es
verdad lo que escribe Raúl Zibechi en "El escenario post Lula"? ¿"El debate de
fondo es cómo será el escenario post Lula"?, ¿"sea como fuere, su gobierno ya
terminó"?, ¿"la crisis terminal del PT y de Lula" es una realidad? Creo que la
importancia de Brasil para América Latina y el avance de los movimientos
sociales, comenzando por el Movimiento de los Sin Tierra, deberían requerir
análisis menos impresionistas, más cautos, menos superficiales.
Por
Guillermo Almeyra - La Jornada
Antes de que alguien se lance a acusarme de oportunismo, cretinismo
parlamentario y otras yerbas, me apresuro a reconocer que las acusaciones contra
la dirección del Partido dos Trabalhadores (PT) y el gobierno de Lula son graves
y ciertas, y a decir en mi descargo que, a diferencia de otros, no tengo ninguna
desilusión con respecto a ambas direcciones simplemente porque nunca tuve
ilusiones, como lo prueban mis artículos. De modo que no me cuento entre los que
gritan "¡traición!", se rasgan las vestiduras y declaran muerto al PT al
sentirse defraudados porque las vacas ni vuelan ni gorjean (aunque sean útiles
para los campesinos).
"El debate de fondo" es otro: la lucha de clases no se disputa solamente entre
los trabajadores y los capitalistas nacionales y extranjeros, sino también en el
terreno del gobierno y de los partidos populares mismos, y la lucha ideológica
que no se libra deja intactas las visiones conservadoras del mundo y de la
política. El PT nació de la confluencia de tendencias socialcristianas (entre
ellas, las comunidades de base), dependentistas, nacionalistas sociales,
comunistas pro chinos y pro soviéticos, trotskistas de diferentes posiciones y
pertenencias, reformistas oportunistas y ultraizquierdistas delirantes. Un
movimiento sindical obrero en auge en 1970, que derribó a la dictadura y abrió
el camino a la democratización del país, fue el aglutinante ideológico -con una
política distribucionista y en pro de la justicia social- y fue también la base
organizativa del Partido de los Trabajadores.
Este, como la Central Unitaria de los Trabajadores (CUT), nació de los
sacrificios y de la abnegación de un movimiento de masas, y desde hace más de un
cuarto de siglo el PT y los movimientos sociales a él ligados, como el MST o los
sindicatos, son el eje político y organizativo de los sectores populares y de la
izquierda. Aunque en el seno del PT militasen tendencias (minoritarias)
revolucionarias, socialistas, el PT, sin embargo, nunca fue socialista ni
revolucionario y su dirección estuvo siempre en manos del grupo de sindicalistas
y ex sindicalistas "de centro", o sea que buscan reformar el sistema
capitalista. Ese grupo toma todas las decisiones. Lo importante del PT y de la
CUT es que organizaron sobre una base de clase, aunque no socialista, a las
amplias masas obreras, campesinas y populares que en el pasado sólo habían
conocido pequeños partidos y sectas, y, en su mayoría, habían seguido al
nacionalismo de Vargas-Goulart-Brizzola.
Además, Brasil es un conjunto de regiones muy diferenciadas y el PT tiene
trayectoria y fuerza en algunas -donde antes de él hubo una izquierda o un
nacionalismo combativo-, pero no en todas. Mientras en Rio Grande do Sul, por
ejemplo, se apoya en una posición ética, trata de organizar sus bases y a los
trabajadores y forma cuadros (entre otros, los dirigentes del MST), no sucede lo
mismo en el resto del país. Por último, el PT tiene 800 mil afiliados en un país
de 150 millones de habitantes pero, al ganar el gobierno, convirtió a una gran
mayoría de sus cuadros en funcionarios, burocratizándose, y realizó alianzas
electorales con los viejos partidos de los capitalistas o terratenientes,
fomentando el pragmatismo sin principios.
Pero como quienes lo votaron no esperaban el socialismo sino mejoras sociales y
democráticas y, además, esos sectores ven la relación de fuerzas en las regiones
donde viven, la decepción de los trabajadores, obreros y campesinos ante las
políticas de las direcciones sindicales, del PT y del gobierno, ni tiene la
misma magnitud ni el mismo ritmo de quienes -honestamente- rompieron por la
izquierda con la senadora Heloísa y el conjunto de tendencias heterogéneas que
dieron origen al PSOL, o de los intelectuales que creen en los atajos y no ven
que la construcción de una dirección anticapitalista es un proceso largo y
complejo.
En efecto, nadie en su sano juicio tira por la borda un instrumento de lucha que
costó sangre y más de 25 años construir... a no ser que tenga -lo que no es el
caso- un instrumento mejor, o haya llegado, cosa que no es así, a conclusiones
políticas superiores. Por eso Lula, en medio de todos los escándalos, aumenta su
popularidad en las encuestas. Porque los brasileños "de a pie" ven que quienes
nunca tuvieron ética y son aliados de Washington, los que llevaron al suicidio a
Getulio Vargas, los privatizadores y ladrones, los que nunca aceptaron al "sapo
barbudo" -como llamaban al ex campesino y ex obrero que llegó a presidente-, son
quienes dirigen la campaña contra Lula y el PT y, por tanto, tal como los que se
movilizaron por López Obrador en México, hacen frente contra el enemigo de clase
y, sin ignorar las limitaciones y los vicios o la corrupción de los Bejarano
locales, apoyan a quien ven como un centro de resistencia si no como mártir. A
pesar de todas las barbaridades y escándalos de Perón, el peronismo no "entró en
fase terminal" y hubo gente que murió en su nombre luchando contra la derecha...
Quien toma como argumento su propia impaciencia, es infantil. La ultraizquierda
corre siempre el riesgo de ser cómplice de la ultraderecha si no es capaz de ver
qué pasa en las masas populares.¿Quién puede asegurar, ni siquiera en
Washington, que Lula y el PT están en "estado terminal"? ¿Es responsable
apostarle al post Lula en vez de ver qué se puede hacer contra la derecha?
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