Para
el autor, docente en la Universidad de BarIlán, la estrategia de confrontación
que ha adoptado la derecha nacionalista israelí -en particular sus versiones
inspiradas en el fundamentalismo religioso- para resistir la evacuación de Gaza,
tiene raíces en su visión de la democracia, que considera un sistema de gobierno
lento e ineficiente, cuando no pecaminoso y pagano.
Por Joseph Hodara - El
Corresponsal
La
colocación de una bomba ficticia en la multitudinaria terminal de autobuses de
Jerusalén por parte de elementos que se oponen al repliegue israelí de Gaza es
una evidencia más de los desvaríos tácticos de la derecha israelí.
El hallazgo del desarmado detonante
por parte de los servicios de seguridad provocó la evacuación de miles de
personas que se encontraban en el sitio y el consiguiente desorden del tránsito
privado y público en las calles de esta ciudad.
Episodio que multiplica la irritación
de no pocos ciudadanos, incluso de aquellos que revelan su postura política e
ideológica con banderines anaranjados -el color simbólico de la resistencia a
las intenciones gubernamentales.
No se trata de un primer acto enfilado a manifestar la absoluta solidaridad con
los colonos israelíes en Gaza que deberán abandonar sus hogares en la primera
semana de agosto a más tardar. Ya son seis los intentos de suscitar molestias y
pánico en la población israelí a través de la instalación de presuntos
explosivos en lugares públicos.
A ellos cabe añadir el bloqueo de
carreteras y el derrame de aceite en rutas interurbanas. Constelación de actos
violentos que revela un desacierto de los que objetan el repliegue, o bien una
actitud desesperada.
En cualquier caso cabe anticipar que
si la extrema derecha israelí no cambia estas tácticas violentas, que se suman a
los llamados a la deserción y a la desobediencia a las fuerzas armadas y
policiales durante la programada evacuación, la mayoría de la sociedad israelí
se manifestará a viva voz contra estas conductas que apuran la probabilidad de
un enfrentamiento civil.
¿Cuál es el origen de este equívoco conceptual y práctico? En mi opinión, el
descreimiento y el escepticismo respecto de la democracia, además de una
ineptitud esencial para escoger estilos opcionales de oposición.
La derecha nacionalista israelí -en
particular sus versiones inspiradas en el fundamentalismo religioso- postula que
un régimen democrático es por naturaleza lento e ineficiente, cuando no
pecaminoso y pagano.
Es desmesuradamente racional y, por
lo tanto, inepto para entender y contrarrestar las pasiones encendidas o la
fervorosa brutalidad. De aquí que hay que acicatearlas, en particular cuando
decisiones emanadas
Esta particular perspectiva informó
la táctica opositora de Gush Emunim (Bloque de la Fe) en los últimos meses.
Gestó en sus inicios apoyo y entusiasmo, pero hoy, por ignorar límites, suscita
efectos contraproducentes.
¿Cuál es la opción que los fervorosos nacionalistas podrían haber escogido? La
resistencia pasiva y silenciosa, las plegarias persistentes en sitios públicos,
la colectiva aunque calmada elocución de elegías.
Y en los días de la cercana
evacuación - el levantamiento de una muralla humana ( especialmente mujeres y
niños) a la espera de soldados y policías que trabajosamente intentarán
desmoronarla.
Ni las cárceles ni los recursos
militares serían suficientes para desbaratar esta fría y sosegada resistencia,
contemplada por los telespectadores del país y del mundo.
Esta opción aún puede verificarse. Incluso actos de suicidio que añadirían un
oscuro dramatismo, incluso de llamativa morbosidad, a esta postura.
Sin embargo, conjeturo que esta
posibilidad fue rezagada por los hechos. El ejercicio de la violencia,
presumiblemente avalado por la Historia o por Dios, se multiplicará en las
próximas semanas en Israel y en el contorno regional.
Se gestará así un duro dilema para el
Ejército y para la democracia israelí.
La fuente: el autor profesor en el
Departamento Interdisciplinario de Ciencias Sociales, Universidad Bar Ilan,
Israel.