Los bajos salarios son la condición
de existencia de una buena parte de la industria de bienes y servicios. Dado que
se cuenta con tecnologías atrasadas, con sistemas de organización productiva
deficientes, la salida que han tomado las empresas es la de pagar bajos
salarios para poder ofrecer precios competitivos a las mercaderías extranjeras.
Por Juan Castaingts
Teillery (*) - La Insignia
Los economistas tenemos tendencia a elaborar grandes y complejos modelos
económicos para tratar de comprender la realidad a la que hacemos frente. Estos
modelos pueden ser útiles y convenientes, pero antes de elaborarlos conviene
tener presentes las realidades fundamentales que determinan los procesos clave
de un país.
Nuestra realidad mexicana es menos compleja de lo que muchas veces nuestro
orgullo profesional nos lleva a decir e incluso, a creer.
Unos cuantos hechos explican lo
fundamental de nuestros procesos económicos. Nuestras reflexiones nos conducen a
señalar a cuatro de ellos: los salarios bajos, la rapacidad con que se destruye
la ecología, el petróleo y los trabajadores mexicanos en el extranjero.
Los trabajadores mexicanos en el extranjero, principalmente en EEUU, envían más
de 16 mil millones dólares cada año. Sin esta cantidad, la balanza de pagos
tendría problemas vitales, habría que pagar más pesos por un dólar, las tasas de
interés serían más elevadas y más fluctuantes, existiría mucha más pobreza y el
mercado interno sería más raquítico por lo cual, la producción de bienes y
servicios (el PIB) sería menor.
Los bajos salarios son la condición de existencia de una buena parte de la
industria de bienes y servicios. Dado que se cuenta con tecnologías atrasadas,
con sistemas de organización productiva deficientes, con baja capacidad
empresarial y, dado que los precios de los productos extranjeros son
relativamente bajos por efecto del fuerte grado de apertura de nuestra economía
y por la sobrevaluación del peso, la salida que han tomado las empresas es la de
pagar bajos salarios para poder ofrecer precios competitivos a las mercaderías
extranjeras.
La realidad es simple y triste,
si los salarios aumentasen, muchas empresas quedarían fuera de la competencia.
No son empresas competitivas, son empresas que se mantienen en vida por la
miseria que pagan a sus trabajadores.
Mucha de la actividad económica se sostiene también gracias a la enorme
destrucción que año con año se hace de nuestros recursos naturales. El costo en
recursos naturales es mayor que el costo proveniente por el uso del capital. Se
destruye más de lo que se invierte o peor, la inversión realizada y la actividad
económica, que aparece en el trabajo del INEGI denominado "Sistema de Cuentas
Económicas y Ecológicas de México.
1998-2003", señala que cada año el
"costo por agotamiento y degradación ambiental" ha sido en promedio, de 10,3%
del PIB. La destrucción de la naturaleza no implica ningún progreso y los datos
del INEGI hacen evidente el alto costo ecológico que se paga en México por un
crecimiento que sólo favorece a un porcentaje pequeño de la población.
El petróleo es otro de los componentes básicos de la economía. Sin las divisas
petroleras y sin los dólares de los trabajadores mexicanos en EEUU, la actual
estabilidad macroeconómica sería impensable; no podríamos importar una buena
cantidad de bienes de capital e intermedios que son vitales para nuestra
industria con lo cual, a pesar de la depredación de la naturaleza, tanto el
nivel del PIB como la tasa de crecimiento serían mucho menores.
Hay que agregar que, dados los bajos
impuestos que se pagan, sin petróleo el Estado estaría en la quiebra total y por
ende, no se contaría con muchos servicios públicos: transportes, educación,
salud, los cuales tendrían problemas mucho más graves que los actuales. Una
economía que depende de factores como bajos salarios, depredación ecológica,
remesas de sus trabajadores en el extranjero y del petróleo, no puede llamarse
una economía sana.
Realmente, nuestra economía no sólo está enferma sino que contiene deformaciones
muy graves.
Cada vez que escucho hablar a nuestro presidente sobre la economía, me quedo
atónito. Cuando el diagnóstico sobre lo que pasa no tiene nada que ver con la
realidad, es comprensible que su política económica sea absurda y que, a pesar
de contar con recursos en divisas enormes provenientes del petróleo y de las
remesas que corresponden a montos nunca antes soñados, simplemente no se haya
hecho nada y contemos con un crecimiento mediocre.
Carecemos de tres elementos fundamentales: nivel de educación general, calidad
de políticos, calidad de empresarios. Los políticos (de todos los partidos) no
nos ofrecen ideas ni capacidad administrativa; los empresarios carecen de
espíritu de empresa, de innovación, de capacidad de gestión. Hay numerosas
excepciones muy dignas pero, insuficientes para sacar el país adelante.
(*) Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.
Correo electrónico: castaingts42-juan@yahoo.com.mx