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(IAR-Noticias)
01Ag-05
El Ministro de Economía y
Finanzas del Uruguay nunca ocultó sus simpatías por el modelo de economía
política del gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Radio Centenario
En cambio, el progresismo uruguayo mantuvo hasta hace poco una prudente
distancia de las posiciones políticas del gobierno Bolivariano del presidente
Chávez.
Poco tiempo ha bastado para que la vida se encargue de definir ambos procesos en
cuestión.
Mientras el gobierno brasileño y el Partido de los Trabajadores de Lula naufraga
en la peor crisis política, por causas de la corrupción y la inmoralidad; Chávez
afirma su liderazgo político en la región y todo el continente.
Una importante delegación del gobierno progresista, acompañó esta semana a un
nutrido grupo de empresarios uruguayos, quienes se anuncia concretaron
importantes negocios en el país venezolano.
El Parlamento de Venezuela habilitó al presidente Chávez a manejar un
presupuesto de 17 mil millones de dólares fuera del país según el Financial
Times unos seis mil millones de dólares se invertirán entre Argentina, Paraguay
y Uruguay.
De acuerdo a los informes de prensa durante esta rueda de negocios entre Uruguay
y Venezuela hubo acuerdos por 46 millones de dólares.
De ellos 23 millones y medio son negocios de compra y venta y otros 23 millones
de dólares son asociaciones estratégicas.
En la mayoría de estos negocios la balanza es favorable para los vendedores
uruguayos.
Mientras que se aseguró que el gobierno de Venezuela eligió a Uruguay para
concretar un millonario negocio en el área petrolera y la compra de cemento
portland.
Por lo cual el presidente Chávez estaría dispuesto a invertir en la refinería de
La Teja hasta mil millones de dólares en la ampliación de la Refinería de La
Teja.
De cualquier manera, con un perfil más bajo, la competencia de la venezolana
PDVSA y la brasileña PETROBRAS desde hace tiempo ha ganado la delantera en el
país.
Tras ingresar al mercado uruguayo Petrobrás adquirió el 55 por ciento del
paquete accionario de la empresa Conecta.
Sin mucho brillo mediático los brasileños ya están pensando en comprar Gaseba
-la ex Compañía del Gas- uruguaya que era de esperar que tras el retiro de la
multinacional francesa regresara a manos de la nación.
Los empresarios de Petrobrás ahora firmarán un documento con el gobierno
uruguayo donde se analizan los posibles acuerdos comerciales.
Petróbrás ya está pensando en aprovechar la capacidad de las plantas de
lubricantes y de refinación de La Teja. También han estudiado y mantienen
interés en la Boya de San Ignacio para la entrada y salida del crudo.
Los empresarios de Petrobrás llegaron a Uruguay el primero de marzo buscando el
resultado económico y apostando a la seguridad jurídica. Su confianza en Astori
es total porque destacan la preocupación del Ministro de Economía y Finanzas por
controlar el gasto público y apostar a las inversiones de Petrobrás.
También aquí se puede apreciar la dualidad política del progresismo. Por un lado
Astori y su política económica monetarista orientando la apertura total del
mercado, acelerando las reformas del Estado, intentado que se firme cuanto antes
el Tratado de Inversiones.
Y por otro, un avión lleno de dirigentes progresistas a Venezuela detrás de la
solidaridad generosa de un hombre como Chávez. Que no escatima esfuerzos,
tiempo, recursos y generosidad con los pueblos Latinoamericanos para ayudarlos a
romper los lazos de dependencia con los Estados Unidos.
Mientras el “astorismo” concreta y resuelve en silencio, los dirigentes
progresistas se disputan los espacios de la televisión y las principales páginas
de los diarios para anunciar las “buenas nuevas” gracias a la solidaridad de los
revolucionarios.
El presidente Tabaré Vázquez le ha pedido a los ministros de Estado que se
manejen con austeridad y que trabajen en equipo para evitar que Danilo Astori
quede como “el malo de la película”.
Una percepción errónea que obedece más a la transmisión de asesores que a un
reflejo de la realidad.
Austeridad que no se refleja, hasta ahora, en la práctica diaria de la mayoría
de los representantes del progresismo a quienes la población suele ver por la
televisión en almuerzos,. desayunos y viajando por el exterior.
Un pequeño país en crisis, que de los tres millones de habitantes tiene un
millón de pobres, no justifica delegaciones tan numerosas que más se parecen a
un viaje de turismo político y competencia mediática, que a una necesidad real.
Quienes más han sido cuestionados y golpeados por la población, los sectores
progresistas, y los medios de prensa han sido ministros como Marina Arismendi
del área social, José Díaz del Interior, y Reinaldo Gargano, de Relaciones
Exteriores.
Los asesores deberían darle a conocer al presidente Tabaré Vázquez las encuestas
donde el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, es el que cuenta con
mayor simpatía y respaldo de la población.
Le sigue -pero muy lejos- el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, José
Mujica, con menos de la mitad del apoyo ciudadano.
Y los últimos de la lista de simpatías, son Marina Arismendi y Reinaldo Gargano,
que son los más criticados por los uruguayos.
Astori en realidad para los uruguayos es Gardel, si en este momento se realizara
una nueva encuesta, Astori está para competir con el propio presidente de la
República.
Astori se ha puesto el gobierno sobre sus espaldas, acaudilla la política, las
formas, encabeza las delegaciones principales, cohesiona y orienta no sólo la
política económica, sino todas las demás áreas de gobierno.
Para los uruguayos “la mala de la película” hasta ahora -si por ello se entiende
el más golpeado- ha sido Marina Arismendi a quien le han dado “como quien lava y
no tuerce”.
Solicitar mayor respaldo para Astori “que está fuerte como un toro” y aparece
todas las “santas noches” rozagante y triunfador por la televisión, anunciando
buenas noticias, crecimiento, desarrollo, aumentos salariales, brindando con el
FMI un día y al otro viajando a Washington a votar por el representante
colombiano en el BID.
En cambio, quien necesita ayuda urgente es la Ministra de Desarrollo Social, que
no para entre motines en el INAME, los piqueteros marchando o quemando
cubiertas, las interpelaciones parlamentarias, criticas en los medios de prensa
y críticas internas de sus propios compañeros progresistas.
Reclamar mayor apoyo para Astori en realidad, no viene al caso.
Salvo que con ello se esté reclamando en la práctica comprometerse más con la
política de Astori, que es lo mismo que decir “yo no quiero quedar solo
defendiendo a Astori”.
Porque sin duda después que Astori privatice todo lo que queda de las empresas
públicas, ya firmados todos los acuerdos con el FMI, el Banco Mundial y
cumplidos los mandatos de Estados Unidos de poner a un hombre del Plan Colombia
en el BID.
A Astori solo le resta hacer levantar la mano en el Parlamento a los
legisladores progresistas para firmar el Tratado de Inversiones con los Estados
Unidos.
No hay dudas que “el malo de la película” va a demorar en ser reconocido por el
pueblo, pero esa será otra película no la que estamos viendo hoy.
Esa película recién comenzará a exhibirse en el cine uruguayo dentro de un
tiempo cuando la pobreza y la miseria se multiplique y entonces el pueblo
comience a pedirle cuentas al gobierno progresista.
Haití
Nosotros no olvidamos que el gobierno progresista aprobó el aumento de efectivos
militares en Haití.
Y que de la misma forma en que se publicitó tanto el viaje a Venezuela se
debería estar informando sobre la situación y la realidad del grave conflicto
haitiano.
La periodista Noemí Klein entrevistó hace una semana al ex presidente de Haití,
Jean Bertrand Aristide, ahora exiliado en Sudáfrica.
¿Por qué están las tropas uruguayas en Haití?
¿Cuáles fueron las razones por las cuales las Naciones Unidas ocuparon el país
más pobre de nuestro continente?
Cuando se le pregunta a Aristide qué era realmente lo que estaba detrás de su
rompimiento con Washington.
Aristide ofreció una explicación que rara vez se escucha en las discusiones
sobre la política de Haití, “las privatizaciones”, señaló.
Cuando las tropas de la ONU matan muchachos del barrio haitiano Cité Soleil, los
parientes y amigos colocan fotografías del presidente Aristide sobre los
cuerpos.
En Port au Prince, los haitianos pobres son asesinados no por ser “piqueteros” o
violentos, sino por ser militantes y luchar por atreverse a demandar el regreso
de su presidente electo.
Antes Aristide era el bueno de la película cuando el presidente Bill Clinton
celebró su regreso al poder como “el triunfo de la libertad sobre el miedo”.
Ahora Aristide es el malo de la película ¿Qué cambió? ¿La corrupción? ¿La
violencia? ¿El fraude?
Aristide resultó no ser un santo y se dicen muchas cosas de él pero aunque las
peores acusaciones fueran ciertas, son insignificantes ante las historias de los
asesinos, los narcotraficantes y los traficantes de armas que sacaron a Aristide
y ahora continúan con el apoyo total de la administración de George Bush y de la
ONU.
Los problemas comenzaron -dice Aristide- a principio de 1994 durante una serie
de reuniones de un momento crucial en la historia política de Haití y que poco
se sabe.
En Haití mandaba Raoul Cedrás, que había derrocado a Aristide mediante un golpe
de estado apoyado por los Estados Unidos.
Aristide estaba en Washington y a pesar de los llamados del pueblo a que
regresara no tenía fuerzas para derrotar a la Junta sin respaldo militar.
La administración de Clinton que no podía justificar más los abusos de Cedrás le
ofreció a Aristide un acuerdo que era que las tropas yanquis lo llevarían de
regreso a Haití, pero si acordaba un programa económico radical con la meta
explícita de “transformar sustantivamente la naturaleza del estado haitiano”.
Aristide acordó pagar la deuda exterior acumulada bajo las dictaduras de los
Duvalier reducir el número de empleados públicos, abrir Haití al “libre
comercio” y recortar las tarifas de importaciones del arroz y del maíz a la
mitad.
Aristide reconoce ahora que era un pésimo acuerdo pero dice que tenía pocas
opciones.
“Estaba fuera de mi país y mi país era el más pobre del hemisferio occidental,
así que ¿qué tipo de poder podría tener entonces?”
Pero los negociadores de Washington demandaron de Aristide mucho más todavía, a
lo cual Aristide no podían aceptar y que era la venta inmediata de las empresas
estatales de Haití incluyendo la telefonía y la electricidad.
Aristide argumentó las privatizaciones transformaría a los monopolios estatales
en oligopolios privados, incrementaría la riqueza de la elite de Haití y
quitaría a los pobres la riqueza nacional.
Dijo que la propuesta simplemente no tenía sentido. “Ser honesto significa decir
que dos más dos son cuatro. Ellos querían que cantáramos que dos más dos eran
cinco”.
Aristide les propuso “democratizar” las empresas asegurándose de que las
ganancias de las ventas serían redistribuidas entre los pobres y permitiendo que
los trabajadores se convirtieran en accionistas.
Washington aceptó y se redactó un texto final aprobado por una serie de naciones
donantes en parís que se llamó “la democratización de las empresas estatales”.
Pero cuando Aristide comenzó a llevar a cabo el plan los financistas de
Washington pensaban que su discurso de democratización era solamente de
relaciones públicas.
Aristide anunció que no se podía llevar a cabo ningún plan de privatizaciones
hasta que el Parlamento aprobara las nuevas leyes, entonces Washington lo acusó
de estar cometiendo una falta.
Aristide dice que en ese momento se dio cuenta que se intentaba un “golpe
económico”.
Los Estados Unidos tenían una “agenda oculta”: ya que él estaba de vuelta,
atarle las manos y hacer que entregara -a cambio de nada- “todas las empresas
públicas estatales”.
Entonces Aristide amenazó con arrestar a cualquiera que siguiera adelante con
las privatizaciones.
Aristide dice que “Washington estaba muy enojado con él. Dijeron que no cumplía
con su palabra, cuando fueron ellos los que no cumplieron con la política común
acordada”.
Desde ese entonces la relación de Aristide con Washington siguió empeorando
mientras le recortaron 500 millones de dólares de préstamos prometidos y ayuda
ahogando con ellos a su gobierno los yanquis a través de la USAID pusieron
millones de dólares a los grupos opositores lo que culminó con el golpe de
estado del 2004.
La guerra en Haití continúa, y el pasado 23 de junio, Roger Noriega, secretario
de Estado adjunto en Asuntos del Hemisferio Occidental, llamó a que las tropas
de la ONU tuvieran “un papel más activo” en perseguir a las bandas armadas
partidarias de Aristide.
Este reclamo provocó una ola represiva y de castigo en los barrios reconocidos
como simpatizantes de Aristide.
El 6 de julio 300 soldados de las Naciones Unidas ingresaron en la Cité Soleil
bloqueando las salidas y dispararon contra la gente desde vehículos blindados.
La ONU admitió que murieron cinco personas, pero los residentes cuentan no menos
de veinte personas muertas.
El corresponsal de Reuter, Joseph Guyler Delva, dice que vio “siete cuerpos en
una casa incluyendo a dos bebés y a una mujer mayor de unos sesenta y picos
años”.
Otra persona encargada de Médicos sin Fronteras Ali Besnaci en Haití confirmó
que el día del asalto 27 personas llegaron a la clínica con heridas de bala
donde el 75 por ciento eran mujeres y niños.
A pesar de estos ataques los haitianos todavía salen a la calle a rechazar la
farsa de las elecciones planeadas por los Estados Unidos, oponiéndose a las
privatizaciones y mostrando fotografías del presidente Aristide.
Antes los norteamericanos de Washington no comprendieron la chance de que
Aristide enfrentara los consejos de Washington y ahora entienden mucho menos que
los seguidores pobres de su partido “La Abalancha”, actúen por decisión propia.
Roger Noriega está convencido que su gente recibe instrucciones directamente de
su voz e indirectamente a través de sus seguidores que se comunican directamente
con él en Sudáfrica.
En cambio Aristide niega esa posibilidad y dice: “La gente es lista, la gente es
inteligente, la gente es valiente. Saben que dos más dos son cuatro y no cinco”.
El pobre pueblo haitiano no necesita soldados de la ONU, urge de alimentos,
medicinas, ayuda económica solidaria.
Por algo, ningún país del Caribe participa de esta ocupación militar.
Haití es el país más pobre del hemisferio occidental.
Con una población de un poco más de ocho millones de habitantes, su promedio de
vida es de 53 años.
Las cifras de enfermos de SIDA son de 280 mil personas y mueren, a causa de este
flagelo, 24 mil personas por año.
El 80 por ciento de las personas están por debajo de la línea de pobreza.
Su deuda externa es de 12 mil millones de dólares y tiene un gasto militar de 26
millones de dólares anuales.
Haití se ha transformado en uno de los lugares privilegiados en el Caribe, de
embarque y desembarque de cocaína rumbo a Estados Unidos y Europa así como de
lavado de dinero.
Los compromisos con los yanquis son difíciles y en el mar, hasta ahora, las
sardinas jamás se han comido un tiburón.
Se dice que en las películas las personas se identifican con los actores.
Hay quienes son hinchas de Tarzán desde chiquitos hasta que se mueren en el
engaño.
También están unos pocos que se identifican mucho más con el cocodrilo, porque
Tarzán es el verdadero malo de la película.
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