La cadena de televisión
estadounidense ABC recogió en su programa Nightline una entrevista exclusiva con
el militante de una de las bandas criminales más feroces que operan en el
territorio de EE.UU. y varios países de América Latina.
Por Pyotr Romanov - RIA
Novosti
La transmitió de forma ostentosa, pocos días después de la entrevista con el
terrorista Shamil Basaev que había provocado protestas por parte del Ministerio
de Exteriores de Rusia y reacciones airadas de numerosos ciudadanos en EE.UU. y
después de que la cancillería rusa decidiera no prorrogar la acreditación a los
corresponsales de dicha cadena en Moscú.
El esquema de defensa al que recurrió el canal de televisión resulta más que
original: los ejecutivos de la ABC se han propuesto demostrar que la “liberta de
expresión” les permite enseñar a todos los canallas y a todos los verdugos del
planeta, de modo que la aparición de Basaev en una fila de otros maniáticos
viene a ser un fenómeno absolutamente ordinario y normal para la televisión
norteamericana.
Es verdad que hay cierto parecido. Los terroristas chechenios se han hecho
famosos gracias a las imágenes de video que les muestran cortando las cabezas a
los rehenes, oficio que también le gusta a José quien ha sucedido a Basaev en la
pantalla de la ABC, y a otros bandidos del MS-13.
“Ya estoy acostumbrado a ver
cadáveres a diestra y siniestra, cuerpos decapitados, gente mutilada y cosas por
el estilo. Se les tortura antes de matar” – confiesa José para regocijo de un
ciudadano pegado a la pequeña pantalla con una botella de cerveza en la mano.
Pero no me convence a mí, y creo que tampoco a otras personas normales, en
particular, en Estados Unidos, esa lógica seguida por los jefes de la ABC, de
que los padres fundadores de la democracia americana defendían la libertad de
expresión para que fuera posible mostrar cadáveres decapitados de víctimas
inocentes y escuchar las filosofadas de asesinos patológicos.
A decir verdad, siempre he pensado
que los padres fundadores tenían en mente una cosa distinta.
La “globalización de las inmundicias”, ésa que los ejecutivos de la ABC hacen
pasar por democracia y libertad de expresión, me lleva a una conclusión única.
Los empleados de esta cadena jamás se quedarán sin trabajo. Hay tanta suciedad
en el mundo que sólo tienen que escoger un basurero y meterse al fondo.